14/02/2026
En la eterna cantera rosa de Zacatecas, el tiempo parece hablar. Sus calles recuerdan la pasión poética de Ramón López Velarde, quien convirtió la nostalgia en belleza; la música profunda de Manuel M. Ponce, que elevó el espíritu nacional; y la mirada intensa del pintor Francisco Goitia, que retrató el dolor humano con una verdad que aún nos estremece. Ellos entendieron que el amor por la tierra y por la gente es una forma de inmortalidad.
En la historia nacional resuenan también las voces de quienes hicieron del amor a la justicia un compromiso irrenunciable. Benito Juárez defendió la dignidad de la nación con firmeza; Sor Juana Inés de la Cruz amó el conocimiento con una pasión que desafió su tiempo; y Octavio Paz nos recordó que el ser humano se construye entre la soledad y el encuentro con el otro. Todos ellos nos enseñan que la amistad intelectual, la solidaridad humana y la búsqueda de la verdad son actos de amor profundo.
Hoy, en la Universidad Autónoma de Zacatecas, ese legado cobra vida en las Ciencias Forenses. Cada estudiante que se inclina sobre un microscopio, cada análisis que busca esclarecer un hecho, cada investigación que honra la memoria de una persona, es una forma de amar a la sociedad.
Porque detrás de cada evidencia hay una historia, y detrás de cada historia hay familias, sueños y esperanzas que merecen respeto.
Celebrar el Día del Amor y la Amistad en este contexto es reconocer que la ciencia no es fría: está hecha de manos que colaboran, de mentes que se acompañan y de corazones que se comprometen con la verdad. Es saber que el compañero de laboratorio no es solo un colega, sino un aliado en la misión de construir justicia; que la amistad académica se vuelve fuerza colectiva; y que el amor por el conocimiento se transforma en servicio a la humanidad.
Miremos hacia el futuro con valentía. Las nuevas generaciones de científicas y científicos forenses heredarán tecnologías más avanzadas, pero también una responsabilidad mayor: conservar la sensibilidad que convierte a la ciencia en un acto profundamente humano. Que nunca olviden que la evidencia habla con rigor, pero que la empatía le da sentido.
Hoy, que las palabras “amor” y “amistad” resuenen con más fuerza que nunca en México, en Zacatecas y en cada aula universitaria. Que recordemos que amar es cuidar la verdad, acompañar al otro en su aprendizaje y construir un país más justo desde el conocimiento. Porque cuando la historia, la cultura y la ciencia caminan de la mano, el amor deja de ser solo un sentimiento… y se convierte en legado, en vocación y en esperanza viva para las generaciones que vienen.
Dr. Ángel Román Gutiérrez
Alfredo Salazar de Santiago
Coordinación del Área de Ciencias de la Salud