18/02/2020
Un niño feliz es un niño que aprende. Este es el motivo por el que el estudio interdisciplinar del sistema nervioso ha transformado los procesos educativos. Ante un modelo obsoleto, resulta imposible separar los procesos cognitivos de las emociones. Ha llegado la revolución al aula.
Sin duda estamos ante un momento de cambio. El concepto de la innovación ha tomado forma en la educación pública, concertada y privada. No solo se refiere a la innovación tecnológica sino que el conocimiento de otras áreas como la neurociencia, permite a expertos, pedagogos, psicólogos y, sobre todo, a los maestros y profesores, conocer mejor el cerebro humano y el proceso de aprendizaje. Estamos ante la inmensa posibilidad de facilitar el aprendizaje para formar a los adultos del futuro.
No hacemos más que escuchar hablar de conceptos como la innovación, la gamificación, la motivación emocional, la estimulación temprana, y tantos otros que hoy ya forman parte del vocabulario diario que utilizan los expertos y profesores en los centros educativos. Pero todas estas técnicas y herramientas tienen un punto de partida común, el comienzo de la revolución: la neurociencia
La neurociencia es el conjunto de disciplinas científicas que estudia el funcionamiento del cerebro y del sistema nervioso, y que tiene el objetivo de acercarse a la comprensión de los mecanismos que regulan el control de las reacciones nerviosas y del comportamiento del cerebro humano. El ser humano siempre se ha preguntado por la naturaleza de las sensaciones, la capacidad de movimiento, de hablar y de aprender.
LA NEUROCIENCIA otorga respuesta a estas preguntas. Aplicada a la educación, analiza los procesos neuronales que se activan cuando una persona está memorizando contenido. Aplicada a la educación infantil, analiza el comportamiento del cerebro de los niños más pequeños para, comprendiéndolo mejor, ofrecerles un contenido que lo estimule y una nueva forma de aprendizaje que se adecue a su capacidad natural para aprender.
Son muchos los descubrimientos al respecto que se han producido en las últimas décadas y que nos ayudan a entender su funcionamiento. Como la neuroplasticidad, que es la habilidad del cerebro para modificar su propia estructura como consecuencia de la experiencia y el pensamiento, y que nos demuestra que se puede mejorar el rendimiento cerebral a través de la repetición, excitación, concentración, motivación o sorpresa. O la neurogénesis que se refiere a la formación de nuevas neuronas, proceso que se ve favorecido por la estimulación cognitiva y la práctica del ejercicio físico. Las neuronas espejo están cerca de las áreas que controlan el movimiento y son las responsables de que el niño absorba la información que le aportamos en el colegio, y lo hace a partir de la imitación, lo que nos ha llevado a redescubrir, como ya lo era en otro tiempo, la figura del profesor como imprescindible en el aula. También conocemos ahora que las emociones influyen en los procesos cognitivos, como la ansiedad y el estrés que afectan a la capacidad de control y los procesos de pensamiento, como la asimilación de información. A diferencia de lo que se ha creído durante mucho tiempo, la neurociencia nos revela que no podemos separar lo cognitivo de lo emocional. Por esto último decimos hoy que un niño feliz, aprende.