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Edufame Nuestra misión es Educar a las Familias en el manejo de las emociones

El manejo sano de las emociones fortalece los lazos de confianza y la comunicación en las relaciones interpersonales. También, disminuye las probabilidades de que nuestros hijos sean víctimas de bullying, o sean presos de problemas de adicciones. Por otro lado, disminuye las posibilidades de que las niñas comiencen relaciones prematuras de noviazgo en la adolescencia y fortalece la salud física y

emocional. Las emociones son energía que nos mueve, que nos impulsa a actuar y a pensar de forma específica. Dependiendo de la emoción que estamos experimentando, es la manera en la que funciona nuestro cuerpo, nuestro cerebro y por lo tanto la manera en la que percibimos al mundo. Cómo cualquier tipo de energía, cuando la aprovechamos de forma positiva los resultados son positivos. Sin embargo, para muchos de nosotros el manejo sano de las emociones no es tan sencillo, ya que hemos heredado hábitos destructivos del manejo de nuestras emociones a partir de lo que aprendimos en nuestros primeros años de vida. En EDUFAME hemos creado una serie de cursos y material didáctico para que, de forma sencilla y práctica los padres de familia, niños y adolescentes conozcan la función de cada una de las emociones básicas, así como las maneras en las que se pueden manejar sanamente. El resultado de aplicar este material, son familias con lazos de confianza más fuertes, mejor comunicación interpersonal e intrapersonal, hijos que crecen desarrollando hábitos sanos del manejo de sus emociones, padres de familia que no desgastan la relación con sus hijos a través del manejo de la disciplina y el redescubrimiento que el poder de ser feliz reside en uno mismo y no en los demás.

08/11/2021

Si tu hijo se corta, si tu hijo es adicto al alcohol o las dr**as, si tu hijo deja de comer para estar delgado, si tu hijo tiene relaciones de noviazgo abusivas, hoy quiero recordarte que gritarle o perder el control diciéndole: “¿PORQUÉ HACES ESTO?, ¿QUÉ NO VES HE TE HACES DAÑO?, ¿QUÉ TE PASA, VAN A PENSAR QUE ESTÁS LOCO?” o cualquier comentario parecido a estos, lo más seguro es que causes más prejuicios que beneficios. Tan solo reflexiona lo siguiente: es un hecho que los adictos al cigarro ya saben que fumar les hace daño, pero la mayoría a pesar de saberlo, lo siguen haciendo. Es un hecho que los adictos a la comida, también saben que se lastiman al comer en exceso, pero la mayoría no detiene esa conducta al saber eso, tan solo se angustian más después de un atracón. Y rara vez un adolescente cambia sus comportamientos nocivos solo porque sus padres se lo exigen con reclamos.

Quiero que sepas que entiendo perfectamente que la mayoría de los reclamos parentales, también son producto del profundo miedo que sienten, la mayoría de los papas, al saber que sus hijos se están lastimando. Sin embargo hoy quiero dejarte una fórmula muy clara: MIEDO más MIEDO solo causa mayor autoagresión, más ansiedad, más pánico, más conductas compulsivas, mas vergüenza que impulse a nuestros hijos a alejarse de nosotros, más deseos de esconder la conducta en lugar de que se acerquen a sus padres para platicarla y buscar soluciones. ¿Porqué?, por el simple hecho de que el miedo nos impulsa a huir, a agredirnos, a paralizarnos y por lo tanto nos impulsa a mentir, a quedarnos atrapados en el mismo ciclo o a justificar nuestra conducta.

Así que hoy te quiero compartir un enfoque distinto. Es el enfoque que contiene la formula más vieja del planeta. Le llamo el enforque del amor, el cual contiene una serie de ingredients esenciales que al ser utilizados con consistencia, pueden transformar el profundo miedo, odio o enojo que siente cualquier adolescente que se lastima así mismo.

Primero, sustituye el reclamar por dialogar con ellos. Esto solo lo lograrás si prepares preguntas que los impulsen a voltearse a ver a si mismos a viajar a su interior para contactar con la mejor versión de sí mismos. Que es la única que los impulsará a hacer un cambio.

Pero antes de preguntarles cualquier cosa, deberás darles tu palabra que los juicios como “estás mal, estás loco, que tonto porqué haces esto, estarán fuera de tu casa y permanentemente suspendidos, en especial al hablar de esos temas que los avergüenzan profundamente”. Cabe mencionar que es posible que algunos de ustedes tengan que trabajar el no criticar durante un mes seguido, para poder acercarse a sus hijos, porque en algunos hogares donde los adolescentes se lastiman tanto a sí mismos, el hábito de juzgar y criticar a los demás es parte de todas las reuniones familiares y eso hace que nadie se sienta con la confianza de hablar de sus vulnerabilidades.

