24/04/2026
—Ahora llegamos a lo más importante. He estado pensando. Pensaba mientras escalábamos la montaña —lanzó a los otros dos una mirada de connivencia— y ahora aquí, en la playa. Esto es lo que he pensado. Queremos divertirnos. Y queremos que nos rescaten.
El apasionado rumor de conformidad que brotó de la asamblea le golpeó con la fuerza de una ola y él se perdió. Pensó de nuevo.
—Queremos que nos rescaten; y, desde luego, nos van a rescatar. Creció el murmullo. Aquella declaración tan sencilla, sin otro respaldo que la fuerza de la nueva autoridad de Ralph, les trajo claridad y dicha. Tuvo que agitar la caracola en el aire para hacerse oír.
—Mi padre está en la Marina. Dice que ya no quedan islas desconocidas. Dice que la Reina tiene un cuarto enorme lleno de mapas y que todas las islas del mundo están dibujadas allí. Así que la Reina tiene dibujada esta isla.
De nuevo se oyó el rumor de la alegría y el optimismo.
—Y antes o después pasará por aquí algún barco. Hasta podría ser el barco de papá. Así que ya lo sabéis. Antes o después vendrán a rescatarnos.
Tras aclarar su argumento, se detuvo. La asamblea se vio alzada a un lugar seguro por sus palabras. Sentían simpatía y ahora respeto hacia él. Le aplaudieron espontáneamente y pronto la plataforma entera resonó con los aplausos. Ralph se sonrojó al observar de costado la abierta admiración de Piggy y al otro lado a Jack, que sonreía con afectación y demostraba que también él sabía aplaudir.
Ralph agitó la caracola en el aire.
—¡Basta! ¡Esperen! ¡Escúchenme!
Prosiguió cuando hubo silencio, alentado por el triunfo. —Hay algo más. Podemos ayudarles para que nos encuentren. Si se acerca un barco a la isla, puede que no nos vea. Así que tenemos que lanzar humo desde la cumbre de la montaña. Tenemos que hacer una hoguera, —¡Una hoguera! ¡Vamos a hacer una hoguera!
"El señor de las moscas" (Novela). William Golding (Reino Unido).
Imágenes tomadas de la miniserie de la BBC (2026).
24/04/2026
Entre semana, Matilda se quedaba en casa sola casi todas las tardes. Su hermano, cinco años mayor que ella, iba a la escuela. Su padre iba a trabajar y su madre se marchaba a jugar al bingo a un pueblo situado a ocho millas de allí. La señora Wormwood era una viciosa del bingo y jugaba cinco tardes a la semana. La tarde del día en que su padre se negó a comprarle un libro, Matilda salió sola y se dirigió a la biblioteca pública del pueblo. Al llegar, se presentó a la bibliotecaria, la señora Phelps. Le preguntó si podía sentarse un rato y leer un libro. La señora Phelps, algo sorprendida por la llegada de una niña tan pequeña sin que la acompañara ninguna persona mayor, le dio la bienvenida.
—¿Dónde están los libros infantiles, por favor? —preguntó Matilda.
—Están allí, en las repisas más bajas —dijo la señora Phelps—.
¿Quieres que te ayude a buscar uno bonito con muchos dibujos?
—No, gracias —dio Matilda—. Creo que podré arreglármelas sola.
A partir de entonces, todas las tardes, en cuanto su madre se iba al bingo, Matilda se dirigía a la biblioteca. El trayecto le llevaba sólo diez minutos y le quedaban dos hermosas horas, sentada tranquilamente en un rincón acogedor, devorando libro tras libro.
"Matilda" (Novela) Roald Dahl (Reino Unido)
Imágenes tomadas de la adaptación cinematográfica de Danny DeVito de 1996.
24/04/2026
Sin haber llegado siquiera a la mitad del año, el 2026 ya nos trajo tres de las peores adaptaciones a clásicos literarios que se hayan visto. La última: "Rebelión en la granja" se estrena el 1° de mayo.
23/04/2026
—Ah..., regresamos a Nueva Orleans a toda prisa —dijo—. Lestat tenía su ataúd en una
habitación miserable cerca de las murallas.
—¿Y usted se metió en su ataúd?
—No tuve otra posibilidad. Oh, le rogué a Lestat que me dejara quedar en el armario, pero dijo que no era seguro. El ataúd se cerraba bien desde dentro y la gente no se sentía tentada a mirar esa clase de cosas. Y me dijo que entrara. Yo no pude soportar la idea; pero, cuando discutimos, me di cuenta de que no era miedo. Era una extraña toma de conciencia. Toda mi vida había temido los lugares cerrados. Nacido y criado en casas francesas con altos techos y grandes ventanas, tenía miedo de quedarme encerrado. Incluso me sentía incómodo en el confesionario de la iglesia. Era un miedo bastante normal. Y, cuando protesté a Lestat, me di cuenta de que, en realidad, no lo sentía más. Únicamente lo estaba recordando. Lo tenía como hábito, como una deficiencia de capacidad de reconocer mi libertad actual, tan fascinante.
