01/02/2021
—Mamá, ¿por qué, cuando siento enojo me dan ganas de decir y hacer cosas feas? A veces, cuando me enojo mucho, pienso que en el fondo soy malo.
—Hijo eso no es verdad, no eres malo por sentirte así cuando estás enojado. Debes saber que no eres el único que siente ese deseo de lastimar al llenarse de ira. Dicen los científicos que cuando permitimos que el enojo se apodere de nuestra mente, una parte pequeñita del cerebro llamada amígdala programa a todo nuestro cuerpo para defendernos. Es como si se encendiera un programa en nuestro interior que dijera: ¡Ataca! Y cuando eso sucede, las zonas del cerebro que nos permiten sentir cariño y compasión, actuar con amor y escuchar a los demás, se bloquea totalmente.
—¿Eso significa que es malo sentir enojo?
—Claro que no, hijo. El enojo es la emoción encargada de alertarnos cuando estamos enfrentando una injusticia. En otras palabras, funciona como un botón que te avisa cuando alguien es irrespetuoso, deshonesto, irresponsable o injusto contigo o con las personas que amas. Sólo que, en la mayoría de las personas, su energía es tan intensa, que hay que saberla manejar. Pensar que el enojo es algo malo, es como creer que el sensor de un auto, encargado de decirnos que no tiene gasolina, es malo.
—Mamá, se parece a lo que mi maestra explicó en la clase de ciencias sobre la energía nuclear. Nos dijo que la energía nuclear es buena cuando se usa para hacer el bien y es mala, cuando se usa para hacer el mal.
—¡Precisamente, hijo! El enojo, al igual que la energía nuclear, es una emoción con una fuerza muy intensa que, al ser utilizada con inteligencia, tiene el poder de fortalecer la confianza y la armonía en cualquier relación. Pero, cuando la utilizamos para lastimar a los demás, destruye el corazón humano. A lo largo de mi vida, he conocido a muchas familias y parejas que se han separado, no porque no se amaran, sino porque su forma de manejar el enojo, destruyó la confianza y el amor que los unía.
—Y, ¿cómo se maneja el enojo para no destruir a la familia?
—Para poder llegar a ese punto, primero es necesario que conozcas la diferencia entre un enojo racional y uno irracional. El primero, es cuando el enojo de las personas les avisa que están viviendo una injusticia. Y el segundo es cuando las personas se enojan, sólo porque algo sucede en contra de sus deseos, pero en realidad no están viviendo ninguna injusticia.
—¿Cómo cuando mi hermanita lloraba el otro día en la tienda, porque no le compraste un dulce?
—Así es, hijo. Tu hermanita aún es muy pequeña y su conciencia no sabe distinguir con tanta claridad cuando una situación es injusta. Porque los niños pequeños tienden a pensar solo en sus necesidades y deseos. Necesitan madurar y tener experiencias de convivencia con los demás, para que poco a poco aprendan también a pensar en los deseos y necesidades de los demás. Ese día que fuimos a la tienda, yo sólo traía dinero para comprar la leche, el pan y el queso para la cena de toda la familia. Y por lo tanto, no era injusto que no le comprara un dulce a tu hermana. Pero ella estaba enojada, porque no alcanzaba a comprender que yo actué pensando en el bien de toda la familia y ella solo pensaba en sí misma.
—Mamá, por eso cuando mi hermanita tiene un enojo irracional, tú te quedas muy tranquila y luego le explicas las cosas.
—Exacto, hijo. Cuando tu hermanita tiene un enojo irracional, también se le llama un berrinche. Y en ese momento procuro mantener la calma y suspender la comunicación. Porque su cerebro está en modo de ataque. Pero después, cuando está más tranquila, trato de hacerle ver que no comprarle un dulce no es una injusticia.
—Pero a veces no entiende mamá.
—Lo sé, hijo. Pero así son los niños pequeños. Hay que explicarles muchas veces las cosas hasta que poco a poco van entendiendo cuando su enojo es en realidad provocado por una injusticia y cuando su enojo es solo un berrinche, o un enojo irracional.
—Mamá, y el enojo irracional solamente lo tienen los niños.
—No hijo. Aún en nuestros días hay muchos adultos con enojos irracionales, porque a la mayoría de los adultos no nos explicaron de niños la diferencia entre un enojo racional y uno irracional. Y tampoco los enseñaron a manejar su enojo con inteligencia. Yo, todavía sigo practicando siete pasos para hacerlo cada vez mejor.
—¿Cuáles pasos, mamá?
