Mamá en Kaos

Mamá en Kaos

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🌸 ¡Hola, soy Grecia! 🌸

Soy mamá de tres niñas maravillosas: una de 10 años y unas gemelitas de 6 💕.

Mi vida está llena de risas, preguntas infinitas, proyectos educativos, crayones por todos lados y mucho, mucho kaos 😅.

14/11/2025

Hay algo que siempre me incomoda…
Ese empeño del mundo por decirles a los niñ@s quiénes pueden ser.
Como si nacer trajera un instructivo pegado en la frente: Ellos de azul. Ellas de rosa. Ellas a la cocina. Ellos arreglando cosas y sin llorar.
Y lo peor es que muchos lo repiten sin pensar, como si esas frases no pesaran, como si no marcaran vidas enteras.
Pero yo sí lo pienso. Y me enojo. Porque sé el daño que hace crecer con una identidad prestada, con un rol impuesto, con un “esto te toca porque eres niña” o un “eso no se permite porque eres niño”.
Yo no quiero eso para mis hijas.
No quiero que el mundo las haga pequeñas, obedientes, silenciosas.
No quiero que crean que su valor está en servir, agradar o encajar.
Tampoco quiero que ningún niño se trague su llanto para “ser fuerte”, como si sentir fuera una vergüenza.
En mi casa, estamos rompiendo esas reglas viejas.
No por rebeldía, sino por amor.
Porque el amor verdadero no etiqueta: libera.
No acomoda a los niñ@s en cajitas: les abre puertas.
No les dice quién ser: l@s acompaña a descubrirlo.
Estoy criando niñas que sepan elegir su camino sin pedir permiso, que entiendan que los colores no tienen dueño, que la casa se sostiene entre todos, y que la sensibilidad también es fuerza.
Si el mundo quiere limitar, que lo intente.
Aquí, en este pequeño hogar, les enseñamos a romper moldes y a caminar con el corazón libre.
Porque la identidad no se impone. Se construye.
Y yo estaré aquí, luchando cada día, para que mis hijas puedan hacerlo sin miedo.

Porque la libertad empieza en casa.
Y yo quiero que ellas crezcan libres.

13/11/2025

Anoche me desvelé.
Pero no por las niñas, ni por insomnio, ni por pendientes… me desvelé porque quise.
Porque mi lado humano, ese que a veces se esconde entre rutinas, gritos y quehacer, necesitaba una noche diferente.
Reí, platiqué, disfruté.
Y también recordé lo caro que le sale al cuerpo este tipo de decisiones después de cierta edad 😅.
Hoy me duelen hasta las pestañas y mi energía anda en modo “ahí vamos”, una de mis hijas me preguntó: ¿mami, por qué tus ojos parecen rotos?, pero no me arrepiento.
A veces una necesita desconectarse del deber para reconectar con el placer de ser persona.
Porque sí, soy mamá, pero también soy una mujer que extraña sentirse parte del mundo sin reloj en la cabeza.
El cuerpo protesta, sí… pero el alma agradece.

12/11/2025

A veces me levanto y hago todo: preparo, organizo, cuido, pienso, anticipo.
Y, aun así, al final del día, siento que nadie lo nota.
Que los detalles que pongo, las cosas que cambio, las formas en que intento hacer la vida más linda para todos, pasan desapercibidas.
Como cuando nadie nota que moví algo en la casa, o no se dan cuenta de que preparé su comida favorita, o cuando las niñas hacen algo nuevo que aprendieron conmigo y nadie más lo ve, solo yo.
Y me duele. Me duele más de lo que quisiera admitir.
No porque necesite halagos, sino porque a veces necesito saber que existo, que lo que hago tiene peso, que alguien lo ve, que alguien lo siente.
Hay días en que me pierdo entre tanto dar.
Me vuelvo parte del fondo, como si todo siguiera su curso, incluso si yo no estuviera.
Y eso… eso me rompe un poquito.
Porque estoy aquí.
Porque sigo intentando.
Porque sigo haciendo, aunque a veces nadie lo note.
Solo quisiera —de vez en cuando— que alguien me mirara a los ojos y dijera:“te veo, de verdad te veo.”

