05/02/2026
Actualmente nos encontramos en un periodo de mucha actividad solar, lo cual puede aumentar la frecuencia de tormentas geomagnéticas. Mucho se habla de los efectos que estas tienen en nuestra tecnología: interrupciones en las telecomunicaciones, fallas en satélites, sobrecarga en líneas eléctricas en latitudes altas, etc., pero poco se habla de los efectos que pueden tener en los seres vivos. Esto posiblemente se debe a que dichos efectos no son tan visibles, pero los hay y para algunas especies pueden ser incluso fatales.
En los seres humanos se ha planteado la hipótesis de que una tormenta geomagnética pudiera desencadenar dolores de cabeza o migraña. Sin embargo, en un estudio utilizando una muestra muy grande de Twitter, donde sus usuarios reportan dolores de cabeza y migraña (https://doi.org/10.1038/srep39769) no se encontró ninguna correlación. En la 1a imagen en el panel A se tiene un indice que mide que tan "tormentoso" es el campo magnético y alrededor del 22 de junio del 2015 se ve un pico muy pronunciado. En los paneles inferiores se tiene la ocurrencia de tuits con palabras clave que se pueden referir a dolores de cabeza (panel A) o migraña (panel B) y ya a simple vista se puede ver que no hay una variación significativa alrededor de la tormenta geomagnética. Pero esto no significa que no haya ningún efecto en seres humanos.
En un estudio reportado en 1994 (https://doi.org/10.1192/bjp.164.3.403) se encontró que el número de admisiones en hospitales de gente con diagnóstico de depresión aumentó en un 36.2% en la segunda semana después de una tormenta geomagnética, comparado con periodos de calma del campo magnético terrestre. En la 2a imagen la línea superior son el número de admisiones de hospital mientras que la línea inferior son el número de tormentas geomagnéticas. Un estudio mas reciente (https://doi.org/10.1016/j.brainresbull.2025.111369) apunta que el efecto pudiera estar en la melatonina, la hormona que regula nuestro ciclo sueño-vigilia. Entonces, si de repente sientes el "bajón" al grado de tener un cuadro depresivo, entre las cientos de maneras que el mundo moderno nos puede orillar a ese estado, pudiera ser que, además, seas sensible a cambios en el campo magnético de la Tierra.
Pero a quienes si les puede ir muy mal con perturbaciones al campo magnético de la Tierra son a especies migratorias. Se sabe que muchas de estas, en particular las aves, utilizan el campo geomagnético para orientarse. Entonces, cuando hay tormentas geomagnéticas esto puede afectar sus patrones migratorios (https://doi.org/10.1073/pnas.2306317120). Aunque lamentable, para los no especialistas nos es difícil notar aves perdidas, mientras que ver ballenas perdidas y encalladas puede ser bastante dramático. A finales del siglo pasado hubo un aumento llamativo en el número de cachalotes que encallaron en playas del mar del norte (3a imagen). Un estudio (https://doi.org/10.1016/j.seares.2004.07.006) encontró que el 90% de estos eventos sucedió cuando el intervalo entre máximos de actividad solar fue menor al periodo promedio de 11 años. En la última imagen, la línea delgada son el número de avistamientos reportados de cachalotes encallados mientras que la linea gruesa son las longitudes del ciclo solar (arriba de la línea recta son periodos de menos de 11 años que mientras que por debajo son periodos de más de 11 años). Esto no implica que sea definitivo que las tormentas solares hacen que los cachalotes se pierdan y terminen en aguas bajas. El mecanismo específico como un evento de gran actividad solar pudiera hacer que cachalotes encallen todavía es desconocido.