13/11/2025
EL PROBLEMA NUNCA ES EL PROBLEMA
Me llevó 20 años de recorrido, experiencias y procesos empezar a comprender que el problema nunca es el problema. Que lo que vivimos con conflicto en la superficie cotidiana tiene raíces muy hondas. Frecuentemente desconocidas. Porque hace parte de nuestro códice de alma.
¿A qué me refiero con esto? A que todas y todos tenemos una ruta que nos corresponde vivir en un proceso de evolución personal. Aprendizajes de vida que estamos llamadas y llamados a transitar para convertirnos en quienes podemos llegar a ser. En la mejor versión de nuestras capacidades y talentos. De manera que las circunstancias que nos retan y desafían todos los días, especialmente las más densas y difíciles de transitar, son “oportunidades” que nos ofrece la vida para habilitarnos en lo que esa versión posible de nosotros mismas(os) necesita desarrollar.
Lo que quiere decir que nada es coincidencia. Nada es producto del azar o la casualidad. Aunque cueste verlo. Todo hace parte de un plan perfecto de crecimiento y evolución. Y a cada uno corresponde la tarea y posibilidad de transitarlo como se elija y como se pueda. Según el nivel de conciencia en el que nos encontremos.
El camino de interioridad que recorrí una vez comencé a meditar, la segunda gran parada en mi proceso de transformación, me introdujo en la comprensión de esto. Comencé a distinguir con progresiva claridad que aquello que vivimos como pena, apuro o problema, siempre tiene causas en nuestras capas más internas. En lo profundo de nuestro mundo interno. De manera que lo que sucede fuera, refleja de una u otra forma, heridas, dolencias, cargas, potencialidades, programas, inconsciencias, memorias, lealtades, dones, atributos y capacidades de nuestro mundo interno. En todo lo que vivimos y sucede hay un reflejo de nosotras(os) mismas(os).
Lo cual quiere decir que “el problema real” nunca es lo evidente. No es lo que nos duele en primer plano. No es lo que nos dificulta avanzar. No es lo que decimos nos preocupa o por lo que la pasamos mal. No es esa persona, esa relación, esa ruptura, esa traición, ese duelo, ese despido, ese conflicto laboral o matrimonial. Incluso no es la enfermedad. Lo sufrimos, lo padecemos, lo cargamos y nos pesa. Ciertamente. Pero el mayor problema no está ahí, en lo que vemos a primera vista. El verdadero problema siempre está en el fondo. En tu fondo y el mío. En “algo” que aún desconocemos y no hemos logrado comprender. Y somos invitados a aprender a gestionar.
Dicho de otra forma, hace parte de nuestro códice de alma. Por eso es “ella” quien tiene las respuestas. Los pasos sucesivos para desenredar nuestros nudos. Los físicos, mentales, emocionales, afectivos, laborales, relacionales, espirituales y hasta económicos. Ella sabe el qué primero y qué después. Lo que conviene. Lo que ofrece mejores alternativas. ¿Para qué? Para nuestro crecimiento. ¡Ojo con esto! Ese es siempre su enfoque. Porque apunta a lo esencial. No a los resultados inmediatos, o a los que, en nuestra lógica racional, sería lo más adecuado. Claro está, a corto plazo. Ella apunta más allá. Mucho más allá. A lo que más nos construye y nos ofrecerá, a largo plazo, mayor realización, salud, prosperidad y crecimiento. A lo que nos acerca al lugar personal de mayor abundancia.
Es ella, el alma, quien tiene inscrita esta ruta. Y una vez que conectamos con ella, con frecuencia y con conciencia, puede revelarla. De manera suave, progresiva, amable y amorosa. Respetando tiempos, niveles de conciencia y ritmos de aprendizaje.
El asunto es que no nos enseñaron a entrar en relación con ella. Más bien, a desconectarnos. Todo colabora en ese sentido. Carencias en los estilos de crianza, procesos educativos desintegradores, formaciones religiosas que privilegian el dogma, influencias sociales deshumanizantes, carencia de guías, formadores y mentores que vivan una espiritualidad auténtica. De manera que, lo que debería ser una vivencia natural y cotidiana, propia de nuestra naturaleza de seres espirituales encarnados, se convierte en algo novedoso y hasta “inaccesible”. Según las historias y procesos que cada una y cada uno vivimos.
Cierro con esto. La guía que necesitamos para llegar al fondo de lo que nos aqueja, conflictúa o enferma se encuentra en la naturaleza del alma. Ella es su portadora. O portavoz, como mejor se entienda. Ella nos alcanza la guía espiritual. Porque corresponde a los aprendizajes que nos corresponde transitar en esta condición terrena como parte de una misión de vida. Ella posee nuestro códice de evolución. De manera que aprender a entrar en conexión, de manera habitual y fluida con ella, es tarea de vida. Y se juega mucho en no saber hacerlo. Se juega dirección, salud, bienestar, prosperidad, realización, propósito de vida. Se juega el permanecer “dispersiones” que nos alejan de nuestra ruta. Se juega el que vivas o no, la misión por la que estás aquí, desarrollando tus dones más valiosos. Se juega el que te vivas plena(o), feliz, satisfecha(o) y realizada(o). Se juega el que sufras menos y vivas más. El que te enfermes menos. El que crezcas más allá de tus etiquetas mentales, creencias limitantes, miedos e inseguridades.
Puede que después de leer esto surjan dudas e inquietudes. Si hay alguna muy puntual a la que necesites respuesta, con gusto la responderé. Reconozco que es un tema movilizador. Y por supuesto que aún hay mucho que decir al respecto, pero lo haré en próximas entregas. Hay que darle espacio y tiempo suficiente. Porque como dije antes, mucho de lo que vives hoy, particularmente lo que duele y conflictúa se está jugando en ello.
Pero, por ahora, invitándote a explorar lo que este texto ha suscitado para ti, si es lo que ha ocurrido, permíteme proponerte los siguientes cuestionamientos para tu día. ¿Qué cambiaría en mi vida si conectara cotidianamente con el alma? ¿Qué conflictos estaría en posibilidad de resolver, porque hasta ahora no he podido hacerlo? ¿Qué respuestas podría recibir y necesito? ¿Qué estaría en posibilidad de ver y comprender? ¿Cómo mejoraría mi vida? ¿En qué me desgastaría menos? ¿En qué creo que me permitirías invertir más tiempo? ¿Qué me atrevería a hacer?...
Si abres el espacio, comenzarás a recibir respuestas. Por lo menos las iniciales.
Así que, si te hace sentido la invitación, ofrécete unos minutos de silencio para explorarlo.
¡Que tengas lindo día!