11/04/2024
Cierta ocasión…
en una empresa, una de sus maquinarias presentaba fallas. El gerente tener conocimiento de que se trataba de un equipo que estaba valuado en cientos de miles de dólares, sabía la importancia de traer a un experto que pudiera reparar la falla. Así fue como se llamó a un ingeniero bien versado y con conocimiento de ese tipo de maquinarias.
El ingeniero contempló por un momento la pieza de maquinaria, moviendo algunas piezas de la misma simplemente asintió para sí mismo con la cabeza al tiempo que murmuraba algo. Cortó la corriente que alimentaba la máquina. Hecho esto tomó un destornillador de su caja de herramienta, con el que dio una vuelta y media a un pequeñísimo tornillo. Encendió la corriente de la máquina e hizo todas las comprobaciones para corroborar que ya trabajaba perfectamente.
El gerente de la empresa, no cabía de felicidad porque evitarían retrasos de producción y una avería irreparable. En ese momento se ofreció a pagarle la cuenta al ingeniero para realizarle el pago.
valor del conocimiento
-¿Cuánto le debo? – preguntó
– Son mil dólares, si me hace el favor.
– ¡¿Mil dólares?! ¿Mil dólares por unos minutos de trabajo? ¿Mil dólares por apretar un simple tornillito? ¡Entiendo que esta maquinaría cuesta cientos de miles de dólares, pero la cantidad que usted pretende es un disparate, es terriblemente alta para lo que le ha hecho. La única manera en que puedo pagarle semejante suma es que me mande la factura de sus servicios donde se detalle clara y justificadamente su labor.
El ingeniero de manera calmada sacudió la cabeza de manera afirmativa y dejó la fábrica.
A la mañana siguiente fue entregada la factura al gerente quién después de leerla cuidadosamente, procedió a elaborar el cheque para que fuera pagada sin demora.
La factura decía:
Servicios prestados:
Apretar un tornillo
1 dólar
Saber qué tornillo apretar
999 dólares
Total
1,000 dólares