Saber amar

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Un espacio de encuentro y transformación siguiendo la ruta del alma

11/05/2026

¿QUIERES CONOCER LA CAUSA DE TU PROLONGADA SOLTERÍA?

Eres una mujer consciente que se ha trabajado a sí misma. Has transitado experiencias de autoconocimiento y desarrollo personal importantes buscando crecimiento, sanación y espiritualidad. Sin embargo, el tema de la relación de pareja sigue sin resolverse para ti. Hasta ahora.
Si estás leyendo este mensaje, estás lista para recibir respuestas.
Descubre la raíz de tu soltería en el E-BOOK GRATUITO “SOLA”. El cual puedes obtener registrándote en el siguiente enlace:

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17/11/2025

LIMPIA TU TRANSICIÓN
Este año 2025 ha significado para muchos, un tiempo de cierre de ciclos. Un tiempo de cambios profundos. Algunos más conscientes que otros, pero cambios significativos en sí mismos. Lo cual quiere decir, como mencionaba en mi última publicación, que muchas y muchos de nosotros podemos estar en medio de una transición.
¿Qué importancia tiene tomar consciencia de ello por estas fechas? Una fundamental. El que ser conscientes del momento en el que estamos abre la posibilidad de hacer un cierre de año decidido. ¿Qué significa esto? El poder ver, escuchar y decidir lo que conviene cerrar este año para no llevarlo al siguiente. Porque, el hacerlo, no ayudaría. Más bien una “carga”.
El punto es que no siempre es fácil reparar en ello. Las responsabilidades cotidianas, los compromisos sociales y familiares que acaparan estas fechas, la preocupación por los gastos que incrementan, aunado a lo que de por sí, ya se venga cargando. Abrir espacio para reflexionar cómo cerrar el año, pero sobre todo, cómo te quieres preparar para el siguiente año, implica decidirlo.
Si de por sí, cada año deberíamos considerarlo, este año en particular, hacer un cierre decidido y consciente cobra especial relevancia. El 2026 será un año de inicios. De nuevos comienzos. Numerológicamente se abre un nuevo ciclo. Y, con ello, abundantes posibilidades de crecimiento estarán en puerta. Proyectos, metas, sueños, emprendimientos, cambios de actividad, cambios de residencia y otros más, podrán materializarse. Claro está, para quienes cuenten con condiciones internas adecuadas para llevarlo a cabo. Porque recibir lo nuevo, particularmente lo que más se anhela requiere sostén interno. No sólo basta desear. Hay que capacitarse física, mental, emocional y energéticamente para poder con ello.
Considerando esto, podemos decir que nos encontramos en un momento “visagra”. Que nos da la oportunidad, para quien elija hacerlo, empezar un 2026 más ligero, más libre y más equilibrado. Sin embargo, saber qué es lo que se necesita soltar, cerrar y ordenar, no siempre es sencillo. Ni se reconoce a simple vista. Hay que ir más adentro. Entrar en nuestro mundo interno para obtener respuestas afinadas y precisas. De manera que no nos quedemos demasiado en la superficie sin claridad suficiente para distinguir cuestiones en las que conviene poner foco.
Porque puede tratarse de decisiones de fondo, pero también de cambio de hábitos. De implementar o modificar rutinas, por ejemplo. De hacer ajustes en nuestro día a día que ya no favorecen para que lo nuevo encuentre espacio. Y pueda fluir libremente. Porque la manera cíclica de conducirnos está comprometiendo – o drenando- nuestra energía vital. De manera que se requiere ajustarlo.
Pero estas precisiones finas que hagan claro dónde conviene “meter mano” para favorecer la transición hacia el próximo año, requieren de pararse y explorar. Bajar la prisa y escuchar. Disponerse a entrar dentro de nosotras(os) mismas(os). Dicho de otra forma, requieren silenciar la mente, escuchar el cuerpo y conectar con la guía del alma. Requieren conexión personal. Lo cual sólo es posible en un silencio meditativo.
Te he compartido parte de lo que ha significado para mí, adquirir este estado de conexión como hábito. El autoconocimiento que ha favorecido, la posibilidad de entrar en capas subconscientes, así como la posibilidad de comprender, más y mejor, causas de raíz de conflictos y desafíos personales. Pero todo esto deriva en otro aprendizaje fundamental: ganar claridad para la toma de decisiones. Reconociendo las “letras chiquitas” dentro del plan de vida. Lo que yo llamo las sutilezas del alma. Una guía práctica y precisa que te indica dónde hay que poner el foco y hacer ajustes. Meter mano para generar cambios. Y que no siempre es fácil entender a simple vista. Porque, como he dicho antes, las verdaderas respuestas están dentro.
