22/05/2026
LA RELIGIÓN NO SALVA, LOS HOMBRES TAMPOCO, LAS IMÁGENES MENOS
Ninguna religión puede salvar al hombre, porque la religión es el intento humano de acercarse a Dios por sus propios medios. La Escritura enseña que la salvación no está en prácticas externas, sino en Cristo mismo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Además, la Palabra afirma: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (1 Timoteo 2:5).
Los discípulos de Jesús fueron llamados cristianos por primera vez en Antioquía (Hechos 11:26). Desde entonces, los seguidores de Cristo han sufrido persecuciones, encarcelamientos, torturas y muerte por causa del evangelio (Hechos 14:22; 2 Timoteo 3:12). Ser cristiano no es pertenecer a una religión, sino vivir una relación con Dios por medio de Jesucristo y el Espíritu Santo, fundamentada en Su Palabra: la Biblia (2 Timoteo 3:16-17).
La fe no se impone, se cree. Muchos seguirán rechazándola por la dureza de su corazón (Hebreos 3:15), por tradición, comodidad, temor al qué dirán o presión familiar. Jesús mismo advirtió: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mateo 10:34-36). Seguirle implica oposición y rechazo, incluso dentro de la propia familia.
Es cierto que finalmente Jesús vendrá a juzgar a todos: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo” (2 Corintios 5:10). En ese día, “toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor” (Filipenses 2:10-11). Hoy Él es nuestro abogado (1 Juan 2:1), pero en el juicio será juez (Hechos 17:31). Por eso debemos estar preparados, pues no habrá excusa de ignorancia.
La decisión de derribar las imágenes en cada hogar corresponde a quienes vienen a la verdad. La Biblia es clara: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza… no te inclinarás a ellas ni las honrarás” (Éxodo 20:4-5). Muchos permanecen cegados por la religión (2 Corintios 4:4) y finalmente darán cuentas a Dios por su rebeldía y desobediencia. Lo más grave es cuando esta incredulidad arrastra a hijos y nietos, perpetuando la desobediencia en generaciones que han oído la verdad; pero no la aceptan (Deuteronomio 5:9-10).
La Biblia enseña con claridad que solo Cristo salva. La religión, las tradiciones o las imágenes no pueden dar vida eterna. Hoy es el tiempo de creer en Jesús, vivir en obediencia a Su Palabra y preparar nuestro corazón para el día en que Él juzgará al mundo con justicia.
12/05/2026
JUSTIFICADOS POR FE
Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia. (Romanos 4:3)
Abraham es considerado el padre de la fe, pues fue declarado justo por Dios al creer en la promesa de que en su simiente serían benditas todas las naciones de la tierra (Génesis 12:3; Gálatas 3:8). Este acto de fe ocurrió antes de ser sellado el pacto mediante la circuncisión (Génesis 17:10-11). Abraham creyó que Dios podía darle un hijo aun cuando tenía casi cien años y su esposa Sara era estéril y avanzada en edad (Hebreos 11:11-12).
No fue por obras humanas que Abraham alcanzó justicia, sino por la fe que lo llevó a obedecer. La fe precede a las obras: primero se cree y se confía en Dios, y esa confianza produce fidelidad y obediencia al llamado del Señor (Hebreos 11:8).
Hoy la iglesia de Jesucristo no necesita circuncidar el prepucio como señal de pacto, sino circuncidar el corazón (Romanos 2:29; Colosenses 2:11), lo cual significa morir al viejo hombre y vivir en santidad para Cristo.
La salvación es por gracia, como regalo inmerecido, a través de la obra expiatoria de Jesús en la cruz (Efesios 2:8-9). Él fue crucificado como si fuera el más grande pecador, siendo puro y sin mancha (2 Corintios 5:21), para que nosotros, siendo pecadores, podamos presentarnos ante Dios como justos que nunca han pecado.
