Centro de Estudios Convivencia - CEC

Centro de Estudios Convivencia - CEC Primer think tank independiente en 🇨🇺

Más de 20 años al servicio de la persona y la sociedad civil

www.centroconvivencia.org

EN ESTA HORA DE CUBA: PROTAGONISMOS, PRIORIDADES Y APOYOSPor Dagoberto Valdés Hernández Lunes, 24 de agosto de 2026Algun...
24/08/2026

EN ESTA HORA DE CUBA: PROTAGONISMOS, PRIORIDADES Y APOYOS
Por Dagoberto Valdés Hernández
Lunes, 24 de agosto de 2026

Algunas declaraciones de miembros de la Administración norteamericana han provocado varias reacciones entre los cubanos, tanto los de dentro de la Isla como los que viven fuera.

Las enormes expectativas se van convirtiendo en desalentadoras frustraciones. Eso pasa cuando ponemos toda nuestra esperanza en hechos y soluciones que dependen de otros, que tienen sus propios intereses, que tienen sus responsabilidades en otros países y que han sido considerados por algunos como nuevos “mesías”, “salvadores”, o se le han atribuido aquel papel de las antiguas tragedias griegas, que popularizó Eurípides, en que ya al final del drama cuando la catástrofe y el infortunio de los protagonistas llegaba a su máxima expresión, entonces aparecía un “Dios-salvador” que bajaba con un mecanismo desde lo alto para terminar la tragedia de forma mágica, le llamaban: “Deus ex machina“.

El “Deus ex machina” = Dios de la máquina: “Es una forma tramposa de terminar una historia que rompe la cadena de causa y efecto. Como un “Dios” que interviene y resuelve los problemas de los personajes en su nombre”. Pero viene desde “arriba o desde fuera” de la realidad de la escena.

Romper la cadena causa-efecto, provoca una frustración ilógica que nos llena de incertidumbre o desesperanza en la tragedia de nuestra vida cotidiana. Esto ocurre cuando ni los actores ni los espectadores saben de dónde viene, o por qué ocurre, esa situación que, en el más sereno razonamiento nos parece ilógica, contraproducente y contraria a lo que se espera. Ocurre que, como en las tragedias griegas, ni los dioses ni los demonios se inclinan a dar explicaciones o se dedican a aclarar posturas herméticas o poco transparentes.

Cuba no es Grecia, ni es una obra teatral

En efecto, Cuba, es decir, los cubanos de la Isla y de la Diáspora, a veces caemos, o nos dejan caer, en una espesa y pesada bruma de incertidumbre y pérdida de esperanza. Una causa es porque ponemos esa falsa esperanza en una salida estilo del “Deus ex machina” que, hoy día, no baja del cielo sino de fuera. Hoy día, nosotros, los protagonistas principales, es decir, los cubanos, con frecuencia hacemos dejación de nuestra responsabilidad cívica y convertimos lo que debiera ser apoyo y solidaridad externa en una solución mágica sin ninguna participación de los cubanos de aquí y de fuera que somos los que formamos una única nación cubana.

Entonces, en este momento oscuro, en que parece que toda alternativa se desvanece, es bueno, es sano, es conveniente y oportuno, como en esas carreteras sin visibilidad, fijar balizas, encender señales, establecer alertas, para que el “tránsito” sea seguro y claro, para evitar accidentes o, lo que sería peor, que ocurran “choques” entre los que transitan y los que regulan el tránsito o lo bloquean cerrándose al cambio en paz y, por tanto, abriendo el paso a la violencia que nadie desea.

Propuestas

¿Qué significan las balizas en la hoja de ruta de la transición cubana? “Las balizas son señales luminosas diseñadas para captar la atención y alertar a los usuarios sobre posibles peligros o situaciones que requieren precaución. La tecnología utilizada en las mismas ha evolucionado con el tiempo, permitiendo que sean más eficaces y visibles en condiciones adversas”. En nuestro símil quisiéramos sugerir algunas “señales” en el cada vez más serpenteante camino de la transición de Cuba a la democracia verdadera:

1. Los cubanos, Isla y Diáspora, somos y debemos ser “los protagonistas de nuestra propia historia” como nos repitiera ¡tres veces! San Juan Pablo II durante su visita a Cuba en 1998.

2. Nada, ni nadie, debe sustituirnos en este protagonismo principal: ni un poder extraño, ni los cubanos de dentro sin contar de verdad con los de fuera, ni los cubanos de fuera sin contar de verdad con los cubanos de la Isla, ni los cubanos todos, renunciando, o haciendo dejación, o dejándonos arrebatar, este protagonismo sea por otros o sea por nuestra propia inercia, pasividad o desilusión. Ninguna transición a la democracia podrá ser verdadera y exitosa sin el protagonismo de nosotros, los cubanos.

