23/06/2025
Querida Sanaa,
Hay decisiones que nadie aplaude, pero te salvan.
O como me repito últimamente en voz baja:
a veces no cambias de nombre.
Te cambias de piel.
Este año lo hice.
Recuperé un apellido que había sido silenciado.
No como un homenaje a nadie,
sino como un gesto radical de fidelidad a mí misma.
Dejé atrás un apellido que no me representaba,
y con él…
me quité muchas capas de olvido.
Fue un cambio invisible para casi todos,
pero absolutamente vital para mí.
Nadie lo celebró.
Nadie preguntó.
Y dolió.
Pero también entendí esto:
cuando una mujer se nombra a sí misma,
es porque ya no espera que nadie lo haga por ella.
Ese día, Sanaa, algo se encajó dentro.
Y desde entonces, camino con un nombre que me sostiene.
No porque sea nuevo.
Sino porque, por fin,
es mío.
Hoy me llamo Cassandre Kunakey.
Y este nombre es mi raíz.
Mi límite.
Mi altar.
Si tú también estás en ese punto donde ya no encajas en lo que eras…
te abrazo.
No necesitas validación.
Solo una certeza suave en el pecho:
“Esto es para mí. Esto es real.”
Contigo,
Cassandre