Nuestra fe está puesta en la obra de Jesús, quien nos justifica, salva y nos impulsa a vivir en obediencia a la Palabra y voluntad de Dios (Romanos 5:1-2).
Si hoy no tienes la fe suficiente en Jesús, rinde tu corazón a Él, pide perdón por tus pecados, clama por la dirección del Espíritu Santo y permite que te revele su Palabra, pues “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Deja que Él obre en ti y tú en Él.
La justificación no proviene de nuestras obras, sino de la fe en Jesucristo. Abraham es ejemplo de que la fe genuina produce obediencia y esperanza en las promesas de Dios. Hoy, el creyente debe vivir confiado en la gracia de Cristo, con un corazón circuncidado y una vida rendida a la santidad.
Reflexiona: ¿Estás seguro de tu justificación y salvación delante del Señor? y ¿Cuál es la base de tu seguridad?
26/04/2026
UN CORAZÓN RENDIDO
Cuando Dios llamó al fiel profeta Samuel por primera vez, él era aún joven y vivía bajo el cuidado del sacerdote Elí. La Escritura lo describe como “joven” (hebreo na’ar), y según el historiador judío Josefo, Samuel tenía alrededor de 12 años en ese momento, justo en la edad en que un muchacho hebreo comenzaba a ser considerado responsable ante Dios.
El relato nos muestra cómo Samuel, al escuchar su nombre, corrió hacia Elí pensando que era él quien lo llamaba. Pero, siguiendo el consejo del sacerdote, finalmente entendió que era Dios mismo quien lo llamaba:
“Y dijo Elí a Samuel: Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye. Así se fue Samuel, y se acostó en su lugar. Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.” (1 Samuel 3:9-10)
Este pasaje revela el corazón rendido del joven Samuel, dispuesto a escuchar y obedecer. Su vida se caracterizó por fidelidad y servicio:
“Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová.” (1 Samuel 3:20)
Para ser grande en el Reino de Dios, primero hay que ser humilde y doblegado ante el Señor. La verdadera grandeza no se mide por talentos humanos, sino por la disposición de poner a Dios por encima de todo y servirle con actitud de siervo.
Samuel llegó a ser uno de los más grandes jueces y profetas del Antiguo Testamento, instrumento clave en la transición hacia la monarquía en Israel. Sin embargo, su relevancia no se debió a su capacidad personal, sino a su obediencia y disposición de escuchar, hablar y hacer la voluntad del Dios soberano de los ejércitos celestiales.
Ahora es necesario preguntarme: ¿Estoy dispuesto a rendir mi voluntad para escuchar y obedecer la voz de Dios como Samuel? y ¿Estoy sirviendo al Señor con un corazón humilde y actitud de siervo, o busco mi propia gloria?
El llamado de Samuel nos recuerda que Dios busca corazones rendidos, sensibles a Su voz y dispuestos a obedecer. La verdadera grandeza espiritual no está en la fuerza humana, sino en la entrega total al Señor. Que nuestra oración sea siempre: “Habla, Jehová, porque tu siervo oye.”
16/04/2026
¡QUÉ CURIOSO! ELECCIONES PRESIDENCIALES EN PERÚ 2026
Las elecciones presidenciales del Perú 2026 han estado marcadas por una gran complejidad y controversia: con 37 partidos en la contienda, irregularidades denunciadas en la organización y un clima de desconfianza.
- Cantidad inédita de partidos. Se ha permitido la participación de 37 agrupaciones políticas, generando confusión en el electorado. ¿Quién lo impulso?
- Resultados preliminares que luego son totalmente cambiados. ¡Dios reprenda toda falsedad, mentira, engaño y pecado!
- Problemas logísticos, de mesas sin material o no abiertas, lo que generó que miles no ejercieran su derecho a voto. ¿Fue provocado mafiosamente?
- Cambios de locales de votación (al extremo del distrito) generando incomodidad a muchos votantes e inasistencia de muchos otros. ¿Por qué nos enviaron tan lejos?