Nuestra comprensión habitual suele ser lineal. “Lógica”, por decirlo otra manera. Y la relación causa-efecto que solemos identificar en los eventos de nuestra vida no siempre es del todo precisa. Es más, reiteradamente es imprecisa. Especialmente si nos hemos desconectado de nosotras(os) mismas(os). No estamos en sintonía con lo que nos ocurre dentro y nos gana el jaloneo de responder demandas externas.
En dichas condiciones, no basta “reflexionar”. Porque puede que la manera habitual en que tomamos decisiones se encuentre contaminada por hábitos mentales. Los cuales llevan en la misma dirección. Impidiendo ver nuevas posibilidades. Aquí el valioso aporte de entrar en espacios meditativos. Porque la pausa, el silencio y la respiración consciente abren nuevas rutas para entrar en nosotros. Debilitando el control mental. De manera que podemos acercarnos más, a lo que genuinamente sentimos, necesitamos y nos pesa.
Por este motivo, conectar con el alma requiere silencio. Requiere condiciones de calma. Requiere abrir espacios nuevos.
Esta es la invitación que tengo para ti por estas fechas. Hacer tu cierre de año en un espacio meditativo. Que te regales escuchar lo que tu alma desea comunicar antes de que termine el año. Con la finalidad de “allanar” tu transición hacia el 2026. Porque seguramente vienen para ti cosas importantes. De lo contario no recibirías esta invitación. Lo he entendido claro. La finalidad es que te encuentres en mejores condiciones de recibir lo que viene y hacerlo crecer.
El proceso de conexión y escucha del alma en el que me he habilitado los últimos 5 años, así como el momento de misión personal en el que me encuentro, me condujeron a esta encomienda específica. Abrir un espacio meditativo para favorecer un cierre de año consciente. Particularmente para quienes atraviesan momentos de transición. Tanto internas como externas. Porque si este año has experimentado movilizaciones importantes a nivel interno, la transición externa está en camino. Así que no me refiero sólo a quienes ya atraviesan procesos de cambio evidentes, sino también a quienes los van deseando o intuyendo, de manera que puedan encontrarlas y encontrarlas(os) mejor paradas(os). Como me dice mi intuición que es el caso de varias de ustedes.
Sí, me vuelvo a dirigir a las mujeres. Lo digo claramente porque es de quien mi alma me ha estado hablando insistentemente las últimas semanas. Estoy aquí especialmente por ustedes. Aunque eso no descarta a los varones que gusten sumarse. Pero en coherencia con el llamado del que surgió este espacio, debo decir que estoy aquí, comunicando esto, particularmente por ti mujer, que estás atravesando o vienes atravesando algún proceso intenso e importante. Para decirte que necesitas, parar, escuchar, soltar o reparar. Considerar decisiones.
Tu alma quiere comunicarte claridad. Para que sepas dónde estás parada, hacia dónde debes mirar y en qué debes enfocarte. ¡Quiere guiarte! Pero necesita que le des tiempo y espacio para hacerlo.
Pero además de lo anterior, quiere ofrecerte descanso. Descanso al corazón. Que puedas escuchar lo que ya no tienes que seguir cargando. Eso de lo que te puedes despediré y liberar antes de que cierre el año. Porque ya no lo necesitas. Ya pesa demasiado y no te está aportando en igual medida. Más bien, te está drenando. Quiere liberarte de cargas. Que pueden ser físicas, mentales o emocionales. Ella quiere liberarte. De manera que inicies el año siguiente con espacio suficiente para recibir lo nuevo.
Si escuchas el llamado y resuenas con la invitación, la propuesta consiste en reunirnos del 24 al 27 de noviembre vía zoom, en un espacio de discernimiento y conexión. Con la finalidad de realizar una serie de meditaciones guiadas que abonen a lo que he explicado antes. Las cuales te llevarán a conectar con tu alma y recibir la guía que necesitas. Siguiendo una metodología que ahora pongo a tu disposición para acompañarte en tu transición. De manera que, antes de que termine el año, puedas recibir información valiosísima que conviene conozcas antes de iniciar tu 2026.
La hora de reunión será a las 7:00 pm (hora México) y el espacio es 100% gratuito. Puedes confirmar tu participación enviando un mensaje de Whatsapp al 3315111305 con la frase: QUIERO CONECTAR.
Por el mismo medio recibirás los accesos e indicaciones previas. Si tienes alguna duda, también estoy a tus órdenes.
Quedo a tenta a tu respuesta.
¡Alégrate! Estás siendo mirada y guiada por la sabiduría divina.
Me encantará conectar contigo este cierre de año.
¡Respira! Que tengas lindo día.