Pero, una vez logrado un ambiente de cero críticas y aceptación, podrás iniciar un diálogo mágico, quete llevará a una experiencia de conexión y cercanía con él. Este diálogo DEBE SER SIEMPRE EN UN TONO AMABLE con preguntas como: “Amor, me preocupa que te lastimes así. Pero, hoy lo más importante es si tú has pensado en las consecuencias de continuar con esa conducta en tu vida. Amor, yo te quiero muchísimo, más de lo que te imaginas. Pero no sé si has pensado que lo que más te ayudará a dejar de lastimarte es sentir amor por tu persona. ¿Me podrías decir cuando fué la última vez que sentiste un profiundo aprecio por ti? ¿Me podrías decir si sientes que yo te he enseñado a amarte a ti mismo? Y si tu respuesta es no ¿de qué manera crees que podemos aprender juntos a amarnos mas? He pensado que si te lastimas así, es porqueposiblemente tienes muchos sentimientos de dolor, tristeza, enojo o miedo guardados en ti. ¿Quieres hablar acerca de ellos para empezar a dejarlos ir y resolverlos? Sé que la mayor parte del tiempo no eres feliz y por eso te lastimas, ¿crees que hay algo que pueda hacer yo para ayudarte en tu camino a ser cada día más feliz? Tal vez yo no sea la major persona para ayudarte, pero quiero que sepas que si quieres recibir ayuda profesional cuentas con mi apoyo ¿te gustaría que buscaramos esa alternativa? Sabes amor, cuando estamos muy asustados, es de gran ayuda hacer un plan de acción para resolver el problema, ¿te gustaría hacer un plan de acción conmigo para buscar soluciones?

Por experiencia propia, sé que una sola platica dificilmente soluciona conductas de autoagresión. Sin embargo, una sóla plática puede ser el momento decisivo para iniciar un proceso de sanación.

La última parte de la plática debe incliuir otro ingrediente fundamental del amor: El agradecimiento. Y este lo puedes incluir en un comentario como este: “Mi niño o mi niña, gracias por tenerme la confianza de platicar conmigo acerca de los retos que enfrentas en este momento. Debes saber que cuando yo era adolescente, también pasé por mis propios retos y cuando quieras te puedo platicar acerca de ellos. Pero hoy se trata de ti, así que solo quiero que te quedes con un sentimiento muy importante “Esperanza”. Quiero que sepas que no siempre te vas a sentir así, que esto solo es un reto que si tu lo decides, con paciencia y sabiduría lo podrás resolver. Cuentas con todo mi apoyo. Te amo y pase lo que pase, eso nunca va a cambiar.

Por último, si durante la plática tu hijo comienza a llorar, asegúrate de no decirle: "No llores". Debes recordar que el llanto es el mecanismo fisiológico por medio del cual el cuerpo deja ir el dolor. Permítele que sus lagrimas limpien sus miedos, que la tensión del llanto libere el dolor acumulado. Todo adolescente que se lastima tiene guardados sentimientos de enojo, tristeza, culpa y vergüenza de tiempo atrás.

Lo ves, esta téctnica incluye muchos ingredientes del amor. El primero, el diálogo, que a su vez incluye el ingrediente de la comprensión. Segundo, la conexión. Cuando haces preguntas que promuevan la apertura para hablar del mundo emocional de tus hijos fortalecerás el vínculo de conexión. Tercero, el respeto. Al eliminar los juicios, las críticas e incluir un tono amable, te aseguras de cuidar el corazón de tu hijo. Cuarto, el agradecimiento. Cuando cierras agradeciéndole a tu hijo por su confianza, dejarás una gran semilla para continuar con ese tipo de charlas. Y quinto, la paciencia. Se necesita de mucha templanza y paz interior para mantener la calma cuando tu hijo te expresa su dolor. Sexto, la esperana y la fe de que todo tiene un porqué, de que solo son retos de la vida que nos impulsan a crecer. Y séptimo la expresión de cariño: las palabras te amo y pase lo que pase eso nunca va a cambiar cierran tu diálogo con una semilla que pueden arrancar el motor del cambio en tu hijo. Si deseas continuar platicando de este tema, nos vemos en el en vivo del próximo Martes a las 8:30 horario del Pacífico. No olvides tener listas tus preguntas para el final del programa.

16/02/2021

—Mamá, algunas personas me han dicho que no debo sentirme culpable. ¿Eso significa que sentir culpa es malo?

—No, hijo. En realidad la culpa es una emoción que sirve para avisarnos que hemos causado un daño o que nuestras acciones han sido irresponsables. Sólo que cuando la gente no sabe manejar esa emoción con inteligencia, a veces piensa que es una emoción mala. Pero si aprendes a manejarla, te ayudará a ser más responsable.

—¿Mamá, por eso me siento culpable cuando olvido hacer mi tarea?

—Si, mi niño. Cuando te sientes así por no hacer la tarea, tu sentimiento de culpa te recuerda que no has cumplido con una de tus responsabilidades. Así como si fuera un botoncito en tu interior que se prende para darte un mensaje.

—Pero, ¿por qué se siente tan incómodo sentir culpa?