- Ausencia del tradicional holograma de verificación de haber participado de una supuesta fiesta electoral. ¿Cómo valido mi votación y asistencia?
- Desconfianza en organismos como la ONPE y observadores internacionales que han sido cuestionados por supuesta pasividad frente a denuncias. ¿Será posible tanta ceguera?
- Medios y encuestadoras criticadas por falta de transparencia y por aparentar tener resultados anticipados. ¿Están los medios de comunicación y encuestadoras comprados o con temor de algo o de alguien?
- Temor ciudadano que muchos electores sienten de opinar libremente pues puede costarles el trabajo, sus posesiones e incluso la vida. ¡No debemos tolerar el pecado de los malvados enquistados en los poderes del estado!
Estos hechos nos llaman a una profunda reflexión:
- La democracia sin verdad se convierte en tiranía. Cuando el fraude, la mentira y el cinismo dominan, el pueblo pierde su voz.
- El temor reemplaza la libertad. La Palabra de Dios nos recuerda: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” (2 Timoteo 1:7).
- El arrepentimiento es necesario. Más allá de partidos y candidatos, los peruanos necesitamos volver nuestros ojos a Dios, reconocer nuestro pecado y buscar la justicia verdadera.
- El poder debe servir, no servirse. Los líderes que buscan beneficios personales olvidan el mandato de Jesucristo: “Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mateo 20:26-28).
Las elecciones del 2026 han mostrado tanto la fragilidad institucional como la necesidad de un retorno a principios eternos de justicia, verdad y servicio. El pueblo peruano no debe resignarse a ser “títeres de mafias”, sino levantar su voz en paz, exigir transparencia y recordar que la verdadera libertad y democracia solo se sostienen cuando se fundamentan en Dios.
13/04/2026
MI TRIPULACIÓN
La misión Artemis II de la NASA acaba de regresar con éxito tras circunnavegar la Luna, marcando el primer viaje tripulado al entorno lunar en más de 50 años. La tripulación estuvo conformada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, quienes recorrieron más de un millón de kilómetros en diez días, abriendo una nueva etapa en la exploración espacial.
Como mencionó Christina Koch, la experiencia de Artemis II nos recuerda que la humanidad es una sola tripulación en la nave llamada Tierra. Desde el espacio, los astronautas pudieron ver nuestro planeta como un punto frágil y pequeño, lo que les llevó a reflexionar sobre la responsabilidad compartida que tenemos como especie.
Esta visión nos invita a meditar en el papel de la Iglesia de Cristo en la tierra, como una tripulación de Dios que avanza hacia su propósito eterno:
- Unidad en la diversidad. Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo (1 Corintios 12:12). La tripulación espacial refleja cómo cada miembro cumple un rol vital, igual que en la familia, iglesia, sociedad, nación y humanidad entera.
- Responsabilidad y mayordomía. Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase (Génesis 2:15). Así como los astronautas cuidan de su nave, nosotros debemos cuidar de la creación, de nuestras familias e instituciones, siendo fieles administradores de lo que Dios nos ha confiado.
- Esperanza y propósito. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3:13-14). La misión lunar nos inspira a avanzar con fe hacia nuevos horizontes, haciendo la voluntad de Dios conforme a su llamado y propósito.
Cada hogar, institución, empresa y nación es una tripulación que necesita:
- Unidad y preparación para enfrentar desafíos.
- Compromiso e identidad para mantener el rumbo.
- Amor, fe y esperanza como motores que sostienen la misión.
Así como la NASA invirtió años de preparación para Artemis II, también nosotros debemos invertir en formación espiritual, ética y profesional para cumplir con excelencia la misión que Dios nos ha encomendado. Recordemos que somos llamados a ser luz del mundo y sal de la tierra (Mateo 5:13-14), cumpliendo nuestra misión con fidelidad y excelencia.
Reflexionemos. ¿Cómo puedo contribuir a que mi familia, iglesia e institución funcionen como una tripulación unida en propósito y fe? y ¿Qué responsabilidades me ha confiado Dios como parte de la tripulación de la humanidad, y cómo estoy respondiendo a ellas?
