Archivo Histórico Municipal Ayacucho

Archivo Histórico Municipal Ayacucho el archivo histórico esta conformando por el fondo documental del municipio desde 1867 en adelante-

23/08/2024

CAPITULO 138 MARZO DE 1938

EL MILAGRO DE LA VIRGEN

No solo suelen ser milagrosas las vírgenes de Luján o de Lourdes en su célebre gruta de Massavielle, que Ayacucho también las ha tenido. Nosotros más modestos o menos especuladores que los vecinos de Luján o Lourdes (he aquí la diferencia) no hemos sabido explotar el hecho en su debido tiempo, ya sea alzando capillas, iglesias y altares magníficos, o ya fuentes milagrosas y campanarios con flechas de piedra, para provocar la llegada de peregrinos.
He aquí cómo a pesar de todo y del transcurrido tiempo llega en detalle a nuestro conocimiento el milagro estupendo:
Juan Biasco, hombre trabajador y honesto a carta cabal, se encontraba desesperado hace 58 años, porque ese día vencía la última tregua para levantar un vencimiento en el Banco Comercial, que regenteaba el Sr. Acosta y establecido en el local ocupado hoy por el Sr José Calvo casa de Hargoúes.
Todas las puertas habíanse cerrado. El plazo fatal expiraba y la desesperación se apoderaba de Biasco. Desilusionado de los hombres, taconeaba el piso de su dormitorio y gesticulaba contra el habido y por haber. A la sazón, no sabemos porque impulso de inspiración divina atinó a alzar la vista hacia la virgen que pendía a la cabecera y exclamó con voz desalentada y quejumbrosa:

Madonna mía aiutami o facciami mangiare della terre.

Como de pronto la virgen no atendiera sus suplicas, cogió el cuadro con sus manos que la desesperación movía y lo sacudió con violencia.
Y ocurrió el milagro.
No había terminado de zarandear a la santa cuando sus ojos atónitos vieron caer bajo sus pies un rollo de billetes de banco, verdaderos, legítimos, sin superchería alguna.
Sin tiempo material para expandir su sentimiento de admiración por ese prodigio de la milagrosa estampa o de potestad creadora, llegó al Banco Comercial a solventar su deuda a punto que las puertas se cerraban.

Poco después, celebrando el inaudito acontecimiento con los amigos y con sendos copetines en un despacho de bebidas contigo al Banco , hoy escritorio del almacén Curuchet, con ojos no menos atónitos que los de momentos antes vióse interpelado por su esposa doña Rosalia Pandolfo, que al llegar le espetó con voz tonante, en justa defensa de sus varios años de ahorro:
- Dammi ¡pezzi, que sono miei!
- Ma che pezzi; se me dia dato la madonna.
Contesto Biasco, que no sabemos si por ingenuidad o por malicia, no encontró razón humana que le convenciera que todo ello no fuera un estupendo milagro de la virgen.

Nota de autor: hecho rigurosamente histórico como todos los que venimos publicando, ocurrido en 1880. Los protagonistas don Juan Biasco y doña Rosalía Pandolfo, personas que gozaban de gran estimación en el vecindario, eran los padres de nuestros apreciables vecinos doña María Vda. De Pintos y don Nicolás Biasco y abuelos de los Carbone.

Hermenegildo Italiano. Recuerdos de Antaño.

