16/05/2021
Ayer era la primera audición de mi alumno P., de 5 añitos.
Después de nuestro pequeño ensayo antes del concierto, con su mascarilla de dinosaurios puesta, me miró y me dijo:
-Este es el día más feliz de mi vida.
-¿Por qué, P.?- Le de dije.
-Porque es mi primer concierto.
No pude evitar sonreír, ¡me hizo tanto ilusión escucharlo! Ese mensaje saliendo de él, desde la más pura espontaneidad.
Y hoy, en casa, pienso en ese momento y me digo, que ojalá conserve esa emoción, esa felicidad ante la idea de hacer música, para el resto de su vida.
Es muy complicado en un sistema como éste, donde la sociedad nos obliga a competir y castiga nuestra vulnerabilidad, mantener ese espíritu alegre y divertido ante una actuación. ¡Que nos lo digan a los músicos, especialmente a los que hemos estudiado en un conservatorio!
Por eso, creo, aunque nos cueste, debemos cultivar desde la educación, desde los mismos inicios, el amor por uno mismo y el amor por la música, porque incluso en los entornos más exigentes, esto será clave para nuestro progreso.
A veces, se nos olvida por el camino por qué estamos haciendo música. La hacemos porque nos hace más felices, porque nos ayuda a atravesar la vida y sus obstáculos, porque nos une a los demás.
Hemos de mantener intacto en nuestro interior a nuestro niño de 5 años, siempre, siempre, siempre.