»—Te estás portando mal —dijo Lestat por último—. Y ya es casi el alba. Tan pronto como te golpee el sol, te quemará, te transformará en carbón. Pero no debieras tener este miedo. Pienso que eres como un hombre que ha perdido un brazo o una pierna e insiste en que puede sentir dolor donde antes había estado el brazo o la pierna.
»Pues eso fue lo más positivo, inteligente y útil que Lestat dijo en mi presencia, y me hizo ver la realidad.
»—Bien, yo me meto ahora mismo en el ataúd —dijo con un tono más desdeñoso—, y tú te pondrás encima, si sabes lo que te conviene.
"Entrevista con el vampiro" (Novela). Anne Rice (Estados Unidos).
Imagen tomada de la versión cinematográfica de Neil Jordan de 1994
23/04/2026
Como aquella garrapata del árbol, para la cual la vida es sólo una perpetua hibernación. La pequeña y fea garrapata, que forma una bola con su cuerpo de color gris plomizo para ofrecer al mundo exterior la menor superficie posible; que hace su piel dura y lisa para no secretar nada, para no transpirar ni una gota de sí misma. La garrapata, que se empequeñece para pasar desapercibida, paraque nadie la vea y la pise. La solitaria garrapata, que se encoge y acurruca en el árbol, ciega, sorda y muda, y sólo husmea, husmea durante años y a kilómetros de distancia la sangre de los animales errantes, que ella nunca podrá alcanzar por sus propias fuerzas. Podría dejarse caer; podría dejarse caer al suelo del bosque, arrastrarse unos milímetros con sus seis patitas minúsculas y dejarse morir bajo las hojas, lo cual Dios sabe que no sería ninguna lástima. Pero la garrapata, terca, obstinada y repugnante, permanece acurrucada, vive y espera. Espera hasta que la casualidad más improbable le lleve la sangre en forma de un animal directamente bajo su árbol. Sólo entonces abandona su posición, se deja caer y se clava, perfora y muerde la carne ajena...
Igual que esta garrapata era el niño Grenouille. Vivía encerrado en sí mismo como en una cápsula y esperaba mejores tiempos. sus excrementos eran todo lo que daba al mundo; ni una sonrisa, ni un grito, ni un destello en la mirada, ni siquiera el propio olor. Cualquier otra mujer habría echado de su casa a este niño monstruoso. No así madame Gaillard. No podía oler la falta de olor del niño y no esperaba ninguna emoción de él porque su propia alma estaba sellada.
En cambio, los otros niños intuyeron en seguida que Grenouille era distinto. El nuevo les infundió miedo desde el primer día; evitaron la caja donde estaba acostado y se acercaron mucho a sus compañeros de cama, como si hiciera más frío en la habitación. Los más pequeños gritaron muchas veces durante la noche, como si una corriente de aire cruzara el dormitorio. Otros soñaron que algo les quitaba el aliento. Un día los mayores se unieron para ahogarlo y le cubrieron la cara con trapos, mantas y paja y pusieron encima de todo ello unos ladrillos. Cuando madame Gaillard lo desenterró a la mañana siguiente, estaba magullado y azulado, pero no mu**to. Lo intentaron varias veces más, en vano. Estrangularlo con las propias manos o taponarle la boca o la nariz habría sido un método más seguro, pero no se atrevieron. No querían tocarlo; les inspiraba el mismo asco que una araña gorda a la que no se quiere aplastar con la mano.
"El perfume" (Novela). Patrick Süskind (Alemania).
Imágenes tomadas de la adaptación cinematográfica de 2006.
22/04/2026
Hay algo que conecta a Charlie y la fábrica de chocolate, Las brujas y Matilda más allá de la nostalgia: las tres están basadas en la obra del escritor británico Roald Dahl.
En estos tres relatos los protagonistas son niños que de un modo u otro se enfrentan a adultos crueles y contra todo pronóstico, terminan derrotándolos. Charly lo hace desde la bondad, Matilda a partir de su inteligencia y Bruno con su valentía. A su manera, en todos los relatos también está presente el tema de la justicia y un cierto tono oscuro, ácido (que se nota un poco menos en las películas), así como la dosis justa y necesaria de violencia para alcanzar a tener momentos inquietantes y aún así ser historias dirigidas principalmente para niños.
21/04/2026
En los cuentos de hadas, las brujas llevan siempre unos sombreros negros ridículos y capas negras y van montadas en el palo de una escoba. Pero este no es un cuento de hadas. Este trata de BRUJAS DE VERDAD es el siguiente. Escucha con cuidado. No olvides nunca lo que viene a continuación.