14/11/2025

YA PUEDES SOLTAR
Hoy quiero dirigirme particularmente a las mujeres que han venido leyendo mis publicaciones recientes y han conectado con ellas.
Este mensaje es para ustedes. Y tiene la finalidad de decirte: “ya puedes soltar”. Lo que sea que estés cargando. Ya puedes dejar de sostener lo que te ha quitado paz. Puede ser algo reciente, puede ser algo sucedido en el último año, o algo incluso que te ha venido afectando durante varios años.
Lo que quiero decirte es que ya no tienes que desgastarte por ello. Es momento de soltarlo. Su tiempo está terminando.
Si estás leyendo este mensaje, así como los últimos mensajes que he compartido y has resonado con ellos, quiere decir que te encuentras atravesando alguna transición. Interna o externa. Algo ha venido cambiando y te preparas para una nueva etapa. Nuevos inicios.
Muy probablemente, el último año viviste acontecimientos importantes. Cierres, duelos, término de relaciones, conclusión de algún proceso, cambio de actividades o finalización de alguna etapa. Y se me ha encomendado decirte que lo que vives ahora es el tramo final. La conclusión del proceso.
Ha costado mucho, lo sé. Ha sido doloroso. Fue difícil el desprendimiento. Pero lo que superaste no fue en vano. Hace parte de un plan mayor. Amoroso y sabio. En el que tu vida es abrazada bondadosamente.
Sé que no siempre es fácil comprender esto. Sobre todo cuando el trance continúa y todavía se viven consecuencias del proceso o la decisión. Pero lo que vives ahora es la última etapa. Va concluyendo. Así que puedes descansar. Tu corazón puede hacerlo. Has transitado la parte más difícil y lo que viene enseguida es liberación. Es recuperarte a ti, en lo que sientes que necesitas hacerlo. Es recibir consuelo, paz, descanso y frutos. Es reconstrucción.
Hoy recibí la encomienda de comunicarte esto. De invitarte a confiar en que lo que has estado transitando, el último año en particular, tiene sentido. Un sentido valioso y profundo. Hace parte del camino. Hace parte imprescindible de tu códice de alma. De lo cual, en su momento, entenderás el por qué y para qué. Sólo confía. Como puedas hacerlo ahora. Con lo que eso signifique para ti.
Respira y procura buscar un espacio para conectar contigo.
La transición que ahora vives es perfecta, es sabia y es amorosa. Confía.
Abrázala y recíbela.
Más adelante compartiré contigo nuevos pasos.

13/11/2025

EL PROBLEMA NUNCA ES EL PROBLEMA
Me llevó 20 años de recorrido, experiencias y procesos empezar a comprender que el problema nunca es el problema. Que lo que vivimos con conflicto en la superficie cotidiana tiene raíces muy hondas. Frecuentemente desconocidas. Porque hace parte de nuestro códice de alma.
¿A qué me refiero con esto? A que todas y todos tenemos una ruta que nos corresponde vivir en un proceso de evolución personal. Aprendizajes de vida que estamos llamadas y llamados a transitar para convertirnos en quienes podemos llegar a ser. En la mejor versión de nuestras capacidades y talentos. De manera que las circunstancias que nos retan y desafían todos los días, especialmente las más densas y difíciles de transitar, son “oportunidades” que nos ofrece la vida para habilitarnos en lo que esa versión posible de nosotros mismas(os) necesita desarrollar.
Lo que quiere decir que nada es coincidencia. Nada es producto del azar o la casualidad. Aunque cueste verlo. Todo hace parte de un plan perfecto de crecimiento y evolución. Y a cada uno corresponde la tarea y posibilidad de transitarlo como se elija y como se pueda. Según el nivel de conciencia en el que nos encontremos.
El camino de interioridad que recorrí una vez comencé a meditar, la segunda gran parada en mi proceso de transformación, me introdujo en la comprensión de esto. Comencé a distinguir con progresiva claridad que aquello que vivimos como pena, apuro o problema, siempre tiene causas en nuestras capas más internas. En lo profundo de nuestro mundo interno. De manera que lo que sucede fuera, refleja de una u otra forma, heridas, dolencias, cargas, potencialidades, programas, inconsciencias, memorias, lealtades, dones, atributos y capacidades de nuestro mundo interno. En todo lo que vivimos y sucede hay un reflejo de nosotras(os) mismas(os).

