05/06/2026
Estos días estoy realizando una formación sobre VIH y espacios seguros.
Una de las actividades consistía en reflexionar sobre si nuestro entorno de trabajo es realmente un espacio seguro para las personas con VIH.
"considero que nuestro centro es un espacio seguro, no tanto por la existencia de protocolos específicos, sino por la forma en que entendemos el acompañamiento a las personas. Trabajamos desde el respeto, la escucha y la ausencia de juicio, generando entornos donde cada persona puede hablar de aquello que le preocupa con libertad y confianza. Tengo la suerte de trabajar con personas refugiadas LGTBIQ+ en un recurso donde contamos con un Punto LGTBIQ+, profesionales con formación específica y una mirada que entiende que la diversidad, la salud sexual o el VIH forman parte de la vida de muchas personas, pero nunca deben definir quiénes son. Hablamos con naturalidad de salud sexual, de indetectable = intransmisible, de miedos, de relaciones, de chemsex o de cualquier otra realidad que pueda estar presente. Lo hacemos desde la información rigurosa, pero sobre todo desde la humanidad"
Esta reflexión me ha hecho sentir especialmente orgulloso del lugar en el que trabajo. Porque he comprendido que muchas de las cosas que estudiamos en los cursos no son solo teoría para nosotros: forman parte de nuestra práctica diaria, de nuestras conversaciones, de nuestra forma de estar presentes y acompañar.
Y eso es posible gracias a mis compañeros y compañeras. Gracias a quienes hacen que la profesionalidad vaya siempre acompañada de empatía, a quienes entienden que las personas son mucho más que cualquier etiqueta y a quienes, cada día, contribuyen a construir espacios donde uno puede mostrarse tal y como es.
Al final, un espacio seguro no es aquel donde solo se puede hablar del VIH sin miedo. Es aquel donde una persona sabe que, hable o no de ello, seguirá siendo vista por sus sueños, sus capacidades y su proyecto de vida.
Y eso, para mí, es de lo que realmente trata nuestro trabajo.