17/06/2026
Cuando observamos el Sol cerca del horizonte, su luz atraviesa una capa mucho más gruesa de aire que cuando está alto en el cielo. Durante ese recorrido, los rayos de luz se curvan ligeramente, haciendo que el Sol parezca estar un poco más arriba de su posición real.
Por esa razón, cuando vemos el disco solar tocando el horizonte, en realidad ya se encuentra ligeramente por debajo de él. No son varios minutos de diferencia, sino apenas unos instantes. La atmósfera actúa como una enorme lente natural que modifica la posición aparente del Sol.
Ahora bien, este efecto no es el responsable de los colores rojizos del atardecer.
El tono rojo aparece porque la luz solar está compuesta por muchos colores. Al atravesar una mayor cantidad de atmósfera, los colores azules y violetas se dispersan con más facilidad en distintas direcciones. Los tonos anaranjados y rojizos continúan avanzando hacia nuestros ojos con mayor intensidad, tiñendo el cielo de los colores característicos del atardecer.
Por eso, cada puesta de Sol reúne dos fenómenos fascinantes al mismo tiempo: una ligera ilusión de posición causada por la refracción atmosférica y un espectáculo de colores producido por la dispersión de la luz.