Mar en Proa

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Grupo virtual mexicano que imparte cursos de literatura y ofrece servicios editoriales.

19/03/2020

A propósito de las recomendaciones de reclusión, una reflexión sobre Montaigne y la oportunidad de descubrir la libertad propia, por Stephan Zweig:

"La lucha de Montaigne por conservar la libertad interior, quizá la lucha más consciente y tenaz que jamás ha librado el hombre, no tiene, ni externamente, la más pequeña sombra de tragedia o de heroísmo. Sería artificioso encasillar a Montaigne entre los poetas y los pensadores que han luchado con la palabra por “la libertad de la humanidad”. No posee la elocuente diatriba ni el bello empuje de un Schiller o un lord Byron, ni la agresividad de un Voltaire. Montaigne habría sonreído ante la idea de pretender transferir a otros, y menos a las masas, algo tan personal como la libertad interior, y desde lo más profundo de su alma odiaba a los reformadores profesionales del mundo, a los teóricos y expendedores de ideologías. De sobra sabía que ya es una tarea colosal por sí sola conservar la propia independencia interior. De modo que restringe su lucha exclusivamente a la acción defensiva, a la defensa de aquel fortín más recóndito al que Goethe llama la “ciudadela” y el acceso a la cual nadie permite a nadie. Su técnica y su táctica consisten en mantenerse exteriormente lo más discreto y lo menos llamativo posible, en ir por el mundo con una especie de caperuza para encontrar el camino hacia sí mismo.

En realidad, pues, Montaigne no tiene lo que solemos llamar una biografía. Nunca causó extrañeza o sorpresa a nadie, porque no se daba importancia en la vida ni solicitaba auditorio ni aplausos para sus ideas. Por fuera parecía un burgués, un funcionario, un noble, un católico, un hombre que cumplía con sus obligaciones sin llamar la atención; para el mundo exterior adoptaba el mimetismo de la discreción, para así poder desplegar y observar en su interior el juego de colores de su alma con sus matices. Siempre estaba dispuesto a prestarse, nunca a darse. En cualquier circunstancia de la vida se reservaba lo mejor de su ser, lo más propio. Dejaba a los otros hablar, agruparse en cuadrillas, encolerizarse, predicar y fanfarronear; dejaba que el mundo siguiera sus caminos insensatos y enmarañados y sólo se preocupaba de una cosa: ser juicioso él mismo, humano en una época de inhumanidad, libre en medio de una locura colectiva. Dejaba que cualquiera se burlara de él, que lo llamara insensible, indeciso y cobarde, que los demás se asombraran de que él no se abriese paso para obtener cargos y dignidades; incluso los más allegados, los que lo conocían, ignoraban con qué constancia, tenacidad, cordura y ductibilidad trabajaba a la sombra del mundo en la única tarea que él mismo se había impuesto: en vez de vivir una simple vida, vivir la suya propia."

Stefan Zweig
"Montaigne"

28/02/2020

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18/02/2020

"Me gusta la gente que pierde la parada por ir leyendo: esa gente está literalmente en otra parte, no sigue la ruta del tranvía sino del texto. Aquí en México vivió exiliado el escritor catalán Pere Calders, un gran cuentista, poco frecuentado entre nosotros pero extraordinario, seguramente el mejor cuentista de la lengua catalana. Era timidísimo y leía en el tranvía, pero sólo se bajaba en la parada si alguien más lo hacía; le parecía una descortesía que el tranvía se detuviera sólo por él. Como era tan tímido, seguía leyendo hasta que alguien más hiciera la parada, y así se volvió culto."
Ricardo Piglia y Juan Villoro
"Escribir es conversar"

La entrevista póstuma de George Steiner: “Me faltó valor para crear” 08/02/2020

Con esta sincera entrevista póstuma recordamos a George Steiner, en la que reflexiona sobre el valor de la literatura en la vida diaria y el sentido de escribir. Steiner falleció el lunes pasado, dejando un legado enorme para pensar sobre lo que más amamos: la literatura. Pasen a leer.