21/08/2024

CAPITULO 137. Marzo de 1938

TEMERIDAD PERSONAL

Hay gestos personales que no pueden olvidarse a través del tiempo. Podrán transcurrir cincuenta, como han transcurrido, o más años, pero su recuerdo queda siempre vivo en la memoria de sus contemporáneos.
No podemos precisar con exactitud el año. Quizá el 86 o el 88; quizás el 90. El Coronel don Benito Machado, a quien han tratado ya los lectores en el transcurso de estas lecturas, unido a nuestra historia por una multiplicidad de cosas y por vínculos de amistad a muchos vecinos, continua siendo seguido nuestro huésped, aunque tiene con más amplitud sus campos de acción en Lobería y Tandil.
Don Benito se encuentra mortalmente enemistado con don Luis Burgos, hermano del extinto don Damián por motivos de intemperancia política. La opinión pública considera que fatalmente ha de derivar en tragedia el rencor que los separa.
Felizmente sino ocurrió así fue por el valor personal, jamás suficientemente ponderado de don Manuel S. Lezama, hombre querido por el vecindario y de destacada actuación política en su época.
El encontronazo se produjo en el interior del hotel “Libertad” de don Andrés Mazzuchi, hoy local ocupado por el Club Atlético. Poco después de enfrentarse Machado con Burgos aquel, perdido el dominio de sí mismo y bajo la influencia de una exaltación tremenda, extrajo el revólver para hacer blanco en Burgos.
Fue aquí cuando don Manuel S. Lezama. Padre del querido actual vecino de este nombre y apellido, con un salto de pantera se interpuso entre los dos hombres y colocó, con evidente desprecio de su vida, veinte veces su pecho frente al caño mortífero, para impedir que el Coronel disparara contra su contrincante. Y logró calmar las furias.
Fue una vida que salvo a riesgo de la propia; fue un acto de temeraria valentía personal que aún recuerdan los vecinos sobrevivientes y que nos llega a nosotros por referencias del testigo de aquella época de don Tiburcio Bavio.
Don Benito Machado, impelido por la segunda y be***al naturaleza que de cuando en cuando se revela en todos los mortales, con el dedo en el disparador, espiaba el momento de hacer blanco en Burgos. Y don Manuel Lezama, impávido, arrojado; heroico en su actitud supo desarmar las iras del coronel sin apartar el pecho un solo segundo del caño homicida.
¡¡Cuánta distancia separa el Ayer del Hoy; en que muchas veces cuando la pi***la se dirije amenazante hacia un prójimo, nos falta tiempo material para tomar las de Villadiego!!

Hermenegildo Italiano. Recuerdos de Antaño.

CAPITULO 136, Marzo de 1938AYACUCHO BANQUERO DE LA ZONAAntes de establecerse en Ayacucho 1882, la sucursal del Banco de ...
20/08/2024

CAPITULO 136, Marzo de 1938

AYACUCHO BANQUERO DE LA ZONA

Antes de establecerse en Ayacucho 1882, la sucursal del Banco de la Provincia, nuestros vecinos carentes de instituciones bancarias oficiales debían realizar sus operaciones en la sucursal del mismo establecida en Dolores.
Son imaginables los contratiempos que este hecho ocasionaba a nuestro vecindario, que se veía obligado a viajes continuos incómodos y costosos para solicitar créditos, efectuar amortizaciones, etc.
A igual que Ayacucho estaban obligados a operar con Dolores los vecinos de Balcarce. Tan pronto la sucursal bancaria abrió sus puertas al público, este pudo palpar sus grandes beneficios. El administrador local, o Gerente, señor de Oro llevó a conocimiento del vecindario la siguiente resolución: “Los vecinos de los partidos de San José de Balcarce y Ayacucho, que adeuden letras a la sucursal de Dolores, en adelante deben concurrir para la renovación de ellas a esta oficina.
Ayacucho, abril de 1882- Antonio de Oro, Administrador”.

Con anterioridad a la inauguración propaló el siguiente aviso: “… este establecimiento quedará abierto al servicio público el día 22 del presente mes, con extensión de sus operaciones a los partidos de Arenales, Lobería y San José de Balcarce- AYACUCHO, 20 de marzo de 1882.- Antonio de Oro, Administrador”.
Con este capítulo cerramos la crónica que ha venido refiriéndose a la primera instalación de la sucursal local, antes de sufrir el quebranto que, por varios años, le aparto de las actividades para las que la institución fuera creada.
Con el capítulo de hoy, además, dejamos establecido un hecho irrefutable: que Ayacucho fue antiguamente la sede del Banco de la Provincia para la zona, que comprendía a los nombrados pueblos vecinos. Esta situación de privilegio se prolongó durante varios años hasta que el Banco instaló sucursales en dichas localidades, o hasta que hizo su presentación judicial; que no nos hemos interesado en averiguar con exactitud el dato.

