22/05/2026
Volver.
Abrí esta página convencida de que necesitábamos hablar de lo que se ahoga en silencio.
Y, paradójicamente, fui yo quien guardó silencio durante estos días.
No porque hubiera abandonado este espacio.
Sino porque la vida me entregó algunas de esas noticias que no llegan.
Caen.
Como un balde de agua helada.
De esas que te dejan inmóvil y te obligan a mirar toda tu historia hacia atrás buscando respuestas.
Entonces aparecen preguntas difíciles.
¿Desde cuándo?
¿Qué no vi?
¿Qué entendí mal?
¿Cómo pude estar tan cerca y no darme cuenta?
Y sin querer, una empieza a revisar años enteros de maternidad intentando encontrar el momento exacto donde todo cambió.
He descubierto que algunas noticias no sólo cambian el presente.
También transforman la forma en que miramos el pasado.
Y ese proceso duele.
Porque no sólo buscas respuestas.
También intentas hacer las paces con la madre que has sido.
Con la que tomó decisiones cansada.
Con la que creyó que estaba haciendo lo mejor que podía.
Con la que confundió presencia con disponibilidad emocional.
Con la que no sabía lo que hoy sabe.
Durante estas semanas he llorado.
He sentido culpa.
He sentido miedo.
He sentido una tristeza difícil de explicar.
Pero también he entendido algo:
La culpa no me va a ayudar a sostener a quienes amo.
Aprender sí.
Pedir ayuda sí.
Escuchar distinto sí.
Por eso vuelvo.
No porque tenga respuestas.
No porque me haya convertido en experta.
No porque haya resuelto el camino.
Vuelvo porque sigo creyendo que nuestros adolescentes importan.
Y porque los adultos que los acompañamos también necesitamos espacios para aprender, equivocarnos, repararnos y crecer.
Así que esta página seguirá siendo lo que prometió ser desde el principio:
Un lugar para quienes están aprendiendo a sostener.
Un espacio construido desde la experiencia real de una madre, pero que poco a poco espero nutrir con aprendizaje, herramientas, comunidad y la participación de profesionales que nos ayuden a llegar antes de la crisis.
Y si alguna vez algo de lo que has leído aquí te hizo sentir menos sola, te ayudó a ponerle nombre a algo que estabas viviendo o simplemente te recordó que no eres la única aprendiendo a sostener...
Te invito a compartir este espacio con alguien más.
Con una mamá.
Con un papá.
Con una abuela.
Con cualquier persona que esté intentando comprender mejor a un adolescente mientras también aprende a acompañarse a sí misma.
Esta comunidad apenas está comenzando.
La estamos construyendo juntos, paso a paso, conversación a conversación.
Y quizá, al compartir esta página, podamos llegar a una familia que hoy necesita saber que no está sola.
Porque lo que se ahoga en silencio no siempre necesita más ruido.
A veces sólo necesita encontrar a quien esté dispuesto a escuchar. 🤍
— Una mamá aprendiendo a sostener
07/05/2026