05/04/2026
LA PASCUA, de la sombra a su cumplimiento
La Pascua, instituida por Dios en Éxodo 12, fue el acto redentor que marcó la salida de los israelitas de la esclavitud en Egipto después de 430 años. El Señor ordenó que cada familia sacrificara un cordero sin defecto, de un año, y que su sangre fuera aplicada en los dinteles y postes de las puertas. Aquella sangre sería la señal para que el ángel de la muerte pasara de largo y no tocara a los primogénitos de Israel (Éxodo 12:7, 12-13).
Esa noche, el pueblo comió el cordero asado, sin quebrar sus huesos (Éxodo 12:46), acompañado de panes sin levadura y hierbas amargas, símbolos de la prisa y de la amargura de la esclavitud. Dios los sacó con mano poderosa, no solo libres, sino enriquecidos con oro, plata y vestidos que los egipcios les entregaron (Éxodo 12:35-36). Desde entonces, los judíos celebran la Pascua como memoria viva de la liberación y como inicio de un nuevo tiempo.
Sin embargo, aquella Pascua era una sombra profética de un sacrificio mayor. Juan el Bautista, al ver a Jesús, declaró: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29b). Cristo es el cumplimiento perfecto de la Pascua: el Cordero sin mancha (1 Pedro 1:19), cuya sangre no solo libra de la muerte física, sino que nos rescata de la condenación eterna. En la cruz, Jesús entregó su vida, y tal como se profetizó, ninguno de sus huesos fue quebrado (Juan 19:36).
La obra de Cristo nos traslada de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios (Romanos 8:2). Su sacrificio nos da una nueva identidad, nos reconcilia con el Padre y nos convierte en portadores de sus promesas. La Pascua judía encuentra su plenitud en la Semana Santa cristiana: no solo recordamos un hecho histórico, sino celebramos la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado, y el inicio de una vida con propósito eterno.
Hoy, el amor de Cristo nos invita a vivir como hombres y mujeres libres, con destino y esperanza. La sangre del Cordero nos cubre, nos redime y nos asegura que nada podrá separarnos del amor de Dios (Romanos 8:38-39).
Ahora, reflexiona: ¿De qué forma estás viviendo la libertad que Cristo te ha dado? y ¿Qué áreas de tu vida necesitan ser cubiertas por la sangre del Cordero para experimentar verdadera transformación?
¡Celebremos la Pascua en Jesús, el cordero que quita el pecado del mundo!
02/04/2026
DIOS MISERICORDIOSO Y FIEL
“El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes, para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia.” (Salmo 92:12-15)
El salmista nos recuerda que la verdadera justicia no proviene del hombre, pues “no hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Solo en Cristo Jesús hallamos la justicia perfecta, y es en Él donde el creyente florece como la palmera: siempre verde, firme y erguida, símbolo de integridad y constancia en el Señor.
El justo en Cristo no solo crece en sabiduría al obedecer a Dios, sino también en inteligencia espiritual al conocerlo cada día más. Como el cedro del Líbano, imponente y fuerte, el hombre en Jesucristo permanece, porque aunque muera, vivirá (Juan 11:25).
Ya no vivimos para este mundo, sino que entendemos que somos embajadores del Reino de Dios (2 Corintios 5:20). Nuestra identidad, ciudadanía y morada son eternas, y por ello damos fruto para la gloria de nuestro Dios. Aun en la vejez, el creyente permanece vigoroso y fructífero, enriquecido en belleza espiritual, sabiduría y prosperidad para cumplir la voluntad del Señor, conforme es guiado por el Espíritu Santo.
Ese fruto se manifiesta en anunciar, entre muchos otros atributos, la santidad, justicia, amor, bondad y rectitud de nuestro Dios, proclamando que Él es nuestra fortaleza y que en Él no hay injusticia. Toda gloria, honra y honor le pertenecen por siempre.
