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06/04/2026

La guerra imperialista contra Irán
Por Abel Pérez Zamorano

Desde diciembre pasado, Washington pretendió derrocar al régimen iraní mediante una revolución de colores, con protestas callejeras coordinadas a través de las redes sociales de Elon Musk. Estados Unidos (EE. UU.) desestabilizó la economía iraní, específicamente la moneda y el sector bancario. “… fue una operación estadounidense de cambio de régimen”, dijo Jeffrey Sachs. La intentona falló, y ahora el imperio ataca de nuevo al unísono con Israel, ya sin máscara.

Pero el conflicto tiene más historia. En 2010, Fidel Castro advirtió sobre el peligro nuclear en las agresiones sionistas a Irán. En sus “Conversaciones con Michel Chossudovsky”, con premoniciones de asombrosa actualidad después de transcurridos 16 años. Dice Fidel: “… en Irán, la guerra convencional la perdería EE. UU. y la nuclear no es alternativa para nadie. Por otro lado, la guerra nuclear se convertiría inevitablemente en una guerra nuclear global (…) Las amenazas contra Irán se vuelven inminentes para mí, con la Resolución 1929 del nueve de junio 2010, en que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas condena a Irán por las investigaciones que lleva y la producción de pequeñas cantidades de uranio enriquecido al 20 por ciento, acusándola de constituir una amenaza para el mundo” (CADTM, cuatro de diciembre de 2010). El mismo discurso manido de hoy.

Contradictoriamente, Trump arguye que ataca a Irán pretextando que está enriqueciendo uranio para producir armas nucleares; lo hace realmente para preservar el monopolio regional de Israel. En otra aberración, en junio pasado declaró exultante que había destruido todo el material nuclear iraní, ¡un exitazo!, ¿y cómo es que ahora va a destruirlo? Además, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) certifica que Irán no está enriqueciendo uranio para producir armas nucleares. Pero Washington aduce que “casi anda cerca de desarrollarlas”. En otra descarada incongruencia, Trump abandonó unilateralmente el tratado de no proliferación de armas nucleares que data de 1972 y que expiró en febrero, el START III. Ya no hay control institucionalizado. Dicho sea de paso, en el mundo no debería existir una sola bomba nuclear.

No obstante su poderío militar, EE. UU. encontrará en Irán una irreductible resistencia y no podrá sostener exitosamente una guerra prolongada. En principio, Irán no está solo en la región. Los hutíes de Yemen se suman al ataque contra Israel y a proteger el acceso al estrecho de Ormuz. También le apoyan destacadamente la Resistencia Islámica de Irak (otro país de mayoría chiita) y el Hezbolá en Líbano. El as*****to del Ayatola Jamenei, jefe máximo de la religión chiita, cohesiona la sociedad iraní en torno a su gobierno y, en general, a millones de creyentes en el mundo árabe. El apoyo es multitudinario y se ve en las calles de Irán y de otros países. En cambio, Trump tiene a la opinión pública estadounidense en contra: 27 por ciento aprueba la acción contra Irán y 59 por ciento la rechaza.

Además, los países vasallos locales de EE. UU. no lucen fuertes. “Los países del Golfo Pérsico podrían quedarse sin defensas antiaéreas en una semana”, refieren expertos. “La intensidad en el uso de interceptores observada podría provocar escasez en apenas unos días si la ofensiva iraní mantiene su ritmo actual, señaló a The Telegraph el experto en misiles, Fabian Hoffmann” (Sputnik, cuatro de marzo).

EE. UU. está pagando un costo económico y social altísimo, insostenible a largo plazo. Refiere en Sputnik el orientalista e iranista Kariné Guevorguián que en el ataque a Irán los gastos iniciales, según estimaciones preliminares, suman mil millones de dólares.

No tiene capacidad de producir tantas armas después de haber entregado buena parte a Ucrania. “Trump pediría a contratistas militares el aumento de la producción de armas tras los ataques contra Irán (…) detallan los medios británicos (esto) ‘pone de relieve la urgente necesidad’ de Washington de reponer sus arsenales” (Sputnik, cuatro de marzo). La economía estadounidense está quebrantada y no da para sostener una guerra prolongada. Además, los tiempos apremian: en noviembre próximo habrá elecciones al Congreso, a las que Trump llegaría entrampado en una guerra.