—Tengo unos pasos que puedes poner en práctica cada vez que te enojes. Estos pasos, te ayudarán a que tu enojo se convierta en un momento de comprensión y entendimiento con tus seres queridos y en ocasiones te ayudarán a ver que tú estás siendo egoísta con tus deseos.
—¡Eso sí sería bueno! Porque me he dado cuenta que cuando exploto con enojo todo se hace más grande, y cuando intento guardármelo, tampoco me siento bien.
—Qué bueno que mencionas eso hijo. Debes saber que algunas personas, debido a su temperamento tienen la tendencia a explotar cuando se enojan y otras tienden la tendencia a implotar.
—¿Qué es implotar, mamá?
—Las personas que implotan son las que tienen a guardarse su enojo. Se dice que implotan, porque explotan hacía adentro. Y ellas, ante una injusticia o falta de respeto, se quedan callada, se portan indiferentes y a veces hasta dejan hablarle por varios días a las personas con las que se enojan, pensando que ignorar el enojo logrará hacer a un lado el problema. Pero, debes recordar que eso sólo hace los problemas más grandes. Dejar de hablarle a las personas bloquea la comunicación y portarte indiferente con los demás, lastima tanto como gritar e insultar. Implotar, también hace que los enojos se vayan acumulando entre las personas y lo más grave es que esto puede ocasionar enfermedades en el cuerpo.
—Yo casi siempre cuando me enojo grito y digo cosas muy feas. Así que no soy de los que implota.
—Entonces tú eres explosivo. Lo que significa, que al sentir enojo permites que tu deseo de atacar a las personas se apodere de ti. Debes saber que, los científicos que estudian el efecto de las emociones en el cuerpo ha descubierto que explotar con frecuencia, provoca daños en el corazón y problemas en el estómago y los intestinos. Y tú y yo sabemos que explotar con los demás lastima las relaciones humanas.
—Entonces, si implotar y explotar nos hace daño, ¿cuál es el camino?
—Cada vez que sentimos enojo lo primero que debemos hacer es reconocer que lo estamos sintiendo, acordándonos que el enojo sirve como un sensor para alertarnos de las injusticias. Hijo, ¿a quién crees que le cuesta más trabajo reconocer su enojo, a los implosivos o a los explosivos?
—Yo pensaría que a los implosivos mamá, porque ellos están acostumbrados a guardarse sus enojos.
—¿Y qué crees que sería un paso para que los explosivos manejen su enojo con inteligencia?
—Pienso que lo primero que debemos hacer los explosivos es tranquilizarnos antes de actuar.
—Por eso, hijo, el primer paso es reconocer cuando sientes enojo y el segundo es recuperar la calma, para que no se apodere de ti ese deseo de lastimar. Eso se logra respirando profundamente, escribiendo en una carta todo lo que quieres decir, imaginando que en una montaña muy alta gritas fuerte para que salga la energía de tu enojo, brincando muy alto hasta que liberes toda la energía, entre otras cosas.
—Creo que a mi me sirve llorar mamá.
—Está bien hijo. El llanto también sirve para liberar toda la tensión del cuerpo. Lo importante es que cuando liberes la energía de tu enojo, te asegures de no lastimar a los demás. Y una vez que sientas que ya salió esa energía, podrás sentir calma de nuevo. Este es el mejor estado emocional para analizar el porqué de tu enojo.
—¿Cómo se hace eso?
—Con cuatro preguntas sencillas. La primera es: ¿qué sentiste injusto?, la segunda es: ¿qué deseo no se te cumplió?, la tercera es: ¿mi deseo toma en cuenta las necesidades de los demás? Y la cuarta dice: ¿puedo conseguir lo que deseo sin lastimar a los demás?
—¿Y qué pasa mamá si cuando contesto esas preguntas me doy cuenta que en realidad no estoy viviendo ninguna injusticia, y que en realidad mi deseo es egoísta?
—Eso significa que estás teniendo un enojo irracional. Y por lo tanto tu enojo no tiene razón de ser. Por ejemplo, algunos niños se enojan sólo porque pierden en un juego. Y para poderlo resolver sólo deben preguntarse, ¿qué puedo hacer para ganar la próxima vez? Lo que puede traerles respuestas como practicar mas para desarrollar mis habilidades, ser más paciente y más perseverante.
—A veces, al darnos cuenta que nuestro enojo es producto de un deseo no cumplido, también descubrimos que en realidad estamos siendo egoístas porque sólo estamos pensando en nuestras necesidades y no las hemos puesto en equilibrio con las necesidades y deseos de los demás.