Las BRUJAS DE VERDAD visten ropa normal y tienen un aspecto muy parecido a las mujeres normales. Viven en casas normales y hacen trabajos normales. Por eso son tan difíciles de atrapar. Una bruja de verdad odia a los niños con un odio candente e hirviente, más hirviente y candente que ningún odio que te puedas imaginar.
Una bruja de verdad se pasa todo el tiempo tramando planes para deshacerse de los niños de su territorio. Su pasión es eliminarlos, uno por uno. Esa es la única cosa en la que piensa durante todo el día. Aunque esté trabajando de cajera en un supermercado, o escribiendo cartas a máquina para un hombre de negocios, o conduciendo un coche de lujo (y puede hacer cualquiera de estas cosas), su mente siempre tramando y maquinando, bullendo y rebullendo, silbando y zumbando, llena de sanguinarias ideas criminales. ¿A qué niño, -se dice a sí misma durante todo el día-, a qué niño escogeré para mi próximo golpe?
Una bruja de verdad disfruta tanto eliminando a un niño como tú disfrutas comiéndote un plato de fresas con nata. Cuenta con eliminar a un niño por semana. Si no lo consigue, se pone de mal humor, un niño por semana hace 52 al año. Espachúrralos, machácalos y hazlos desaparecer.
Ese es el lema de todas las brujas. Elige cuidadosamente a su víctima. Entonces la bruja acecha al desgraciado niño como un cazador acecha a un pajarito en el bosque.
"Las brujas" (Novela). Roald Dahl
Imágenes tomadas de la adaptación de 1990.
21/04/2026
—Estos edificios antiguos me fascinan —dijo Jeanne.
—No son muy caros para alquilar —dijo él con aire condescendiente y pasó un dedo por la repisa de la chimenea. Se detuvo y observó el polvo que allí se acumulaba y recordó el shock que le había causado ver a su mujer mu**ta, el modo en que había huido del hotel después de la llegada de la policía, la expresión de miedo en los rostros de los huéspedes. No podía acordarse de lo que había sucedido desde entonces. La cara de esta muchacha en el puente, tan llena de vida, pareció devolverlo a su dolor.
—Un sillón quedaría estupendo cerca de la chimenea —dijo Jeanne.
—No —replicó él, contradiciéndola—, el sofá tiene que estar frente a la ventana—. Era una orden.
Ella se mantuvo a cierta distancia de él, aunque le habría gustado observarlo desde más cerca, revisar sus ropas y los pálidos ojos grises casi ocultos bajo una frente altanera y ancha. Ella no pudo comprender por qué aceptaba sus rechazos y sintió un inmenso deseo de ablandarlo.
Continuaron revisando la habitación y luego pasaron a un cuarto adyacente, cada uno simulando que solamente estaba interesado en el apartamento, más bien que en su encuentro inesperado y en la promesa (o la amenaza) de su conclusión. Entraron ceremoniosamente en el comedor, él, unos pasos detrás de ella. Junto a una pared había un atado de periódicos amarillentos, un viejo bureau descansaba sobre tres patas y un revoltijo de cajones rotos, sillas y otros muebles, se vislumbraba bajo una sábana inmunda.
Paul intentó equilibrar el bureau y se preocupó de hacerle mantener su estabilidad mientras esperaba la reacción de la chica. Sintió que ella se sentía atraída y atemorizada a la vez y decidió no hacer nada en absoluto por ayudarla. No le importaba lo que sucediera porque se vio a sí mismo y a ella, como dos cuerpos ridículos sin motivaciones ni consecuencias.
"El último tango en París" (Novela adaptada del guion cinematográfico). Robert Alley (Estados Unidos).
20/04/2026
Recuerda la misma publicidad, una y otra vez. Una mujer hermosa, pero vestida de manera conservadora, les sirve la cena a sus tres hijos y al marido. Mira a cámara y dice: «Yo le doy a mi familia alimento especial, la carne de siempre, pero más rica». Todos sonríen y comen. El gobierno, su gobierno, decidió resignificar ese producto. A la carne de humano la apodaron «carne especial». Dejó de ser solo «carne» para pasar a ser «lomo especial», «costilla especial», «riñón especial».
Él no le dice carne especial. Él usa las palabras técnicas para referirse a eso que es un humano, pero nunca va a llegar a ser una persona, a eso que es siempre un producto. Se refiere al número de cabezas a procesar, al lote que espera en el patio de descarga, a la línea de sacrificio que debe respetar un ritmo constante y ordenado, a los excrementos que deben ser vendidos para abono, al área de tripería. Nadie puede llamarlos humanos porque sería darles entidad, los llaman producto, o carne, o alimento. Menos él, que quisiera no tener que llamarlos por ningún nombre.
"Cadáver exquisito" (Novela). Agustina Bazterrica (Argentina).