Lo cual quiere decir que “el problema real” nunca es lo evidente. No es lo que nos duele en primer plano. No es lo que nos dificulta avanzar. No es lo que decimos nos preocupa o por lo que la pasamos mal. No es esa persona, esa relación, esa ruptura, esa traición, ese duelo, ese despido, ese conflicto laboral o matrimonial. Incluso no es la enfermedad. Lo sufrimos, lo padecemos, lo cargamos y nos pesa. Ciertamente. Pero el mayor problema no está ahí, en lo que vemos a primera vista. El verdadero problema siempre está en el fondo. En tu fondo y el mío. En “algo” que aún desconocemos y no hemos logrado comprender. Y somos invitados a aprender a gestionar.
Dicho de otra forma, hace parte de nuestro códice de alma. Por eso es “ella” quien tiene las respuestas. Los pasos sucesivos para desenredar nuestros nudos. Los físicos, mentales, emocionales, afectivos, laborales, relacionales, espirituales y hasta económicos. Ella sabe el qué primero y qué después. Lo que conviene. Lo que ofrece mejores alternativas. ¿Para qué? Para nuestro crecimiento. ¡Ojo con esto! Ese es siempre su enfoque. Porque apunta a lo esencial. No a los resultados inmediatos, o a los que, en nuestra lógica racional, sería lo más adecuado. Claro está, a corto plazo. Ella apunta más allá. Mucho más allá. A lo que más nos construye y nos ofrecerá, a largo plazo, mayor realización, salud, prosperidad y crecimiento. A lo que nos acerca al lugar personal de mayor abundancia.
Es ella, el alma, quien tiene inscrita esta ruta. Y una vez que conectamos con ella, con frecuencia y con conciencia, puede revelarla. De manera suave, progresiva, amable y amorosa. Respetando tiempos, niveles de conciencia y ritmos de aprendizaje.
El asunto es que no nos enseñaron a entrar en relación con ella. Más bien, a desconectarnos. Todo colabora en ese sentido. Carencias en los estilos de crianza, procesos educativos desintegradores, formaciones religiosas que privilegian el dogma, influencias sociales deshumanizantes, carencia de guías, formadores y mentores que vivan una espiritualidad auténtica. De manera que, lo que debería ser una vivencia natural y cotidiana, propia de nuestra naturaleza de seres espirituales encarnados, se convierte en algo novedoso y hasta “inaccesible”. Según las historias y procesos que cada una y cada uno vivimos.

Cierro con esto. La guía que necesitamos para llegar al fondo de lo que nos aqueja, conflictúa o enferma se encuentra en la naturaleza del alma. Ella es su portadora. O portavoz, como mejor se entienda. Ella nos alcanza la guía espiritual. Porque corresponde a los aprendizajes que nos corresponde transitar en esta condición terrena como parte de una misión de vida. Ella posee nuestro códice de evolución. De manera que aprender a entrar en conexión, de manera habitual y fluida con ella, es tarea de vida. Y se juega mucho en no saber hacerlo. Se juega dirección, salud, bienestar, prosperidad, realización, propósito de vida. Se juega el permanecer “dispersiones” que nos alejan de nuestra ruta. Se juega el que vivas o no, la misión por la que estás aquí, desarrollando tus dones más valiosos. Se juega el que te vivas plena(o), feliz, satisfecha(o) y realizada(o). Se juega el que sufras menos y vivas más. El que te enfermes menos. El que crezcas más allá de tus etiquetas mentales, creencias limitantes, miedos e inseguridades.

