28/09/2018
SÍNDROME DE DOWN Y SALUD MENTAL EN EL ADULTO MAYOR
Al contrario de otras épocas donde se creía el mito que la persona con síndrome de Down fallecía en edades tempranas, hoy en día su expectativa media de vida se acerca a los 60 años, siendo la esperanza promedio de la población latinoamericana, según datos de la Organización Mundial de la Salud, entre los 72 y 74 años. No hay que olvidar que los 60 años representan una media y que esto puede variar según sea el caso, inclusive se tiene conocimiento de personas con síndrome de Down que han llegado a los 80 años, en buen estado general y sin signos de enfermedades propias de la vejez.
Al aumentar el promedio de vida, en algunos casos aumenta el temor de algunos padres y familiares de que el adulto con síndrome de Down sufra un mayor deterioro cognitivo. Aunque todavía queda mucha investigación por hacer, se piensa que la presencia de material genético adicional, sumado a algunos aspectos endocrinos, podrían conducir a un deterioro cognitivo prematuro y a mayor susceptibilidad a ciertas enfermedades mentales.
Hay estimaciones que sugieren que entre el 25 y 30% de las personas con síndrome de Down mayores de 35 años presentan algunos signos y síntomas del tipo Alzheimer y demencia, porcentaje que aumenta con la edad, llegando a considerar que la incidencia de esta enfermedad en esta población es de 3 a 5 veces mayor que la población en general.
La recomendación principal es la observación permanente de variaciones ya sea en el estado de ánimo, la memoria, la expresión verbal, la orientación espacial, la motricidad, hábitos de autocuidado, la independencia o la manera en que las personas con síndrome de Down reaccionan ante cualquier cambio significativo en el entorno y estructura social.
Con la edad, los adultos y personas mayores con síndrome de Down pueden experimentar dificultades para hacer frente a las transiciones y aquellos síntomas que nos preocupan pueden presentarse o empeorar frente a cambios o pérdidas vitales: un padre, un familiar, un compañero o amigo, un cuidador.
Toda situación requiere de un diagnóstico diferencial por parte de médicos (psiquiatra o geriatra) pues cada caso requiere de un abordaje o tratamiento particular.