Irán tiene con qué resistir. La suya es una economía potente, con cerca de cien millones de habitantes, una milenaria historia cultural y un fuerte soporte científico y tecnológico propio. Posee las segundas mayores reservas de gas natural y es tercer productor de petróleo en la OPEP. Por su geografía, tiene la ventaja geopolítica de controlar el estrecho de Ormuz, entrada al Golfo Pérsico, que está rodeado por los países petroleros árabes, y por donde cruza el 25 por ciento del petróleo mundial (20 millones de barriles diarios) y 30 por ciento del gas licuado. Como acción estratégica, Irán cerró ya el estrecho. Al momento de escribir esta colaboración, los medios reportan tres mil 200 buques atrapados, cuatro por ciento de la flota mundial (RT). Como consecuencia, se han disparado los precios del gas y el petróleo, lo que detonará una crisis económica y una fuerte inflación global; particularmente afectada se verá China, que recibe de Irán el 13 por ciento de sus importaciones petroleras; este último le envía entre 80 y 90 por ciento de sus exportaciones.

No sería aventurado pensar que, si el agresor no se retira a tiempo, esto podrá convertirse en otro Irak, en otro Afganistán, Vietnam o Libia, países de donde salió desgastado después de largos conflictos a los que supo entrar, pero no cómo salir; la guerra de Afganistán duró 20 años, la de Irak, 15. Con ellas perdió las elecciones George Bush. La actual, de prolongarse, socavará el poder de Trump, cuya bandera electoral ha sido el “pacifismo”. Por otra parte, altos mandos del Pentágono cuestionan la viabilidad de esta acción militar y varios congresistas niegan su legalidad. Representan fuerzas de la clase capitalista que buscan proteger sus intereses. Y no olvidemos: Hi**er también soñó con una Blitzkrieg (guerra relámpago) en la URSS. Pensó que en cosa de seis semanas sus soldados regresarían felices a casa... pero el sueño se volvió pesadilla.

Mas, ¿qué busca el imperialismo en Irán? En lo inmediato, consolidar el poder regional de Israel; además, controlar el gas y el petróleo de Irán, y también recuperar el poder del debilitado petrodólar, que ha perdido la exclusividad en el mercado mundial; por ejemplo, Irán vende a China en yuanes, sin usar el dólar, moneda ésta que por sí sola no puede sostenerse y requiere urgente apuntalamiento militar, igual que cuando recién se creó el petrodólar a inicios de los años setenta. Pero el objetivo es de más largo alcance y va más allá de los recursos naturales. Pretende el cambio de régimen en Irán, promoviendo a sectores proimperialistas, como los que representa el hijo del ex Sha.

Atacando Irán, EE. UU. procura golpear a China y a Rusia, en general a los BRICS. Busca limitar el acceso de China al petróleo y bloquear la Nueva Ruta de la Seda, que conecta comercialmente al gigante asiático con Europa. Respecto a Rusia, intenta bloquear la iniciativa del “Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur”, que conectará San Petersburgo con Mumbai (India), cruzando por el mar Caspio e Irán, y reduciendo el tiempo de transporte en 75 por ciento. Esa vía opera ya parcialmente, faltando aún el tramo ferroviario Rasht-Astara. El ataque pretende, pues, bloquear la integración económica de los BRICS cortándola por la mitad. Si Irán fuera derrotado, sería un durísimo golpe a Rusia y a China.

En una palabra, la embestida se propone cercar y debilitar a China y a Rusia, y, finalmente, derrocar a sus gobiernos, que constituyen el gran obstáculo para la hegemonía mundial de EE. UU. En Irán está en juego la estabilidad y el desarrollo de todos los BRICS, bloque que representa una esperanza de cambio para la humanidad frente al imperio militarista y saqueador.