Hermenegildo Italiano. Recuerdos de Antaño.

20/08/2024

Capítulo 135, marzo de 1938

INTERESANTES ACOTACIONES AL CAPITULO ANTERIOR

La primera sucursal en Ayacucho del Banco Provincia, antes de quebrar esta importante institución bancaria, se inauguró pues, el miércoles 22 de marzo de 1882.
El encargado de la casa es el Sr. Antonio de Oro y no se denomina “gerente”, sino administrador.
La tasa que fija el Banco para sus préstamos, según la nueva reglamentación, es del 25 al 50 % de amortización trimestral. Esta tasa es uniforme en la Provincia, y precisamente en 1882 inician pro-rebaja una intensa campaña los periódicos “La Patria” de Dolores, “El Oeste” de Mercedes y “La Voz del Pueblo” de Tandil.
El directorio del Banco acordó a nuestra sucursal un capital de cuatro millones de pesos moneda corriente, que representan en números redondos ciento sesenta mil pesos de hoy.
A los cinco meses, el administrador señor de Oro, tuvo que solicitar a la casa central ampliación de esta cantidad, pues resulta insuficiente para los hacendados de la zona. La oficina local recibe oro sellado (el peso fuerte) por su valor según ley del 29 de septiembre de 1875. Por cada peso fuerte entrega 25 $.

Los que dejan en depósito el importe, que luego devolverá en moneda vitalicia, ganaran el 2% anual siempre que los depositan y permanezcan por lo menos 60 días.
Los que tengan depósitos deberán dar aviso previo ochos días para retirarlos. Si así no se hiciere la sucursal solamente entrega su libramiento por su valor, libre de comisión, sobre la casa Central.

Estos son los principales detalles que conservan nuestros cuadernos sobre el funcionamiento interno del Banco a la fecha de su instalación, lo que hemos condensado muy someramente.
Con el próximo capítulo daremos por terminado tema correspondiente a 1882, en cuyo capítulo estudiaremos otros puntos no menos interesantes que ya tratamos y que se refieren siempre y exclusivamente a la sucursal de AYACUCHO.

Hermenegildo Italiano. Recuerdos de Antaño.

16/08/2024

CAPITULO 134, MARZO DE 1938

PRIMERA SUCURSAL DEL BANCO DE LA PROVINCIA

Vivimos en la época de nuestra reciente formación. Desde que comenzó la delineación del pueblo y construcción de sus primeros ranchos de paja y adobe, han transcurrido escasamente 17 años.
El pueblo adelanta a ojos visto. Los vecinos reclaman todas las mejoras que cuentan los otros centros urbanos más avanzados que el nuestro.
Si Dolores y Tandil, cuentan con sucursales del Banco de la Provincia, no hay razón para que no la tengamos nosotros. Los hacendados y comerciantes del partido se aúnan y elevan solicitudes en este sentido y el Directorio promete.
El alma de esta cruzada, el gran entusiasta por obtener la instalación de la sucursal es don José Lezama, rico hacendado de la época.
Finalmente la idea se materializa. He aquí las fases de este proceso histórico.
LUNES 26 DE DICIEMBRE DE 1881. Llega el inspector del Banco don Manuel Brunel. Viene a inspeccionar el local en que deberá funcionar la institución. Un crecido número de personas lo esperan en la estación del ferrocarril.
ENERO DE 1882. Se designa el Consejo Consultivo. Vienen a ser los consejeros oficiales del Banco para informar sobre la moralidad y solvencia de los solicitantes de Ayacucho señores Ángel Olmos, Anasagasti, Castaño, Mariño, Bousson y Martínez.

