19/05/2026
Para crecer es necesario dejar atrás el victimismo...
A las víctimas no se les puede ayudar
Bert Hellinger lo dijo con la misma claridad y crudeza con la que decía todo lo que pensaba: "A las víctimas no se les puede ayudar." La primera vez que escuchamos eso, hay una especie de rebeldía, un amotinamiento de emociones y preguntas en nuestro interior: ¿Cómo que no se les puede ayudar; no es precisamente la víctima quien más ayuda necesita? ¿No es cruel decirle a alguien que sufrió, que el camino de la vida es hacia adelante?
Sin embargo, Hellinger no lo expresaba con relación a la persona que sufrió, o al dolor mismo, sino que estaba hablando de algo mucho más específico: la identidad de víctima, o de quien “se hace la víctima”, del lugar y papel desde el cual una persona decide —consciente o inconscientemente— relacionarse con su propia historia y con el mundo.
Hay una diferencia evidente entre alguien a quien le ocurrió algo terrible, y alguien que ha construido toda su vida alrededor de ese “algo” terrible, entre el dolor como experiencia y el dolor como identidad; entre lo que te pasó y lo que decidiste ser a partir de lo que te pasó. Diría la conocida frase: el dolor es inevitable...
Esa diferencia lo cambia todo, porque a la persona que sufrió sí se le puede acompañar, sostener, ayudar a sanar, pero a la identidad de víctima, no. Y no es porque no merezca ayuda, sino porque la identidad de víctima, por definición, rechaza esa ayuda, “necesita” rechazarla porque aceptar la ayuda significaría dejar de ser víctima. Y eso, para quien ha construido su casa en los terrenos y con los materiales del victimismo, es lo más amenazante que existe.
Bert Hellinger abordó el tema en diferentes oportunidades y con distintos matices y miradas, y probablemente a partir de sus propias reflexiones, experiencias y estudios, llegó a la conclusión de que la ayuda, para ser eficaz, debe ser humilde pero también cauta.
Lo seguiremos viendo…
(FJGZ)