—Creo que eso me ha pasado a mi muchas veces, mamá.
—Es natural hijo, porque parte de ir madurando como niño es aprender a equilibrar tus deseos con los de las personas que amas.
—Mamá, ¿qué sucede cuando mi enojo si se debe a una injusticia o una falta de respeto?
—El siguiente paso es encontrar los sentimientos que hay detrás del enojo. No sé si lo habías notado, hijo, pero el enojo es una emoción que tiene el poder de enmascarar otros sentimientos. A veces detrás de tu enojo puede haber tristeza, miedo, vergüenza, culpa, entre otros. Hijo, ¿puedes pensar en una ocasión en la que tu enojo escondía otros sentimientos?
—Creo que si. Recuerdo una vez que me enojé con mi papá, porque en mi cumpleaños no llegó a tiempo para partir el pastel. Creo que detrás de mi enojo había un gran sentimiento de tristeza.
—Yo también tengo un recuerdo. Cuando era pequeña y mi hermana señalaba que me había equivocado en algo, en el fondo sentía vergüenza, pero yo trataba de taparlo con mi enojo. Ahora me doy cuenta que eso también hacía el problema más grande, porque rara vez pedía disculpas.
—¿Y para qué me sirve saber qué sentí injusto y cuáles son los sentimientos que esconde mi enojo?
—Una vez que reconozcas todo eso, es momento de buscar un tiempo adecuado para hablar acerca de tu enojo con respeto y cariño. Esto significa que debes buscar que la persona tenga toda tu atención, en un ambiente de tranquilidad.
—También sin hambre mamá. Cuando yo siento hambre, me enojo muy rápido.
—También sin hambre hijo. La idea es que exista este momento especial de apertura para que la persona pueda abrirse a escuchar tu dolor. Y es en ese momento cuando vas a hablar acerca de tu enojo con respeto y cariño. Puedes empezar con frases como: “Quería tener este tiempo especial contigo para poder hablar acerca de algo que sentí injusto…” Y es en este momento de diálogo cuando debes asegurarte de utilizar un tono amable y respetuoso para compartir tres cosas. La primera es: ¿qué sentiste injusto, irrespetuoso, irresponsable o deshonesto? La segunda es: ¿Cuál es tu deseo? y la tercera es ¿qué sentimientos hay detrás de tu enojo?
—¿Me puedes dar un ejemplo, mamá?
—Si. Hace unos meses tu hermana mayor estaba enojada conmigo porque escuchó que en una conversación yo le platiqué a mi comadre algo que ella me había compartido acerca de su novio. Y ese día, tu hermana se sintió muy enojada conmigo, porque sintió que yo no había respetado nuestra relación. Recuerdo que la vi molesta y le pregunté si tenía algo. En ese momento me dijo: “Mamá estoy enojada contigo, pero ahorita no quiero hablar”.
—Y ¿tú te enojaste con ella, cuando te dijo eso?
—No mi niño. Desde hace tiempo, tu hermana y yo practicamos el manejo inteligente del enojo y acordamos que tenemos derecho a sentir enojo, pero eso no significa que tenemos derecho a faltarnos al respeto. Cuando tu hermana me dijo que no quería hablar, entendí que más tarde hablaríamos, cuando su cerebro no tuviera activado el deseo de lastimar.
—¿Y hablaron?
—Si. Más tarde tu hermana se acercó y me dijo: “Mamá, siento injusto que le digas a tus amigas lo que yo te confío. Y ayer que te escuché compartirle a tu amiga algo de mi vida privada, me dio mucha vergüenza. También quiero que sepas que estoy triste porque en el fondo deseo que sí exista confianza entre tú y yo. Me gustan mucho tus consejos y disfruto platicar contigo.
—Mamá, mi hermana tenía razón de estar enojada contigo.
—Claro que si hijo. Me equivoqué con ella y por eso le ofrecí disculpas y también me comprometí a no volver a decirle nada a mis amigas sobre su vida privada.
—Como puedes ver, mi niño, ella no me dijo: “Mamá, eres una chismosa y ya no vuelvo a confiar en ti. Nunca te voy a volver a contar nada de mi vida privada”. En lugar de eso, me hablo con cariño acerca de su deseo, de lo que sintió injusto y de los sentimientos de vergüenza y tristeza que escondía su enojo. Y eso me hizo sentir más culpable que nunca.
—Ese sentimiento es muy incómodo mamá. Es el que menos me gusta sentir.
