25/05/2026
Un pequeño gatito comenzó a acompañar a Doña Lupita… y su puesto de tacos se llenó de clientes.
Durante años, Doña Lupita trabajó vendiendo tacos de canasta en la misma esquina, luchando cada día para poder pagar la renta y llevar comida a casa.
Una tarde lluviosa escuchó pequeños maullidos debajo de un automóvil y encontró a un gatito flaco, asustado y temblando de frío.
Sin pensarlo dos veces, lo tomó con cuidado y comenzó a llevarlo todos los días con ella al puesto, donde el pequeño dormía tranquilo dentro de su cangurera mientras observaba a la gente pasar.
Con el tiempo, muchas personas comenzaron a acercarse por curiosidad para ver al gatito y terminaban comprando tacos. Poco a poco el negocio empezó a mejorar y Doña Lupita volvió a sonreír.
Ella siempre decía que el verdadero milagro no fue la suerte… sino sentirse acompañada otra vez.