—La verdad no lo sé a ciencia cierta, pero creo que se debe a que tu corazón te hace sentir incómodo cuando te alejas de la mejor versión de ti mismo. Pienso que, en el fondo, a todos nos gusta sentirnos satisfechos y orgullosos de nuestra persona al cumplir con nuestra responsabilidad y cuando no lo hacemos, se enciende una alerta dentro de nosotros llamada culpa.

—Creo que mi perrito también siente culpa mamá. A veces cuando se porta mal, lo veo actuar como si se sintiera culpable. Hasta se porta más tranquilo y cariñoso.

—Lo que sucede, es que la culpa, en cualquier ser vivo que sea capaz de sentirla, lo impulsa instintivamente a reparar el daño. De ahí que, cuando las personas reconocen el impulso de la culpa en su interior, pueden aprovecharlo como un gran motivador para comprometerse a hacer las cosas mejor.

—Entonces una persona que no acepta sus sentimientos de culpa con naturalidad, le cuesta trabajo reconocer sus errores.

—Es muy posible, hijo. De hecho, las personas que no tienen la capacidad de sentirse culpables, tienen muchos problemas para vivir en armonía con los demás. Algunos estudios han demostrado que ciertos delincuentes, tienen dañada la zona del cerebro encargada de encender la emoción de la culpa.

—Pero, yo nunca he visto a mi primito sentirse culpable cuando me tira mis torres de legos. Y, a veces cuando hace travesuras lo veo sonreír.

—Lo que sucede es que tu primo tiene tres años, lo que significa que en él aún no se desarrollan las partes del cerebro que le permiten sentirse culpable y hacerse consciente de lo que tú sientes, cuando él tira tus torres de legos. Y como él es un pequeñito, los demás somos tolerantes con él. Pero conforme él vaya creciendo, sus papás deberán ayudarle a reconocer el dolor que causan sus acciones en los sentimientos de los demás. Así, su cerebro irá desarrollando las zonas de su cerebro encargadas de hacerlo sentir culpa.

—Y ¿qué puedo hacer para que al sentirme culpable, no me sienta malo?

—Eso es lo que vas a aprender cuando sepas manejar tus sentimientos de culpa con inteligencia. Para ello quiero comenzar por dividir a los sentimientos de culpa en tres grupos. El primero de ellos se le llama culpa sana. La culpa sana es la que todos sentimos de manera natural cuando lastimamos a alguien, causamos un daño o somos irresponsables. En cambio el segundo tipo de culpa se le llama culpa irracional. Hijo, ¿qué crees que es la culpa irracional?

—Tal vez es eso que les pasa a las personas que se sienten culpables por cosas que en verdad no son su responsabilidad. En la escuela tengo una compañera que se siente culpable cuando su amiga no entrega la tarea, porque que ella siente que es la encargada de recordarle.

—Hijo, ese es un ejemplo muy claro de una culpa irracional. Debes saber que, para deshacerte de este tipo de sentimientos, es muy importante tener claridad sobre lo que sí es tu responsabilidad y lo que no te corresponde hacer en una relación.

—¿Por eso te gusta escribir las reglas de la casa, mamá?

—Si, mi niño. Es una manera de dejar claro lo que a cada quien le corresponde hacer en este gran equipo llamado familia.

—Y ¿cuál es el tercer tipo de culpa?

—Al tercer tipo de culpa le llamo, culpa tóxica. Este sentimiento lo experimentan las personas que, al sentirse culpables, se sienten inadecuados, insuficientes, malas personas o poca cosa.

—¿Cómo cuando yo me siento malo porque me equivoco, mamá?

—Precisamente, hijo. Es natural sentirte culpable cuando tu comportamiento es irresponsable o irrespetuoso. Pero eso no significa que eres una mala persona.

—Entonces, la próxima vez que me equivoque puedo pensar que, aunque cometí un error y me siento culpable, sigo siendo un niño valioso?

—De hecho, hijo, ese es uno de los pasos más importantes para manejar la culpa con inteligencia. También debes saber, que la culpa tóxica, también se desarrolla cuando muchos sentimientos de culpa se acumulan. Muchas veces, cuando las personas se equivocan y no reconocen su error abiertamente con los demás, ni reparan el daño, acumulan sentimientos de culpa en su interior, que al paso del tiempo les quitan su paz mental. Y algunos hasta tienen dificultades para dormir por las noches. Es como si hubiera personas que tuvieran un almacén de culpas sin resolver que dice: “Culpa del 2001, pendiente de resolver. Culpa de 1998, aún sin reconocer su responsabilidad. Culpa de lo sucedido en 2008, pendiente ofrecer disculpas. Culpa de lo sucedido en 2010, no se ha hablado de ella, etcétera”. E incluso hijo, hay quienes buscan enmascarar todas estas experiencias de dolor a través de sustancias que dañan su cuerpo.

—Yo no quiero sentir eso cuando sea grande mamá.

—Lo sé, hijo. Por eso deseo que aprendas a manejar la culpa con inteligencia. Sólo son cinco pasos. ¿Estás listo?

—¡Sí, mamá!

