28/05/2026
La mirada es la que corta: donde pones la mirada, corta la intención.
https://drive.google.com/file/d/1Bjv2ob0tQwWWfuytICaN6eiV0KzAPbGz/view?usp=drive_link
Pensá en un piloto de Fórmula 1. Va a más de 300 km/h, tiene fracciones de segundo para reaccionar. Si clava la mirada en el muro, en el coche que se le acerca o en la zona mojada que quiere evitar, su cuerpo y sus manos lo van a llevar directamente hacia ahí. En psicología, a esto se le denomina "fijación en el objetivo". Por eso entrenan la mirada: no miran el obstáculo, miran el hueco, el recorrido limpio, el asfalto que quieren pisar. Porque a esa velocidad, tus ojos deciden antes que tu cerebro. Y si tus ojos eligen mal, el accidente ya está en marcha. Es cuestión de milésimas.
En Aikido pasa algo muy parecido.
Cuando ejecutamos una técnica, supongamos un corte -y ojo, corte y técnica siempre van unidos, son dos caras de la misma moneda-, la mirada lo dirige todo. Si te fijás en la mano de uke, en el punto de agarre o en el bloqueo que querés hacer, tu técnica se vuelve chiquita, tensa, y terminas chocando justo contra lo que intentás controlar. Perdés el kuzushi, el desequilibrio, porque te quedaste en el contacto.
Por eso se habla de intencionalidad del corte, y también de la técnica en general. No es solo mover el brazo. Es dirigir la mirada y la intención más allá del objetivo inmediato. No cortás hacia la mano de uke. Cortás hacia su centro, o desde el tuyo, que siempre está más allá del punto de contacto. Eso es zanshin puro: la conciencia que sigue, que va más allá.
Pongamos un ejemplo claro con el bokken. Cuando cortás, tus manos sostienen la empuñadura. Ese es el punto de contacto físico. Pero si tu intención se queda ahí, el corte es tímido, sin alma. Para que el corte sea real, tu intencionalidad tiene que estar unos 50 o 60 cm más adelante, en los primeros 15 o 20 cm de la hoja, justo en el monouchi, que es donde el arma realmente corta. La empuñadura solo es el medio; la intención vive en la hoja. Lo mismo pasa con las técnicas de manos vacías: el punto donde tocás a uke es como la empuñadura. La intención tiene que estar más allá, atravesando su centro, rompiendo su ma-ai interno.
La intención se proyecta más allá del centro de uke si la técnica lo lleva hacia delante (detrás de su espalda), o más allá de nuestro propio centro si tiramos de él hacia nosotros. En ambos casos, la intencionalidad siempre atraviesa el punto de contacto y va más lejos, nunca se queda en el agarre. Si no, no hay kuzushi, no hay nada.
Si te fijás en el obstáculo (el agarre, la resistencia, la fuerza del otro), tu técnica se estanca. Tus manos siguen a tus ojos y chocan, igual que el piloto que mira el muro y termina estrellándose. En cambio, si tu mirada atraviesa el conflicto y se va hacia el horizonte -hacia detrás de uke o hacia detrás tuyo, según la dirección de la técnica-, el cuerpo entero la sigue. La técnica fluye. No porque hayas hecho más fuerza, sino porque dejaste de mirar el problema y empezaste a mirar la solución. Eso es taisabaki con intención.
En el tatami, como en un circuito de Fórmula 1, el peligro no es el otro. El peligro es fijarse en lo que no querés que pase. Por eso los maestros nos insisten una y otra vez: "Mirá hacia donde querés ir. Dejá que el corte -y con él la técnica- te lleve. La intención es más importante que el gesto."
Porque al final, donde ponés la mirada, ponés tu intensión. Y donde ponés tu intensión va tu energía, y con eso ocurre la técnica. O el accidente. Todo depende de hacia dónde elijas mirar. Eso es el aiki, básicamente: armonizar tu intención con el movimiento.
Por R. Alvisa
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