EDI (Espacio de Definición Institucional) del Conservatorio de Música de Bahía Blanca en Ed. Musical), Pág. 8). Tras esta mirada se generan dos caminos.
as decisiones político-culturales y la cantidad de grupos musicales tocando en espacios públicos de la ciudad? ¿Con qué símbolos cuenta una murga para representar la identidad de un barrio? ¿Cuáles son las dificultades para competir en la venta de discos con una empresa multinacional? ¿Aprende distinto un alumno de violín en la orquesta escuela de Villa Miramar a uno del Conservatorio? ¿Qué tiene que ver un empleado de comercio con un músico que toca todas las noches en un bar? ¿Cuánto dinero ingresa al país por la exportación de discos musicales? ¿Cuántas radios hay en la ciudad? ¿Cuántos barrios hay en la ciudad? ¿Cuántas canciones estarán sonando en este momento? Por supuesto, no son estas todas las preguntas que pretende plantear esta materia, al contrario, son solo unas pocas. Cumplen el rol de motivar desde un principio la reflexión en torno a la heterogeneidad que presupone pensar la cultura y la gestión cultural. Cumplen el rol de situarnos en un lugar físico muy concreto, pero con el objetivo de poder “dispararnos” a realidades socio-económicas muy diversas.
“Tal vez esa heterogeneidad pueda ser percibida y puesta en valor desde una política cultural que reconoce como uno de sus objetivos la extensión de sus protagonistas: no solo actores y productores teatrales sino también organismos de derechos humanos; no solo grupos de rock: también comisiones de sociedades de fomento y de clubes como Comercial o Huracán.” (Raimondi, 2013. Pág. 3)[1]
Tal vez esa heterogeneidad pueda ser percibida en el aula de una escuela de nuestra ciudad y conformar una gran dificultad para el desarrollo de la clase según cierta planificación rígida. Tal vez esa heterogeneidad pueda ser percibida al analizar los resultados de los cuatro proyectos de relevamiento, medición y procesamiento de la información cultural que ha desarrollado la Secretaría de Cultura de la Nación a través del SInCA (Sistema de Información Cultural de la Argentina): la generación continua de Estadísticas Culturales, la producción de un Mapa Cultural de la Argentina, el relevamiento de diferentes aspectos de la Gestión Pública en Cultura y la construcción de un Centro de Documentación sobre economía cultural. Tal vez esa heterogeneidad sea parte de nuestra producción cultural aunque a veces parezca lejana. “El arte no sólo expresa sentimientos e ideas, sino que además permite elaborar el sentido contenido en la experiencia humana.” (Diseño Curricular. Pág.2)[2] Porque el artista, el músico, el productor no puede desprenderse en su relación con el Estado, porque su vida tiene una carga impositiva y también tiene instituciones educativas gratuitas, y porque tal vez la calle de su casa se esté por asfaltar y eso permita llegar en auto al ensayo evitando un “traqueteo” riesgoso para los instrumentos musicales, porque el grupo de hombres que asfaltan la calle manipulan maquinarias complejas, al tiempo que escuchan música descargada por Internet en auriculares importados, y eso es incorporar un marco de capitalismo globalizado a dicha heterogeneidad cultural. Porque poner en valor esta reflexión y esos trabajos, es rescatar una identidad propia, consiente de si misma y sostén de una cultura propia, ajena a anhelos impuestos. Teniendo en cuenta los contenidos de las otras materias de la carrera, este EDI (espacio de definición institucional) ofrece una perspectiva novedosa sobre el primero de los aspectos planteados como fundamentales en el diseño curricular del Profesorado de Música (orientación educación musical): “los aspectos referidos al conocimiento de un lenguaje artístico en sus estructuras, modos de operación, procedimientos productivos e instancias de circulación e interpretación, así como a sus transformaciones a lo largo de la historia y sus relaciones con el contexto” y haciendo hincapié en el precepto enunciado en el mismo documento “Los profesorados de arte tienen por objetivo una formación que no plantee una escisión entre el docente y el artista.” (Profesorados de educación artística, diseño curricular, Profesorado en Música (Or. Esta perspectiva se centra ya no en el “objeto artístico” y el desarrollo sígnico que lo representa, sino que plantea alejar el zoom para abarcar un proceso más amplio que considere desde el momento en que el autor (alumno) concibe la obra (canción, CD, grupo musical, espectáculo multidisciplinario, etc.) hasta el momento en que es presentada en público, pasando por la pre-producción, la selección de herramientas, la conformación del equipo de trabajo, los ensayos, los lugares donde se harán cada una de las actividades (composición, grabación, ensayos, difusión, reuniones, etc.), las entrevistas, la presentación, los costos y ganancias del trabajo. Por un lado el de la gestión cultural a grandes escalas, procesos complejos en los que se articulan medios masivos de comunicación con compañías discográficas, grandes empresas de sonido e iluminación, circuitos de ventas de entradas, merchandising, cientos de trabajadores bajo una división concreta de las actividades con códigos y técnicas específicas de este rubro; y por otro lado el de la autogestión, más cercana a la realidad cotidiana del alumnado, pero no menos importante, dado su crecimiento a nivel internacional y por ser, en principio, el modo de trabajar de la mayoría de quienes cursen esta materia. El andar por estos caminos, nos situará inevitablemente en la cuestión económica. No hace falta decir que la calidad artística, el nivel interpretativo y el desarrollo creativo pueden ser exactamente iguales en una producción autogestionada y en una producción de millones de pesos, por eso no nos centramos en el hecho sonoro como elemento aislado, sino que pretendemos analizar esas dos situaciones “tipo” para traspasar elementos de gestión y adaptarlos a nuestra realidad en la medida que sean un aporte real y concreto y porque “conocer la dimensión económica de la cultura nos permite entender cómo se crea el valor económico –incluso para luchar contra él si uno quiere–, entender cómo se comportan los agentes culturales desde un punto de vista económico, y entender los flujos financieros que existen entre los distintos actores culturales. Pero también es importante para argumentar frente a instituciones políticas –como los departamentos de Hacienda o la Cancillería– que la cultura genera riqueza, empleo, valor añadido, exportaciones y atrae turismo. Por otro lado, un buen gestor puede contribuir significativamente al mejoramiento de un proyecto cultural, no desde la perspectiva estética, artística, sino en relación con la viabilidad del mismo.”[3] (Bonet, 18)
Este EDI ponderará el análisis crítico y reflexivo sobre los ejes planteados como así también sobre nuevas temáticas que puedan surgir por iniciativa de los alumnos. Los contenidos nunca serán material final, sino que serán materia de estudio constante con tendencia a expandirse y a motivar nuevas aproximaciones (principalmente por necesidades de los alumnos o por situaciones coyunturales que así lo favorezcan), centrado en un tipo de enseñanza en espiral ascendente que irá desarrollando los contenidos pasando por distintos temas, entrecruzando las unidades de contenidos.