Puede que después de leer esto surjan dudas e inquietudes. Si hay alguna muy puntual a la que necesites respuesta, con gusto la responderé. Reconozco que es un tema movilizador. Y por supuesto que aún hay mucho que decir al respecto, pero lo haré en próximas entregas. Hay que darle espacio y tiempo suficiente. Porque como dije antes, mucho de lo que vives hoy, particularmente lo que duele y conflictúa se está jugando en ello.
Pero, por ahora, invitándote a explorar lo que este texto ha suscitado para ti, si es lo que ha ocurrido, permíteme proponerte los siguientes cuestionamientos para tu día. ¿Qué cambiaría en mi vida si conectara cotidianamente con el alma? ¿Qué conflictos estaría en posibilidad de resolver, porque hasta ahora no he podido hacerlo? ¿Qué respuestas podría recibir y necesito? ¿Qué estaría en posibilidad de ver y comprender? ¿Cómo mejoraría mi vida? ¿En qué me desgastaría menos? ¿En qué creo que me permitirías invertir más tiempo? ¿Qué me atrevería a hacer?...

Si abres el espacio, comenzarás a recibir respuestas. Por lo menos las iniciales.
Así que, si te hace sentido la invitación, ofrécete unos minutos de silencio para explorarlo.
¡Que tengas lindo día!

11/11/2025

DECISIONES
¿Cómo te va a ti con el tema de las decisiones? Para mí, terminada la preparatoria, cuando enfrenté un cruce de caminos y una de las temporadas más convulsas que viví hasta entonces, significó un continuo desafío.
Hoy podría pensar que era propio de la edad, por encontrarme hacia al final de la adolescencia. Sin embargo, me doy cuenta de que no era así. Que la dificultad no atravesaba por ahí. Porque aún a esa edad, e incluso años atrás, hubo momentos en los que tuve mucha claridad para saber lo que quería y hacia dónde quería ir. Hoy sé que eran momentos en los que podía sentir mi guía interna. Pero después, por esos años, se desorientó la brújula.
¿Qué fue lo que pasó? Como nos ocurre a todos en algún momento, comenzó a brotar lo que faltaba “construir” por dentro. Mis realidades heridas. Era tiempo. Como dice el admirado Javier Garrido. Terminaba la etapa del equipamiento y comenzaba la etapa de tomar las riendas. Por lo que había que conocer lo que estaba deconstruido. O mejor dicho, los “dónde internos” en los que tendría talacha para integrar mejor mi psicología herida.
Se hacía necesario que salieran a la luz. Esos procesos afectivos, mentales y emocionales en los que habría que invertirme para darme forma. La de la mujer que susurraba en mí, debía surgir. La que paulatinamente fui eligiendo como aquella en la que deseaba convertirme. Algo que en numerosos momentos fue más espesa niebla que otra cosa. Porque por aquellos días, no existía claridad. No la había. Había intuiciones esporádicas. Sueños y deseos intermitentes. Que significaban visos iniciales y muy cortos, de lo que podría comprender después.

Me encontré durante varios años dando tumbos. Sintiendo que la vida me llevaba y no tenía control alguno. Una etapa que, para quien me conoció como “maestra”, puede que resulte difícil vislumbrar. Pero así era. Me sentí perdida. Literalmente. Completamente desdibujada. En medio de continuas sacudidas. Físicas, mentales, emocionales y espirituales. Años de auténtico torbellino. Dentro y fuera.
Mis días se debatían entre inestabilidad, crisis sucesivas de identidad, problemas de salud continuos por un año, un padecimiento infantil que retornó, enganches y dolores afectivos, falta de dirección. En fin, un buen combo que se me ponía en frente para hacerme cargo.
Vino entonces la primera gran “parada” en el camino de reconstrucción. Decisiva. El primer llamado. El encuentro fundante con Dios. El Dios de Jesús. Que ofreció camino, ruta, horizonte. Pero sobre todo, identidad. La fundamental. Esa pregunta existencial recurrente en la adolescencia encontraba su respuesta. Ya sabía quién era. Hija de Dios. La hija de un Dios. Había nacido en la voluntad amorosa de un Creador. En ese sentido, ya no había que seguir buscando. Mi corazón encontró descanso. Y sanación. Profundas soledades se reconstruían a partir de entonces.
Pero este alto tremendo, sólo era el inicio. Aunque no lo pareció así en ese momento. En el que la emoción abrazadora de un primer encuentro parece resolverlo todo. Y para siempre. Pero quienes hemos transitado por ahí, sabemos que no es así. Es apenas el comienzo de la ruta. Lo que viene a partir de entonces requerirá de continuas decisiones. Unas pequeñas otras grandes, pero estas son las que finalmente te dan forma. A ti y a la vida que construyes a partir de entonces. Porque es así. Son nuestras decisiones las que van haciendo camino.
Esto no quiere decir que no estemos acompañados. Siempre lo estamos. Ni que carezcamos de guía. Esta siempre se ofrece. Pero reconocerla o no, tomarla o no, seguirla o no, con los medios e invitaciones en los que esta se materializa y comunica, es nuestra decisión. Y corresponde a nuestro momento de conciencia. Que a veces logra ver y a veces no. Pero siempre somos tú y yo quienes vamos trazando camino. Aquí el gran reto, y responsabilidad de nuestra libertad. Pero también, el gran regalo.