20/04/2026
El pleito convenció a Jim de que yo era su amigo. Un viernes hizo lo que nunca había hecho: me invitó a merendar en su casa. Qué pena no poder llevarlo a la mía. Subimos al tercer piso y abrió la puerta. Traigo llave porque a mi mamá no le gusta tener sirvienta. El departamento olía a perfume, estaba ordenado y muy limpio. Muebles flamantes de Sears Roebuck. Una foto de la señora por Semo, otra de Jim cuando cumplió un año (al fondo el Golden Gate), varias del Señor con el presidente en ceremonias, en inauguraciones, en el Tren Olivo, en el avión El Mexicano, en fotos de conjunto. "El Cachorro de la Revolución" y su equipo: los primeros universitarios que gobernaban el país. Técnicos, no políticos. Personalidades morales intachables, insistía la propaganda.
Nunca pensé que la madre de Jim fuera tan joven, tan elegante y sobre todo tan hermosa. No supe qué decirle. No puedo describir lo que sentí cuando ella me dio la mano. Me hubiera gustado quedarme allí mirándola. Pasen por favor al cuarto de Jim. Voy a terminar de prepararles la merienda. Jim me enseñó su colección de plumas atómicas (los bolígrafos apestaban, derramaban tinta viscosa; eran la novedad absoluta aquel año en que por última vez usábamos tintero, manguillo, secante), los juguetes que el Señor le compró en Estados Unidos: cañón que disparaba cohetes de salva, cazabombardero de propulsión a chorro, soldados con lanzallamas, tanques de cuerda, ametralladoras de plástico (apenas comenzaban los plásticos), tren eléctrico Lionel, radio portátil. No llevo nada de esto a la escuela porque nadie tiene juguetes así en México. No, claro, los niños de la Segunda Guerra Mundial no tuvimos juguetes. Todo fue producción militar. Hasta la Parker y la Esterbrook, leí en Selecciones, fabricaron en vez de plumas materiales de guerra. Pero no me importaban los juguetes. Oye ¿cómo dijiste que se llama tu mamá? Mariana. Le digo así, no le digo mamá. ¿Y tú? No, pues no, a la mía le hablo de usted; ella también les habla de usted a mis abuelitos. No te burles Jim, no te rías.
"Las Batallas en el desierto" (Novela) José Emilio Pacheco (México).
Imágenes tomadas de la adaptación cinematográfica de 1987.
19/04/2026
Había tomado el teléfono y había llamado al servicio de la habitación para pedir una botella de “Dom Pérignon”. Recordó como la había esperado caminando arriba y abajo en aquella habitación en la que había terminado todos sus libros desde 1974. Recordó haberle dado cincuenta dólares de propina al camarero y haberle preguntado por el parte meteorológico.
Recordó como el camarero aturdido, complacido y sonriente, le había explicado que la tormenta que se dirigía hacia ellos en esos momentos, se desviaría al sur, hacia nuevo México. Recordó la sensación helada de la botella, el discreto sonido del corcho al liberarse. Recordó el gusto seco, áspero y ácido de la primera copa y la búsqueda en su maleta del pasaje a Nueva York. Recordó que de repente, bajo el entusiasmo del momento, había decidido que sacaría su viejo “Camaro” del aparcamiento y, en vez de meterse en el avión, iría conduciendo al Oeste.
Qué demonios había en Nueva York de todos modos. La casa vacía, helada, inhóspita, tal vez hasta desvalijada. ¡Que se joda! Pensó bebiendo más champaña. ¡Vete al oeste, jovencito, al oeste! La idea era tan loca que tenía sentido. Sólo se llevó una muda de ropa y su manuscrito de Automóviles veloces y se lanzó a la carretera hacia Las Vegas o Reno o tal vez hasta la ciudad de Los Ángeles. La idea le había parecido un poco tonta al principio, un viaje que podía haber emprendido el joven de veinticuatro años que era cuando vendió su primera novela, no para él que ahora tenía cuarentaidós.
"Misery" (Novela). Stephen King (Estados Unidos).
Imágenes tomadas de la adaptación cinematográfica de 1990.
18/04/2026
El principito atravesó el desierto en el que sólo encontró una flor de tres pétalos, simple e insignificante.
¡Buenos días! –saludo el principito.
–¡Buenos días! –contestó la flor.
–¿Dónde están los hombres? –preguntó cortésmente el principito. La flor que algún día, vio pasar una caravana, dijo:
–¿Los hombres? Me parece que no existen más que seis o siete. Los vi hace ya años y nunca se sabe dónde encontrarlos. Como no tienen raíces, el viento los pasea de un lado a otro. Debe ser molesto.
–Adiós entonces –dijo el principito.
–Adiós –dijo la flor.
"El principito" (Novela). Antoine De Saint - Exupery.