La trilogía de la guerra!
Arte de la Guerra
Autor de ocho libros.
12/08/2026
Las excusas fáciles son dulces en la mente del hombre débil.
Cualquier excusa que le permita identificarse sin cuestionarse de forma individual, y sólo le eche la culpa de su situación a "condiciones más allá de su control", siempre será dulce para una mente mediocre y fracasada.
Viviendo una era dorada donde el conocimiento, las ideas, la comunicación y la facilidad para hacer dinero están al alcance de las yemas de los dedos, es inaudito que existan jóvenes que se adhieran a ideas fracasadas que ellos abrazarán de manera dogmática y fanática.
Es más fácil decir: "Sí, mis condiciones materiales han determinado mi camino; sin importar lo que haga, seré pobre toda mi vida, y al no haber otra cosa que hacer, desperdiciaré el valioso tiempo de mi juventud no sólo creyendo eso, sino además, lo esparciré como un evangelio; me adheriré a esas ideas de forma tan feroz, que las personas me creerán, me seguirán y justificarán su mediocridad, uniéndose a mí, para poder vivir una vida cómoda".
El tipo listo no busca la comodidad. El tipo fuerte no busca estar feliz con sus "condiciones materiales".
El hombre de acción pataleará con todas sus fuerzas para avanzar milímetros en la movilidad social, no porque se sienta especial, sino porque no quiere ser parte del hato resignado de tarados que viven en un ladrillo de superioridad, creyendo que han encontrado la iluminación en una vida de miseria, sólo para tratar de convencer a los demás de que "la vida sin dinero es felicidad, vivir con lo justo, andar en bicicleta y seguir viviendo con mis padres, pero eso sí, con conciencia de clase".
Ese infeliz va en modo seguro, pues te quiere estafar haciéndote creer que él ha elegido ese camino, pero no es así: alguna vez fue un joven con metas, lo intentó, fracasó, y es más fácil convencer a los demás de que esa vida miserable es su elección.
Una elección verdadera es la de aquella persona que ha probado las mieles del éxito económico y, después de hartarse con todo ello, ha decidido que esa no es la forma en la que quiere vivir.
El tipo que vende todo lo que posee, lo regala a los pobres y se retira a una cabaña a vivir con lo justo, es el que de verdad podría predicar la pobreza franciscana como un modo de vida.
No me lo tome a mal, yo no creo que un reloj de un millón de dólares sea la felicidad; hay cosas que algunos no compraríamos aunque tuviéramos ese dinero.
Comprar un candelabro, un carro de golf o un acuario tamaño tiburón son caprichos de gente que sólo salió de pobre para darse lujos estúpidos (y válidos, al fin y al cabo es su dinero).
Pero que quieras convencer a los demás de que eres "de los de abajo" y que has decidido vivir esa vida de asceta sin haber intentado y triunfado en lo que te movía cuando eras joven, sólo te hace un estafador que insiste en esparcir su mi**da para no sentirse solo con las decisiones de mi**da que ha tomado.
Recuerda: la vida es muy corta.
La vida es dura, impersonal, no tiene favoritos, no le importa quién gana o quién pierde.
07/08/2026
LA VIDA ES DURA, IMPERSONAL, NO TIENE FAVORITOS, NO LE IMPORTA QUIÉN GANA O QUIÉN PIERDE.
Curiosamente, los que menos creen en el mérito y el esfuerzo individual son las personas más tramposas y con tendencias a la corrupción que existen. Algo en su estúpida cabeza les dice que su situación es el resultado de cosas más allá de su control: su mala estrella, nacer pobre, no tener un color específico de piel o cierta estatura.
En muchos casos, sus lloriqueos son por cosas que están fuera de su alcance o de cualquier solución posible.
El tipo listo, el que avanza, cree en el mérito porque ser bueno en algo le permite avanzar en la movilidad social que los perdedores juran que es "casi nula".
Tienen razón, pero "casi nula" no significa CERO. Y el muchacho que se esfuerza y trabaja de forma inteligente, dirigida y con un plan definido, navegará en las aguas de la gran marea de la vida yendo a ricos y abundantes puertos donde sus pares tramposos jamás llegarán.
El perdedor se consuela con ideologías estúpidas: "seguro que crees que sólo por echarle ganas serás rico".
Pero el tipo listo no lo oye. El tipo listo no cree en "echarle ganas".
No cree en "decretar" o "manifestar", no tiene tiempo de rezar, ni de "vibrar alto", ni de cualquier otra estupidez que no signifique nada. Sabe que su tiempo es muy valioso como para perderlo en suposiciones, especulaciones o rituales de gente marginal.
El tipo listo ni siquiera buscó entrar a la universidad, ni siquiera se molestó en hacer el examen. Él ya sabe lo que hará: trabajará en un oficio de gran demanda, resolverá problemas puntuales de las personas, se especializará en soluciones puntuales y trabajará dirigido a un objetivo tan específico que sólo él comprende y atesora.
En diez años, el tipo listo tendrá todo lo que soñó. Es posible que no sea multimillonario, pero habrá sembrado la semilla que le permitirá a la siguiente generación comenzar en el piso y no en el lodo de donde él comenzó.
Mientras, los tramposos, los grilleros, los mu***os de hambre que se sienten con derecho, vivirán hacinados, aglomerados entre licenciados, porque alguien los ha convencido ahora de que tener una licenciatura es la gran cosa, que ser licenciado es algo especial, que si no es licenciado no podrá vivir, que si no es licenciado se morirá de hambre, que si es licenciado será especial.
Ya sabes lo que pasa cuando alguien dice que todos son especiales... en realidad, nadie lo es.
01/08/2026
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