Finalmente, ¿quién sigue? Después de Venezuela, vino Irán. Los mexicanos no debemos contemplar con indiferencia este nuevo ataque. México también corre peligro. Trump ya ha advertido que piensa introducir tropas aquí… y tiene preparado su pretexto. Más aún, la humanidad entera debe elevar la voz y condenar el ataque a Irán, por inhumano e injustificado, y también porque esta guerra tiende a regionalizarse y puede adquirir carácter mundial. Y en ello podrían desatarse las fuerzas nucleares, con consecuencias catastróficas. Como dijo José Martí: ver en silencio un crimen es cometerlo.

desde Buzos de la Noticia https://tinyurl.com/23ywrex3

23/03/2026

SOBRE LA AMENAZA DE INTERVENCIÓN MILITAR ESTADOUNIDENSE EN MÉXICO
Abel Pérez Zamorano

NBC News en su edición de este 3 de noviembre publicó que Donald Trump planea intervenir militarmente en México para “combatir el narcotráfico”, advirtiendo que aunque ello no es inminente, sí se realizan ya preparativos; y aunque la presidenta Sheinbaum desestimó el peligro y descartó esa posibilidad (a saber por qué), la noticia no es para ignorarse. EuroNews ofreció detalles. “La Administración del presidente Trump ha iniciado la planificación de una operación militar encubierta en territorio mexicano para atacar directamente a los cárteles del narcotráfico, reveló 'NBC News' […] que cita a dos funcionarios estadounidenses en activo […] el plan contempla el despliegue de tropas y agentes de inteligencia estadounidenses en México, lo que representaría una ruptura drástica con la política tradicional de cooperación discreta […] Las primeras fases de entrenamiento ya habrían comenzado, aunque una decisión final sobre la operación aún no ha sido tomada […] También participarían agentes de la CIA […] los ataques con drones requerirían la presencia de operadores estadounidenses en suelo mexicano”.

Añade EuroNews: “[aunque] la Administración estadounidense preferiría actuar en coordinación con el Gobierno mexicano, no se descarta la opción de operar sin autorización de México” (EuroNews, 3 de noviembre de 2025). Pero el combate a la delincuencia no puede ser obra de ningún gobierno extranjero, ni mucho menos servir como justificación de una intervención militar: esa responsabilidad corresponde exclusivamente al Estado mexicano. Los mexicanos deben resolver sus propios problemas, y Estados Unidos los suyos, precisamente lo que no hace.
Seguramente para muchos escépticos podría ser solo un exabrupto de Trump amenazar con intervenir militarmente, pero ya está visto que cuando ha anunciado operaciones similares en otras partes, las cumple; y ahí está el cerco naval sobre Venezuela y el bombardeo de embarcaciones en el Caribe y el Pacífico.

Pero más allá de opiniones, la realidad presente y la historia nos alertan de que el peligro es real. En el pasado, Estados Unidos ha invadido militarmente nuestro territorio varias veces. En 1844 desplegó fuerzas armadas en Texas, para “proteger” aquel territorio, perteneciente entonces al estado de Coahuila, pero que EE. UU. había venido “colonizando” con ciudadanos norteamericanos y que luego reclamaría como suyo y tomaría en 1845. Pero el apetito imperialista no estaba satisfecho. Invadió México en 1846 y desató una guerra que duró hasta 1848. Entre agosto y septiembre de 1847 las tropas invasoras entraron a la capital mexicana por Lomas de Padierna, Churubusco y Chapultepec.

El conflicto se saldó con la pérdida del 52% del territorio mexicano: alrededor de 2.3 millones de kilómetros cuadrados. El robo fue “legitimado” con un “tratado”, el de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848, en el cual México “cedía” los territorios que actualmente comprenden los estados de California, Texas (separada poco antes), Arizona, Nevada, Nuevo México, Utah y partes importantes de Colorado y Wyoming. Sus inmensas riquezas naturales serían luego fundamentales en la consolidación del imperio; por ejemplo, con la “fiebre del oro” en California, entre 1848 y 1855.

En febrero de 1913, en la “Decena trágica”, el gobierno norteamericano orquestó el derrocamiento y as*****to del presidente Madero. Entre el 21 de abril y el 23 de noviembre de 1914 los marines ocuparon el puerto de Veracruz. Entre 1916 y 1917, volvieron a invadirnos, con la “Expedición Punitiva”, dirigida por el general John J. Pershing, que persiguió al general Francisco Villa en el territorio chihuahuense; como dice el corrido, “buscando a Villa queriéndolo matar”, inicialmente con 5 mil soldados; al final con diez mil. Ningún mexicano debe ignorar ni olvidar estos hechos que han dejado profundas heridas en la historia nacional. Con base en todos estos antecedentes históricos, no es una exageración alertar de una posible intervención militar, y sí sería un error tomar a la ligera la amenaza, aunque, cierto, no fuera inminente.

