17/09/2026
NUESTRA BIBLIOTECA: ¡TIENE NARICES!
Aunque en muchos lugares de la Red aparece como fecha de nacimiento de Francisco de Quevedo y Villegas el 17 de septiembre de 1580, lo cierto es que nació tres días antes, el 14, nimio detalle que no impide recordar su valía literaria y la presencia de su obra en nuestra biblioteca, con obras que están al alcance de tu mano, como son "La vida del Buscón llamado don Pablos" en una magnífica edición de Lázaro Carreter, y "Los sueños", en Espasa Calpe.
La grandeza de Quevedo, como dijo Borges, es verbal. A diferencia de Cervantes, que es recordado y señalado por el Quijote como joya de la literatura, la obra de Quevedo transciende en lo lingüístico a cualquiera remenbranza de sus libros: le recordamos por su lengua, más que por sus títulos.
Lo de su misoginia, megalomanía y escatología verbal ya es harina de otro costal... que dejaremos para cerner otro día.
Por lo pronto leamos su maravilloso soneto "A una nariz", de obligado aprendizaje en la escuela antigua como ejemplo del uso de la hipérbole, dedicado -dicen algunos- a su sempiterno enemigo don Luis de Góngora y Argote, cuya casa compró Quevedo para desahuciarle y ponerle de patitas en la calle, dejándole en la total miseria.
La imagen corresponde a la estampa grabada por Manuel Salvador Carmona para los tomos del "Parnaso español, colección de poesías escogidas de los más célebres poetas castellanos, entre 1768 y 1778", talla dulce: aguafuerte y buril sobre papel verjurado, 154 x 100 mm. Se conserva en el Museo del Prado.
A UNA NARIZ.
Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado;
era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado;
érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era;
érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.
Quevedo.