18/09/2026
Cuando se te acaban las balas para defender a tu país, usas lo que tengas a mano.
En la Batalla de San Jacinto (1856), los nicaragüenses defendían una hacienda contra los filibusteros estadounidenses, mercenarios fuertemente armados. Durante el violento combate cuerpo a cuerpo, al sargento Andrés Castro se le encasquilló su viejo fusil.
Al ver que un enemigo cargaba directamente contra él para matarlo, Castro no retrocedió; tomó una pesada piedra del corral y la arrojó con una fuerza letal, derribando al mercenario al instante y deteniendo el ataque.
Un acto de coraje puro que simboliza la resistencia de toda Nicaragua.