Los estrategas estadounidenses pretenden justificar su política invasora en lo que llaman “El Destino Manifiesto”, concepto formulado en 1845 por el periodista John O´Sullivan, en apoyo a la incorporación de Texas. Dijo: “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente, asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno” (O'Sullivan). Y agrega: “esta demanda está basada en el derecho de nuestro destino manifiesto a poseer todo el continente que nos ha dado la Providencia…” (Pablo Jofre, El Destino Manifiesto como mito, Rebelión). Atribuye un carácter religioso a la política de conquista y anexión, considerándola como una misión sagrada. Así esta doctrina se hermana con el sionismo.

El presidente Woodrow Wilson (1913-1921) dijo: “Fue como si en la Providencia de Dios un continente se hubiese mantenido virgen aguardando a un pueblo pacífico que amara la libertad y los derechos del hombre más que ninguna otra cosa, para que llegara a establecer una comunidad de auténtico desinterés” (Citado por H. Kissinger en La Diplomacia, FCE). Obsérvese bien: ¡un pueblo pacífico que amara la libertad y los derechos del hombre!

El expresidente Theodore Roosevelt en el mensaje anual a la nación en 1904 expresó: “La injusticia crónica o la importancia que resulta de un relajamiento general de las reglas de una sociedad civilizada, pueden exigir que, en consecuencia, en América o fuera de ella, la intervención de una nación civilizada y, en el hemisferio occidental, la adhesión de los Estados Unidos a la llamada Doctrina Monroe puede obligar a los Estados Unidos […] en casos flagrantes de injusticia o de impotencia, a ejercer un poder de policía internacional” (citado por Pablo Jofre, Rebelión). El imperio se erige así en juez y gendarme del mundo, y supremo defensor de “la libertad”, misma que define a su conveniencia.

Esta ideología ha guiado la política estadounidense desde que se constituyó como nación a partir de 1776. Y a partir de que México se liberó de España en 1821, la relación nunca ha sido la de dos países vecinos viviendo en buena paz y armonía, colaborando en un plano de igualdad en beneficio mutuo, sino de una permanente hostilidad del país del norte contra México, más atrasado económicamente, pobre y débil, una nación en ciernes, de la cual el gigante del norte buscaba, y busca, extraer la máxima riqueza, saqueándola hasta el agotamiento de su pueblo y sus recursos.

Pero el móvil de las invasiones no es fundamentalmente ideológico, religioso o moral, aunque adopte esa forma como envoltura: es esencialmente económico. EE. UU. representa al imperialismo en su forma más acabada, mismo que, ante su formidable desarrollo tecnológico y, por tanto, de su capacidad productiva a escalas inusitadas, su mercado nacional le resulta insuficiente, incapaz de absorber la ingente (y creciente) masa de mercancías producidas. Basta imaginar que la capacidad productiva de Coca-Cola, Boeing o Ford se constriñera estrictamente a lo que pudieran vender dentro de Estados Unidos, siendo que su capacidad productiva les permite cubrir el mundo entero; pues bien, para ello necesitan expandirse a nuevos mercados, por la fuerza, de ser el caso. Y así vienen haciendo, con la diligente colaboración del Estado a su servicio.

Hoy se agrega un factor catalizador. Estados Unidos pierde influencia aceleradamente en el mundo. Solo algunos ejemplos. No tiene acceso a varios mercados importantes; China le está desplazando en África, de la que desde hace 15 años es su primer socio comercial, y donde está a la par de EE. UU. como fuente de inversión extranjera. Su política de someter a Rusia y a China con sanciones, y recientemente con altos aranceles, ha resultado un fiasco: Rusia es económicamente cada día más fuerte, y China resistió el castigo y ha doblegado al gigante norteamericano, como se vio en las recientes negociaciones de Trump con Xi Jinping. Asimismo, junto con la Unión Europea, Estados Unidos sufre una desastrosa derrota en Ucrania, y está siendo expulsado de la región africana del Sahel por los movimientos de descolonización. Ello conduce al imperio a aferrarse con más violencia que nunca a su dominio sobre países cercanos, tradicionalmente bajo su férula. Y en este contexto estamos. Por todo ello, la posibilidad de que, aunque sea en secreto, como advierte el propio Trump, y después abiertamente, sí cabe dentro de la lógica de las posibilidades, y no debe desdeñarse, que Estados Unidos amplíe sus operaciones militares en México. La soberanía nacional peligra, y la indiferencia no es aconsejable.

