11/07/2024
El Vuelo de la Macloviana
9 DE ESPADAS
Muscisaxicola maclovianus, también denominada dormilona tontita (en Argentina y Chile), dormilona cara negra (en Uruguay), dormilona de cara oscura (en Perú) o dormilona carinegruzca,4 es una especie de ave paseriforme de la familia Tyrannidae perteneciente al numeroso género Muscisaxicola. Nidifica en el sur de América del Sur (Patagonia y las islas Malvinas); migran al norte en los inviernos australes.
Esta es la definición de un ave que jamás en la vida vi antes, y que hoy emprende el vuelo como representante de esta serie de escritos que uso para poder expiar tantas culpas y como pretexto para poner en uso una de mis herramientas favoritas que es la letra. La lengua. El Palo de Aire. Que es donde vuela esta ave. La lengua. La mente. La imaginación.
Y eso fue lo que la mató. Su mente. Su imaginación.
Descubrir que un ave se llama como pensaba ponerle a este escrito que realmente trata de un ave que regresó a casa para encontrarse con su destino, lejos de ser impactante es casi reconfortante. Todo se justifica en la red de las paabras.}}El ser humano las inventó -descubrió- quizás, para poder escapar de ellas. La reverberación de la condición humana. Algo de lo que carecen los animales y las plantas. Las piedras. Las montañas. El pesado yugo del verbo. La horrenda piedra de Indiana Jones que persigue la cabeza a tal velocidad que finalmente la alcanza. Y ella la alcanzó. Y la aplastó.
Y así comienza esta saga donde expiaré todas las culpas que me causa haberla dejado morir sin meter las manos, por petición suya.
"Déjame morir".
Y una respeta.
Alguien me dijo que mi ego es demasiado grande, lo suficiente para pensar que pude haber hecho algo al respecto.
Nada.
Cuando te toca te toca, lo dice el dicho y todo dicho es una verdad. Por eso es dicho, y dicho está y es porque más de uno lo vivió y se acordó de advertir sobre el hecho y el entredicho, ya que nadie aprende en cabeza ajena porque ni siquiera aprende en esta.
Una y otra vez emprende una el vuelo en busca del gusano que se arrastra en el subsuelo, que es sucio, mugroso, y que quita el apetito, suculento.
Somos víctimas del vicio de nuestro propio pensamiento.
Esta carta, el 9 de Espadas, es la más básica de todo el Tarot. Que estuviera presente entre las 78 cartas que lo componen es un designio. Casi un obligación.
La culpa es quizá la emoción aprendida más inherente al ser humano. Es nuestra emoción favorita. Es una necesidad.}}Se construye a través de la madre. Porque ser madre es sentirse culpable todo el tiempo.
Desde probablemente el hecho de ceder su poder y su libertad al macho que la convirtió en hembra, de verse como una baja arrastrada, animal de usanza, cuerpo para copular, surco de siembra, anatomía para la procreación básica, hasta la decisión cotidiana del día a día, entre quién sabe si le estoy dando de comer bien a esta criatura hasta el haber soltado una nalgada para educar y sentir que fue un acto de violencia, una sobrerreacción, una pérdida de control, una falta de consciencia.
Culpa es lo que mamamos de la teta.
Revisarla a ella es revisar la culpa. La mía y la de ella. La mío por quedarme al margen. La suya, por lo mismo. Siempre respetó mi naturaleza.
¿Qué tanto se pierde un ser amado por respetar su libre albedrío? ¿Qué tanto el respeto deja de ser respeto y comienza a ser negligencia, indiferencia, vacío? ¿Qué tanto permitir que las cosas sucedan es dejar que el ser humano que tienes enfrente viva su experiencia como la diseñó y le pase lo que le tenga que pasar porque es lo que su alma necesita.
Y ella necesitaba morir y yo experimentar lo que se siente dejar que alguien muera delante de ti porque es lo que quiere, le toca y necesita.
El ave que cruza 10,000 kilómetros de océano para morir en casa.
