19/02/2026
CAMOVA TRANSEUNTE, COMPARTIENDO
La Montaña de Sorte, ubicada en el estado Yaracuy, Venezuela, es el centro espiritual y religioso del culto a María Lionza, una deidad femenina que representa un sincretismo de creencias indígenas, africanas y católicas. Este lugar, declarado Monumento Natural Cerro María Lionza en 1960 por el gobierno de Rómulo Betancourt, se ha convertido en un santuario sagrado donde miles de personas realizan peregrinaciones, especialmente el 12 de octubre, fecha de máxima importancia en el calendario del culto.
El culto a María Lionza, conocido como marialioncero, combina elementos de espiritismo, ritualismo y tradiciones ancestrales. Los seguidores, a menudo llamados "brujos" o "espiritistas" por los foráneos, practican rituales que incluyen posesiones espirituales, danzas sobre fuego, atravesarse la piel con agujas, purificaciones con aguas, ofrendas de aguardiente, tabaco y flores, y ceremonias en altares al aire libre. Estas prácticas, aunque vistas por algunos como brujería, son consideradas por los creyentes como formas de sanación, guía y conexión con los espíritus.
En un hito histórico, el 12 de octubre de 2025, el Ministerio de Cultura de Venezuela, bajo el liderazgo de Ernesto Villegas, declaró oficialmente el culto a María Lionza como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, reconociendo su valor simbólico, espiritual y cultural para el país. Esta decisión busca proteger y preservar sus rituales, danzas y tradiciones, consolidando el lugar como un símbolo de identidad nacional.
¿Cómo se originó el culto a María Lionza en Yaracuy?
El culto a María Lionza en Yaracuy se originó a partir de una fusión de creencias indígenas, africanas y católicas, con raíces profundas en la figura de Yara, una diosa indígena de la naturaleza y el amor venerada por los pueblos que habitaban la región antes de la llegada de los españoles. Según la tradición oral, Yara era una princesa de ojos verdes que fue raptada por una gigantesca anaconda, dueña de los ríos y lagunas. Tras ser salvada por los espíritus de la montaña, que mataron a la serpiente, fue nombrada dueña de las aguas, protectora de la naturaleza y reina del amor.
Durante la colonización, el mito de Yara se fusionó con elementos del catolicismo y pasó a ser conocida como Nuestra Señora María de la Onza del Prado de Talavera de Nívar, nombre que con el tiempo se abrevió a María Lionza. Aunque el culto se mantuvo en la región de Yaracuy durante siglos, no fue hasta principios del siglo XX, especialmente en la década de 1920, que comenzó a consolidarse como una religión espiritista organizada en las sierras de la Montaña de Sorte, en Chivacoa.
El auge del culto se debió a la devoción campesina y afrovenezolana, que combinaba rituales de sanación, posesiones espirituales y ofrendas. Con la migración rural-urbana en el siglo XX, el culto se extendió a otras partes de Venezuela, especialmente a Caracas, convirtiéndose en un símbolo nacional de sincretismo religioso