Dios misericordioso y fiel, grande e incomparable, ¿cómo no adorarte? Tus obras son maravillosas, tu plenitud inalcanzable, y tu fidelidad es eterna. Por eso, con gratitud y reverencia, proclamamos:
“¡Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre!” (Salmo 103:1)
24/03/2026
DIOS NO COMPARTE SU GLORIA: FIDELIDAD O IDOLATRÍA
“Entonces dijeron: Israel, éstos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.” (Éxodo 32:4b)
Después de permanecer 430 años en Egipto, el pueblo de Israel salió de la esclavitud rumbo a la tierra prometida. Fueron testigos de prodigios, señales y milagros extraordinarios; sin embargo, sus corazones aún estaban atados a la idolatría aprendida en aquella cultura pagana, lo cual los alejaba del Dios verdadero.
Cuando Moisés subió al monte para recibir las tablas de la Ley, escritas por el mismo dedo de Dios (Éxodo 31:18), el pueblo se impacientó y pidió a Aarón que les hiciera dioses que fueran delante de ellos. Aarón cedió e hizo un becerro de oro, levantando un altar para rendirle culto. Fue un acto de grave rebeldía: el hombre no debe hacer sus propios dioses, ni dar gloria a quien no le corresponde, no debe olvidar los favores del Dios vivo para entregarlos a un ídolo. La Escritura es clara: “Yo soy Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a esculturas” (Isaías 42:8).
La ira de Dios se encendió contra ellos por la dureza de su corazón. Sin embargo, ante la intercesión de Moisés, el Señor aplacó su enojo y no destruyó a toda la nación, aunque tres mil hombres murieron por su pecado (Éxodo 32:28). Dios pudo haber levantado un nuevo pueblo solo de Moisés, pero escuchó la oración de su siervo y mostró misericordia.
Hoy, muchos siguen atrapados en idolatrías modernas: celebran y agradecen a dioses hechos por manos humanas, tradiciones vacías o filosofías engañosas, en lugar de reconocer al verdadero Dios por sus bondades y misericordia. Algunos justifican sus prácticas por cultura, herencia familiar o religión, pero Dios no pasa por alto el pecado, porque Él mira el corazón endurecido y rebelde del hombre (Jeremías 17:9).
La lección es clara: Dios demanda fidelidad exclusiva. Él es celoso de su gloria y no comparte su honra con ídolos. La idolatría no es solo un pecado antiguo; es una tentación presente que busca apartar al hombre de la verdad y de la vida eterna en Cristo Jesús.
Si aún no conoces al Dios verdadero, decide aprender de Él a través de la Biblia, y no por tradiciones humanas, religiones vacías o culturas paganas. Hoy tienes la oportunidad de reconocerlo y rendirle tu vida. “Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30:19).
¡No a la idolatría, Sé fiel a Dios!
17/03/2026
ASPIRANTE A PREDICADOR Y MAESTRO DE LA PALABRA
No es lo mismo expresar lo que pensamos, repetir lo que otros dicen, o transmitir un mensaje de parte de Dios. Cada una de estas acciones tiene un peso distinto y exige una responsabilidad diferente.
Cuando hablamos lo que pensamos, compartimos nuestra identidad: lo que creemos, sentimos, hacemos y proyectamos. Nuestras palabras revelan nuestro compromiso y propósito, y aunque puedan ser valiosas, siguen siendo personales y limitadas.
Cuando hablamos en nombre de otra persona, debemos ser fieles a sus palabras. Es correcto citar textualmente, para evitar interpretaciones erróneas o distorsiones. La fidelidad en la comunicación es señal de respeto y seriedad.
Pero cuando predicamos o enseñamos la Palabra de Dios, estamos poniendo en nuestros labios las palabras del Señor. Esto no puede hacerse con ligereza ni descuido. La Escritura advierte: “Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiréis mayor condenación” (Santiago 3:1). Por eso, sé fiel en la enseñanza, transmitiendo un mensaje correcto, serio y lleno de verdad. Recuerda que somos embajadores de Cristo (2 Corintios 5:20), y nuestra tarea es reflejar con integridad lo que Él ha dicho.