Nada qué hacer, excepto tomarla en tus manos y dejar que estire las patas.
El 9 de Espadas es sobre la culpa. Ahora que buscaba imágenes me impactó ver que casi todas tienen una protagonista mujer. Será que la culpa es una experiencia humana de naturaleza femenina. Quizá el hombre tiene más herramientas para descartar cualquier acción como algo de lo que uno debiera de arrepentirse. O quizá porque la mente sea un reino más femenino que masculino y lo digo porque el hombre se mueve mucho más por instinto. La que piensa demasiado es la mujer.
A ella la mató la culpa. La mente. La revisión reciclada y obsesiva de todo lo que había hecho mal. De todo lo que había perdido, de todo lo que tuvo y dejó de tener, de todos los lugares que pisó y fue feliz y que ahora que volvía a pisar le devolvían solamente baldosas, tierra y un dejo permanente de algo que jamás va a volver. La culpa de haberse ido, la culpa de haber regresado, la culpa de haber sentido tanto por una sola persona y haberse coartado tanto de sentir por ella, por ellos y por mí.
La culpa de haberme tenido ahí siempre y haber desperdiciado tantos días, tantos besos, tantos abrazos por estar sumergida en una celda hecha de autorrecriminaciones y acciones que jamás podría deshacer.
Y la vi morir aplastada por sus propios pensamientos, y la lección fue esa, darme cuenta del poder increíble que tiene la mente y que ni la pandemia más grande supera el poder de la autosugestión.
Ella se vendió a sí misma la idea de que era el final y así sucedió.
El mundo acaba cuando uno acaba. Ese es el fin. La mente es la que marca la pauta y en el momento en que cesa su actividad también cesa la realidad, y cuando cesa la realidad cesa el mundo, que está hecho de mente y realidad. La realidad personal, que nos vamos creando como la tensión del agua en la ola, justo a tiempo para que pueda deslizarse sobre ella la tabla de surf.
¿En qué estás surfeando, maifrent?
Ella decidió su muerte, me queda claro. Me la anunció y la vi venir. La observamos como un toro que venía furioso a encontrarnos, excepto que ella tenía puesto el traje de luces y sostenía el capoe y yo solamente era un accesorio en el campo. Polvo, barrera, espectador. Algo. Y ella, lujosa y excelente, impecable, portentosa y sobresaliente, capoteó como la más entregada y dejó que la bestia encontrara sus entrañas. Y la bestia fue impecable también.
Me duele la culpa. A quién no. Y eso es parte de su gracia, nos gusta que nos duela como nos gusta que nos duela y así vamos eligiendo nuestras experiencias, cargas, relaciones, parejas.
Quien más te hace doler es quien más amas.
Amén
Dejo iniciado entonces este camino, esta revisión que me va a doler. Y por eso es que lo hago, par extirpar el dolor, para poder dejarlo crecer, salir y ceder. Para que enseñe algo, para compartir, para entregarlo convertido en tierra fértil después de años de compostarse en el miedo, la oscuridad y la culpa.
Qué belleza cómo funciona esta fabulosa emoción que todo el mundo condena y en el fondo sabemos que es lo que mueve nuestro ser. Porque si pudieras dejar de sentir culpa quizá la vida perdería el sazón que tanto te gusta. A ver, inténtalo, solamente tienes que aceptar que aquello que te mantiene en vela en la noche es algo que tenía que ser así y que diste lo mejor de ti y que el resultado nada tiene qué ver contigo. Que así tenía que ser.
Pero no (dos palabras que rara vez uso en redacción y menos juntas). Te gusta sentir culpa. Y a mí también.
A veces lo supero y dejo de sentirla respecto a ella. Y otras me pongo los audífonos y alguna canción que la haga más grande y dejo que fluya y me rompa el corazón y me entrego a sentir.
Algo que ella hizo todos los días, con total entrega, intensidad y soltura.
Y que la reventó y le ayudó a partir.
Sí es posible morir de amor.
Y el amor mata a la culpa.