03/09/2026
ESTA FOTO TIENE CASI 10 AÑOS Y NO ES LO QUE PARECE.
Yo soy el de azul.
Muchos creen que los de la foto eran mis mayores. No. Eran invitados de un evento al que me llevó un Oluwo de gran renombre en México.
Yo solo estaba ahí de mirón, con el fila chueco y una pregunta que me quemaba.
Poco después me alejé de todo eso. Y ahí empezó mi Odisea.
Mi Troya no fue una guerra. Fue una pregunta: ¿y si Ifá no es magia para vender, sino tecnología para entender?
Cuando haces esa pregunta en México, ya no puedes volver a tu Ítaca anterior.
Lo que siguió fueron 10 años perdido entre dos mundos. Entre Ilé-Ifẹ̀ siglo XIV y CDMX 2026.
Y ahí estaban mis Sirenas.
En la Odisea, las Sirenas no te gritan. Te cantan lo que quieres escuchar: que ya llegaste, que ya sabes, que ya puedes guiar a otros.
Yo canté eso.
Y me creí mi propio canto.
Hubo gente que confió en mi juicio, en mi criterio, cuando yo todavía no conocía la realidad y mucho menos tenía la información. Les prometí un camino que yo mismo no había caminado.
No porque los engañara. Nunca fue engaño. Fue ignorancia. Fue hablar desde la fe y no desde el conocimiento.
Y quedé mal.
Promesas que no pude cumplir.
Caminos que se rompieron a mitad. Gente que me confió su fe y yo, sin querer, los dejé en medio del mar.
Eso no se olvida. Eso pesa más que el s**o de Iwa.
Yo los llevo en el recuerdo. Cada nombre. Cada conversación donde les dije "va a estar bien" y no estuvo bien. En el otro mundo esas almas se respetan. No se borran. Se cargan. Y se honran no escondiéndolas, sino asegurándome de que hoy, cuando alguien confía en mi criterio, ya no hablo desde la ilusión, hablo desde lo que ya verifiqué.
Por eso mi Circe y mi Calipso no fueron mujeres. Fueron las voces que me dijeron "quédate aquí, di que ya eres autoridad, no necesitas ir a África, no necesitas corregir nada".
No me quedé.
Me quedé solo. Confundido. En caos. A punto de renunciar.
La gente no lo sabe, pero mientras esa foto circulaba, yo ya estaba levantando Ohun Abalaye México solo, en un cuarto, tratando de reparar lo que había roto sin querer.
Y en ese 2025 viajé a Nigeria. No fui a que me coronaran. Fui a confirmar algo que ya había logrado aquí, pero que necesitaba verificar para poder mirar a la cara a los que algún día me volvieron a dar su confianza. Fui a la puerta de Ifẹ̀ a preguntar: "¿Esto que escuché en mi casa de México es verdad o sigo cantando como Sirena?"
Y me dijeron que sí. Que era verdad.
Cuando Odiseo vuelve a Ítaca, su casa está llena de 108 pretendientes. Penélope no le pide su nombre. Le pone la prueba del arco: tensar el arco y disparar a través de 12 hachas. Solo el verdadero esposo puede, porque el arco no es de fuerza, es de memoria muscular.
Mi Penélope no es una mujer. Es la Tradición misma.
Y no me prueba con poder o títulos. Me prueba con carácter. El arco es Ìwà Pẹlẹ.
Cualquiera puede comprar un ileke.
Cualquiera puede memorizar un Odu.
Pero solo el que aprendió a cargar a sus mu***os con respeto, sin esconderlos, puede tensar el arco sin que se rompa.
Yo cargo con mis difuntos , no como algunos que los quieren esconder .
En fin, seguiremos adelante y llegaremos lejos para ser felices juntos.
Iré o!
Ohun Àbáláyé Atijọ
Fatah Toromade