La entrevista póstuma de George Steiner: “Me faltó valor para crear” El gran crítico literario, fallecido el lunes, mantuvo una conversación a lo largo de los años con el ensayista italiano Nuccio Ordine con la condición de que las confesiones vieran la luz al día siguiente de morir

15/01/2020

¿Para qué le ha servido a usted la literatura?

Podría dar una respuesta aparentemente poética: “Para no morirme”. Pero es falso: yo seguiría vivo y probablemente con mejor salud si no hubiera optado por la literatura. A mí la literatura me ha servido básicamente para leer. En el momento en que decido que voy a ser escritor, me pongo a leer. Y gracias a la literatura he podido leer libros maravillosos, increíbles, como encontrar tesoros. Y en mi vida, que ha sido más bien nómade y de una pobreza extrema en ocasiones, leer ha contrapesado esa pobreza y ha sido mi soberanía y ha sido mi elegancia. Podía estar en cualquier situación y si leía a Horacio, por ejemplo, el dandy, el que estaba viviendo por encima de sus posibilidades era yo, siempre. La literatura me ha producido riqueza. Es riqueza.

Roberto Bolaño
Entrevista con María Teresa Cárdenas y Erwin Díaz

05/01/2020

"Hay que tomar notas, hay que subrayar, hay que luchar contra el texto, escribiendo al margen: “¡Qué estupideces! ¡Vaya ideas!”. No hay nada tan fascinante como las notas marginales de los grandes escritores. Es un diálogo vivo. Erasmo dijo : “El que no tiene libros destrozados es que no los ha leído”. Es in extremis pero encierra una gran verdad. Tener unas obras completas es recibir a un invitado a quien damos las gracias y de quien también toleramos los defectos, que incluso llegan a gustarnos. Y, años más tarde, por esnobismo o arrogancia de mandarín, tratamos de ocultar los rastros de lecturas equivocadas o falsas interpretaciones. ¡Pero es una tontería! Las puertas de la poesía se me abrieron cuando mi padre me regaló, a orillas del Sena, en los muelles -costaba cuatro perras, nadie lo quería-, Los Trofeos de José María de Heredia. Aquí la tengo, mi primera edición de Heredia. Todavía hoy sigo sintiendo que tengo una enorme deuda con ese señor muy estirado, muy pomposo, muy académico, y a pesar de todo gran poeta. El hallazgo de un libro puede cambiar una vida. Estoy (he contado esta anécdota varias veces) en la estación de Fráncfort, entre un tren y otro y -eso solo podía ocurrir en Alemania, donde había buenos libros en los quioscos- veo un libro; no conozco el nombre del autor: CELAN. El nombre de Paul Celan me intriga. Abro el libro en el quiosco mismo y me topo con esta primera frase: “En los ríos, al norte del futuro…”. Casi pierdo el tren. Y cambió mi vida para siempre. Sabía que ese libro escondía algo inmenso que iba a formar parte de mi vida."

George Steiner
Un largo sábado
Conversaciones con Laure Adler

Imagen: Notas de Vladimir Nabokov a La metamorfosis de Kafka

24/11/2019

Lo que necesitáis, jóvenes escritores, no es más que la vida misma, nada más que la belleza y depravación de la tierra; es el campo de mi padre y la inaudita perseverancia de mi madre, es la lucha de vuestras almas a la que tiene que arrastraros vuestra propia hambre y vuestra propia depravación, es el ansia de fama que atormentaba a un Verlaine o un Baudelaire en los «campos elíseos». Lo que tenéis que tener no son seguros de enfermedad y becas, premios y becas de estímulo; es la falta de hogar de vuestras almas y la falta de hogar de vuestra carne, el desconsuelo cotidiano, la desolación cotidiana, la helada cotidiana, el dar media vuelta todos los días, un pan solo cotidiano que en otro tiempo hicieron surgir criaturas tan maravillosas y miserables como Wolfe, Dylan Thomas y Whitman, ciudades, paisajes, es decir, logros frente al polvo, el mensaje de una existencia atormentada, incorregible, que se devora de hora en hora para crear poesías nuevas y poderosas. Lo que necesitáis está por todas partes, donde uno se levanta y muere, donde la lluvia lava la piedra y donde el sol se hace tormento.

