01/09/2026
La calidad de la pausa fue un oasis en agosto.
Tres encuentros online para detenernos, escuchar y hacer espacio.
Para mí también fue una experiencia de confianza.
Hubo momentos de mucho silencio. Momentos en los que, desde fuera, podía parecer que no estaba ocurriendo nada. Y tuve que confiar en que cada persona estaba viviendo su propio proceso, a su medida, aunque las pantallas nos separaran.
Poco a poco, ese silencio fue dejando aparecer otras cosas.
El cuerpo.
La respiración.
Pequeños movimientos.
Y las voces.
Creo que hay algo muy particular en trabajar a través de la voz.
Porque la voz no está separada de nosotrxs. Nos atraviesa el cuerpo, el aire, la respiración, el impulso. Puede convertirse en sonido, pero también en una forma de escucha.
Escucharnos.
Escuchar a otras personas.
Dejar que aparezca algo sin saber exactamente qué debería ser.
Me ha gustado este formato: tres encuentros de una hora que no pesan, que no exigen, que —como escribí al terminar— aligeran y acarician.
Y me ha gustado confirmar que no siempre necesitamos llenar el tiempo con palabras.
A veces, hacer espacio ya es mucho.
Quizá este oasis vuelva a abrirse próximamente.