desdeBuzos de la Noticia https://tinyurl.com/3h9c7n55

02/03/2026

Deporte para formar un hombre nuevo: la espartaqueada nacional
Por Abel Pérez Zamorano

Promover la práctica masiva del deporte es una necesidad imperiosa para elevar el bienestar social. Debe formar parte de una política de Estado enérgicamente impulsada. La necesidad es evidente y exige atención. Según encuestas del sector salud, la sociedad padece graves males que podrían evitarse o al menos atenuarse mediante la práctica regular del deporte. Por ejemplo, México ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil y el segundo en adultos, un padecimiento de magnitudes aterradoras que, ciertamente, obedece a varios factores, como los hábitos alimenticios. La depresión y el suicidio entre los jóvenes se han incrementado en los últimos tiempos. En cuanto al suicidio, la tasa “entre jóvenes de 15 a 19 años aumentó en 114 por ciento entre 2017 y 2022” (UNAM, Inegi).

Asimismo, “se estima que alrededor del 12 por ciento de los mexicanos entre 10 y 19 años se encuentran afectados por uno o más problemas de salud mental” (UNICEF, UNAM, septiembre 2025). E igualmente, se ha incrementado el consumo de alcohol y de dr**as en los adolescentes, así como la participación en actividades delictivas, pandillerismo, etc. Aunque sabemos que ello obedece también a otros factores como el económico y la educación, es claro que, como prevención, el deporte regularmente practicado y científicamente conducido puede jugar un importante papel. Necesitamos crear un hombre nuevo, libre de todas esas lacras, esforzado, sano de mente y de cuerpo, disciplinado, tenaz, entusiasta, capaz de pertenecer a un colectivo y actuar en armonía con él. Con seres humanos así podremos construir una sociedad nueva. Y el deporte presta una valiosa contribución cuando se le orienta con sentido humanista.

Lamentablemente se encuentra en el abandono por parte del gobierno. Se le dedican pocos recursos, y para colmo mal aplicados. A resultas de ello, y sólo a título de ejemplo, hasta 2024, Cuba había obtenido un acumulado histórico de 240 medallas olímpicas, tres veces más que México (con 77). En la Olimpiada 2024 de París, Cuba ocupó el lugar 32 del medallero; México, el 65. En Tokio 2020 ocupamos el lugar 84; Cuba el 14, con el mejor desempeño en toda América Latina. Y considérese que México tiene una población 13 veces mayor y un Producto Interno Bruto de los más altos del mundo. Las cifras son elocuentes. Además, abundan historias de quejas de medallistas olímpicos mexicanos que se preparan con su propio esfuerzo y costean en lo fundamental sus gastos.

Pero sin tantas estadísticas, cualquiera puede ver en pueblos, colonias populares y escuelas en qué lamentables condiciones materiales practican deporte nuestros jóvenes; el grave deterioro de canchas e instalaciones, la carencia del equipo indispensable y de instructores necesarios para dar un carácter científico a la formación deportiva. El deporte está elitizado. Sólo las clases medias y altas disponen de instalaciones apropiadas. Para el pueblo queda el llano pedregoso.

Asimismo, esta actividad se ha convertido, como todo en el capitalismo, en mercancía: el capital se ha adueñado del deporte. En su organización se impone el criterio económico: la máxima ganancia empresarial, como vemos destacadamente en las sumas multimillonarias que ganan los dueños de clubes de futbol o beisbol. Los deportistas mismos son ejemplo viviente del lucro con el deporte: la realización del deportista consiste en pasar de amateur a profesional. Como ejemplo, entre los mejor pagados del mundo, Cristiano Ronaldo obtuvo en 2025 ingresos por 260 millones de dólares; el Canelo Álvarez, 137 millones (Fuente: Infobae, Sportico). El beisbolista japonés Shohei Ohtani es considerado el jugador mejor pagado de la historia: firmó contrato por 700 millones de dólares para jugar diez temporadas. Las sumas que perciben son, en el capitalismo, el verdadero indicador del “éxito” deportivo. Y ganan mucho porque ellos hacen ganar muchas veces más a los empresarios. Ésta es la realidad del deporte. Ha perdido su calidad de actividad humana popular.