Sin embargo, ¿dónde estáis vosotros, que os dejáis mimar como poetas de nuestro pueblo, que camináis como futuras obras completas sobre un asfalto que revienta? ¿Dónde estáis? ¿Qué hacéis con el tiempo, que solo está ahí una vez para vosotros, una vez para todos nosotros, y que se os deshace en la lengua antes de que hayáis podido probarlo?

Thomas Bernhard
Unas palabras para jóvenes escritores

Foto: Michael Horowitz
Thomas Bernhard, 1976

02/11/2019

¡Bienvenidos los nuevos alumnos del programa de Creación Literaria! Reiniciaremos cursos en dos meses ;)

02/11/2019

"La muerte es la curva del camino.
Morir es tan solo no ser visto."

Fernando Pessoa.

28/10/2019

Aprende desde tu hogar a corregir tus poemas, cuentos o novelas. Con nuestra ayuda podrás terminar aquel borrador que sigue guardado en el escritorio.

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Iniciamos el 2 de noviembre.
Duración: 2 meses.

25/10/2019

Más de una vez he dicho que, pese a las apariencias, la obra de Rimbaud ha modificado la vida moral de las personas en un sentido más extenso, más profundo y, sobre todo, más duradero que la obra de otros que aspiraban a incidir sobre la vida diaria de otra forma. Por ejemplo, la influencia de Rousseau en la vida contemporánea, en la vida desde la Revolución Francesa a hoy, o la influencia incluso de Marx, han sido muy extensas, pero menos profundas que la de Rimbaud y, sin duda, serán menos duraderas. Porque la influencia de Rousseau o de Marx podía, en el mejor de los casos, aspirar a cambiar circunstancias externas de la vida de la gente. Y esto, por importante que sea, no es imperecedero, porque va unido a una situación social concreta que evoluciona y que, en cualquier caso, no atañe a la vida moral de cada individuo, no atañe profundamente a ella. El caso de Rimbaud, en cambio, no tiene ninguna pretensión política y social inmediata, pero sí una pretensión moral muy profunda, pero no se realizó en vida de Rimbaud, se realizó mucho más tarde. Como todos sabemos, se realizó sobre todo en el siglo XX. Sin embargo, esto es lo que diferencia a Rimbaud de los demás, de los que le rodean en su tiempo, no de Lautréamont, que es otro caso, pero sí de Mallarmé e incluso de Baudelaire.
Mallarmé y Baudelaire, por grandes que sean, son, en definitiva, sólo escritores; es mucho ser sólo un escritor, no es poco, son grandes escritores. Pero Rimbaud es algo más, Rimbaud es alguien que atañe a las zonas más profundas de la conciencia de cada individuo, no únicamente, como en el caso de Mallarmé, a las formas relativas, a la forma de la expresión verbal; no únicamente, como en el caso de Baudelaire, a su moral privada. No, Rimbaud atañe incluso a la noción de identidad de cada individuo, atañe en definitiva a su relación con el mundo exterior, de ahí que mencione la recuperación de lo sacro. Rimbaud, sin embargo, tenía en su palabra la misma fe que puede tener -no exagero- el salvaje en la luz eléctrica. Es decir, el salvaje cree, o creía -el buen salvaje de los cuentos proverbiales- que el conmutador encendía la luz eléctrica y, por tanto, el pequeño conmutador era el dios del fuego. Algo así le ocurre a Rimbaud, es consciente, en la medida en que podemos nosotros captarlo, de que posee no sólo unas cualidades verbales excepcionales sino, sobre todo, de que ha encontrado un lenguaje que nadie a su alrededor posee y con el que puede decir cosas que nadie puede decir, y en efecto, nadie las dice. Pero cree que esto ha de tener un efecto tan inmediato como el conmutador de la luz. No es así: el adelanto que lleva Rimbaud respecto a su tiempo, que es inmenso, que no se mide por años, ni siquiera por décadas, sobrepasa en mucho la espera que puede tener un muchacho impaciente de diecinueve o veinte años que sabe que ha descubierto algo importante.
Todo coincide en hacernos creer que Rimbaud deja de escribir por dos motivos. Por una parte, porque su ciclo evolutivo había cumplido una curva completa, es de un tipo total. No parece que después de lo que escribe haya otra cosa que lo mismo que está escribiendo, salvo la página en blanco. Su obra está hecha, hay otros casos de ello, hay otros poetas que han terminado su obra; Eliot terminó su obra en un momento dado, escribió los Cuatro cuartetos y no escribió más poesía. Rimbaud la termina mucho más temprano. Por otra parte, la obra de Rimbaud no surte un efecto fulminante en sus contemporáneos; no, no es una revelación. Él, que sabe que es un vidente, de pronto ve algo que nadie más observa. De ahí que pase luego a una actividad mercantil, en Abisinia -como todos sabemos-, porque piensa que así podía incidir sobre el mundo visible, sobre el mundo tangible, ya que le ha abandonado la fe en la palabra. Y, efectivamente, haciendo operaciones mercantiles de la naturaleza que sea en Abisinia, incide sobre el mundo real, pero de una forma muy pobre. Es decir, una operación o una transacción comercial modifica el mundo visible, mientras que un poema no leído, no comprendido, no lo modifica. Allí Rimbaud es víctima, quizá, de su propia grandeza. Por una parte su obra ha terminado, por otra, no alcanzará en vida a ver la eficacia de esta obra. La eficacia de esta obra no está en los contemporáneos de Rimbaud, está en las personas que desde 1920 en adelante, los surrealistas y sus herederos, hemos vivido -y hablo en plural porque yo me incluyo en ello- del ejemplo y el reto de Rimbaud.

