13/02/2026
Cuando USAER realmente funciona, se nota un cambio profundo: deja de ser el lugar al que “mandan alumnos” y se convierte en un equipo que transforma prácticas, miradas y contextos. Sin embargo, en la realidad cotidiana, todavía se le sigue pidiendo que intervenga alumnos, no contextos. Y ahí está la contradicción.
Si el enfoque es inclusivo, no tendría sentido centrar la intervención solo en el niño o la niña, como si la dificultad viviera dentro de él. Las Barreras para el Aprendizaje y la Participación no están en el alumno; están en el aula, en la organización escolar, en las estrategias de enseñanza, en los tiempos, en las expectativas y, muchas veces, en las creencias de los adultos. Pedirle a USAER que “atienda” al alumno sin cuestionar el entorno es, en el fondo, seguir apostando por un modelo excluyente con otro nombre.
USAER funciona cuando acompaña al docente, cuando entra al aula, cuando observa, sugiere, ajusta y construye de manera colaborativa. Funciona cuando se piensa la diversidad como punto de partida y no como excepción. Pero mientras se le siga asignando el rol de “arreglar” niños, se le limita, se le subutiliza y se traiciona el sentido mismo de la inclusión.
Hablar de inclusión sin intervenir los contextos es solo discurso. La verdadera inclusión incomoda, porque obliga a cambiar prácticas, a redistribuir responsabilidades y a dejar de buscar “alumnos problema”. Cuando entendamos que no es el niño quien debe adaptarse a la escuela, sino la escuela la que debe responder a la diversidad de sus alumnos, USAER dejará de ser un recurso para unos cuantos y se convertirá en un agente real de transformación educativa.