Así, al pueblo se le ha despojado de la práctica del deporte; al privarle de los recursos necesarios, se le impide jugar el papel activo y creador, convirtiéndolo en espectador pasivo y consumidor, comprador del deporte “profesional”, y para colmo, muchas veces fanatizado. Las apuestas son un mecanismo por excelencia de penetración del capital, como ocurre con los casinos. También forman parte de toda esa parafernalia la industria de ropa deportiva, de calzado y equipo, así como los patrocinios, regalías, publicidad y muchos más; por ejemplo, con apuestas arregladas y otras mil manipulaciones. Incluso han convertido a muchos deportistas virtualmente en máquinas, elevando artificialmente su rendimiento mediante sustancias químicas nocivas, que muchas veces ponen en riesgo su vida. No es extraño ver caer mu***os a deportistas en plena competencia.

Sobre la toma de control del deporte por el gran capital, vale recordar aquí lo escrito en 1902 por el economista británico John A. Hobson en su obra Imperialismo: un estudio, donde muestra cómo el fenómeno ya se manifestaba, aunque ciertamente hoy ha alcanzado proporciones vertiginosas. Dice el autor: “Aunque los deportes siguen teniendo mucho atractivo (…) hay síntomas claros de que se va perdiendo interés en participar en ellos, en beneficio de las emociones pasivas del espectador. El grado en que los profesionales están sustituyendo a los meros aficionados puede darnos una idea de la medida en que ha degenerado el deporte, como también nos lo indica la afición, cada vez mayor, que hay a las apuestas, la peor variante de la emoción deportiva, puesto que hace perder todas las simpatías desinteresadas por los méritos de la competición para concentrarlas en el factor irracional de la suerte, aliado a la codicia y a la astucia. El equivalente a esta degradación del interés por el deporte es el patrioterismo en relación con la guerra (…) sin elemento alguno de esfuerzo personal, riesgo o sacrificio…” (pág. 231). Así, el deporte se ha desvirtuado, y lo que aquí se relata conserva hoy plena vigencia. En otros términos, arrebataron al pueblo el deporte para hacer de éste una mercancía.

En esta tesitura, se impone la imperiosa necesidad de recuperarlo, de cultivar la práctica de esta noble actividad con un criterio verdaderamente humanista. Al respecto, el Movimiento Antorchista Nacional no contempla pasivamente el problema ni se limita a denunciar. Actúa en consecuencia. Promueve el deporte cotidianamente en escuelas, pueblos y colonias, y desde hace 44 años viene realizando una magna jornada deportiva cada dos años con sede en Tecomatlán, Puebla: la Espartaqueada Deportiva Nacional, que congrega deportistas de las 32 entidades federativas en disciplinas como atletismo, baloncesto, ciclismo, volibol, natación, futbol, beisbol, en diferentes categorías según la edad, y en las ramas varonil y femenil. Vale aclarar que este extraordinario trabajo se realiza con el esfuerzo de los propios deportistas, prácticamente sin apoyo gubernamental, que bien merecerían por tratarse de una actividad de genuino interés social.

La edición 2026 de la Espartaqueada se realizará a partir del siete de marzo, fecha del desfile y del evento inaugural, y durará hasta el día 15. En todo el proceso de eliminatorias, hasta las competencias finales, participan alrededor de 30 mil deportistas. La Espartaqueada deportiva se alterna cada dos años con la Cultural. Ambas representan una muestra del esfuerzo sostenido del antorchismo en pro de la superación de la sociedad mexicana; son sólo una parte, pero muy importante, de nuestra contribución al progreso.

Así pues, invitamos a todos los deportistas del país, a entrenadores y profesores de educación física, a los medios de comunicación y a todos los mexicanos en general al gran desfile inaugural el siete de marzo, y a presenciar durante toda la semana los partidos y competencias. Un alto nivel deportivo está garantizado.

desde Buzos de la Noticia

23/02/2026

Cuba, símbolo de resistencia y dignidad en América
PorAbel Pérez Zamorano

“Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana”: José Martí.

