17/02/2020
El primer fin de semana dedicado a ¿Dónde estamos? parecía convertirse en la 4ª sesión de ¿Quién soy? porque la Teoría Gaia Orgánica redefine a los seres humanos como sub-sistemas de un organismo mayor, la biosfera: Gaia.
Somos un cáncer para Gaia con nuestra aspiración de crecimiento ilimitado. Carlos de Castro mostró abundantes y preocupantes indicadores que muestran las respuestas de Gaia a nuestra “civilizado” estilo de vida. Los datos son abrumadores y Carlos, con la certeza que aportan 25 años de investigación, parecía un profeta: “Los más jóvenes de aquí (18 años) verán una subida de -mínimo- 30 cm. del nivel de mar”, “El delta del Ebro esta condenado a desaparecer”, “Es inviable desenchufar el sistema fósil y enchufarlo a renovables con el mismo nivel de consumo. Necesariamente, vamos a tener que aprender a vivir consumiendo mucha menos energía”, “Nadie habla de la 6ª extinción masiva”…
Gaia -lo vivo y lo no vivo que forma la biosfera- cumple funciones insólitas hasta hace poco: regula el clima del planeta, la salinidad de los océanos, la fertilidad de los suelos, la entrada de energía, mantiene el agua de la Tierra, se recupera, se alimenta y genera residuos, pero con mucho reciclado, transfiere objetivos y funciones a sus sub-organismos.
Del estudio del funcionamiento de Gaia, sacamos los siguientes principios para encarar la transición a una nueva civilización:
Tecnológicos: renovables, reciclado, resiliencia, coordinación.
Económicos: aceptación de límites, coordinación/cooperación, decrecimiento
Organizativos: cooperación, diversidad, holarquía
Emocionales, éticos, estéticos: biocentrismo, humildad, optimismo existencial.
Filosóficos/espirituales: sentido de pertenencia, existencia, asombro y reverencia.
Integrando nuestra civilización de nuevo en Gaia podemos transitar a una nueva civilización en la que lo material decrecerá sensiblemente, pero lo humano puede crecer de manera inusitada. Su posición es tecno-pesimista (la tecnología no nos va salvar), pero, al tiempo, es humano-optimista, con menos riqueza material, lo genuinamente humano podría ser la clave de la nueva civilización . De cada ser humano, depende. ¿A qué esperas?