10/09/2021
PATERNIDAD.
“De la vida no quiero mucho. Quiero apenas saber que intenté todo lo que quise, tuve todo lo que pude, amé lo que valía la pena y perdí apenas lo que, nunca fue mío”
(Pablo Neruda)
Agradecido, así me siento. No puedo evitar que vengan a mi memoria los momentos de toma de decisiones de estos últimos tiempos. He cambiado de tierra, de cultura, de idioma, de estado, de nombre. Hay quien dice que lo único constante en esta vida, es el cambio.
Vengo de una familia pequeña y muy unida, que está a punto de celebrar 50 años de matrimonio, ejemplo digno de admiración y de reconocimiento, en este tiempo de poco compromiso y de relaciones pasajeras.
He luchado por muchos sueños, algunos los he cumplido, otros se han quedado olvidados, he vivido con intensidad y movido por valores y principios. He sido frágil y he cometido errores. Me considero una persona bendecida por el camino recorrido, por los lugares visitados y por las relaciones mantenidas. He intentado ser lo más humano posible en cada espacio compartido, muchas veces lo he logrado, otras simplemente he fallado en el intento.
He pasado hambre, por eso no me gusta desperdiciar la comida, ni hacerme el especial seleccionándola. Me molesta que se dañen los alimentos o que no se aproveche de buena forma los productos.
Soy de los que apagan la luz o ahorran energía, porque viví mucho tiempo a la luz de las velas en la Amazonía, con escasa energía de algún panel solar o de un hermoso candelero en la sabana Africana.
No vivo con mucho, mi ropa es contada y toda ella cabe en una sola maleta, siempre ordenada y limpia. Quien me conoce puede dar testimonio de ello. Tengo tan poco que me siento tan libre y me alegra vivir así.
He buscado siempre ser libre, liberándome y liberando, mostrándome transparente y manteniendo alegría y optimismo, a pesar de las constantes luchas y adversidades. Sigo caminando y aprendiendo.
He soñado a mi familia, mi propia familia. La he deseado y la he buscado a pesar de las diferentes decisiones que he tomado en mi vida, muchas veces contrarias a mis sueños, que me han llevado por otros mundos complementarios, que me han realizado como persona, me han puesto en un nivel de gracia espiritual, pero me han alejado de la esencia y de la naturaleza de mis sueños. Mucho he cambiado últimamente, pero el mayor cambio ha sido el cumplimiento de un sueño de niño. El sueño de ser vida, dando vida.
Padre ya era y no dejaré de serlo. Pero cuando me enteré que sería Papá, sentí por vez primera, la verdadera sensación de las lágrimas de alegría, que bajaban por mis mejillas y que me daban la respuesta a muchas interrogantes de mis posibles decisiones. El camino continuaba, el andante se armó de valor y sentí nuevamente la vida a flor de piel, mi corazón se aceleró y desde ya sentía esa vida, que aunque distante era tan cercana y me acercaba a una nueva etapa de vida, mi verdadera paternidad.
Viví cada instante su crecimiento, muchas veces distante, otras veces cercano. La alegría de sus latidos y sus constantes movimientos, nuestros diálogos interminables y las serenatas nocturnas, eran nuestros medios de encuentro y unión.
La imagen de su primer contacto, en el momento de dejar su primera casa, su primera muerte a la tranquilidad del vientre de Eliška, está marcado por sentimientos que sólo la paternidad nos da la posibilidad de experimentarla.
Estaba listo para separarlo de su única conexión con su anterior vida. Yo, quien aporté como procreador, que no lo sentí dentro de mí, fui quien lo separé de su madre, al cortar su cordón de vida y le dí la bienvenida a este nuevo estado de vida, a nuestro mundo de dimensiones diferentes, a su forma independiente. Regalo de verdadero significado emocional y de un simbolismo inimaginable de paternidad.
Instantes pasaron y ya eras del mundo, independiente y cercano, listo para visitar nuevos mundos en compañía de extraños que ya te amaban y se admiraban por lo que irradiabas. Tranquilo estaba, aunque por dentro no quería aceptar que te irías o que algún día te irás. Lo demuestras en cada contacto, en cada llanto, en cada sonrisa, en cada gesto. Tú, el diferente, el ser que ha llegado a buscar un lugar y que seguramente lo seguirá buscando.
Con claridad te recuerdo llegando a casa por primera vez, dormido y calmo, como quien espera el reposo en el seno del hogar. Un hogar preparado con poco, sin grandezas, pero con amor y gran alegría. La responsabilidad de cumplir contigo y con tus necesidades. Eliška ha sido un ejemplo de madre y de dedicación amorosa. Yo he dado mi parte, he querido aportar, aunque nunca será suficiente.
Así te siento, frágil y dulce, con tu olor característico. Te veo y parece mentira que el tiempo pase tan rápido. Aprendes rápido y te fortaleces en cuerpo y alma.
Te veo y cubro tus sueños, te toco y siento el cielo, contigo el paraíso existe y veo a la divinidad a través de tu mirada. Tu cuerpo crece y se fortalece, tu sonrisa se llena de blancos dientes, que demuestran tu independencia y que estás listo para tu propia sobrevivencia.
Tus sonidos, tus gestos de alegría, tu singular sonrisa, tus miradas de inocencia, tus lágrimas, tus primeras palabras, tus primeros pasos, tus aprendizajes elocuentes, tu independencia al alimentarte, tu cariño en cada caricia y tus besos mañaneros son un verdadero motor para iniciar cada mañana.
Aramito, eres la alegría de quien te soñó y te mira emocionado aprendiendo cada día, aprendiendo a ser papá.
Socializas, tocas, besas, sonríes, juegas, lloras, piensas, duermes, sueñas, aprendes, pruebas, saludas, escuchas, comes. Comes cada cosa, aprendes por los sabores, desde las verduras hasta los ácidos. El pan de casa hecho por tu mamá es tu alimento favorito y la música tu debilidad.
Saludas a todos, socializas en todo momento, alegras con tu sonrisa, con tus miradas y con tus gestos, los momentos de quienes pasan y te ven.
No es padre quien solo engendra, padre es quien cumple a plenitud su paternidad. Quien sueña con cada aprendizaje realizado, con cada gesto manifestado. Quien se alegra de las alegrías sentidas, quien no siente peso por las noches compartidas. Ha sido un tiempo grato de mucha felicidad, una gran hermosa experiencia, de verdadera novedad y de aprendizaje constante.
Quienes han compartido estas experiencias y se identifican con mis palabras, saben que sus vidas se han transformado y nunca volverán a ser iguales. Sigo soñando y sigo esperando cada novedad, cada ocurrencia, cada paso nuevo, cada descubrimiento, cada sentimiento, cada emoción, porque al verte, me veo yo mismo en una nueva vida, en tu vida.
“Mi Aramito, mi bebé bonito, hermoso como un oso”.
Autor: ARTURO OCHOA.
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