¿Nuestra fortuna? La guía espiritual nunca cede. Siempre sigue abriendo puertas. Aunque nos alejemos lo suficiente de lo que mejor nos construía. Eligiendo pasar de largo. Siempre ofrece una nueva alternativa para afinar la ruta. Porque sabe bien, mejor que nosotros mismos, por supuesto, hacia dónde hay que dirigirnos. Cuáles son los pasos importantes que debemos transitar. Aunque nos estacionemos por momentos o incluso por etapas en lo que consideramos paradas necesarias. Cuando puede tratarse más bien de distracciones. Empleos, proyectos, tareas, instituciones o relaciones. Esta guía espiritual siempre tiene claros los procesos que nos acercan a nuestra verdadera identidad.
La sabiduría divina lo sabe. No digo Dios porque no me gusta fomentar esta idea deformada y tan riesgosa -pero también tan comunicada- de un Dios “titiritero” que tiene todos los hilos en la mano para llevarnos a donde quiere “manipulando” la realidad. Para evitarnos la tarea de decidir. No soy partidaria de ese “modelo” de Dios. No es el que conozco ni el que sale a mi encuentro todos los días. Ofreciendo guía y acompañamiento encarnado en personas, enseñanzas, experiencias, guías y sabidurías que me brindan ruta. La que es adecuada a mis ritmos, tiempos, procesos y desafíos. Así como a mis dolencias y carencias personales. Una guía que incluso, y esta ha sido la hermosa novedad de mis últimos años, escapa y excede las formas avaladas por una autoridad “oficial” que pretende acotar la acción divina.
Dicho lo anterior, cierro esta entrega diciendo que, comprender que había camino, un camino propio para mí, que me conducía a lo que ofrecería la mayor satisfacción, bienestar y realización, supuso un laaargo trayecto de ensayo y error. Como siempre digo a mis alumnos. Una ruta que implicó toma de decisiones. Fuertes, hondas, honestas, profundas. Y arriesgadas, a mis ojos y a los de muchos. Pero, las que había que transitar siguiendo la ruta que marcaba el alma. Si es que quería apropiarme de la ruta que me pertenecía.
Ruta que fue volviéndose cada vez más clara conforme me acercaba a ella. El alma. O sea, a mí misma.

Pronto te diré con claridad por qué comparto esto. ¿Es una catarsis personal? ¿Se trata de un recuento de la mitad de la vida? No niego que contribuye a eso, pero no, no es la finalidad primera. Sin embargo, me resulta necesario, en un ejercicio de honestidad profunda para la misión que se me ha encomendado, compartir lo que me trajo aquí. Y al mensaje que te estaré entregando. A ti que has dedicado tiempo para leer estos largos textos sintiéndote invitada(o) para hacerlo.
Es importante para mí, y he entendido que debe ser así, el que sepas, por lo menos en lo fundamental, cómo fui preparada -capacitada- para comunicar el mensaje que te entregaré en unos días.
Así que te agradezco la paciencia y el tiempo invertido en leer estos mensajes. Sé que hoy me la volé, pero te aseguro que tiene un sentido. Y deseo también, que aún sin saber de qué se trata el cometido final, estés encontrando valor para acompañarte en lo que vives estos días.

Te deseo un lindo día. Un día especial de 11:11.
Saludos y bendiciones.

10/11/2025
10/11/2025

REENCUENTRO CONMIGO MISMA
Contrario a lo que pudiera parecer, comenzar a ser consciente de lo acumulado por años, más que convertirse en proceso “torturador”, fue experiencia liberadora. Me ofrecía posibilidades.
Una de ellas, poder soltar lo que debía irse. Reconociéndolo en primer lugar. Comprender que había creencias, costumbres, hábitos, formas de convivencia, relaciones y hasta personas que ocupaban mucho espacio. Y que esto ya no era respetuoso para mí. Porque lo que daba en demasía a otros y sus necesidades, me lo restaba. En procesos, necesidades y actividades. Dejándome en deuda conmigo. Lo cual había encontrado consecuencias importantes. Sin que antes me percatara de ellas.