—De ahora en adelante, cada vez que experimentes sentimientos de culpa, deberás tener el valor de reconocer ese sentimiento dentro de ti. Ten siempre presente que parte de nuestra naturaleza humana es sentir culpa sana cuando nos equivocamos. Recuerda lo que te expliqué hace tiempo. Cada una de las emociones humanas son activadas por medio de ciertas células que están en tu cerebro. Y si cada parte de tu cuerpo tiene una razón de existir, también hay una razón para experimentar esa emoción en tu sistema nervioso.

—Te lo prometo mamá, ya no voy a guardarme mis sentimientos de culpa, ni tampoco los voy a ignorar.

—¡Muy bien, mi niño! Una vez identificado el sentimiento, el segundo paso es reconocer si en verdad eres responsable de lo sucedido. Esto te ayudará a identificar si tu culpa es sana o es irracional.

—¿Me puedes dar un ejemplo, mamá?

—Una mañana, cuando tú estabas en el primer año de preescolar, olvidé llevarte la lonchera. Y cuando me di cuenta que la lonchera se quedó en la entrada de la casa, me sentí culpable. Fue así como mi sentimiento de culpa sano me impulsó a regresar a la escuela para llevarte tu lonchera. Pero ahora que tú ya eres un niño grande, si se te olvida la lonchera y llegara a sentirme culpable por ello, tendría que recordar que, en esta etapa de tu vida ya no soy responsable de asegurarme que lleves comida para el receso. A tus diez años, tú ya eres capaz de hacerte responsable de ella. Por eso, si yo me sintiera culpable ante esa situación, mi sentimiento de culpa sería irracional.

—Entonces, mamá, cuando me doy cuenta que mi culpa es irracional, sólo debo pensar en lo que verdaderamente me toca hacer a mí y así se desaparecerá ese sentimiento. Pero si mi culpa es sana, aún me seguiré sintiendo culpable.

—Así es. Cuando reconoces que tu culpa es sana, deberás reparar el daño. Ese es el tercer paso.

—¿Mamá, reparar el daño es pedir perdón?

—Eso es sólo una parte. Cuando uno ofrece una disculpa, siempre debe de ir acompañado de un acto reparativo. ¿Qué crees tú que ayuda a reparar más una relación, un amigo que te dice: ¿Me perdonas por lo que te dije ayer? o un amigo que te diga: ¿Me perdonas? De ahora en adelante me comprometo a utilizar palabras respetuosas, y como una muestra de mi cariño te quiero invitar a jugar a mi casa?

—El segundo, mamá.

—Eso nos pasa a todos hijo. Cuando una persona ofrece disculpas y al mismo tiempo busca reparar el daño con sus acciones, transmite claramente que está arrepentido de lo que sucedió y que realmente desea que el problema no vuelva a suceder.

—Entonces, debo recordar que reparar el daño, debe ir acompañado de palabras y acciones.

—Si. Las acciones son muy importantes para reparar el daño y las palabras envuelven el acto reparativo como un gran regalo de aprendizaje. Y precisamente ese es el cuarto paso para manejar la culpa de manera inteligente: Aprender de lo sucedido. Siempre que vivas una experiencia en la que hayas experimentado culpa sana, significa que puedes aprender de ella para crecer como ser humano.

—Como cuando me he sentido culpable, porque tiro el vaso de leche y eso me recuerda que debo ser más cuidadoso con mis manos cuando llevo vasos de cristal a la mesa. Es como si mi sentimiento de culpa del pasado me sirviera como un recordatorio para hacer mejor las cosas.

—Lo has explicado mejor que yo, hijo. Y ahora sólo falta el quinto paso, uno de los más importantes. Una vez que hayas reparado el daño y recuerdes el aprendizaje que te trajo esa experiencia, es momento de perdonarte, recordando lo que dijiste hace un momento: “Aunque me equivoqué sigo siendo una persona valiosa, todos nos equivocamos y eso no nos hace valer menos. Acepto el aprendizaje que esta experiencia me ha traído. Y como ya he reparado el daño causado, ahora me perdono”.

—Mamá, ¿qué significa perdonarse a uno mismo?

—Significa dejar ir todos los sentimientos negativos asociados un evento doloroso del pasado. En algunos casos, hay que hacerlo varias veces, hasta que logres recordar esa experiencia y sentir calma en tu interior.

—¿Quiere decir que si aún recuerdo un evento en el que me sentí culpable, y aún me siento al por lo que hice, no me he perdonado?

—Exactamente hijo. Cuando te acuerdes de esa experiencia, y ya te aseguraste de haber ofrecido disculpas y haber reparado el daño, deberás decir en tu mente las frases que te acabo de compartir, hasta que logres sentir paz interior. Debes saber que para algunos, perdonarse toma más práctica que para otros. Pero todos lo pueden lograr.

—Yo creo que me costaría más trabajo perdonarme, cuando al sentir culpa, no he reparado el daño. Pero estos cinco pasos, me van a ayudar.

—¿Los puedes recordar todos, hijo?

