13/09/2023
Arcano XIII (Arcano sin nombre) El festejo, una vuelta más al sol, un instante más de eternidad, para quién ame esta carta, este número, este hoy, que debe florecer para siempre. Felicidad por ello.
El error más extendido acerca de este Arcano es el de la tradición
superficial que le da el significado, y a veces el nombre, de «La Muerte». El peso de esta inexactitud ha influido mucho en la interpretación del Arcano XIII. Ciertamente, la figura central es ese esqueleto segador que, en la tradición popular, representa a la muerte. Sin embargo, numerosos elementos nos permiten apartar esta interpretación simplista. Por una parte, el Arcano XIII no tiene nombre. Esta carta invita a una limpieza radical del pasado, a una revolución que se sitúa en las profundidades no-verbales o preverbales del ser, en la sombra de ese terreno negro, de ese desconocido por nosotros mismos de donde emerge, como de una matriz, nuestra humanidad. Su situación en el corazón del Tarot nos incita a verla como una labor de limpieza, una revolución necesaria para la renovación y el ascenso que conduce gradualmente hacia la realización total. el Arcano XIII evoca una larga labor de limpieza y de purificación, como una labranza o una siega que preparan el terreno para una nueva vida. Una vez más, un indicio evidente nos aleja de la interpretación simplista: este esqueleto es de color carne, el color de la vida orgánica por excelencia. Se trata del esqueleto que llevamos en nosotros mismos, el hueso, la esencia viva y la estructura de todo movimiento, y no del esqueleto que dejamos detrás de nosotros al irnos de esta vida. Un hueso blanco en el suelo sugiere la osamenta seca (el origen del término «esqueleto» es una palabra griega que significa «seco»), pero incluso ese hueso mu**to se muda hacia otra vida puesto que, con siete agujeros, se presenta como una flauta, un instrumento que espera un soplo para producir su música; ese soplo podría ser divino. Por todas estas razones, es impensable reducir el Arcano XIII al significado de «la muerte». En cambio, se puede ver en él una gran transformación, una revolución, un cambio radical. El personaje del Arcano XIII, con su guadaña vital y espiritual , está trabajando la naturaleza, su propia naturaleza profunda. Sostiene la guadaña por el mango amarillo, color de la inteligencia:
el trabajo ha sido deseado, pensado, y ahora se lleva a cabo.
El paso por el Arcano XIII es un proceso de eliminación que labra el ego y lo doma. Ya no se tolera ningún elemento inútil, los sistemas de valores y los conceptos reductores que nos encierran quedan abolidos, y con ellos la complicidad que hasta ahora manteníamos con nuestra no realización o nuestra neurosis. Todos los lazos de dependencia quedan cortados para permitirnos recuperar la libertad perdida. El suelo negro en el que trabaja el Arcano
XIII recuerda la nigredo de la alquimia, o el cieno del que emerge el loto en la tradición budista. Es el color del inconsciente, de la vacuidad, del misterio profundo. Encontramos en el suelo dos
cabezas, no se sabe si cortadas o surgiendo de la oscuridad; en cualquier caso, el esqueleto se apoya sobre ellas para avanzar. El padre y la madre han sido destronados en un primer tiempo, para
que la nobleza profunda de lo masculino y lo femenino aparezca bajo forma de dos arquetipos purificados. Dos seres humanos de tradición real nacen, pues, aquí, del mismo modo en que crecen dos formas de hierbas: una azul oscuro, del color de la recepción espiritual intuitiva, y otra amarilla, del color de la inteligencia activa y solar. Observamos también que destacan sobre el suelo negro unos pies y unas manos, unos muy bien formados, otros imperfectos. ¿Están cortados? ¿Crecen? En ese caso se podría decir que el nuevo ser aflora ya en la superficie. Si estudiamos
más detenidamente el personaje esquelético, vemos que su rostro no es tal, sino una sombra de perfil, como si el negro del suelo hubiera subido hasta su cabeza, como si lo mental se hubiera
vaciado. El ojo del personaje recuerda un dragón mordiéndose la cola, símbolo del universo infinito. Su cabeza lleva una forma lunar, señal de receptividad, y, en la parte trasera del cráneo, entre las rayas, se pueden descubrir las cuatro letras hebraicas Yod, He, Vav, He, que componen el nombre divino. La suma de estas cuatro letras, en el alfabeto hebreo, da el número 26, el de la divinidad, cuya mitad exacta es el 13. En el cuerpo de
color carne, una pierna y un brazo están bañados de azul cielo. Se trata de un ser activo y comunicativo, a la vez encarnado y espiritual, humano y divino, mortal e inmortal. Su máscara es espantosa. Aunque hayamos visto que lleva dentro la acción divina, podemos dejarnos aterrorizar por su apariencia, y ver en este personaje un cojo de cabeza vacía que siega al azar, sin respeto por la belleza de la vida. Una amenaza terrorífica e inapelable, como la muerte injusta y sin piedad. Pero su acción nos indica la vía de la transformación y nos lleva de la mortalidad a la inmortalidad de la consciencia individual, bella y eterna. ✨🌿🌺🌘🌑🌒✨
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