20/09/2026
Hablar de violencia escolar esconde una realidad profunda y dolorosa que no distingue entre aulas, edades ni estratos sociales, y hoy lo tenemos a vista de todos. La violencia en las instituciones educativas no es un simple conflicto entre niños, adolescentes o jóvenes; es un síntoma urgente que nos interpela y nos toca a todos docentes, padres de familias, directivos, autoridades, etc.
Cuando un niño o adolescente sufre acoso, intimidación, vulneración de su integridad o exclusión, no solo se vulnera su seguridad física y emocional en ese momento, se está quebrantando algo fundamental: su derecho a crecer sin miedo, a explorar el mundo con confianza y a descubrir quién es en un entorno seguro. El dolor de quien calla un agravio, de quien se siente invisible o amenazado, resuena mucho más allá de los muros de un aula, de un patio, de una institución; y considerando que mucho de lo que realizan estos niños, adolescentes o jóvenes es el reflejo de lo que se vive en su hogar hay mucho más que hacer; sanar las heridas de la violencia nos puede llevar mucho tiempo, más que solo el de cambiar un espacio físico o un cargo, el interés es superior para nuestros niños y adolescente.