Hoy vivimos un episodio más de una larga historia de agresiones contra Cuba por saqueadores de todo pelaje. Para asfixiarla, recientemente Donald Trump decretó por sus puras pistolas, literalmente, reforzar el cerco económico (y militar en el Caribe) imponiendo aranceles a todo país que venda petróleo a La Isla. Esto forma parte de un historial negro de invasiones y ataques cuyo fin es apoderarse de La Isla, derrocar al gobierno y, principalmente, barrer el socialismo en este hemisferio que Washington considera su coto de caza.

La acción imperialista (Trump es sólo fachada) pretende doblegar a Cuba privándola de energéticos, buscando criminalmente provocar daños a la sociedad impidiendo servicios hospitalarios, transporte de personas, abasto de alimentos, el normal funcionamiento de las escuelas y un largo etcétera. Un crimen contra la población, por supuesto, en nombre de la democracia, pero cuyo propósito es generar inconformidad para crear una cuña política que permita al imperio derrocar al gobierno mediante una de sus ya conocidas revoluciones de colores.

Sólo para dimensionar los efectos del bloqueo, viejo y actual, específicamente en el sector petrolero: “El bloqueo ha afectado las importaciones para la industria petrolera cubana. El costo promedio de un contenedor de 20 pies desde China en 2024 fue de cinco mil 980 dólares, desde Europa dos mil 590 y desde Canadá tres mil 925. Desde Houston al Mariel, en condiciones normales, no rebasaría los 800 a mil. Por tanto, Cuba se hubiera ahorrado en 2024, un millón 14 mil 298 dólares por sustitución de fletes, si hubiera podido acceder a ese producto en Estados Unidos (EE. UU.) La persecución a las operaciones de traslado de combustible a Cuba, incluyendo a navieras, aseguradoras, reaseguradoras, bancos, personas y gobiernos, ha reducido la cartera de proveedores extranjeros; y los que se mantienen han incrementado los precios considerablemente, en función del Riesgo País. Al cierre de 2024, la falta de recursos materiales y financiamiento, derivada del impacto del bloqueo, provocó que la producción del crudo nacional disminuyera en unas 138 mil 28 toneladas. En este complejo escenario, el país logra producir diariamente un aproximado de 40 mil barriles, que sólo pueden cubrir la tercera parte del consumo nacional” (portal siempreconcuba.org).

En términos económicos, el bloqueo niega abiertamente los discursos académicos de libre empresa, libre comercio y competencia. Todo está siendo barrido por la fuerza bruta, por la competencia de las cañoneras. EE. UU. busca por la fuerza dominar los mercados con sanciones, aranceles y bloqueos, como los impuestos a Cuba, y también a Rusia, Irán, China y otros países independientes.

Pero como ya adelantábamos, el asedio no es nuevo. Una larga serie de luchas de resistencia al colonialismo –desde Hatuey– ha quedado grabada en la historia cubana. Los españoles iniciaron la conquista en 1511 y fueron expulsados hasta 1898. Durante ese tiempo explotaron al pueblo y sus recursos, y no sólo a los nativos, sino a más de 1.3 millones de esclavos traídos de África (Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba). Pero en cuanto se liberó de España, Cuba cayó en garras de Estados Unidos, involucrado en la guerra Hispano-Estadounidense en 1898, supuestamente para “apoyar la independencia de Cuba”, en realidad para apoderarse de ella.

Desde entonces le impuso manu militari un régimen colonial apenas disfrazado. Reconocida como país independiente en 1902, Cuba se convirtió de facto en colonia, bajo la llamada Enmienda Platt, un añadido a su constitución aprobado en 1901 ¡por el Congreso estadounidense! Principalmente el clausulado ordena que: “… el Gobierno de España renuncie a su autoridad y gobierno en la Isla de Cuba, y retire sus fuerzas terrestres, y marítimas (…) ordenando al Presidente de los Estados Unidos que haga uso de las fuerzas de tierra y mar para llevar a efecto estas resoluciones (…) (a futuro): El Gobierno de Cuba nunca celebrará con ningún Poder o Poderes extranjeros ningún tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la Independencia de Cuba (léase el control de EE. UU.). El Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos puedan ejercitar el derecho de intervenir (…). Todos los actos realizados por los Estados Unidos en Cuba, durante su ocupación militar, sean tenidos por válidos. (…) El Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los Estados Unidos las tierras necesarias para estaciones navales”. En este marco, en 1903 se estableció formalmente la base militar en la Bahía de Guantánamo. Así, Cuba se liberó de un poder extranjero y pasó a la tutela de otro. Desde 1901, Washington impuso gobernantes fantoches. El último fue Fulgencio Batista, cabeza de la más sangrienta dictadura.