Recomendaciones para el estudio exegético de la Palabra de Dios, bajo la dirección del Espíritu Santo:
1. Expón el contexto del pasaje. Explica quién lo escribió, a quién, cuándo, dónde y en qué circunstancias. Sobre todo, identifica el propósito del texto, pues de allí surgirán aplicaciones prácticas para la vida.
2. Analiza el original con claridad. Usa diagramas, esquemas o flujos que te ayuden a comprender la intención de Dios a través del autor inspirado.
3. Consulta comentarios teológicos confiables. Los estudios de hombres de Dios pueden ayudar a comprender aspectos dudosos y enriquecen la comprensión del pasaje.
4. Identifica la verdad central y las verdades secundarias. A partir de ellas, estructura los puntos de tu enseñanza o predicación.
5. Sustenta cada parte con la Escritura. Recuerda que la Palabra de Dios se interpreta y se defiende a sí misma. “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).
Estas acciones te ayudarán a desarrollar un mensaje exegético sólido, que además debe complementarse con una buena homilética, para que llegue con claridad, poder y pertinencia a los oyentes.
Si eres un predicador o maestro de la Palabra de Dios cuestiónate: ¿Estoy siendo un mensajero fiel que transmite la Palabra de Dios con reverencia y responsabilidad, o simplemente comparto mis propias ideas, intenciones o intereses?
Para ayudar con este mensaje, puedes responder en los comentarios: ¿De qué otras maneras puedo profundizar en el estudio bíblico para que mi enseñanza sea más clara, bíblica y transformadora?
Gracias por tus aportes.
13/03/2026
ACCIONES PARA NUESTRO CRECIMIENTO ESPIRITUAL
Segunda parte: Nuestra relación con la iglesia
1. Cultivar amistades piadosas. Rodearse de hermanos en la fe que edifiquen mutuamente, se exhorten en amor y busquen juntos la santidad. Si eres casado, tu cónyuge debe ser tu prioridad en esta relación espiritual.
Proverbios 27:17 Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo.
2. Participar en reuniones según las etapas de la vida. Asistir a encuentros de niños, jóvenes, hombres, mujeres, matrimonios o adultos mayores, donde se aborden temas de interés común y se fortalezca la fe.
Hebreos 10:24-25 Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.
3. Congregarse fielmente en la iglesia. Reunirse con los santos para aprender la voluntad de Dios bajo la guía de líderes espirituales.
Hechos 2:42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
4. Capacitarse para crecer y servir. Participar en jornadas de formación que fortalezcan la madurez espiritual y preparen para el servicio conforme al propósito y llamado de Dios.
Efesios 4:12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo.
5. Servir en la congregación. Ser de bendición a otros, reconociendo que somos miembros de un mismo cuerpo en Cristo.
1 Corintios 12:12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
6. Dar buen testimonio en todo. Reflejar a Cristo en lo que eres, haces, gerencias y das, sin discriminación, honrando a Dios en cada acción.
1 Corintios 10:31 Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.
7. Aceptar el llamado de Dios en cada etapa de la vida. Reconocer que los años de fortaleza y producción son para servir y dar fruto abundante.
Salmos 92:12-14 El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano. Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán. Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes.
8. Ordenar las prioridades con sabiduría. Actuar con enfoque, rectitud y discernimiento, poniendo a Dios en primer lugar.
Mateo 6:33 Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
9. Practicar gratitud y generosidad. Ser agradecido y compartir con otros, especialmente con quienes nos ayudan a crecer.
1 Tesalonicenses 5:18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.
10. Transmitir la fe a las nuevas generaciones. Leer, estudiar y enseñar la Palabra de Dios, dejando un legado espiritual para los más jóvenes.
Deuteronomio 6:6-7 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.