El vecindario objeta esta designación y comenta que Olmos vive en La Barrancosa a 9 o 10 leguas del pueblo; Anasagasti se encuentra en la actualidad en Tres Arroyos; Castaño vive casi perpetuamente alejado de nosotros dedicado a sus faenas de campo; Mariño es dueño de una mensajería y permanece casi siempre en viaje por Balcarce, Lobería, Tamanguiyú y Quequén. El Directorio a pesar de las objeciones no modifica su Consejo Consultivo.
16 DE FEBRERO DE 1882. Nos llega la grata noticia de que ha sido designado para Ayacucho, el gerente de la sucursal de San Pedro, don Antonio de Oro.
MIÉRCOLES 22 DE MARZO DE 1882. Abre sus puertas al público la sucursal local del Banco de la Provincia de Buenos Aires con facultad para extender sus operaciones a los partidos de Arenales, Lobería y Balcarce.
En el próximo capítulo publicaremos otras notas complementarias a este acontecimiento. Empero, antes de poner punto final ha de permitírsenos que digamos que estos comentarios se refieren a la instalación de la primer sucursal que tuvimos antes de presentar quiebra el Banco de la Provincia, asunto que por ahora no nos debe preocupar.

Nota del autor: lamentamos que nuestras notas no nos indiquen en forma terminante cuál fue el local que ocupaba el banco al día de su inauguración. Si más adelante tropezáramos con el dato, no nos faltaría ocasión de darlo a conocer.

Hermenegildo Italiano. Recuerdos de Antaño.

15/08/2024

CAPITULO 132, Febrero 1938

DON AMBROSIO CASTRO

No sería nada extraño decir que fueron no uno, sino muchos los vecinos que allá por el año 64 se dieron a la tarea de fundar a Ayacucho. Todos y cada uno de ellos tendrán en nuestras narraciones un recuerdo justiciero y modesto.
Queremos en esta forma resucitar del anonimato el nombre de los pobladores animosos, que nos legaron la ciudad en que vivimos. El capítulo de hoy queda dedicado a don Ambrosio Castro, vecino de trabajo que hace más de setenta años plantó sus reales por estas zonas, tan solitarias e ingratas entonces que más que obra de hombres, parecería ser de titanes el atreverse a vivir en ellas.
Los campos de Ayacucho no presentaban otros alicientes que el de las lejanías pampeanas carentes de toda comodidad y llenas siempre de contratiempos, molestias y peligros. La civilización que surgía potente en las grandes poblaciones, se adormecía en la campaña que azotaban inexorablemente los rigores naturales, las sorpresivas indiadas y los caprichos de los jueces y comandantes omnipotentes.
En esta época incierta don Ambrosio Castro se estableció en Ayacucho, y con tantos otros convivió su paupérrima vida. No se destacó política ni socialmente; fue solo un humilde paladín del progreso local por todo querido.
Contribuyó con su esfuerzo a la edificación y mejoramiento edilicio.
En las notas que figuran en las arrugadas cuartillas, que llegan a nuestras manos por los años respetadas, el nombre de don Ambrosio Castro asoma siempre rodeado de una cierta aureola de respeto que lo menudeamos en esta ocasión. Fue dueño de varias chacras entre otras las del Sr. Bigot. De las propiedades urbanas, varias le pertenecieron en distintas épocas y dueño de la conocida casa “de Pascarelli” contigua al arroyo, que mas tarde enajeno al últimamente nombrado.
A raíz de esta circunstancia, entre otras le dedicamos los actuales párrafos. En la casa de Pascarelli se construyó, sino el primero, uno de los primeros puentes particulares de Ayacucho, y su construcción fue obra personal de don Ambrosio. Como esto fue más tarde el famoso y floreciente puente apodado DE FIRULETE y como él, como primera manifestación de progreso, ha de aparecer indubitablemente en nuestras páginas, justo es entonces que prodiguemos con anticipación un recuerdo cariñoso a su fundador.

Hermenegildo Italiano. Recuerdos de Antaño.