11/11/2025

A veces me frustro, porque siento que paso el día repitiendo “compartan”, “escúchense”, “no griten”, en lugar de enseñarles las sílabas o hacer sumas.
Y hay días en los que pienso: ¿de verdad están aprendiendo algo?
Pero sí… sí están. Solo que no lo que yo esperaba.
Ellas están aprendiendo cómo se ve la convivencia real.
Cómo se siente tener diferencias, equivocarse, pedir perdón.
Y yo estoy aprendiendo a soltar la idea de que educar siempre se ve bonito, aunque escucharlas llegar a un acuerdo sin que yo intervenga se acerca mucho.
A dejar de medir el éxito del día por cuántas hojas llenamos o cuántas tareas hacemos, y empezar a medirlo por cuántas veces logramos calmarnos después del caos.
Porque ser mamá no es tener hijos perfectos, ni días en calma.
Es mirar el desorden, el cansancio, los gritos y entender que ahí también hay crecimiento.
No todo aprendizaje suena a silencio y concentración.
A veces suena a discusiones, a portazos, y a un “perdón” que tarda, pero llega.

10/11/2025

Vivimos en una época en la que pareciera que los niñ@s tienen que crecer antes de tiempo.
A los 10 años ya los llamamos “preadolescentes”, les exigimos autocontrol, madurez y responsabilidad emocional… como si dejaran de ser niñ@s solo porque muestran cambios naturales del crecimiento.

Pero no. Científicamente, todavía son niñ@s.
Y eso no es una opinión: es desarrollo humano.

El ciclo de vida se divide en etapas bien definidas:
👶 Primera infancia (0 a 5 años) – desarrollo motor, lenguaje, vínculo afectivo.
👧 Niñez (6 a 11 años) – aprendizaje, socialización, formación del carácter y comprensión del mundo.
🧑‍🦱 Adolescencia (12 a 18 años) – cambios hormonales, búsqueda de identidad, independencia emocional.
🧑‍💼 Juventud (19 a 35 años) – consolidación de metas, decisiones personales.
🧑‍🏫 Adultez (36 a 59 años) – estabilidad y reflexión.
👵 Vejez (60+ años) – experiencia y legado.

Entonces, no, tu hij@ de 10 u 11 años no es un adolescente.
Y aunque tenga actitudes que te parezcan “rebeldes” o “maduras”, su cerebro sigue funcionando como el de un niñ@: está aprendiendo a regular emociones, a entender límites y a sentirse segur@.

Cuando lo tratamos como adolescente antes de tiempo, le quitamos su derecho a vivir plenamente su niñez.
Le imponemos responsabilidades, presiones y expectativas para las que aún no está preparado.

La niñez no necesita adelantarse.
Necesita ser acompañada, comprendida y respetada.
Porque solo un niñ@ que vive su infancia con libertad y contención, podrá llegar a la adolescencia con fortaleza y equilibrio.

28/10/2025

Las mañanas en casa empiezan con olor a café… y eso ya es una bendición.
Mi esposo se levanta antes para hacer el café y preparar el desayuno y por un momento creo que la vida adulta sí se puede. ☕🍞
Las niñas se levantan a su ritmo (que nunca coincide con el mío, claro, ni entre ellas).
Una ya anda hablando sin parar desde que abre los ojos, otra necesita silencio, paciencia y posiblemente un desayuno aparte para activar el cerebro y la otra tarda en darse cuenta si sigue dormida o despierta; pero siempre quieren desayunar juntas, siempre y cuando no pasen de las 8:30 am.
Mientras ellas desayunan, yo intento ordenar mis pensamientos, pero no cooperan, pienso en todo lo que tengo que hacer, y aun así disfruto esos minutos en los que la casa suena a risas y cucharitas contra el plato.
Luego viene la parte práctica: cepillarse los dientes, bañarse, tender la cama…
Cada paso con su propio drama y su propio diálogo motivacional.
—“Mamá, ya la tendí.”
—“Mamá, ya me lavé los dientes.”
—“Mamá, yo ayer me bañé primero.”
No hay prisa, pero tampoco calma absoluta.
El homeschool no empieza con una campana, pero sí con una mamá que repite tres veces: “¿¡Listas!?”
Y así arranca el día:
con camas más o menos tendidas, olor a desayuno recién hecho y la sensación de que el amor también se demuestra en esos pequeños gestos —como el café caliente que alguien pensó por ti antes de que abrieras los ojos.
Hasta que…
el café se enfría, las niñas desaparecen “supuestamente buscando el lápiz”,
y yo me descubro sola en la mesa diciendo:
“Bueno… parece que la clase de hoy va a empezar mañana.” 😒

27/10/2025

Poner límites no aleja a las personas correctas.
Al contrario: filtra, aclara, ordena.
Y sí, a veces duele. Porque uno se acostumbra a sostener vínculos que solo funcionan mientras una no dice nada, mientras una cede, mientras una se hace chiquita para que todo “esté bien”.
Las relaciones que sobreviven después de poner límites, son las que valen la pena, porque son las que te aman en libertad, no en obligación.
Las que te miran con respeto, aunque no siempre estén de acuerdo.
Las que te aman sin exigir que te traiciones.
Porque el amor sano no te pide que te calles, te pide que seas real.
Y cuando una mamá empieza a ser real —ya no perfecta, ya no complaciente, solo real—, el caos se ordena solito.
Porque sí, poner límites puede desordenar las cosas al principio…
pero también es el inicio de un nuevo orden: uno donde tú también decides.

