24/08/2026
Dos meses. Para muchos, el calendario volvió a correr y la rutina recuperó su pulso de siempre: el trabajo, las prisas, el día a día. Pero para miles de hermanos, el reloj se quedó congelado en aquel instante donde lo perdieron todo.
Mientras nosotros regresamos a la calidez de nuestras casas, hay familias enteras que quedaron a la intemperie del dolor. Niños sin sus juguetes, padres con los brazos vacíos y miradas que aún buscan, entre el silencio y la tierra, a los suyos para darles un último adiós.
Mirar a nuestro alrededor hoy es un ejercicio de humildad. Es abrazar más fuerte a quien tenemos al lado, valorar el techo que nos resguarda y recordar que la paz de nuestro hogar no nos vuelva indiferentes a la tormenta ajena.
No los dejamos solos en el olvido. Aún cuando dejemos de contar los días y meses, su dolor sigue retumbando en nuestro pecho, pero también nuestra fe en que, como hermanos venezolanos, nos sostendremos las manos para reconstruir y volver a levantar la esperanza. 🕊️