CAPITULO 131, Febrero de 1938LA ÚLTIMA INVASIONVivimos en 1859, Ayacucho no existe geográficamente aún,  pues solo 5 año...
14/08/2024

CAPITULO 131, Febrero de 1938

LA ÚLTIMA INVASION

Vivimos en 1859, Ayacucho no existe geográficamente aún, pues solo 5 años después se plantó su fundación. Sus campos se hallan relativamente poblados y forman parte de otros partidos que hoy no son limítrofes.
La vida en estas condiciones no está exenta de peligros y amenazas. Las indiadas andan cerca y de cuando en cuando, en sus exterminadoras incursiones, llegan hasta nuestra propia vecindad.
La ultima importante invasión de los pampas de que tenemos noticias data del precitado año. Las hordas salvajes de Calfucurá y Mariano Rosas invaden por el sur, y en sus correrías llegan al pueblo del Azul, al frente de dos mil indios de lanza. El saqueo, el robo y el as*****to se suceden llenando de espanto y consternación a los habitantes de la campaña.
Batidos en Azul por el General D. Venancio Flores y el Coronel D. Ignacio Rivas, poniendo en práctica su táctica habitual dan un rodeo, rehúyen los cuerpos veteranos y caen sobre la campaña que hoy parcialmente forma parte de nuestros partido, llegando en su avance hasta “ la Carlota” y “ Arroyo Chico”, campo de Zubiaurre y otros más.
El General don Benito Machado que por orden superior del Azul regresaba al Tandil, al tener conocimiento de que una fuerte columna de indios invasores asolaba nuestra campaña, llevando el pánico a sus pobladores, no pierde tiempo y viene a su encuentro.
Machado cuenta solamente con cien hombres y una pieza de artillería. Resultando escasos esos elementos para batir a la indiada, recluta un gran número de voluntarios y sale a su encuentro. Los alcanza, los bate, los dispersa, les quita los arreos, les hace prisioneros y rescata numerosos cautivos que se llevaban. Los indios en confusa dispersión se internan desechos al corazón del Desierto.
Fue esta jornada, dura por cierto, la última que efectuaron los indios en campo de Ayacucho. Posteriormente solo hay noticias de incursiones aisladas y que en su oportunidad daremos a conocer, pero que no pueden refutarse de verdaderas incursiones como estas y que solían llevar los indios con “ejércitos” bien equipados y en columnas desplegadas.

Nota del autor: El querido y prestigioso vecino don Tiburcio Bavio llegó a la campaña de Ayacucho por vez primera en 1886. Más o menos por esta fecha conoció y comenzó a tratar de cerca al Coronel Machado a quien ya conocen los lectores. Por esta circunstancia el señor Bavio, viene leyendo con interés las crónicas que publicamos del nombrado militar, ha tenido la gentileza que agradecemos debidamente en nombre de Ayacucho, de proporcionarnos los siguientes datos que habían escapado a nuestras notas: “El verdadero nombre del Coronel era EL CORONEL MACHAO y los indios los conocían con el de CORONEL MACHO. Siempre vistió de militar y nunca jamás se lo vio de civil”.
Gracias, señor Bavio. Todo lo que se refiera a la historia de Ayacucho tiene para nosotros un enorme interés.

Hermenegildo Italiano. Recuerdos de Antaño

12/08/2024

Capitulo: 133 marzo de 1938

EL PRIMER PUENTE SOBRE EL TANDILEOFU

Dos fueron cuando se formo Ayacucho los primeros puentes que se construyeron sobre el cauce del Tandileofú, para permitir el paso de los peatones de la una a la otra orilla del arroyo. El uno en la vía pública y el otro en una parcela particular.
En la vía pública, sobre la actual calle Güemes, era un puentecito estrecho para el transito solamente de personas. El de la parcela particular, en el interior de la quinta número sesenta y nueve, tenía anchura y capacidad suficiente para permitir el cruce de los livianos carruajes de la época: 1864 al 1875

Sabemos por referencias de los viejos pobladores que de los dos puentes el primero en construirse fue el de la quinta nombrada, puente que a pesar de ser propiedad particular resulto de gran utilidad para el vecindario, pues su uso no se encontraba prohibido ni mayormente limitado. Este dato lo hemos confirmado en forma fehaciente por la existencia de un plano antiguo de 1874, que la Municipalidad conserva; y donde no figura otro paso sobre el arroyo.