3. Atención con las curvas y derrumbes del camino. No nos dejemos distraer, ni desorientar, ni perder el rumbo. Poder identificar qué eventos puntuales son maniobras de distracción internas o en el exilio, es de una importancia vital para poder concentrarnos en la ruta que nos conduce al destino anhelado: la libertad y la democracia. Todo lo que distraiga, nos desoriente, nos desanime o nos divida, debe ser primero bien interpretado, y una vez identificado como distracción o desvío, dejarlo rápidamente a un lado, superarlo, con eticidad y pragmatismo, y recuperarnos para centrarnos en la ruta. Una pregunta que quizás nos ayude en este discernimiento sería: este evento o esta actuación, ¿contribuye a centrarnos en el cambio o nos distrae, o nos desalienta o nos confunde? No gastemos energía, espacio y tiempo en distracciones o ruidos que nos desorientan.

4. Para preservar el ánimo y la esperanza es también necesario “ubicar”, circunscribir e interpretar bien, la diferencia que existe entre apoyo y protagonismo principal, entre la política de la nación cubana (Isla y Diáspora), la política del régimen y la política interna de otros gobiernos.

En este sentido, es bueno tener claro que: la política que busca la mayoría de la nación cubana es la libertad, la democracia y el progreso. Estos objetivos no coinciden para nada con la política del régimen que es mantenerse en el poder. Y también está la política de Estados Unidos que tiene y tendrá como primera prioridad el bienestar del pueblo norteamericano y, en estos meses concretos, también determinan los intereses electorales y el no haberse resuelto, todavía, la guerra en Irán.

Estas últimas circunstancias, elecciones y guerras inconclusas, pueden ser dos razones que motiven las recientes aclaraciones de que para ellos aquel país está primero y eso se traduce en que su prioridad es trabajar ahora por responder a las demandas del electorado y, por tanto, su politica exterior sunque no cambia en esencia, sin embargo, se pospone frente a sus prioridades nacionales.

En resumen:

Para no desanimarnos, ni caer en la trampa del “Deus ex machina” que viene para una solución mágica; para evitar que las grandes expectativas nos produzcan grandes frustraciones, es absolutamente necesario tener la convicción de que somos, y debemos ser, los cubanos los protagonistas principales de nuestra transición y de que cualquier apoyo y solidaridad externa estará siempre después de la política interna y los intereses nacionales de quienes pretenden apoyar.

Para nosotros los cubanos, la mayor derrota sería perder la esperanza, sería caer en el inmovilismo y en la inercia de una espera ilusa.

El mayor impulso al cambio y a la transición será no dejarnos distraer, ni entretener con declaraciones o eventos puntuales. Será asumir, con fortaleza y esperanza, la cuota de responsabilidad cívica y política que nos corresponde como cubanos, tanto en la Isla como en la Diáspora.

La mayor virtud será acabar de tomar conciencia y responsabilidad de que somos, y debemos ser, sin desdeñar el apoyo y la solidaridad de otros, los únicos dueños, diseñadores y constructores de nuestro futuro en libertad, democracia y progreso.

Hasta el próximo lunes si Dios quiere.
‐----------------------
Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Ingeniero agrónomo.
Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 20a17.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Director del Centro de Estudios Convivencia (CEC). Reside en Pinar del Río.

Algunas declaraciones de miembros de la Administración norteamericana han provocado varias reacciones entre los cubanos, tanto los de dentro de la Isla como los que viven fuera

¿Vivir “de” o “para” la política”?: Un dilema crucial para el futuro cubanoYoandy Izquierdo Toledo | 20 agosto 2026 ​La ...
20/08/2026

¿Vivir “de” o “para” la política”?: Un dilema crucial para el futuro cubano
Yoandy Izquierdo Toledo | 20 agosto 2026


​La política, en su concepción primigenia, nació como la ciencia y el arte de ordenar la vida en comunidad para alcanzar la justicia y la prosperidad para todos. Sin embargo, a lo largo de las décadas, una fisura ética ha socavado los cimientos de la gobernanza global: la transformación del servicio público en un mecanismo de subsistencia y privilegios. Fue el sociólogo alemán Max Weber quien, a principios del siglo XX, formuló con brillante lucidez la distinción entre dos tipos de actores que habitan la esfera pública: aquellos que viven “para” la política y aquellos que viven “de” la política. Esta frontera, por muy sutil que pueda parecer, marca la diferencia entre la salud de una nación y su descomposición moral.

​Vivir “para” la política implica concebir la gestión pública como una misión permanente, una vocación guiada por ideales, convicciones y un compromiso irrenunciable con el bien común. Quien abraza la política de este modo entiende que el poder es para servir, que es una carga temporal, una responsabilidad ante los ciudadanos y una herramienta para transformar la realidad en favor de los más vulnerables. Que todo pasa y se es recordado por todo el bien prodigado, que en política se traduce en gestión social, obras públicas, justicia social.

