Relatos del Colegio Ignacio Zaragoza, Saltillo

Relatos del Colegio Ignacio Zaragoza, Saltillo

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80 años de existencia del Colegio Ignacio Zaragoza de Saltillo. Por sus aulas han pasado miles de alumnos que tienen historias qué contar.

El Colegio Ignacio Zaragoza de Saltillo fue fundado en el año de 1937, después de un tiempo de ausencia del lasallismo en Saltillo tras la fundación inicial que data de 1907. Esta página se pone a tu disposición, exalumno del CIZ, para que relates datos históricos o experiencias positivas de tu paso por esta institución educativa. Puedes acompañar tu relato de fotografías. Es un espacio para rehac

06/05/2019

Alumnos del CIZ que participaron en los Juegos Lasallistas IFL 50 Aniversario, en Gómez Palacio, Dgo.

06/05/2019

Comunidad de Hermanos del Colegio Ignacio Zaragoza 1988 - 1989.
H. Carlos Alejandro Rosas Villarreal.
H. José Jesús Muñoz Zepeda.
H. Pedro Córdova Co**ha.
H. Gabriel Sarralde Huitrón.
H. Antonio Pulido Pulido.

06/05/2019

Primera generación de graduados de secundaria del Colegio Ignacio Zaragoza.
De izquierda a derecha, arriba:
Lic. Ignacio Narro García.
Dr. Manuel Garza Dávila.
Arq. Luis Madero de la Fuente.
Ing. Javier García Villarreal.
Lic. Jorge Siller Peña.
Ing. Ramiro Strozzi.

Abajo, de izquierda a derecha:
Lic. Vicente Saucedo.
Rodolfo Siller Blanco.
Dr. José Dávila.
Isidro López del Bosque.
Antonio Menchaca.
Lic. Francisco Siller.
Pascual del Real.

29/04/2019
13/02/2019
Photos from Relatos del Colegio Ignacio Zaragoza, Saltillo's post 06/08/2018

Hno. Andrés Treviño Treviño
(Andres Domingo)
“Sr. Treviño”

04/02/1896 – 16/02/1976

Maestro, Inspector, Administrador, Director y Fundador de Saltillo.

Amabilidad, dedicación.

“Se manifestará y se conservará siempre en este Instituto verdadero espíritu de comunidad.”
Reglas Comunes 3.1, De La Salle.

“Puesto que Dios les ha concedido la gracia de llamarles a vivir en comunidad, no hay nada que deban pedirle con mayor insistencia que esta unión de espíritu y de corazón con sus Hermanos; pues sólo a través de esta unión alcanzarán la paz que debe de constituir la dicha de sus vidas. Insten, pues, al Dios de los corazones, que del de ustedes y del de sus Hermanos, forme uno solo en el de Jesús.”
Meditación 39.3.2, De La Salle.

“Piedra preciosa es la unión en una comunidad. Por eso la recomendó con frecuencia Nuestro Señor a sus apóstoles antes de morir. Si la pierde, todo se pierde. Por eso, consérvenla con cuidado, si quieren que su comunidad perviva.”
Meditación 91.2.3, De La Salle.

Familia. Vocación.

Andrés nació en Villa García, Nuevo León, vecina de la Ciudad de Monterrey, el 4 de febrero de 1896, en una familia cristiana; sus apellidos (Treviño) reflejan claramente su origen; estudió comercio (contador privado) en Monterrey y consiguió empleo en una casa comercial.

Cada día, muy temprano, a las seis de la mañana, asistía a Misa en la misma Iglesia a la que acudían los Hermanos; el Hno. Director Netelmo lo observaba y notó la piedad singular del joven; le preguntó si le gustaría consagrarse al servicio del Señor, a lo cual el joven respondió afirmativamente; “el Hermano Director me invitó para ser Hermano, cuando iba diario a Misa”, comentaba, años después, el ya Hno. Andrés.

Formación.

Poco tiempo después, a principios del año 1914, con diecisiete años de edad, ingresó como Postulante en San Borja (Colonia del Valle, CDMX) y recibió el Hábito de los Hermanos, el 18 de marzo de 1914, con el nombre de Hno. Andrés Domingo; el Maestro de novicios el Hno. Agnel Isidore y el Subdirector el Hno. Agatagne Henri.

Con el auge de la Revolución Mexicana y la intranquilidad reinante, los Superiores trasladaron a los pocos meses el Noviciado a San Diego de los Baños, provincia de Pinar del Río, Cuba; en un local improvisado, en medio de muchas carencias, continuaron su formación los novicios y los novicios menores. Con el Hno. Andrés, sus compañeros de Noviciado, que recibieron el hábito antes que él, los Hnos. Francisco Sotomayor y Anastasio Langle, así como José Valenzuela, que lo recibió después. Entre los novicios menores estaban: Manuel Pacheco, Alberto Treviño (también de Monterrey), Alfonso Valdés, Manuel Jiménez (cubano), Ignacio Tapia y Antonio Lozano.

