06/09/2026
🚂 La del ferrocarril en México
Todo comenzó en 1837,
Cuando el presidente Anastasio Bustamante otorgó la primera concesión para unir la Ciudad de con el puerto de Veracruz. Era el inicio de un sueño que buscaba conectar al país por rieles.
En 1850, ese sueño dio sus primeros pasos: el 16 de septiembre se inauguraron los primeros 13 kilómetros desde Veracruz hasta El Molino, impulsados por la locomotora belga La Veracruzana.
Pero la ruta completa tardó en llegar. Guerras e inestabilidad retrasaron la obra hasta que, finalmente, el 1 de enero de 1873, bajo el mandato de Sebastián Lerdo de Tejada, se inauguró el trayecto México–Veracruz.
El verdadero auge vino con el Porfiriato: miles de kilómetros de vías se tendieron, conectando la capital con la frontera norte mediante el Central. El tren se convirtió en símbolo de modernidad y progreso.
Durante la Revolución Mexicana, los ferrocarriles cambiaron de papel: ya no solo transportaban mercancías, sino también tropas, caballos y provisiones. Los vagones se transformaron en trincheras móviles, íconos de la lucha armada.
En 1937, el presidente Lázaro Cárdenas dio un giro decisivo: nacionalizó los ferrocarriles y creó los Ferrocarriles Nacionales de México, asegurando que el sistema fuera parte de la soberanía nacional.
Décadas después, en los años 90, llegó la privatización. El servicio de pasajeros fue abandonado, dejando un vacío en la memoria colectiva de quienes crecieron con el silbido del tren.
Hoy, el ferrocarril vuelve a ser protagonista. Proyectos como el Maya y el Tren del Istmo buscan recuperar la esencia de aquellos rieles que alguna vez unieron al país, pero ahora con visión moderna y estratégica.