14/06/2026
Por el puro gusto de seguir compartiendo a Francesco Tonucci (Frato) en estos tiempos de Libertad anunciada para la Autonomía de Gestión y Profesional 🌺
Aquí una de sus frases:
«Los chicos tienen que llegar a la escuela con los bolsillos llenos, no vacíos, y sacar sus conocimientos para trabajarlos en el aula. (...) El trabajo empieza dando la palabra a los niños. Primero se mueve el niño; recién después el maestro. El maestro tiene que conocer lo que saben los niños antes de actuar, porque si se procede antes, seguro hace daño. (...) Si fueran escuchados, los niños podrían llevar a la escuela su propio pensamiento. Lo normal es que un niño que tiene una inteligencia práctica, hábil con las manos y que puede desarmar un motor, para la escuela no vale nada. Vale sólo si sabe elaborar lógicamente datos. Esa clasificación no tiene sentido. Esa actitud selectiva, de que hay pocos lenguajes importantes y de que los demás no valen nada, conducen al niño al fracaso».
Francesco Tonucci (Frato) con la obra La maquinaria escolar
Aquí el enlace del libro electrónico
👉👉http://forofpcantabria.weebly.com/uploads/6/0/1/8/60188225/tonucci_francesco__frato__-_la_maquinaria_escolar.pdf
18/05/2026
Para pensar ..
La distancia entre las buenas intenciones de las normas y la crudeza de lo que se vive en las aulas, llevan al sistema educativo a una contradicción difícil de ignorar para los que trabajamos en las aulas. Por un lado, se consolida la directriz institucional de evitar la reprobación, fundamentada en el deseo legítimo de no segregar ni estigmatizar al estudiante. Por el otro, la experiencia cotidiana de los maestros advierte que decretar el avance de un alumno sin que haya aprendido lo básico no elimina el rezago, sino que simplemente lo traslada al siguiente año. Esta tensión transforma el acto de evaluar en un dilema constante, donde el cumplimiento de una meta estadística parece chocar de frente con la responsabilidad real de educar.
La controversia no gira en torno a si los números o las letras en una boleta son buenos o malos, sino en las condiciones en las que los docentes deben hacer su trabajo. El sistema exige transitar de una evaluación que castiga a una cualitativa, centrada en diagnósticos y estrategias de regularización personalizadas. Sin embargo, esta transición se exige dentro de una estructura que no ha modificado sus demandas de tiempo ni sus recursos. Al maestro se le pide que actúe como un guía minucioso, atento a la trayectoria de cada alumno, pero al mismo tiempo se le satura con una maquinaria burocrática que prioriza el llenado de formatos, el cumplimiento de plazos y la entrega de evidencias. Muchos profesores señalan que, sin las herramientas ni el tiempo real para realizar estas evaluaciones cualitativas, la reforma corre el riesgo de convertirse en un simple trámite administrativo para "pasar" alumnos.
Para comprender el fondo de este problema, es necesario ver qué papel le hemos asignado a la escuela en la sociedad. La institución escolar ya no solo transmite saberes; se ha convertido en el principal amortiguador de las crisis económicas y familiares. En contextos donde la desigualdad limita las oportunidades, las políticas de flexibilización surgen como un intento de garantizar que los jóvenes permanezcan en el sistema. El problema radica en que estas decisiones suelen tomarse desde oficinas que ignoran la realidad material de las escuelas. Cuando se ordena el avance de un alumno con severas lagunas formativas, bajo el argumento de que el docente debe implementar un plan de regularización inmediato, se asume que los planteles cuentan con un soporte que en la práctica no existe. Sin descargas horarias para el diseño pedagógico y con grupos numerosos, la exigencia cualitativa se vuelve sobrecarga. Así, el tiempo que se debería destinar a enseñar se consume en justificar documentalmente por qué el alumno obtuvo esa calificación.
Cuando el sistema reduce el éxito educativo a un indicador numérico de aprobación, se produce una gran confusión en el maestro, pues se encuentra atrapado entre lo que sabe que el alumno necesita y lo que la norma le obliga a registrar en la plataforma. La aprobación automática, lejos de interpretarse como un acto de justicia o inclusión, comienza a verse como un mecanismo de desatención. Cuando pasar de año se vuelve un proceso de oficina y no una consecuencia del aprendizaje, se debilita el valor del esfuerzo y se erosiona la confianza en la propia escuela.
Si bien la reprobación tradicional demostró ser ineficaz y expulsiva, la promoción sin un soporte real tampoco resuelve la vulnerabilidad del estudiante; a menudo la profundiza. Al trasladar el problema al siguiente ciclo, se posterga la dificultad y se reduce la posibilidad de una intervención oportuna, enviando al joven a niveles superiores con herramientas insuficientes para enfrentar exigencias mayores. El dilema para el maestro es desgastante: acatar la directriz y validar un avance ficticio, o resistir y enfrentar las consecuencias administrativas, sabiendo que, de cualquier forma, los recursos para ayudar verdaderamente a ese estudiante siguen sin llegar.
La salida a este laberinto no está en regresar al viejo castigo de la reprobación sistemática, pero tampoco en la complacencia del trámite burocrático. Avanzar hacia una educación más humana requiere dotar al profesorado del recurso más escaso en el sistema actual: el tiempo. Tiempo para el diagnóstico, para la planeación y para el acompañamiento real. Mientras la política educativa continúe priorizando la estadística sobre el proceso humano, las aulas seguirán siendo el escenario de una resistencia contra el papeleo. Cabe preguntarnos si estamos diseñando un sistema para el desarrollo integral de las personas, o simplemente estamos perfeccionando una maquinaria hábil en ocultar el rezago en las boletas.