22/10/2025

Hay noches en que mi cuerpo ya no da más, pero la mente no se calla.
Me acuesto deseando solo una cosa: dormir. Pero no puedo.
El cansancio me duele en los huesos, y aun así mi cabeza repite la lista infinita de pendientes, los momentos que me salieron mal, las palabras que me arrepiento de haber dicho, las que me faltaron.
Y mientras todos duermen, yo peleo con la almohada, con la ansiedad, con el silencio que parece gritar más fuerte que el ruido del día.
No dormir se vuelve una forma de estar viva a medias: con el corazón acelerado, los ojos ardiendo y la mente corriendo en círculos.
Nadie te lo dice, pero el insomnio de la maternidad no es solo físico.
Es la suma de la preocupación, la culpa, la sobrecarga emocional, el miedo de no estar haciéndolo bien.
Y cuando por fin amanece, no solo estoy cansada. Estoy exhausta.
Dormir no debería ser un lujo, pero muchas noches lo es.
Y aun así, me levanto. Porque aunque no dormí, sigo siendo mamá.

21/10/2025

Hacer homeschool no solo es una forma de aprender, es una forma de conocernos.

Pasar tanto tiempo juntos nos ha mostrado nuestras fortalezas, pero también nuestras debilidades… y eso, lejos de ser un problema, se ha vuelto una oportunidad.
Aprendemos a tener paciencia, a comunicarnos mejor, a reconocer cuándo uno necesita un descanso o un abrazo. Descubrimos en qué somos buenos, qué nos cuesta más, y cómo acompañarnos en ese proceso.
Sí, en esta temporada mis tres hijas pelean mucho (demasiado a veces 😅), pero también he visto crecer su tolerancia, su comprensión y, sobre todo, su empatía.
Aprenden a ponerse en el lugar de la otra, a esperar su turno, a pedir perdón, a reconciliarse.
El homeschool no solo forma mentes, sino también corazones más conscientes y relaciones más sinceras.
Nos enseña que convivir no siempre es fácil, pero amar siempre vale la pena.

20/10/2025

Los lunes soy como un celular de los 90:
se traba, se reinicia sola y gasta toda la batería antes del mediodía. 😅

17/10/2025

Hay días en que el cansancio (físico y mental) me hace dudar, sobre todo cuando escucho a La Mayor decirme: "¿por qué tenemos que aprender esto? ¿por qué no puedo usar la calculadora?, ¡no quiero aprender!".
Pero ahí, justo en medio del agotamiento, siento a Dios recordándome:
“Así te amo yo, incluso cuando te enojas o eres obstinada”.

Y vuelvo a empezar. Porque ser mamá también es un acto de fe.

16/10/2025

🎁 ¿Por qué les damos regalos a los hij@s?

¿Les damos regalos a nuestros hijos como muestra de amor o como una forma de chantaje disfrazado?

Muchas veces mis hijas me preguntan si ya no les vamos a dar regalo de Navidad o de cumpleaños porque se portaron mal o hicieron una travesura, y siempre les repito lo mismo (también para auto recordármelo): “Aunque te portes mal, te vamos a dar regalos de Navidad o de cumpleaños, porque los regalos son una muestra de amor de parte de papá y mía.”

Y cuando lo digo, lo siento de verdad.
Porque quiero que mis hijas entiendan que el amor no se gana con comportamiento perfecto, ni se pierde con errores. Que los regalos no son un premio(ese es tema para otro post), sino un recordatorio de que las queremos siempre, incluso cuando los días son difíciles o cuando se equivocan (igual que nosotros).
Que nuestro amor no es condicional, ni se mide en puntos por buena conducta.
Les damos regalos porque amamos verles los ojos brillar.
Porque queremos llenar de ternura una memoria, construirles recuerdos que huelan a hogar, a cariño, a infancia segura.

Les damos regalos porque el amor también se toca, se envuelve y se entrega con las manos.

Pero también les enseño que los regalos más importantes no están bajo el árbol ni en su fiesta de cumpleaños; están en los abrazos después de una pelea, en las disculpas sinceras, en el tiempo compartido sin prisas.

En saber que, pase lo que pase, el amor de mamá y papá no se quita, no se acaba, no se condiciona.

Y quizá, al final, ese es el regalo más grande que puedo darles.

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