25/08/2026
Hace un tiempo escribí que una de las creencias que más me había costado soltar era pensar que cambiar de rumbo significaba fracasar.
Después llegó otro ejercicio: definir la felicidad en mis propios términos.
Y hoy ambas cosas se encontraron.
Cuando decidí salir de lo que conocía y comenzar en ventas, llegué con miedo, muchas preguntas y pocas certezas. No sabía si estaba tomando la decisión correcta.
Lo que tampoco sabía era todo lo que ese cambio iba a permitirme descubrir de mí.
Descubrí que puedo resolver.
Que disfruto aprender.
Que soy mucho más perceptiva de lo que creía.
Que puedo comunicarme, vender, tomar decisiones y hacerme responsable cuando algo no sale como debería.
Y poco a poco entendí que mi felicidad no podía depender únicamente de que las cosas externas salieran como esperaba.
Para mí, también está en sentirme en movimiento. En reconocerme creciendo. En saber que estoy construyendo una vida que cada vez se parece un poquito más a mí.
Hoy me dieron una noticia que me emociona muchísimo: estaré al frente de la apertura de una nueva joyería como gerente de sucursal.
Claro que me hace feliz la noticia.
Pero curiosamente, lo que más felicidad me provoca no es el puesto.
Es reconocer a la mujer que tuvo que existir antes de recibirlo.
La que cambió de rumbo aun teniendo miedo.
La que llegó a un lugar que desconocía y decidió aprender.
La que comenzó a descubrir capacidades que quizá siempre estuvieron ahí, pero que nunca había necesitado poner a prueba.
Y entonces entendí algo sobre aquel ejercicio:
La felicidad, bajo mis términos, no es llegar a un punto en el que todo esté resuelto. Es poder mirar mi vida y sentir que estoy participando activamente en construirla.
No siento que haya llegado. De hecho, nuevamente estoy frente a algo que desconozco.
Habrá cosas que aprender, errores que cometer, problemas que resolver y seguramente nuevos miedos.
Pero esta vez tengo algo que antes no tenía:
evidencia de lo que sucede cuando dejo de permitir que el miedo decida por mí.
Hace unos meses cambiar de rumbo se sentía como comenzar de cero.
Hoy entiendo que no estaba empezando de cero.
Estaba empezando desde mí. 🤍