Al puente particular, construido de troncos de árboles, tablas y ramas recubiertas de tierras, por ser primero que vieron construir nuestros abuelos dedicamos este capítulo. La fecha exacta de su construcción se pierde en la brumosa noche de los tiempos. Solo se sabe que fue el primer puente y que el de los peatones se habilito después.

La quinta numero sesenta y nueve se encuentra ubicada en la parte sud del partido, calle por medio son la esquina este de la chacra del Molino. Esta quinta fue solicitada en compra por la Municipalidad en 1874 por la señora Segunda Cepeda de Viso. Otorgándosele el correspondiente título de propiedad el 16 de diciembre del precitado año.
La Señora de Viso por ante el escribano señor Agustín Zavala, vendió en 1879 a don José Colombo, vecino de Lobería.
Don José Colombo enajenó la finca el 16 de mayo del mismo año a favor de los señores José Dattoli y Domingo Cristaldi, que la adquieren en condominio.
Don José Dattoli, abuelo materno del señor Italiano y Domingo Cristaldi tío de la señora viuda de Fiorita, vendieron en mayo de 1880 con pacto de retroventa a la señora Evangelina Leguizamón, recobrando la propiedad en abril de 1881. Y este mismo año el señor Dattoli vendió la parte indivisa a la señora María Teresa Gioppi de Menna.
Estos son a grandes rasgos los primeros cambios de dueños que tuvo hace cerca de sesenta años, la quinta 69 que, como un timbre de honor, digamos así, poseyó el primer puente local.
No sería un puente colgante o levadizo pero puente era; no tendría las palizadas del SUBLICUS sobre el Tiber ni la resistencia del TEPULA dirigido por Agrippa, ni los arcos del ORTHES, pero puente era. Los humildes pobladores de la época hallaban en el más utilidad que las que pudieran ofrecerle los puentes celebres del mundo: ALBI sobre el Tiber, el ESPALION sobre el Lotto, el de Avigñón sobre el Ródano.
No tendría arcadas, pilastras ni peraltados; no tendría CONTRARROSCAS de hormigón, ni pretiles resistentes, pero puente era ¡Y sus grandes beneficios reportaba!
Como se ve un hecho tan insignificante para el autor anónimo de hace más de sesenta años, se convierte en una cosa curiosísima para nosotros, de tal manera que nos ha obligado a que el hecho no permanezca ausente de nuestras páginas.

Hermenegildo Italiano. Recuerdos de Antaño.

Este puente estuvo emplazado hasta fines de la decada de 1940 frente a la actual Escuela Agropecuaria.

CAPITULO: 130 Febrero de 1938UN VIAJE DE BODAS corregidoDiez años después de fundarse Ayacucho, la Provincia de Buenos A...
11/08/2024

CAPITULO: 130 Febrero de 1938

UN VIAJE DE BODAS corregido

Diez años después de fundarse Ayacucho, la Provincia de Buenos Aires era aún un inmenso desierto. Escasos pueblos habían surgido en la zona: Dolores, Tandil, Azul y algunos que otros ranchos y pulperías acá y aculla, esparcidos en la inmensidad de la pampa. Mojones de piedra y madera se enclavaba en las lindes y los alambrados no se conocían casi.
La fundación de Ayacucho había encontrado eco en la amplia zona noreste de la Provincia. Se le consideraba un pueblo estratégicamente ubicado y de porvenir cierto y la gente llegaba a la ventura, bien intencionada, en busca de trabajo y prosperidad; en carros, carretas, sulkys, de a caballo.
Familias enteras, hacinadas en carruajes incómodos, se aventuraban a cruzar lo desconocido, sin otra orientación que podía ofrecerle o indicarle la flor de los vientos, ya que ni siquiera huellas formadas existían en la pradera virgen. No ha de faltarnos oportunidad de explicar a la justa curiosidad de los lectores la forma inconcebible, arriesgada y aventurera que empleaban los primeros pobladores para llegar a estas latitudes y ubicarse en las tierras de nadie.
Diez años después de fundarse Ayacucho, poco o nada de todo esto ha cambiado. Estamos en 1874 y la gente continua llegando como mejor le aconseja su arbitrio.
De muchos de estos pobladores que así, decidida y animosamente, vinieron a darnos forma y a amasar con sus virtudes jamás desmentidas y denodado esfuerzo, nuestro progreso, aún viven sus herederos, que han sabido en muchos casos perpetuar el nombre inmaculado de sus progenitores.
Así llegó, cruzando el desierto en un viaje incómodo de muchos días y muchas noches, en un interminable viaje desde Chascomús, con la mirada fija en el horizonte por divisar a Ayacucho, en un carro de dos ruedas, de los que emplean los horneros para el reparto de ladrillos; así llego perdido de a momentos entre zanjones y los fachinales al trote largo o al trote corto de sus caballos dando tumbos, don Lorenzo Eseverri jovencito entonces, recién casado, en compañía de su amante esposa doña Josefa Lampreabe, que como fue novia tierna y consecuente, se rebeló más tarde madre afectísima y virtuosa.
Al igual que a don Lorenzo Eseverri, padre del actual y bien querido convecino don Saturnino, perpetuamos en estas páginas nuestra profunda admiración para todos los valientes varones del pasado, que, a contribución de no pocos esfuerzos y sacrificios propios, amasaron el progreso y el porvenir de nuestro rico partido y de nuestra bella ciudad.