—Yo pensaba lo mismo, hace muchos años. Hasta que un día aprendí que la culpa es el sentimiento que sirve para avisarnos que hemos causado un daño o que no hemos sido responsables. Desde entonces, cada vez que me siento culpable, en lugar de enterrar el sentimiento y cubrirlo con enojo, me pregunto sí mi sentimiento de culpa me está alertando de un daño que debo reparar.
—Por eso, después de escuchar a tu hermana le dije: “Hija, siento mucho haber causado ese dolor en ti. Reconozco que me equivoqué y por eso te ofrezco una disculpa. ¿Me perdonas?”
—Mamá, ya entendí por qué decías que manejar el enojo de manera inteligente hace más fuertes los lazos de amor entre las personas. Cuando mi hermana y tú hablaron acerca del enojo con respeto y cariño, lograron llegar a un acuerdo. Y tú me has enseñado que los acuerdos hacen lazos de confianza entre las personas.
—Si mi niño. El último paso para hablar acerca del enojo, es siempre tratar de llegar a un entendimiento donde ambos lados se sientan comprendidos.
—Ahora, ¿ya estás listo?
—¿Para qué, mamá?
—Para decirme los pasos que nos sirven para manejar el enojo con inteligencia.
—Si. Paso uno, reconocer cuando estoy enojado, y tener presente que estar enojado no me da derecho de faltar al respeto. Paso dos, si mi enojo es muy intenso debo alejarme de la persona y recuperar la calma. Paso tres, analizo el porqué de mi enojo, preguntándome ¿qué siento injusto?, ¿cuál es mi deseo? También debo pensar si puedo conseguir lo que deseo sin lastimar a las personas. Paso cuatro, encuentro los sentimientos que hay detrás de mi enojo; como la tristeza y el miedo. Paso cinco, busco un tiempo a solas para hablar con la persona. Paso seis, hablo de mi enojo con respeto y cariño, diciendo qué sentí injusto y qué sentimientos hay detrás de mi enojo. En esta plática también debemos proponer un acuerdo o una solución. Paso siete, llegar a un acuerdo.
—Mi niño eres muy inteligente. Recordaste todos los pasos, ahora sólo falta que los pongas en práctica.
—Gracias mamá. Sólo me queda una última pregunta. ¿Qué haces tú, para no te ganen las ganas de decir cosas que lastiman, cuando tu enojo está muy intenso?
—Hace muchos años, hijo, me di cuenta que lo más importante en el mundo para mí es esta familia que tu papá y yo hemos formado. Pero lo que también descubrí es que lo único que nos mantiene unidos es algo muy sencillo pero muy grande.
—¿Qué es, mamá?
—Cierra tus ojos, hijo y concentra tu atención en tu pecho. Y mientras respiras despacito, te invito a contactar con todo el amor que puedes sentir por mamá y papá. Recuerda todos los momentos felices, todo el cariño que has recibido, los abrazos, las sonrisas y lo que admiras de cada uno de nosotros. Conforme piensas en eso, observa cómo se expande una energía hermosa en el centro tu pecho. ¿La puedes sentir?
—¡Sí, mamá!
—Esa energía que sientes en ese momento, es la que mantiene unida a todas las familias y se llama amor. Mientras más la cuidemos a través de un trato amoroso y respetuoso, más grande se hace y más felices somos todos. La energía del amor nos hace sentir unidos, conectados, protegidos, felices pero sobre todo, amados. La energía del amor te enseña también a amarte a ti mismo, te impulsa a ser comprensivo, compasivo, respetuoso y responsable. Por eso, cuando uno se da cuenta que la familia es lo más importante en la vida, también debe de tener la claridad de qué es lo que la mantiene sana y unida. Así fue, como hace varios años tomé la decisión de cuidar de esta energía de amor y la convertí en una prioridad. Desde entonces, cada vez que siento enojo, recuerdo que tengo dos caminos: Enojarme y lastimar a aquél que me lastimo creando un vacío en la experiencia de amor de la familia, o manejar el enojo inteligentemente para fortalecer la confianza, la comunicación y el amor de la familia.
—Mamá, yo también quiero cuidar el amor de la familia. Te prometo que voy a hacer un esfuerzo por manejar mi enojo con inteligencia.
—¡Bienvenido al equipo, hijo!, necesitamos de tu ayuda, porque allá afuera encontrarás muchas personas que han olvidado cuidar el amor en sus vidas.
Escrito con muchísimo cariño para todos aquellos padres que desean educar a través del amor. Si gustas conocer más productos que te ayuden a enseñar a tu niño a manejar su enojo con inteligencia, visita mi página de internet www.psicalejandramolina.com/tienda