Pere Gimferrer
Rimbaud y nosotros
17 de octubre de 1991

21/10/2019

Carta de Charles Baudelaire a Madame Aupick
París, jueves 9 de julio de 1857

En cuanto a las poesías (aparecidas hace 15 días), como sabes, al comienzo tuve la intención de no mostrártelas. Pero, pensándolo mejor, me ha parecido que si esperabas, después de todo, hablar de este volumen –al menos por las críticas que yo te enviaría –, el pudor sería tan ridículo por mi parte como la prudencia por la tuya. He recibido para mí dieciséis ejemplares en papel ordinario, y cuatro en papel de hilo. Te he reservado uno de estos últimos; si no lo has recibido todavía es porque he querido enviarlo encuadernado. Sabes que siempre he considerado la literatura y las artes como algo que persigue una finalidad extraña a la moral; y que la belleza de concepción y de estilo me basta. Pero como verás, este libro cuyo título –Flores del mal– lo dice todo, está revestido de una belleza siniestra y fría; ha sido hecho con furor y paciencia. Por otra parte, la prueba de su valor incontestable está en todo lo malo que se ha dicho de él. El libro enfurece a la gente. Por lo demás, espantado yo mismo del horror que iba a inspirar, suprimí un tercio de las pruebas. Se me niega todo, el espíritu de invención e incluso el conocimiento de la lengua francesa. Yo me burlo de todos esos imbéciles, y sé que este volumen, con sus cualidades y sus defectos, hará camino en la memoria del público letrado, al lado de las mejores poesías de Víctor Hugo, de Théophile Gautier e incluso de Byron. Una sola recomendación: ya que vives con la familia Emon, no dejes el libro caiga en las manos de la señorita Emon. En cuanto al cura, a quien sin duda recibes, puedes mostrárselo. Pensará que estoy condenado y no osará leerlo. Se había extendido el rumor de que iba a ser perseguido, pero eso no ocurrirá. Un gobierno que tiene entre manos las terribles elecciones de París no tiene tiempo de perseguir a un loco.

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