Históricamente, Cuba y México han desarrollado profundos vínculos; son dos pueblos hermanos que comparten cultura y destino. No olvidar, por ejemplo que, en 1853, desterrado por el gobierno de Santa Anna y amenazada su vida y su causa, don Benito Juárez encontró refugio en Cuba. Dicho sea de paso, allí la hija de Juárez casó con el cubano Pedro Santacilia (quien después, en el destierro en Estados Unidos, cuidaría con gran esmero a la familia del prócer por encargo de éste). Tiempo después, en 1955, después de salir de la cárcel, Fidel Castro halló generoso amparo en México, para luego regresar a liberar a su patria. Cuando en 1962 Cuba fue expulsada de la OEA, México fue el único país que votó en contra; asimismo, Cuba enviaba, desde antes de este gobierno, a profesores que han enseñado a mexicanos marginados; también a médicos y a brillantes entrenadores que dan gloria al deporte mexicano. Quienes aplauden a rabiar el bloqueo pretenden olvidar la historia de mutua colaboración histórica entre ambos países.

Victoriosa ya la revolución de 1959, en abril de 1961, contrarrevolucionarios cubanos y mercenarios organizados por EE. UU. atacaron Playa Girón. El pueblo cubano los rechazó. Desde entonces, los estrategas estadounidenses aprendieron que tomar Cuba tendría un costo elevadísimo, si es que la tomaban. Así que recurrieron al cerco económico, al bloqueo, que hasta hoy perdura, y se recrudece. La Ley Helms-Burton de 1996, hipócritamente llamada “Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act”, impuso extraterritorialidad a las sanciones. Su título III establece: “la posibilidad de que cualquier ciudadano estadounidense que hubiera estado afectado por expropiación de activos tras la toma del poder por Fidel Castro, ejercite acciones frente a las personas físicas o jurídicas que “trafican” con tales bienes (…) Desde Clinton, todos los presidentes posteriores (suspendieron esa norma), hasta que Donald Trump, en abril de 2019, restableció su entrada en vigor” (Martí, 15 de enero de 2025). La Asamblea General de la ONU ha rechazado decenas de veces el bloqueo, pero de poco sirve, pues el organismo se ha convertido en un ente inocuo. Mientras tanto, EE. UU. golpea.

En el marco de la histórica relación de amistad, México venía vendiendo petróleo a Cuba, pero ante el amago arancelario dejó de hacerlo. Los aranceles afectarían a los empresarios mexicanos exportadores a Estados Unidos reduciendo las ventas y las utilidades. Con toda probabilidad, los empresarios, apoyados por el coro derechista, presionaron al gobierno de Sheinbaum para que suspendiera la venta. Primero están las ganancias que la solidaridad con un país asediado y débil. En fin, Cuba no está sola. Rusia y China han declarado su apoyo. Y no son sólo palabras: Rusia ya ha respaldado en momentos críticos, por ejemplo, cuando EE. UU. eliminó la cuota del azúcar cubano, en aquel entonces base de su economía. También, en muchos países se registran manifestaciones de rechazo a la agresión estadounidense.

Condenar el bloqueo es obligación moral de todos los hombres con dignidad, como dice el epígrafe de Martí. Cuba merece libertad; mucho ha luchado por ella y seguirá haciéndolo. Apoyar a Cuba es también apoyar al pueblo de México, pues sólo en el hipotético caso de que EE. UU. sometiera de una u otra forma a La Isla, lo cual no ocurrirá, el dominio imperial sobre México se fortalecería; y a la inversa, Cuba triunfante seguirá siendo inspiración, ejemplo de dignidad y valentía para la lucha del pueblo mexicano.

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