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𝐏𝐬𝐢𝐜𝐨𝐥𝐨𝐠í𝐚 𝐏𝐚𝐫𝐚 𝐃𝐨𝐜𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬
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30/04/2026
Importante...
LA RETROALIMENTACIÓN: LA CLAVE PARA UNA EVALUACIÓN ORIENTADA AL APRENDIZAJE.
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19/04/2026
"Si el campesino quiere sembrar, que lo haga en macetas, no en mis tierras". Esa frase, dicha por algún hacendado criollo en los años oscuros del Porfiriato, resume mejor que cualquier tratado de historia la injusticia que desató la Revolución Mexicana. El campesino no tenía tierra. No tenía agua. No tenía futuro. Tenía sus manos callosas, su sombrero de palma, su familia hambrienta. Y tenía, también, una rabia contenida que esperaba la chispa para estallar. Esa chispa se llamó Emiliano Zapata. Cuando el Caudillo del Sur los llamó al levantamiento, los campesinos no lo dudaron ni tantito. ¿Qué iban a perder? ¿El jacal de adobe? ¿La milpa prestada? ¿La vida miserable que llevaban? No tenían nada que perder. Y todo, absolutamente todo, por ganar.
"Si el campesino quiere sembrar, que lo haga en macetas, no en mis tierras", decían los criollos hacendados. No era una frase aislada. Era una política. Era una filosofía. Era la justificación de un sistema que concentraba la tierra en unas pocas manos mientras millones de campesinos vivían en la miseria. Los hacendados no veían a los campesinos como personas. Los veían como herramientas. Como animales de carga. Como estorbos. La tierra era para ellos. Solo para ellos. El campesino, si quería sembrar, que comprara una maceta. Una maceta. Como si el maíz pudiera crecer en una maceta. Como si una familia pudiera alimentarse de una maceta.
Por eso, cuando Emiliano Zapata los llamó al levantamiento revolucionario, el campesino no lo dudó ni tantito. No necesitaban discursos. No necesitaban promesas. Necesitaban un líder que les devolviera la dignidad. Zapata se la devolvió. No con palabras bonitas. Con acciones. Con tierras arrebatadas a los hacendados. Con repartos agrarios. Con justicia. Los campesinos lo siguieron a la muerte. Porque Zapata no les pedía que murieran por él. Les pedía que vivieran por ellos mismos.
¡No tenían nada que perder! Esa es la clave. La Revolución no la hicieron los que tenían algo que perder. La hicieron los que no tenían nada. Los desposeídos. Los humillados. Los olvidados. Los que dormían en el suelo, comían frijoles aguados, vestían harapos. Para ellos, la muerte no era un riesgo. Era una liberación. Por eso pelearon con una ferocidad que los ejércitos federales nunca pudieron igualar.
Zapata entendió eso. Por eso no les pidió que esperaran. No les pidió que fueran pacientes. No les pidió que confiaran en las leyes. Les pidió que tomaran la tierra. Y la tomaron. A machetazos. A balazos. A sangre y fuego. Los hacendados, que se creían dueños del mundo, descubrieron que el mundo se les venía encima.
Hoy, más de cien años después, los campesinos mexicanos siguen siendo pobres. La tierra sigue siendo de unos pocos. Las macetas, por suerte, ya no son una opción. Pero la lucha de Zapata sigue vigente. Porque mientras haya un campesino sin tierra, mientras haya un hacendado que mire por encima del hombro, mientras haya una frase como "si quiere sembrar, que lo haga en macetas", la Revolución no habrá terminado.
Zapata no está mu**to. Está en cada campesino que se niega a arrodillarse. En cada ejido que resiste. En cada milpa que crece a pesar de todo. Por eso, cuando escuches esa frase, no la olvides. Fue el grito de guerra de una injusticia. Y también fue el principio del fin.
© Edición protegida por Asombroso | Basado en material de: Archivos del Porfiriato; biografías de Emiliano Zapata; testimonios campesinos de la Revolución Mexicana; crónicas de la época; investigaciones del INAH sobre el reparto agrario | Compartir solo con créditos:
06/04/2026
"... pedagogía de la ternura no es sinónimo de romanticismo ni de sentimentalismo, sino de generar capacidades en aras de formar sujetos protagonistas autónomos e independientes, con capacidad de hacer uso de su libertad con responsabilidad para transformar la realidad con espíritu crítico.
Una ternura que humaniza y sensibiliza, en la niñez, el amor por la justicia, la verdad, el respeto a la otredad."
Verónica Del Cid
🎨Ilustración de
psicopedagogia
03/04/2026
📚| La creó la Colección de Cuentos para incorporar hábitos saludables en niñas y niños, así como fomentar los derechos humanos y el cuidado animal, mientras disfrutan de una historia emocionante.
Conócelos en📖👉https://conebi.edomex.gob.mx/colecci%C3%B3n-cuentos-conebi
31/03/2026
Convocatoria :
La Secretaría de Educación Pública abre el Repositorio Nacional de Experiencias y Prácticas Docentes de la Nueva Escuela Mexicana 2026, un espacio donde por fin el conocimiento que nace en las escuelas cobra valor y visibilidad nacional a las maestras y los maestros de educación inicial, preescolar, primaria y secundaria del país, en todas sus modalidades educativas a participar en el proceso nacional de recuperación de experiencias docentes que formará parte del Foro “La Nueva Escuela Mexicana a tres años: recuperación, diálogo y construcción colectiva desde la experiencia” de acuerdo con las siguientes
BASES:
https://experienciasnem.anuies.mx/registro/index.php #