—Si, mamá. Primero debo reconocer que estoy sintiéndome culpable. Segundo, debo reconocer si mi sentimiento de culpa viene de algo que en verdad me corresponde hacer. Si mi culpa viene de algo que en realidad no me corresponde hacer, significa que mi culpa no tiene razón de existir. Pero si mi culpa se debe a mi falta de responsabilidad o a un daño que yo causé, el tercer paso es repararlo. Esto quiere decir que debo ofrecer disculpas sinceras y acompañarlas de acciones que busquen enmendar el error. Una vez terminado este paso, debo pensar en qué aprendí de lo sucedido. Y al final, si ya hice todos esos pasos es muy importante perdonarme, para que cuando sea grande no viva con culpas acumuladas.

—Hijo, lo has explicado mejor que yo. Por último, debes saber que para llevar a cabo estos pasos deberás fortalecer cuatro virtudes en tu corazón. La primera es la valentía. Se requiere mucho valor para reconocer tus sentimientos de culpa, sobre todo en un mundo que aún piensa que sentir culpa te hace débil o menos persona. La segunda es la honestidad. No hay manera de reconocer tus errores sin practicar la honestidad con nosotros mismos. La tercera es la compasión, esta te permitirá reconocer lo que sienten tus seres queridos cuando te equivocas y con ello, te sentirás impulsado a reparar el daño. Y la cuarta es el amor. Se necesita de un profundo amor por ti mismo, para perdonarte, cuando has causado un daño.

—Mamá, te prometo que voy a ser valiente, honesto, compasivo y amoroso.

—Estoy segura de ello mi niño.

Escrito con muchísimo cariño para todos aquellos padres que consideran la educación emocional una prioridad en la educación de su familia. ¿Qué pasaría si todos los integrantes de tu familia, manejaran sus sentimientos de culpa con inteligencia? Si deseas más herramientas para enseñar a tus hijos a manejar sus emociones sanamente, visita mi página de internet www.psicalejandramolina.com/tienda

01/02/2021

—Mamá, ¿por qué, cuando siento enojo me dan ganas de decir y hacer cosas feas? A veces, cuando me enojo mucho, pienso que en el fondo soy malo.

—Hijo eso no es verdad, no eres malo por sentirte así cuando estás enojado. Debes saber que no eres el único que siente ese deseo de lastimar al llenarse de ira. Dicen los científicos que cuando permitimos que el enojo se apodere de nuestra mente, una parte pequeñita del cerebro llamada amígdala programa a todo nuestro cuerpo para defendernos. Es como si se encendiera un programa en nuestro interior que dijera: ¡Ataca! Y cuando eso sucede, las zonas del cerebro que nos permiten sentir cariño y compasión, actuar con amor y escuchar a los demás, se bloquea totalmente.

—¿Eso significa que es malo sentir enojo?

—Claro que no, hijo. El enojo es la emoción encargada de alertarnos cuando estamos enfrentando una injusticia. En otras palabras, funciona como un botón que te avisa cuando alguien es irrespetuoso, deshonesto, irresponsable o injusto contigo o con las personas que amas. Sólo que, en la mayoría de las personas, su energía es tan intensa, que hay que saberla manejar. Pensar que el enojo es algo malo, es como creer que el sensor de un auto, encargado de decirnos que no tiene gasolina, es malo.

—Mamá, se parece a lo que mi maestra explicó en la clase de ciencias sobre la energía nuclear. Nos dijo que la energía nuclear es buena cuando se usa para hacer el bien y es mala, cuando se usa para hacer el mal.

—¡Precisamente, hijo! El enojo, al igual que la energía nuclear, es una emoción con una fuerza muy intensa que, al ser utilizada con inteligencia, tiene el poder de fortalecer la confianza y la armonía en cualquier relación. Pero, cuando la utilizamos para lastimar a los demás, destruye el corazón humano. A lo largo de mi vida, he conocido a muchas familias y parejas que se han separado, no porque no se amaran, sino porque su forma de manejar el enojo, destruyó la confianza y el amor que los unía.

—Y, ¿cómo se maneja el enojo para no destruir a la familia?

—Para poder llegar a ese punto, primero es necesario que conozcas la diferencia entre un enojo racional y uno irracional. El primero, es cuando el enojo de las personas les avisa que están viviendo una injusticia. Y el segundo es cuando las personas se enojan, sólo porque algo sucede en contra de sus deseos, pero en realidad no están viviendo ninguna injusticia.

—¿Cómo cuando mi hermanita lloraba el otro día en la tienda, porque no le compraste un dulce?

—Así es, hijo. Tu hermanita aún es muy pequeña y su conciencia no sabe distinguir con tanta claridad cuando una situación es injusta. Porque los niños pequeños tienden a pensar solo en sus necesidades y deseos. Necesitan madurar y tener experiencias de convivencia con los demás, para que poco a poco aprendan también a pensar en los deseos y necesidades de los demás. Ese día que fuimos a la tienda, yo sólo traía dinero para comprar la leche, el pan y el queso para la cena de toda la familia. Y por lo tanto, no era injusto que no le comprara un dulce a tu hermana. Pero ella estaba enojada, porque no alcanzaba a comprender que yo actué pensando en el bien de toda la familia y ella solo pensaba en sí misma.