La mirada interna se aclaraba. Empecé a reconocer en qué y con quiénes venía actuando por inercia. Bajo la creencia heredada o aprendida de que eso es lo que me correspondía. Por ser mujer, por ser adulta, por ser miembro de una familia, por ser creyente, por ser amiga, por ser hija, por ser hermana, por ser “espiritual”, por ser profesionista… Sin reparar en lo que eso estaba tomando de más. Porque yo lo concedía.
Ahora todo esto tomaba perspectiva y podía reconocer lo que había ocupado demasiado espacio. En mí y en mi vida. En el pasado y en el presente. Y se hacía necesario modificar. O en su caso, soltar.
Mi alma me ayudaba a ver de qué y de dónde necesitaba moverme. Porque ya no me encontraba ahí. Porque me sentía apretaba. De qué y de dónde necesitaba desapegarme. O, en su caso, despedirme. Porque ya no me encontraba en resonancia. Lo que en mí estaba cambiando pedía un reacomodo. O desacomodo, si se quiere ver así. Pero verlo y atreverme a contemplarlo se sentía bien. Se sentía necesario. Se sentía liberador.
Empecé a verme más allá de las creencias y etiquetas con las que me definían y yo había aprendido a hacerlo. Podía sentir su peso. Y podía sentirme a mí debajo y dentro de eso. Percibir lo que necesitaba en realidad. Lo que deseaba. Lo que me hacía bien y lo que no. Lo que evitaba decir para no ser “imprudente” o no “incomodar”. Lo que aceptaba bajo la creencia de que era mi responsabilidad. Lo que cargaba para evitárselo a otros. Contextos, actividades y relaciones en las que me acomodé buscando aceptación. Con formas que pudieron resultar poco respetuosas. Para mí y para otros.
Debía empezar a priorizarme. Lo tuve claro. Y esto no quería decir excluir a otros. Sino colocar relaciones, tareas y decisiones en perspectiva. Una más equilibrada. Más sana para mí y también para ellos. Porque comprendí, contrario a lo que creí por años, que ocuparme demasiado en los demás, permanecer atenta todo el tiempo a ellos y sus necesidades, así como estar presente cada vez que se me solicitaran, no era ser una persona “servicial” precisamente, o estar siendo “buena gente”. Era relacionarme de manera dependiente. Pasando por encima de mí y también de ellos. En mis procesos y en los suyos.

Porque sin saberlo, interfería. No me respetaba a mí y no los respetaba a ellos, en los ritmos de conciencia y crecimiento. Por eso tenía sentido llenarme de actividades, atender a mucha gente, anticiparme a estar presente. Con la justificación de “ayudar”, “servir” y hasta “enseñar”, aún sin que me lo pidieran. Argumentándome que “me necesitaban”. Sin caer cuenta de que, en buena medida, una parte de mí, mi parte herida, lo hacía buscando aceptación, validación y afecto. Resolver carencias y necesidades no cubiertas.
Pude verlo… después de tantos años, y desgaste. Pude verlo. Sólo por hacer unos minutos de silencio al día… ¡Respirando! Una auténtica revolución. Suave, silenciosa, amorosa y profundamente liberadora.
Comenzaba a escombrar mi mundo interno y mi alma podía contar con más espacio. Expandirse. Expandiéndome con ella. Iniciar un nuevo orden. Un reacomodo que no siempre fue ligero, debo decir. Porque las resistencias son cañonas. Nos hacen ver amenazas donde no las hay. Nos hacen sentir miedo de nosotros mismos.
Sin embargo, pese a los atores y frenones, que los hubo, cada paso se sentía bien. Se sentía liberador. Se sentía descanso. Se sentía más espacio. Se sentía libertad.
¡Y más salud! Mucha más salud. En todos los sentidos. De lo que platicaré más adelante.
Pero por ahora, cierro esta entrega sugiriéndote la siguiente pregunta. Si te viene bien. ¿Qué de lo que haces ahora podrías estarlo haciendo por inercia, por pensar que es “lo que toca”, lo que corresponde, lo que “se necesita”, sin considerar lo respetuoso que está siendo para ti y para otros?

