11/09/2026
La manzana y. el conocimiento.
Una manzana es una imagen sencilla que nos puede servir para comenzar una reflexión con profundidad.
La tradición convirtió a la manzana en el símbolo del conocimiento, aunque en las antiguas escrituras se refería a una fruta sin nombre. Por eso el relato de Adán y Eva encierra un misterio (Sod) mucho más profundo que la simple manzana.
Para los Cabalistas, Adán y Eva representan en realidad la polaridad que existe dentro de cada ser humano: lo masculino y lo femenino, la derecha y la izquierda, la expansión y la contracción.Todos llevamos dentro de nosotros un Adán y una Eva.
En el Árbol de la Vida encontramos también esta polaridad que hemos relacionado en las dimensiones de Jojmá y Biná : la sabiduría que proyectamos y la comprensión y entendimiento que recibimos.
Cuando estas dos fuerzas se encuentran y se integran, aparece Daat, el conocimiento, que no se queda solamente en un conocimiento intelectual, sino que se transforma en un conocimiento relacionado con la Matriz. En definitiva el conocimiento visto así, es la consciencia humana viviendo una conexión plena con el Ein Sof (El Infinito).
Y quizás aquí se encuentre uno de los grandes misterios y a la vez un reto de nuestra existencia: conocer quiénes somos y recordar de dónde venimos.
Desde la perspectiva cabalística, el ser humano participa de diferentes niveles del alma: Neshamá, Ruaj y Nefesh.
La Neshamá expresa nuestra dimensión más elevada y vinculada nuestra raíz espiritual a la Fuente ( Ein Sof).
El Ruaj está en el ámbito de la conciencia, las emociones, la voluntad y la capacidad de discernir.
El Nefesh está más próximo a la vida corporal, a los instintos básicos , al deseo terrenal y a nuestra existencia en este mundo material.
Entonces el problema no es descender hacia la dimensión de la materia. El problema está en olvidar nuestro origen mientras vivimos en este mundo.
Cuando olvidamos de dónde venimos, el Nefesh (el alma simple ) puede ocupar el lugar que no le corresponde y entonces termina gobernando nuestra vida. Esto significa que nuestros instintos básicos toman el timón de todo lo que hacemos.
En ese momento el deseo puede convertirse en necesidad, la reacción puede sustituir a la consciencia y la separación puede ocupar el lugar de la unidad.
Pero a pesar de esto, la chispa divina aún permanece en nosotros. Porque quizás nunca perdimos nuestra raíz, sino que dejamos de ser conscientes de ella.
Rosh Hashaná nos ofrece cada año una oportunidad para recordar y para volver al origen.
Se trata de un espacio temporal para detenernos. Para escuchar. Para volver al centro. Para nuestra corrección a través del Tikun. Para regresar a nuestra Fuente. Y para hacer balance del último año y proyectarnos hacia el siguiente.
En este Rosh Hashaná 5787 que comienza este viernes 11 de septiembre, deseo que podamos abrirnos a este evento y que nos permita que nuestra vida vuelva a estar conectada con su raíz. Que podamos ser más conscientes, estar más unidos y más cerca de nuestra esencia.
Por un año nuevo 5787 más dulce y más próspero.
Buen fin de semana.
Shabat Shalom.