—Mamá, por eso cuando mi hermanita tiene un enojo irracional, tú te quedas muy tranquila y luego le explicas las cosas.

—Exacto, hijo. Cuando tu hermanita tiene un enojo irracional, también se le llama un berrinche. Y en ese momento procuro mantener la calma y suspender la comunicación. Porque su cerebro está en modo de ataque. Pero después, cuando está más tranquila, trato de hacerle ver que no comprarle un dulce no es una injusticia.

—Pero a veces no entiende mamá.

—Lo sé, hijo. Pero así son los niños pequeños. Hay que explicarles muchas veces las cosas hasta que poco a poco van entendiendo cuando su enojo es en realidad provocado por una injusticia y cuando su enojo es solo un berrinche, o un enojo irracional.

—Mamá, y el enojo irracional solamente lo tienen los niños.

—No hijo. Aún en nuestros días hay muchos adultos con enojos irracionales, porque a la mayoría de los adultos no nos explicaron de niños la diferencia entre un enojo racional y uno irracional. Y tampoco los enseñaron a manejar su enojo con inteligencia. Yo, todavía sigo practicando siete pasos para hacerlo cada vez mejor.

—¿Cuáles pasos, mamá?

—Tengo unos pasos que puedes poner en práctica cada vez que te enojes. Estos pasos, te ayudarán a que tu enojo se convierta en un momento de comprensión y entendimiento con tus seres queridos y en ocasiones te ayudarán a ver que tú estás siendo egoísta con tus deseos.

—¡Eso sí sería bueno! Porque me he dado cuenta que cuando exploto con enojo todo se hace más grande, y cuando intento guardármelo, tampoco me siento bien.

—Qué bueno que mencionas eso hijo. Debes saber que algunas personas, debido a su temperamento tienen la tendencia a explotar cuando se enojan y otras tienden la tendencia a implotar.

—¿Qué es implotar, mamá?

—Las personas que implotan son las que tienen a guardarse su enojo. Se dice que implotan, porque explotan hacía adentro. Y ellas, ante una injusticia o falta de respeto, se quedan callada, se portan indiferentes y a veces hasta dejan hablarle por varios días a las personas con las que se enojan, pensando que ignorar el enojo logrará hacer a un lado el problema. Pero, debes recordar que eso sólo hace los problemas más grandes. Dejar de hablarle a las personas bloquea la comunicación y portarte indiferente con los demás, lastima tanto como gritar e insultar. Implotar, también hace que los enojos se vayan acumulando entre las personas y lo más grave es que esto puede ocasionar enfermedades en el cuerpo.

—Yo casi siempre cuando me enojo grito y digo cosas muy feas. Así que no soy de los que implota.

—Entonces tú eres explosivo. Lo que significa, que al sentir enojo permites que tu deseo de atacar a las personas se apodere de ti. Debes saber que, los científicos que estudian el efecto de las emociones en el cuerpo ha descubierto que explotar con frecuencia, provoca daños en el corazón y problemas en el estómago y los intestinos. Y tú y yo sabemos que explotar con los demás lastima las relaciones humanas.

—Entonces, si implotar y explotar nos hace daño, ¿cuál es el camino?

—Cada vez que sentimos enojo lo primero que debemos hacer es reconocer que lo estamos sintiendo, acordándonos que el enojo sirve como un sensor para alertarnos de las injusticias. Hijo, ¿a quién crees que le cuesta más trabajo reconocer su enojo, a los implosivos o a los explosivos?

—Yo pensaría que a los implosivos mamá, porque ellos están acostumbrados a guardarse sus enojos.

—¿Y qué crees que sería un paso para que los explosivos manejen su enojo con inteligencia?

—Pienso que lo primero que debemos hacer los explosivos es tranquilizarnos antes de actuar.

—Por eso, hijo, el primer paso es reconocer cuando sientes enojo y el segundo es recuperar la calma, para que no se apodere de ti ese deseo de lastimar. Eso se logra respirando profundamente, escribiendo en una carta todo lo que quieres decir, imaginando que en una montaña muy alta gritas fuerte para que salga la energía de tu enojo, brincando muy alto hasta que liberes toda la energía, entre otras cosas.

—Creo que a mi me sirve llorar mamá.

—Está bien hijo. El llanto también sirve para liberar toda la tensión del cuerpo. Lo importante es que cuando liberes la energía de tu enojo, te asegures de no lastimar a los demás. Y una vez que sientas que ya salió esa energía, podrás sentir calma de nuevo. Este es el mejor estado emocional para analizar el porqué de tu enojo.

—¿Cómo se hace eso?

—Con cuatro preguntas sencillas. La primera es: ¿qué sentiste injusto?, la segunda es: ¿qué deseo no se te cumplió?, la tercera es: ¿mi deseo toma en cuenta las necesidades de los demás? Y la cuarta dice: ¿puedo conseguir lo que deseo sin lastimar a los demás?