Si decides responderla, ojalá te ofrezca perspectiva…
Recuerda concederte una breve pausa y respirar. Hondamente.
Te deseo un lindo día.

10/11/2025

¿QUÉ FUE LO QUE DESCUBRÍ?
Con el paso de los días, en los minutos posteriores a la meditación, cuando me quedaba reposando el fruto de esta, comencé a verme desde dentro. Imágenes, recuerdos, eventos del pasado, emociones acumuladas y no digeridas. Todo seguía ahí. Pese a los años que habían trascurrido de todo ello. Siempre sigue ahí, aunque no nos percatemos.

El paso de los días y los años nos hacen creer -falsamente- que el pasado va quedando atrás. Que lo vamos “superando”. Que lo que dolió desapareció con haber pasado el tiempo. Que lo que en su momento hirió o faltó, deja de estar ahí sólo porque vamos “creciendo”. Pero no es así. Lo seguimos llevando dentro mientras no nos detenemos a mirar. Mientras no nos damos tiempo de pausar, voltear a ver lo que pasó y el impacto que eso tuvo. Mientras no reconocemos que hubo partes de nosotros que permanecen dolidas. Incluso congeladas. Averiadas por lo vivido a la espera de poder sanar y rehabilitarse. De ahí que vamos por la vida sin estar completos. Cojeando internamente.

Comencé a verlo. Empecé a ver que hubo cosas que vivió y sintió mi niña y no habían sido digeridas. A pesar de los procesos, a pesar de la formación, a pesar del camino recorrido. Seguía ahí. Permanecía adolorido a la espera de ser tomado por mí. Había quedado atrapado. Y varias partes de mí con ello. Se había encapsulado. Y ahora me pedía acercarme con cuidado para poder verlo.
Entendí, pero ahora desde los ojos del alma, que todo, todo lo que no fue digerido sigue ahí. Aunque pretendamos lo contrario. Aunque nos las demos de adultos, profesionales y maestros. Sigue ahí haciendo ruido. Lo veamos o no. Lo reconozcamos o no. Nos percatemos o no de ello. Sigue hablando por el cuerpo, asomándose en conflictos, mostrándose como insatisfacción. Continúa presentándose como desánimo o falta de motivación. Como un malestar que no se sabe de dónde viene, como tristeza, enojo o impaciencia. Como frustración o falta de serenidad. Como angustia o como miedo. Sigue presente en la dificultad para comunicarnos. En lo que nos asusta e incomoda. En lo que reprochamos a los demás. En lo que consideramos injusticia.
Nos sigue acompañando en situaciones y relaciones repetitivas. En las personas que denominamos “conflictivas”. En lo que no recibimos, no logramos y nos cuesta. Sigue presente en lo que nos desgasta y sentimos que nos exige más. En nuestras dependencias, compulsiones, obsesiones y dolencias. Sigue ahí en lo que no decimos a nadie pero sabemos que nos duele y nos aprieta. En eso de lo que no nos atrevemos a hablar y no sabemos cómo resolver.

Sigue ahí haciéndonos creer que “tenemos” que correr, que tenemos que dar más, que tenemos que cumplir, que debemos ser más fuertes. Porque fue así que se sintió nuestro niño y nuestra niña…
¿Te ha pasado algo así? ¿Descubres algo de esto en ti?
En mi caso, cada una de esas mañanas, a partir de la meditación pude comenzar a verlo. Todo lo que había ignorado antes se me estaba revelando. Mi alma empezaba a poder mostrarlo. Y lo hacía porque yo había hecho pausa y estaba dispuesta a conectar.
Porque el alma sabe respetar nuestro proceso. Aguarda el tiempo necesario. Aunque siempre da señales, no violenta. Más bien va ofreciendo pistas que nos guían para ver y escuchar. Va acercándonos mensajes, medios, experiencias. Va suscitando intuiciones y sugerencias. Tal vez, este texto, este día, podría ser una pista para ti.
Si es así te invito a preguntarte, ¿qué de lo que lees podría decir algo de ti? ¿qué de lo que resonó contigo podría estarte invitando a reparar en algo que no has visto lo suficiente? ¿qué pasaría si hoy te detuvieras a hacerlo?
Ojalá que escuches, pares y lo hagas.
Y recuerda, respira…
Que tengas un buen día!

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