Gracias a los rasgos de la recia formación asimilada por los Hermanos mexicanos de las primeras décadas del Distrito, en particular: regularidad a prueba de cualquier circunstancia, acendrado amor al Instituto y apego a sus tradiciones; fidelidad a las prácticas pedagógicas tradicionales lasallistas, costumbres y modales inspirados en la cultura francesa. Todo esto, aunado a su personalidad amable y sin dobleces, hacían de él una persona congruente, muy trabajador, altamente responsable y transparente en sus relaciones.

Maestro en La Habana, Cuba.

La Academia De La Salle, en la calle de Aguiar No. 108, en La Habana, recibió al Hno. Andrés por primera vez como maestro, el Director el Hno. Chrysostome Joseph.

En 1917 lo encontramos en el internado de Guanabacoa, siendo Director el Hno. Bejule Albert. También formaban parte de los Hermanos de la Comunidad antiguos Hermanos franceses en México, Esteban Segala (estuvo en Saltillo) y Barthélemy.

Dio clases en el Vedado el año 1920, bajó la dirección el venerado Hno. Camilo Andrés, y recibió una formación pedagógica esmerada en esa institución por parte del Hno. Estanislao, Inspector.

En el año 1925 el Hno. Andrés se consagró definitivamente al Señor al emitir su Profesión Perpetua, de la cual fue un modelo a seguir e imitar.

De regreso en México.

Después varios años de apostolado con los cubanos, regresó a México, el año 1927. Los Superiores lo destinaron como maestro al Colegio Francés de San Borja. El año 1929, a los treinta y tres años de edad fue enviado al Segundo Noviciado de Lembecq-Lez-Hal. Completará su recia formación religiosa, con un conocimiento más profundo del Santo Fundador y de nuestro Instituto, que lo preparará a puestos de más responsabilidad. Es una maduración religiosa acompañada de una observancia indefectible; una sencillez y una amabilidad en todo momento. Al regresar, volvió al Colegio Francés de San Borja, pero ahora como Inspector de Primaria, entre los maestros, el Hno. Manuel Álvarez.

Directorado en Puebla.

Los superiores lo destinaron como Director de la escuela “Motolinía”, en Puebla, recién fundada (1933). Sustituye al Hno. Antonio Ruiz el año 1934, con un total de trece Hermanos. Se alquila la segunda mitad del “Ranchito”, estableciéndose una sucursal cerca de la Iglesia del Carmen, con cinco clases bajo la supervisión del Hno. Agustín Alberto Cárabez, Inspector. La Sociedad de Antiguos Alumnos se manifestó generosa.

Sin embargo, el año de 1934 se anunció difícil, por las exigencias del Ministerio de Educación Pública. Hubo que quitar todo vestigio de vida religiosa. Los antiguos alumnos, con Don Antonio López al frente, se defendieron con valor, constituyeron una unión central que hizo oír su voz. Así se consiguió que se pudiera concluir el año escolar.

El curso 1935 se inauguró con incertidumbre. La Primaria no abrió sus puertas. Sólo el Comercio laboró como “Academia Comercial”. En el transcurso del año, los cuatro primeros grados de primaria se abrirán clandestinamente. Llegó el fin del año escolar con 112 alumnos.

Para 1937, la “Academia Comercial” funcionaba ocupando parte de una vieja vecindad. Sin alarma mayor en todo el año, a pesar de tener cuatro grupos, dos de Primaria a la sombra de dos de Comercio.

La vida de piedad floreció; se estableció la Congregación de la Santísima Virgen. Un catecismo para pobres en Analco tomó cuerpo con la tranquilidad.

Después de tres años de dirección de este establecimiento, el Hno. Andrés Treviño iba a manifestar sus dotes de educador y de administrador en una fundación, donde fue el primer Director.

Las fundaciones lasallista en Saltillo: Monseñor Jesús María Echavarría y Aguirre.

Monseñor Jesús María Echavarría y Aguirre, Obispo de Saltillo de 1904 a 1954 (ahora Venerable), tuvo un notable aprecio por los Hermanos, fue de los primeros que los llamó para que tomaran a su cargo el Asilo de la Inmaculada; en el Contrato se encuentra lo siguiente: “De mutuo acuerdo con el Hno. Alfonso Jeberto, Visitador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, la Señora Doña María O de Polo, Presidenta de la Junta de Beneficencia ‘La Enseñanza Cristiana’, en representación de la junta, convino las bases, bajo las cuales, el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas se encarga desde el mes de marzo de 1907 del Asilo de Huérfanos de la Inmaculada Concepción, en Saltillo, cuya enseñanza gratuita será primaria y agrícola”. El convenio consta de 14 puntos, siendo el último: “Este convenio se somete al Honorabilísimo Hermano Superior General de los Hermanos de las Escuelas Cristianas”. Siguen tres firmas.

