25/07/2026
RELATO SOBRE UNA IMAGEN
Una imagen vale más que mil palabras.
Explicado así, a palo seco, parece una frase toda llena de certeza. Pero no es así, y lo pienso demostrar.
Vayamos con un ejemplo. Voy a describir una imagen y contaré las palabras.
Esta imagen representa una mesa de estudio donde se pueden ver parcialmente a cinco personas. Ninguna de ellas nos muestra su cara, solo la parte media del cuerpo con las extremidades superiores trabajando y escribiendo. Sobre la mesa encontramos libretas, lápices y un portátil como sus herramientas de trabajo. Observamos también diversas bebidas. Concretamentem dos vasos y una taza de té o café. El líquido de los vasos parece ser un líquido de cola. La imagen, para acabar, nos describe un ambiente de trabajo. Punto y final.
87 palabras son muchas menos que mil, pero falta mucho para definir la realidad de la imagen. Su realidad está oculta a nuestros ojos y, para conocerla, necesitamos las palabras.
Estas cinco personas no son amigos, ni tan siquiera, conocidos. Se han presentado a una oferta de trabajo y les han presentado un problema. Durante su solución van a ser observados por su trabajo en grupo y sus aportaciones individuales.
Dos de ellos no paran de escribir y de hablar mostrando un interés claro en salirse con la suya y, desgraciadamente, una gran capacidad. Los otros dos no aportan nada, dejan sus brazos sobre la mesa y solo parecen esperar que acabe ya esta prueba, prueba que ya han dejado por imposible.
Las cuatro personas que se visualizan menos son mis contrincantes, solo uno de nosotros obtendrá el puesto de trabajo deseado. Pero de ellos no puedo hablar. Inevitablemente, pues, la imagen quedará inacabada al no poder aportar la información sobre mis adversarios y sus motivaciones para haber venido a pasar este pesado trámite.
El más cercano soy yo. Detrás de la imagen hay toda una vida, la mía, que espera un golpe de suerte para poder enderezarse.
Hay personas que no aparecen en la imagen y que son aún más importantes en todo lo que está pasando: los seleccionadores. Ellos son los que determinaran quien de nosotros va a poder seguir viviendo. Es cosa de vida o muerte, y eso hay que explicarlo con palabras, sean mil o cien.
El calentamiento global ha hecho necesario construir nuevas ciudades para poder resistir las nuevas temperaturas y todo los cambios producidos en nuestro ecosistema. Estas ciudades se están levantando en el polo Norte y en el polo Sur. Las primeras son gestionadas por el antiguo oeste, o mundo occidental; las segundas por los países del este, o antigua zona roja comunista. Mi selección está dentro del grupo de las primeras y, si soy escogido, iré a una de estas nuevas ciudades a vivir. Solo. No familia. No pareja. Yo tengo familia. Yo tengo pareja. Las tengo hoy y hasta que muera si no apruebo. Si apruebo, me despido de ellos. No estará permitido el contacto y tienen pocas expectativas de vida, más allá de un año, debido a las inclemencias del tiempo y a los desastres naturales y atmosféricos que han pasado a ser habituales.
La selección es de 1 por cada 5 personas que estén en el rango de edad entre los 20 y los 35 años. Una vez superada la prueba seré conducido a mi nueva residencia para empezar a trabajar en nuestro nuevo mundo, un mundo que ocupará una de las dos partes extremas del globo terráqueo.
Pasaré a formar parte de una nueva comunidad que verá como la especie humana se verá reducida drásticamente y quedará dividida en dos, una a cada polo.
Esto no lo dice la imagen, lo digo yo. Con mis palabras no contadas, pero sí sentidas, has de hacerte la imagen tú mismo. Cada imagen sugerida será vuestra, universal e individual. Como cualquier lectura que hagas, te la harás tuya.
©J.R. Arroyo. 2026