10/07/2026
La maternidad suele estar envuelta en un halo de romanticismo que, lejos de ayudarnos, a menudo nos asfixia. Se nos ha vendido una imagen de la madre perfecta: calmada, intuitiva y siempre plena. Pero, ¿qué sucede cuando la realidad toca la puerta y nos encontramos con el cansancio, la duda o el simple deseo de tener un espacio propio?
En el psicoanálisis, identificamos la fuerza del Ideal del Yo: esa imagen perfeccionada y exigente que hemos interiorizado y que nos ha sido impuesta sobre lo que debemos ser. Cuando intentamos encajar en ese estándar inalcanzable, nos volvemos jueces implacables de nosotras mismas. Esta presión por "hacerlo todo bien" nos aleja de la posibilidad de conectar de forma auténtica con nuestro bebé, porque estamos demasiado ocupadas intentando sostener un estándar que no nos permite ser humanas.
Donald Winnicott nos regaló un concepto liberador: la "madre suficientemente buena". No se trata de una madre que nunca falla, sino de una que, al aceptar sus propias limitaciones y su imperfección, permite que el bebé (y ella misma) crezca en un ambiente real. El vínculo no se construye desde la perfección, sino desde la capacidad de transitar nuestras sombras.
La ambivalencia —poder reconocer el amor profundo y, al mismo tiempo, la frustración— no es un signo de falla, sino una señal de nuestra humanidad. Es el reconocimiento de que somos sujetas con deseo propio, no solo objetos al servicio de la demanda de otro.
Validar nuestras luces y nuestras sombras es el primer paso para una crianza más real y menos culposa.
¿Alguna vez te has sentido presionada por tu propio ideal de madre? Recuerda que no tienes que transitar todo esto sola, si tienes angustias, ansiedad constante o si necesitas apoyo en ese camino de reencontrarte, aquí estoy para acompañarte.
Rosa Liévano
Psicóloga Clínica y Asesora de Lactancia