Por el contrario, vivir “de” la política convierte la función pública en un medio de vida, en una carrera profesional donde la meta primordial deja de ser el servicio a la comunidad para transformarse en la conservación del cargo, el acceso a prerrogativas y la acumulación de influencia o capital, para luego, cesado el servicio vivir de todo ello.

​En las sociedades contemporáneas, el predominio del político profesional que busca en la gestión estatal su medio de vida ha generado una crisis profunda de representatividad y confianza. Cuando la política se transforma en un mercado laboral cerrado, la toma de decisiones deja de responder al interés general y pasa a subordinarse a la supervivencia de los aparatos partidistas o a los intereses de camarillas reducidas. La cosa pública, la “res publica”, deja de ser el terreno común de todos los ciudadanos para convertirse en un botín disputado por élites que se perpetúan en sus posiciones. Ya lo vamos viendo los cubanos, quizá con mayor claridad, en los últimos tiempos.

Este modo de parasitar al Estado no solo asfixia la economía y degrada las instituciones, sino que destruye el tejido social, sembrando la corrupción, el descontento y la falta de credibilidad entre la población.

​Cuba se encuentra en un cruce de caminos histórico. La construcción de esa sociedad del mañana, concebida con el espíritu martiano de ser “con todos y para el bien de todos”, exige una reflexión profunda sobre las virtudes y valores éticos que deben guiar a sus futuros líderes y servidores públicos. El país no puede darse el lujo de reproducir los vicios de la profesionalización corrupta de la política, ni de permitir que el ejercicio del poder se convierta en una plataforma de privilegio individual o de un grupo específico. Para evitar que la nueva arquitectura social padezca de esta patología tan dañina, es imprescindible ofrecer formación ética, cívica e institucional que fomente actitudes honestas y claras en quienes asuman la alta responsabilidad de dirigir la nación. Esto, vale aclararlo, también es válido para los diversos grupos de trabajo de la sociedad civil independiente y para los partidos políticos de oposición en Cuba.

​La primera gran lección para el liderazgo es que la vocación pública debe nutrirse de la transparencia radical y la rendición de cuentas constante. Un líder que vive “para” la política no teme al escrutinio ni a la mirada crítica de sus compatriotas, pues comprende que la legitimidad no se otorga por decreto ni por monopolio del discurso, no por herencia familiar, ni por tráfico de influencias, ni por fama en las redes sociales o medios de comunicación, sino que se revalida diariamente a través de la honestidad y la eficacia, a través de la coherencia y la constancia, a través de la eticidad.

La transparencia no es una concesión benévola del gobernante hacia el gobernado, sino un derecho inalienable de la ciudadanía y la única salvaguarda efectiva contra la tentación de utilizar al Estado para el beneficio personal.

​En segundo lugar, resulta vital desmantelar la idea de que la política puede ser un refugio de la ineficiencia o un camino para el ascenso socioeconómico de unos pocos. Los líderes del futuro deben ser ciudadanos bien formados, con excelentes capacidades profesionales demostradas fuera del aparato estatal, capaces de generar valor e ingresos por su propia cuenta antes de aspirar a administrar los recursos colectivos. Quien sabe que puede ganarse el sustento al margen del poder público conserva su independencia de criterio y la libertad moral de renunciar cuando sus principios entren en conflicto con las exigencias del cargo. Aquel que, en cambio, depende exclusivamente del Estado para mantener su estatus o su nivel de vida, terminará inevitablemente transigiendo con la arbitrariedad y la mediocridad con tal de conservar su puesto. Aplaudirá todos los discursos y proclamará, sin disenso o análisis propio, todas las consignas. Al fin y al cabo, para ese tipo de políticos no importa la verdad, porque esta es construida y reconstruida desde una tribuna que cambia hacia donde se muevan las aguas, con tal de mantener el poder traducido en beneficio personal.

​Asimismo, la renovación generacional y la alternancia periódica en el mando deben constituirse como principios innegociables de la nueva sociedad. La nueva Constitución de la República de Cuba deberá establecer este mecanismo para evitar la perpetuación en los cargos, que no es más que el suelo fértil donde germina la confusión entre el interés público y el interés privado.

Cuando un dirigente permanece indefinidamente en la cúpula del poder, en el círculo estrecho que toma las decisiones, la visión del Estado se nubla, la capacidad de autocrítica se erosiona y las estructuras que le rodean tienden a convertirse en redes de clientelismo y adulación. La alternancia no solo oxigena las instituciones y aporta nuevas perspectivas a la resolución de los problemas, sino que recuerda de forma saludable a cualquier gobernante que su paso por el poder es efímero y que tarde o temprano volverá a caminar por las calles como un ciudadano común, sujeto a las mismas leyes e impresiones que el resto de la sociedad.