El 15 de enero de 1907, por su parte el Señor Obispo Echavarría, firmó un Convenio con el Hno. Visitador para la creación de la Escuela de San Juan Bautista de La Salle (se le conoció como la Escuela del Hno. Nilo, su Director); fue firmado en Puebla, refrendado en Saltillo el 10 de marzo y la autorización definitiva llegó el 5 de mayo, con la aprobación del Hno. Superior General, Gabriel Marie.

A pesar de la protección de Venustiano Carranza, los Hermanos de Saltillo tuvieron que salir de México, por indicación del Hno. Visitador en 1914, como lo hicieron todos, dada la precariedad existente por el auge de la Revolución Mexicana.

Igualmente el Obispo Echavarría pidió una escuela para Torreón, Coah., que se abrió en agosto de 1911. Fue una escuela Primaria gratuita en tres clases, que funcionó solamente dos años, por el empuje de la Revolución, ante la ciudad, gran centro ferroviario.

La lucha por el regreso de los Hermanos a Saltillo está plasmada en múltiples cartas del Sr. Obispo Echavarría a los Superiores; en una de ellas de 1920, dirigida al Hno. Visitador del Distrito México-Santa Fe, Agnel Isidore, le dice: “Dentro de pocos días espero me devuelvan el edificio donde tuvieron los Hermanos el Colegio San Juan Bautista de La Salle; como le he manifestado muchas veces, deseo que sus escuelas se reconstruyan y que vuelvan a encargarse de ellas los Hermanos...” Les ofrece que la escuela sea gratuita o de paga, también ofrece la posibilidad de que la escuela esté en “Torreón, ya de San Pedro, donde todo está preparado y en mejores condiciones que las que pudieran tener en Torreón. En Saltillo tenemos el Colegio La Paz, a cargo de unas señoritas, con más de 200 alumnos. Este colegio quedaría inmediatamente para ustedes”, (Carta del Sr. Obispo al Hno. Visitador Agnel Isidore, del 7 de noviembre de 1920).

Circunstancias que favorecieron el regreso de los Hermanos: con anterioridad, el Hermano Visitador se había entrevistado con Monseñor, este le dijo. “Puedo morir satisfecho si regresan los Hermanos”.

El 12 de julio de 1933 aceptó y vio la posibilidad de regresar a Saltillo y comenzó a buscar tres Hermanos que pudieran, de inmediato, empezar la fundación, pero hubo que esperar cuatro años para que se realizara. Había algunos Hermanos en la capital que estaban en las “listas negras del gobierno” y se vio como una oportunidad para ellos que participaran en la fundación de Saltillo, aunque los seleccionados para la nueva fundación serán otros.

Nuevamente, el Sr. Obispo Echavarría escribe al Hno. Visitador Dosas Lucien (Luciano) el 19 de diciembre de 1936, reiterando su solicitud para el regreso de los Hermanos a Saltillo; se compromete a brindar una ayuda económica y cuarenta pupitres en préstamo

Director fundador en Saltillo: enclave lasallista en el norte del país.

Por su parte, los Superiores, al igual que habían hecho en la Ciudad de Puebla (1933), aprovecharon esta nueva fundación para contar con una obra fuera de la Capital, donde estaban siendo acosados constantemente por las autoridades gubernamentales. Cinco Hermanos, ajenos a las “listas negras del gobierno” llegaron a Saltillo: Andres Domingo (Andrés Treviño), Director, Abel Gabriel, Antonio Agustín, Alejo María (Rafael Garcés) y Benjamín Alfredo.

Se abrió la “Academia Comercial Nicolás Bravo” en la segunda quincena de enero de 1937, en la calle Nicolás Bravo N° 41, para la enseñanza comercial y el primer año de secundaria disimulado de comercio. Dos clases clandestinas de Primaria empezaban también como 3° y 4°, 5° y 6°. Un profesor seglar aceptó ser director técnico y obtuvo la aprobación oficial para la “Academia Comercial”, pero no pudo lograr nada para Primaria, ni para Secundaria. Con todo, 35 alumnos comenzaron al principio, siendo 180 al fin del año escolar. El empleo de los métodos lasallista y los medios de emulación aseguraron el éxito. Los diplomas oficiales se consiguieron en el Estado de Jalisco.

El Hno. Visitador Auxiliar Netelmo, en una carta del 22 de febrero de 1937, explica su temor: “La simpatía para los nuestros y el entusiasmo levantado puede tener consecuencias a causa de los esbirros del ‘Centro’ al tener conocimiento de nuestra llegada” y tuvo razón. Fue un duro comienzo.

