13/10/2026
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Hay momentos en que los problemas existenciales son excelsamente abordados por situaciones de la cotidianidad. Y exactamente a eso atañe la película: Fernando Robles es un profesor universitario de unos sesenta años, que se t**a ante un cambio radical de paradigma el momento en que es obligado a jubilarse. Junto a su esposa Liliana, debe replantearse su existencia, sus convicciones y la manera en que quiere vivir. Ya a título personal; a mí me dio la impresión de que los lugares comunes son las ideas, las expresiones y las explicaciones que repetimos porque resultan familiares, aunque no siempre nos hayamos detenido a examinarlas: son, en esencia, la cristalización de la inercia.
Ahora bien, y volviendo al fragmento concreto que he publicado: la lucidez. Extraño concepto por lo contraproducente y poco práctico que resulta, pero a la vez por lo demandado y buscado que es. Cuando la conciencia de la misma es la única forma de regocijo que te aporta pese a los pesares derivados de su propia existencia.
¿Sabéis a qué me recuerda? - Al concepto de “hiperconciencia” o del “hiperconsciente” que desarrollé en el post que tengo fijado en mi perfil con la cita de Dostoievski. Si bien no son exactamente lo mismo, la relación conceptual entre lo deseable y lo indeseable es fundamentalmente idéntica, y me parece increíble que un desarrollo estrictamente filosófico e identitario que se me ocurrió al releer memorias del subsuelo, coincida con el desarrollo de un personaje en una película que pretende tratar la crisis de un hombre mayor adentrándose en la jubilación. Es cine, si me preguntan.
En fin, si te gusta la filosofía, asegúrate de seguirme para no perderte lo próximo que publique ;)