Hermenegildo Italiano. Recuerdos de Antaño.

09/08/2024

CAPITULO: 129 Febrero de 1938

Creación del Consejo Escolar de Ayacucho y contribución municipal a la Educación Común

Ya tratados algunos aspectos de la Ley de Educación Común de fecha 14 septiembre de 1874 y por lo cual otrora se rigió Ayacucho, pasaremos a tratar ahora otros no menos interesantes.
Dejemos que hable la ley:
Artículo 39.- Cada Juzgado de Paz de la Provincia se considera un Distrito Escolar.
Artículo 40.- Cada Distrito Escolar tendrá un Consejo, compuesto de cinco titulares y cinco suplentes, popularmente elegidos que se denominara Consejo Escolar.
De acuerdo con las disposiciones de este artículo fue creado en 1875 el Consejo Escolar de Ayacucho.
Artículo 73.- Las municipalidades quedan obligadas a subvenir a los gastos de educación común con el quince por ciento, por lo menos, del producto anual de todas sus rentas e ingresos.
Por la obligación que informa el artículo precedentemente transcripto, nuestra municipalidad hubo de prestar durante largos años su positiva y eficaz contribución al cultivo intelectual y moral de nuestros antepasados.
Como fuente de ingreso se fijaron también los siguientes recursos:
Artículo 77.- Desígnase como contribución de Escuelas lo siguiente:

1): El 2 por mil anual sobre el valor de la propiedad territorial deduciéndose del importe con que esta está gravada.
2): Diez pesos por año, por la inscripción de cada niño en la matricula escolar, que deberán pagar sus padres o encargados (diez pesos antiguos representan 40 centavos de la actual moneda nacional)
La ley de 1874, establecía también en su
Artículo 74.- Las municipalidades donaran de los terrenos que les pertenezcan o necesario para la construcción de edificios de Escuelas.
Por esta acerada disposición, se construyeron en terreno propio los primeros edificios de nuestras escuelas comunes. La Municipalidad de Ayacucho los donó como lo marcaba la ley.
Para terminar con este interesante tema que dilucida muchos puntos oscuros del pasado, nos permitirán los lectores algunas otras y breves transcripciones:
Decreto del 15 noviembre de 1881
Artículo 1.- El nombramiento de Consejos Escolares encomendados a las municipalidades, se hará en adelante y mientras no sea posible dar cumplimiento a lo dispuesto por la ley de Educación Común por el Director General de Escuelas Rocha D´Amico.
Por ley n° 424 del 26 de agosto de 1882, los tesoreros de las Municipalidades depositaran trimestralmente en las sucursales más próximas del Banco de la Provincia el 15% de sus rentas que corresponden a los Consejos Escolares.
Por decreto del Poder Ejecutivo del 17 de diciembre de 1886 ”los miembros de los Consejos Escolares de la Provincia serán nombrados por mayoría de votos por el Consejo General de Educación en sesión plena”.
Y finalmente por decreto de agosto 10 de 1887 artículo 2.- En lo sucesivo los sub inspectores de distrito y los maestros no diplomados serán nombrados por el Director General.
Esto explica la existencia antiguamente en Ayacucho de numerosos maestros no diplomados, que desempeñaron legalmente el cargo en los primeros años de nuestra formación, maestros a muchos de los cuales deben algunos de nuestros primeros y sobrevivientes pobladores los beneficios de la educación que recibieron en su niñez.