—¿Y qué pasa mamá si cuando contesto esas preguntas me doy cuenta que en realidad no estoy viviendo ninguna injusticia, y que en realidad mi deseo es egoísta?

—Eso significa que estás teniendo un enojo irracional. Y por lo tanto tu enojo no tiene razón de ser. Por ejemplo, algunos niños se enojan sólo porque pierden en un juego. Y para poderlo resolver sólo deben preguntarse, ¿qué puedo hacer para ganar la próxima vez? Lo que puede traerles respuestas como practicar mas para desarrollar mis habilidades, ser más paciente y más perseverante.

—A veces, al darnos cuenta que nuestro enojo es producto de un deseo no cumplido, también descubrimos que en realidad estamos siendo egoístas porque sólo estamos pensando en nuestras necesidades y no las hemos puesto en equilibrio con las necesidades y deseos de los demás.

—Creo que eso me ha pasado a mi muchas veces, mamá.

—Es natural hijo, porque parte de ir madurando como niño es aprender a equilibrar tus deseos con los de las personas que amas.

—Mamá, ¿qué sucede cuando mi enojo si se debe a una injusticia o una falta de respeto?

—El siguiente paso es encontrar los sentimientos que hay detrás del enojo. No sé si lo habías notado, hijo, pero el enojo es una emoción que tiene el poder de enmascarar otros sentimientos. A veces detrás de tu enojo puede haber tristeza, miedo, vergüenza, culpa, entre otros. Hijo, ¿puedes pensar en una ocasión en la que tu enojo escondía otros sentimientos?

—Creo que si. Recuerdo una vez que me enojé con mi papá, porque en mi cumpleaños no llegó a tiempo para partir el pastel. Creo que detrás de mi enojo había un gran sentimiento de tristeza.

—Yo también tengo un recuerdo. Cuando era pequeña y mi hermana señalaba que me había equivocado en algo, en el fondo sentía vergüenza, pero yo trataba de taparlo con mi enojo. Ahora me doy cuenta que eso también hacía el problema más grande, porque rara vez pedía disculpas.

—¿Y para qué me sirve saber qué sentí injusto y cuáles son los sentimientos que esconde mi enojo?

—Una vez que reconozcas todo eso, es momento de buscar un tiempo adecuado para hablar acerca de tu enojo con respeto y cariño. Esto significa que debes buscar que la persona tenga toda tu atención, en un ambiente de tranquilidad.

—También sin hambre mamá. Cuando yo siento hambre, me enojo muy rápido.

—También sin hambre hijo. La idea es que exista este momento especial de apertura para que la persona pueda abrirse a escuchar tu dolor. Y es en ese momento cuando vas a hablar acerca de tu enojo con respeto y cariño. Puedes empezar con frases como: “Quería tener este tiempo especial contigo para poder hablar acerca de algo que sentí injusto…” Y es en este momento de diálogo cuando debes asegurarte de utilizar un tono amable y respetuoso para compartir tres cosas. La primera es: ¿qué sentiste injusto, irrespetuoso, irresponsable o deshonesto? La segunda es: ¿Cuál es tu deseo? y la tercera es ¿qué sentimientos hay detrás de tu enojo?

—¿Me puedes dar un ejemplo, mamá?

—Si. Hace unos meses tu hermana mayor estaba enojada conmigo porque escuchó que en una conversación yo le platiqué a mi comadre algo que ella me había compartido acerca de su novio. Y ese día, tu hermana se sintió muy enojada conmigo, porque sintió que yo no había respetado nuestra relación. Recuerdo que la vi molesta y le pregunté si tenía algo. En ese momento me dijo: “Mamá estoy enojada contigo, pero ahorita no quiero hablar”.

—Y ¿tú te enojaste con ella, cuando te dijo eso?

—No mi niño. Desde hace tiempo, tu hermana y yo practicamos el manejo inteligente del enojo y acordamos que tenemos derecho a sentir enojo, pero eso no significa que tenemos derecho a faltarnos al respeto. Cuando tu hermana me dijo que no quería hablar, entendí que más tarde hablaríamos, cuando su cerebro no tuviera activado el deseo de lastimar.

—¿Y hablaron?

—Si. Más tarde tu hermana se acercó y me dijo: “Mamá, siento injusto que le digas a tus amigas lo que yo te confío. Y ayer que te escuché compartirle a tu amiga algo de mi vida privada, me dio mucha vergüenza. También quiero que sepas que estoy triste porque en el fondo deseo que sí exista confianza entre tú y yo. Me gustan mucho tus consejos y disfruto platicar contigo.

—Mamá, mi hermana tenía razón de estar enojada contigo.

—Claro que si hijo. Me equivoqué con ella y por eso le ofrecí disculpas y también me comprometí a no volver a decirle nada a mis amigas sobre su vida privada.

