03/05/2026
Qué tal, gente educada. El día de hoy hablaremos sobre el desgano que suele aparecer, ocasionalmente, en la práctica del dibujo, y en general, en cualquier actividad.
Toda persona atravesamos por momentos donde no tenemos el mismo nivel de intención para realizar las actividades que normalmente desarrollamos. Ya sea que practiquemos un deporte, estemos iniciando un proyecto, aprendiendo una nueva habilidad o que estemos dibujando. En algún momento, se nos presentarán esos días donde no nos sintamos completamente convencidos de realizar lo que solemos realizar.
Por ello, les compartimos unos puntos, que no constituyen una lista definitiva ni son los únicos consejos. Existen diferentes perspectivas sobre cómo enfrentar estos momentos y sobre el desarrollo de hábitos.
1. Identifica la causa. Esto requiere tener un tiempo de reflexión y preguntarse si la causa se relaciona directamente con la práctica del dibujo o si se debe a factores externos. Si la causa es relativa a la práctica del dibujo, pregúntate qué te frena. Tal vez puede ser un conflicto derivado de alguna situación del pasado que te hizo desistir de dibujar. O también pueden ser situaciones difíciles que implicarían tu atención y tu voluntad de resolverlas.
2. Haz una actividad diferente que te ayude a despejarte. Lo anterior implica realizar actividades que te ayuden a despejar la mente tal como visitar algún museo, practicar un deporte, leer, tener alguna plática significativa con alguien, en persona. Un error es caer en actividades que, lejos de beneficiarte, te perjudican más como caer en la trampa de revisar constantemente el celular, las redes sociales.
3. Pregúntate cuál es tu objetivo en el dibujo. Tal vez quieres dedicarte al dibujo y hacer de ello un pasatiempo que te enriquezca o también convertirlo en una actividad que te permita generar ingresos o quizá es el “motor” que te impulsa a crear y forma parte importante de tu vida. Si la práctica de dibujo es solo una cuestión pasajera, te invito a ser honesto (a) contigo y encontrar lo que realmente te mueve.
4. Nutrir tu acervo visual. El estar constantemente aprendiendo visualmente, y también leyendo, ya sea al ver alguna exposición artística, alguna película, algún libro ilustrado, o simplemente contemplar el paisaje te dará elementos que enriquecerán tu acervo visual y también te proporcionará motivos y temas para continuar con la práctica del dibujo.
5. El dibujo, como cualquier otra actividad que busque desarrollarse, implica práctica constante, equivocarse una y otra vez, pues cada vez que se practica se desarrolla la habilidad de observar y detectar qué es lo que se debe mejorar cada vez que se dibuja.
¡Nos vemos pronto!
Atte.
Paola Shiadani / Ismael Chavando
Líneas al Piano.