19/08/2026
Cuando hablamos de ansiedad o miedo en los perros, solemos buscar las respuestas fuera: en una mala experiencia pasada, en un ruido o en un estímulo concreto. Pero a menudo pasamos por alto algo que también puede modificar cómo perciben y responden al mundo: el dolor.
Y no hablamos solo de una lesión o una cojera evidente. El dolor tiene muchas caras: puede ser una molestia crónica que no siempre resulta evidente, derivar de una enfermedad, aparecer asociado a determinados movimientos o incluso estar favorecido por un manejo o un entorno poco adecuados.
Como detallo en la publicación, cuando el dolor hace que el cuerpo se sienta menos seguro y predecible, algunas situaciones del entorno pueden empezar a generar más inseguridad o miedo.
El dolor puede aumentar la vigilancia, reducir el umbral a partir del cual se activa una respuesta de protección y hacer que cosas que antes se toleraban empiecen a provocar una respuesta distinta.
Entender y acompañar la ansiedad o el miedo de un perro nos exige ir más allá de la conducta visible. Nos pide ampliar el marco y hacernos una pregunta fundamental:
¿qué está pasando dentro de su cuerpo?
14/08/2026
Un perro se sienta “raro” y es fácil que la mirada se vaya directa a una articulación: la cadera, la rodilla, la espalda…
Puede haber dolor, una lesión o una restricción, claro.
Pero también influyen la morfología, la movilidad, la fuerza, el control, la coordinación, el equilibrio, la edad, experiencias anteriores, hábitos… e incluso el suelo, el espacio o el cansancio de ese día.
Por eso conviene ampliar la mirada.
Porque el cuerpo se organiza como puede con los recursos que tiene en cada momento.
Y aprender a observar esa organización cambia muchísimo la manera de cuidar.
No para diagnosticar mirando una foto.
Ni para dividir las posturas en “correctas” e “incorrectas”.
Sino para detectar cambios, relacionar señales, adaptar actividades y entornos, entender cuándo una estrategia puede ser simplemente funcional… y cuándo merece que prestemos más atención.
Eso es precisamente lo que trabajamos en mis formaciones sobre postura y movimiento: aprender a mirar más allá y entender mejor la historia que el cuerpo está contando.
Y cuidar mejor puede empezar también por ahí. 🐾
08/08/2026
Aclaro que esto no es un ejemplo de cómo usar un palo para “mejorar la postura”.
Lo interesante está en observar qué cambia en el cuerpo cuando ese apoyo aparece.
Nano tiene una morfología y unas dificultades musculoesqueléticas que hacen que ciertas posiciones le cuesten más. Sin el palo aparecen unas estrategias y compensaciones. Con el palo, cambia la organización de hombros, cuello y tronco.
Eso no convierte al palo en una herramienta para “corregir” su postura. En este momento funciona como un facilitador: modifica las condiciones y le permite encontrar una organización que, sin ese apoyo, le cuesta sostener.
Esto es para mí lo importante.
Observar qué cambia cuando aparece o desaparece un apoyo puede ayudarnos a entender qué demandas tiene una postura, qué recursos busca el perro y qué soluciones encuentra su cuerpo.
Porque la postura no es una posición “correcta” que debamos imponer. Es una solución dinámica que el cuerpo construye para sostenerse, moverse y adaptarse.
Por eso, trabajar postura y movimiento no consiste necesariamente en corregir o modelar, sino muchas veces en crear las condiciones para que el cuerpo encuentre otras posibilidades de organización.
Y esa forma de observar y acompañar es precisamente la que comparto por aquí y profundizo en mis formaciones.
01/08/2026
A veces nos distrae lo anecdótico.
Que falle el “tiro”.
Que levante más o menos la pata.
Que lo haga de una forma curiosa.
Y dejamos de mirar lo verdaderamente interesante: cómo organiza su cuerpo para conseguirlo.
Una postura aislada puede no decir gran cosa. Pero cuando una forma de colocarse se repite, aparece también al sentarse, al levantarse, al caminar o al descansar… empieza a formar parte de una historia.
No para sacar conclusiones rápidas.
Sí para hacernos mejores preguntas:
¿Qué necesita mover?
¿Qué intenta estabilizar?
¿Qué parte evita cargar?
¿En qué situaciones cambia su postura?
¿Y qué hábitos cotidianos pueden estar influyendo?
Aprender a observar no consiste en encontrar problemas en todas partes.
Consiste en dejar de mirar solo el resultado y empezar a comprender cómo lo está resolviendo el cuerpo.
Esa es una de las ideas que atraviesa Cero Dudas: observar patrones, relacionarlos con su día a día y descubrir qué pequeños cambios podemos hacer desde casa para devolverle más opciones de movimiento.
29/07/2026
La postura para defecar forma parte de la fisiología normal del perro.
Es una tarea que un perro sano repite cientos o miles de veces a lo largo de su vida. Precisamente por esa repetición, cualquier cambio mantenido puede aportar información mucho antes de que aparezcan otras señales más evidentes.
Aunque parezca un gesto sencillo, biomecánicamente es una de las posturas cotidianas más exigentes.
Para adoptarla, el cuerpo necesita suficiente movilidad en caderas, rodillas, tarsos, pelvis y columna. También requiere fuerza muscular, estabilidad articular y un buen control del equilibrio mientras aumenta la presión abdominal.
Cuando alguno de esos elementos deja de funcionar con normalidad, el cuerpo rara vez abandona la tarea (no puede!)
Así que reorganiza la postura para seguir defecando. Puede modificar la posición de la pelvis, cambiar el reparto del peso, limitar el recorrido de alguna articulación o aumentar el trabajo de otras estructuras para conseguir el mismo objetivo.
Una postura diferente no identifica una lesión concreta.
Lo que sí nos dice es que el cuerpo está resolviendo esa tarea de una forma distinta a la esperable. Esa diferencia, por sí sola, no permite sacar conclusiones, pero sí invita a ampliar la observación.
Las adaptaciones rara vez aparecen aisladas.
Cuando una limitación condiciona una tarea cotidiana, es frecuente que otras también empiecen a cambiar. Sentarse, levantarse, subir un escalón o caminar pueden aportar información complementaria sobre el mismo patrón.
Aquí ya preparas el siguiente contenido sin que el lector sea consciente.
Por eso observar no consiste en buscar posturas “correctas” o “incorrectas”.
Consiste en reconocer cuándo el cuerpo empieza a hacer las cosas de otra manera y preguntarse si ese cambio se repite en distintos contextos o momentos del día.
El cuerpo responde continuamente al entorno.
Cuando aprendes a reconocer estas pequeñas señales, también empiezas a descubrir qué aspectos cotidianos puedes revisar y ajustar para ayudar a tu perro desde casa. Muchas veces, las primeras mejoras empiezan precisamente ahí.