En 1938 hubo que encontrar lugar para la Primaria, en los anexos de la Catedral se instalaron los grupos. Después de varios contratiempos y gracias a influencias, se logró el reconocimiento de los estudios de Secundaria.

En septiembre de 1938 se consiguió autorización del Sr. Gobernador del Estado para la enseñanza comercial. La Primaria inició los cursos nuevamente en los anexos de catedral. El curso comenzó con 142 matriculados, de los cuales 30 eran de comercio. Al finalizar el curso 1938-1939, siete jóvenes recibieron el diploma oficial de teneduría de libros y estenografía.

Gracias a insistencias y diligencias consiguieron la incorporación federal de la Primaria. El 30 de noviembre de 1939, la “Academia Comercial Ignacio Zaragoza”, nombre que recibió al iniciar la enseñanza Secundaria incorporada y abierta en enero de 1940. La enseñanza comercial se incorporó al Estado, que será sustituida por la secundaria, más deseadas por las familias y más adaptada a las necesidades del lugar. La era de prosperidad empezó para el “Ignacio Zaragoza”; en diciembre de 1940 cuenta con 261 alumnos. El Inspector era el Hno. José Sotelo. Entre los maestros estuvieron los Hnos. Rafael Pulido, José Cendejas, Miguel Martínez y Guillermo Alba.

La labor de cristianización desde 1937 fue intensa valiéndose del escultismo. Ya desde el primer año, una “élite” formó una congregación con base en la educación scout. Tomó grandes proporciones y hubo que organizar los “lobatos” para los más jóvenes. En una reseña anual, el Hno. Director Andrés habla de su labor de catequesis a los barrios de la ciudad y de vocaciones destinadas al seminario de Monterrey y a Tacubaya: Gilberto Martínez Soto. Cita dos grupos apostólicos cuyos nombres son nuevos: “Centro de Estudios” y “Club Deportivo”; al parecer será el nuevo nombre de los grupos scouts.

Esta fundación en el Estado de Coahuila (Saltillo) de la comunidad lasallista vive su vida religiosa con fervor, pero lejos de los Hermanos de la Capital y Puebla. Que haya resentido la soledad y el aislamiento es fácil imaginar, en particular durante los dos primeros años, hasta la fundación lasallista en Gómez Palacio, Dgo. (1939).

El administrador (cajero).

Excelente Hermano, pero al carecer de cualidades de jefe y directivo, terminados sus seis años de Director en Saltillo, a partir del año 1943, gracias a sus estudios comerciales, el Hno. Andrés tendrá a su cargo la administración (cajero) del gran Colegio Cristóbal Colón (Sadi Carnot), donde, el último año de su estancia en esa institución, el año 1964, fue nombrado Director de la Secundaria. A partir del año 1965, igualmente, le encargaron la administración (cajero) del Colegio Simón Bolívar Primaria (Galicia). Los Directores de esas instituciones apreciaron en sumo grado el orden, la dedicación y la honradez, así como la abnegación de Don Andrés que pasaba largas horas del día y de la noche dedicadas a su labor administrativa; rutinaria, abnegada y silenciosa, durante más de treinta años, gestionando la economía de los Colegios, logrando una administración eficiente y boyante; sin ayuda extra, personalmente cobraba las colegiaturas, hacía las cuentas, preparaba la nómina (¡), frecuentemente hasta altas horas de la noche. Fue el primer Hermano mexicano al que confiaron este puesto.

El final.

A partir de 1972 tuvo que someterse a varias intervenciones quirúrgicas y aceptó un merecido descanso. Tenía entonces 76 años. Continuaba prestando varios servicios a la Comunidad y al Colegio.

Poco antes de su deceso confió a un Hermano: “Quisiera confesarme, pero no encuentro materia”. Su alma estaba totalmente purificada.

El día 4 de febrero de 1976, Novicios y Escolásticos, unidos a las Comunidades del Simón Bolívar, celebraron los ochenta años de don Andrés. Pocos días después una grave dolencia requería su traslado a la Clínica, donde fue atendido por el Dr. Guzmán. Pero su debilitado organismo no pudo soportar la intervención, falleciendo el día 18 de febrero de 1976, habiendo recibido el hábito de los Hermanos hacía sesenta y un años.

Rasgos morales.

Durante toda su vida, el Hno. Andrés manifestó austeridad para consigo y amabilidad para con los demás. Conoció la pobreza real en sus años de formación, en Puebla y en Saltillo y un desprendimiento que lo acompañó hasta el fin de su vida. Siempre puntual en la vida de comunidad, aportando su amabilidad a toda prueba, agradable para los demás. Muy dedicado al trabajo y honrado en la administración de las instituciones.

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