—Como puedes ver, mi niño, ella no me dijo: “Mamá, eres una chismosa y ya no vuelvo a confiar en ti. Nunca te voy a volver a contar nada de mi vida privada”. En lugar de eso, me hablo con cariño acerca de su deseo, de lo que sintió injusto y de los sentimientos de vergüenza y tristeza que escondía su enojo. Y eso me hizo sentir más culpable que nunca.

—Ese sentimiento es muy incómodo mamá. Es el que menos me gusta sentir.

—Yo pensaba lo mismo, hace muchos años. Hasta que un día aprendí que la culpa es el sentimiento que sirve para avisarnos que hemos causado un daño o que no hemos sido responsables. Desde entonces, cada vez que me siento culpable, en lugar de enterrar el sentimiento y cubrirlo con enojo, me pregunto sí mi sentimiento de culpa me está alertando de un daño que debo reparar.

—Por eso, después de escuchar a tu hermana le dije: “Hija, siento mucho haber causado ese dolor en ti. Reconozco que me equivoqué y por eso te ofrezco una disculpa. ¿Me perdonas?”

—Mamá, ya entendí por qué decías que manejar el enojo de manera inteligente hace más fuertes los lazos de amor entre las personas. Cuando mi hermana y tú hablaron acerca del enojo con respeto y cariño, lograron llegar a un acuerdo. Y tú me has enseñado que los acuerdos hacen lazos de confianza entre las personas.

—Si mi niño. El último paso para hablar acerca del enojo, es siempre tratar de llegar a un entendimiento donde ambos lados se sientan comprendidos.

—Ahora, ¿ya estás listo?

—¿Para qué, mamá?

—Para decirme los pasos que nos sirven para manejar el enojo con inteligencia.

—Si. Paso uno, reconocer cuando estoy enojado, y tener presente que estar enojado no me da derecho de faltar al respeto. Paso dos, si mi enojo es muy intenso debo alejarme de la persona y recuperar la calma. Paso tres, analizo el porqué de mi enojo, preguntándome ¿qué siento injusto?, ¿cuál es mi deseo? También debo pensar si puedo conseguir lo que deseo sin lastimar a las personas. Paso cuatro, encuentro los sentimientos que hay detrás de mi enojo; como la tristeza y el miedo. Paso cinco, busco un tiempo a solas para hablar con la persona. Paso seis, hablo de mi enojo con respeto y cariño, diciendo qué sentí injusto y qué sentimientos hay detrás de mi enojo. En esta plática también debemos proponer un acuerdo o una solución. Paso siete, llegar a un acuerdo.

—Mi niño eres muy inteligente. Recordaste todos los pasos, ahora sólo falta que los pongas en práctica.

—Gracias mamá. Sólo me queda una última pregunta. ¿Qué haces tú, para no te ganen las ganas de decir cosas que lastiman, cuando tu enojo está muy intenso?

—Hace muchos años, hijo, me di cuenta que lo más importante en el mundo para mí es esta familia que tu papá y yo hemos formado. Pero lo que también descubrí es que lo único que nos mantiene unidos es algo muy sencillo pero muy grande.

—¿Qué es, mamá?

—Cierra tus ojos, hijo y concentra tu atención en tu pecho. Y mientras respiras despacito, te invito a contactar con todo el amor que puedes sentir por mamá y papá. Recuerda todos los momentos felices, todo el cariño que has recibido, los abrazos, las sonrisas y lo que admiras de cada uno de nosotros. Conforme piensas en eso, observa cómo se expande una energía hermosa en el centro tu pecho. ¿La puedes sentir?

—¡Sí, mamá!

—Esa energía que sientes en ese momento, es la que mantiene unida a todas las familias y se llama amor. Mientras más la cuidemos a través de un trato amoroso y respetuoso, más grande se hace y más felices somos todos. La energía del amor nos hace sentir unidos, conectados, protegidos, felices pero sobre todo, amados. La energía del amor te enseña también a amarte a ti mismo, te impulsa a ser comprensivo, compasivo, respetuoso y responsable. Por eso, cuando uno se da cuenta que la familia es lo más importante en la vida, también debe de tener la claridad de qué es lo que la mantiene sana y unida. Así fue, como hace varios años tomé la decisión de cuidar de esta energía de amor y la convertí en una prioridad. Desde entonces, cada vez que siento enojo, recuerdo que tengo dos caminos: Enojarme y lastimar a aquél que me lastimo creando un vacío en la experiencia de amor de la familia, o manejar el enojo inteligentemente para fortalecer la confianza, la comunicación y el amor de la familia.

—Mamá, yo también quiero cuidar el amor de la familia. Te prometo que voy a hacer un esfuerzo por manejar mi enojo con inteligencia.

—¡Bienvenido al equipo, hijo!, necesitamos de tu ayuda, porque allá afuera encontrarás muchas personas que han olvidado cuidar el amor en sus vidas.

Escrito con muchísimo cariño para todos aquellos padres que desean educar a través del amor. Si gustas conocer más productos que te ayuden a enseñar a tu niño a manejar su enojo con inteligencia, visita mi página de internet www.psicalejandramolina.com/tienda

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