10/09/2026
Las bancas de antes tenían algo especial que invitaba a quitarse el sombrero y dejar que el cansancio se fuera con la brisa de la tarde. Al tallar los caballos galopando en el respaldo quise atrapar esa fuerza del campo que uno lleva adentro desde que era chamaco y veía a los animales correr libres por el potrero. El encino es una madera dura, recia, que cobra caro cada descuido, pero cuando se deja trabajar entrega una resistencia que ni el sol ni el tiempo pueden quebrar. Saber que en este asiento descansarán varias generaciones después de una jornada pesada es la mayor satisfacción que un viejo carpintero puede llevarse al terminar su día en el taller.