Hermenegildo Italiano. Recuerdos de Antaño.

CAPITULO: 128  FEBRERO DE 1938ALGO SOBRE EDUCACION COMUNEn el capítulo 125 de este libro hemos tenido oportunidad de con...
09/08/2024

CAPITULO: 128 FEBRERO DE 1938

ALGO SOBRE EDUCACION COMUN

En el capítulo 125 de este libro hemos tenido oportunidad de conocer a merito de que Ley los niños de nuestras escuelas podían asistir a clase hace más de sesenta años, a la temprana edad de seis y aún cinco años. En tal oportunidad prometimos hacer conocer otros interesantes aspectos de la Ley de Educación Común de la Provincia de Buenos Aires de aquella lejana época, es decir, dada en la Sala de Sesiones de la Legislatura de la Provincia al 14 septiembre de 1874.
Transcribimos alguno de sus artículos de la misma:
Artículo 3- El deber escolar dura ocho años para los varones y seis para las mujeres, principiando todos a la edad de seis cumplidos.
Artículo 4- Para los niños que hayan cumplido diez años, la asistencia será obligatoria por seis meses cada año.
Artículo 5- Cumpliendo el varón catorce años y la mujer doce, podrán ser retirados de la escuela, a menos que no sepan leer y escribir correctamente. En tal caso serán obligados a continuar un año más.

Como antiguamente la Ley se aplicaba en este sentido con mayor benignidad y la tolerancia ha sido cosa corriente en todas las épocas, el artículo tercero nos explica la razón por la cual asistían a clase los niños de seis años y aún de cinco, mientras el artículo quinto aclara el punto referente a la edad máxima para los escolares, ya que muchas personas hoy entradas en años, tuvieron oportunidad cuando niños de recibir la educación primaria a los 15 años y aún a los 16 de edad.
El artículo cuarto nos da a conocer en cambio la razón por la cual era antaño de práctica que muchos educandos se retiraran de clase en ciertos periodos del año para dedicarse a algún arte u oficio.
Veamos ahora otros artículos de la precitada ley:
Artículo 26.- los deberes y atribuciones del Consejo General de la Dirección de Escuelas serán las siguientes:
Inciso 7.- Expedir títulos de maestros para las escuelas comunes previa aprobación de los solicitantes en los exámenes y pruebas a que juzgue conveniente sujetarlos. Los diplomas de maestros expedidos por el Consejo se consideraran como título habilitantes. Ningún solicitante al título de maestro podrá ser admitido a rendir las pruebas requeridas, si previamente no hubiere comprobado su moralidad y buenas costumbres.
Inciso 8.- Revocar los diplomas… en caso de mala conducta, insubordinación o negligencia de los maestros. Revocado por el Consejo un diploma de maestro, este deberá cesar en su empleo y no podrá ser nombrado para dirigir escuela pública si no fuera rehabilitado.

Por estas transcripciones nos explicamos el por qué de la existencia que hubo de muchos títulos de maestros a favor de personas que jamás cursaron estudios superiores, muchas de las cuales pertenecieron a Ayacucho y en Ayacucho desarrollaron sus actividades pedagógicas, muchas veces en forma muy eficiente.

Un próximo capítulo versara sobre la creación de los Consejos Escolares y las fuentes de recursos que se establecieron para el sostenimiento de la Educación Común y por cuyas disposiciones tuvo que prestar la Municipalidad de Ayacucho su obligatoria cuan eficaz contribución.

Hermenegildo Italiano. Recuerdos de Antaño

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