​La construcción de un país justo requiere también la desmitificación del poder. El servicio público no debe estar rodeado de ostentación, privilegios materiales injustificados ni lejanía con respecto a las realidades cotidianas que enfrenta la población. La verdadera autoridad moral de un líder nace de su capacidad para compartir las vicisitudes de sus semejantes y de la austeridad con la que conduce su vida. Un gobernante alienado del día a día del ciudadano pierde la sensibilidad indispensable para diseñar políticas públicas efectivas y humanas, convirtiéndose en un burócrata insensible que solo busca mantener el orden de las cosas para preservar su propia tranquilidad.

​Vivir “de” la política es una plaga que para erradicarla requiere generar una nueva cultura ciudadana, donde el pueblo entienda que el control sobre los gobernantes no es un acto de deslealtad, sino el deber supremo de una sociedad madura. Instituciones fuertes e independientes, mecanismos efectivos de auditoría social y una prensa libre y rigurosa, son herramientas indispensables para que los líderes recuerden en todo momento para quién trabajan, por quién han llegado al poder, a quiénes sirven, allí donde hayan elecciones libres, transparentes y democráticas.

El destino de la nación dependerá en gran medida de su capacidad para convocar a las mentes más lucidas y capaces y a los corazones más éticos, personas dispuestas a entregarse con pasión a la causa colectiva sin esperar a cambio más recompensa que la satisfacción del deber cumplido.

Solo cuando la política vuelva a ser entendida como un servicio exigente, austero y subordinado a la voluntad de la ciudadanía, podremos garantizar que la sociedad que estamos llamados a edificar no sucumba a la ambición desmedida de unos pocos y sea, verdaderamente, un hogar digno para todos.

La política, en su concepción primigenia, nació como la ciencia y el arte de ordenar la vida en comunidad para alcanzar la justicia y la prosperidad para todos. Sin embargo, a lo largo de las décadas, una fisura ética ha socavado los cimientos de la gobernanza global: la transformación del ser...

LA SEGURIDAD CIUDADANA,  EL ORDEN INTERIOR Y LA ESTABILIDAD REGIONAL Por Dagoberto Valdés Hernández Lunes, 17 agosto de ...
17/08/2026

LA SEGURIDAD CIUDADANA, EL ORDEN INTERIOR Y LA ESTABILIDAD REGIONAL
Por Dagoberto Valdés Hernández
Lunes, 17 agosto de 2026

Aquí tenemos tres argumentos que continuamente se enarbolan como fantasmas que asustan a todos, y paralizan a muchos, cuando se piensa, se habla y se proyecta una transición hacia la democracia en Cuba.

Pareciera que son las tres “trancas” en las ruedas de los procesos democráticos. Son como el “lobo” que fomenta el miedo al cambio. Estos tres factores pueden ser también utilizados y manipulados para ganar tiempo, alargar demasiado los procesos e imponer liderazgos ilegítimos o programas dilatorios con el pretexto de garantizar una llamada “etapa de estabilización” en la que, sin embargo, se puede correr el riesgo de que naufraguen los mejores esfuerzos de transición democrática.

Entonces, ¿la actitud sería obviar estas tres gravísimas necesidades en todo proceso de cambio y no prever cómo garantizarlas y mantenerlas?

Por supuesto que no. Ni manipularlas para entorpecer y alargar innecesariamente las transiciones, ni desconocer irresponsablemente que la seguridad, el orden interior y la estabilidad regional son absolutamente necesarias e indispensables para que la transición sea verdadera, pacífica, eficaz y con las menores pérdidas posibles.

Propuestas

La mejor actitud cívica sería prever los objetivos, estrategias, leyes y acciones, necesarias para garantizar los mejores niveles de seguridad, orden y estabilidad en la región.

Es por esa previsión cívica que el Centro de Estudios Convivencia (CEC) viene realizando un “Itinerario de Pensamiento y Propuestas para el futuro de Cuba” desde 2015 con estudiosos de la Isla y de la Diáspora. Dentro de ese Itinerario hemos abordado estos tres sensibles temas especialmente tratados en dos Informes de estudios que son:

– XI Informe del CEC: “Corrupción, narcotráfico e inseguridad ciudadana”.

En el que se identifican los tres peores enemigos de la vida en democracia: la corrupción, el narcotráfico y la inseguridad ciudadana. Se propone un eje transversal para enfrentarlos: la defensa y la promoción de la dignidad y la primacía de la persona humana. La corrupción se combatirá con transparencia obligatoria, libre acceso a la información oficial, y la obligación de rendir cuentas. El narcotráfico será combatido con tolerancia cero y una estricta penalización de los hechos relacionados, estableciendo una colaboración entre países de la región. La inseguridad ciudadana se enfrenta con educación ética y cívica, con nuevos cuerpos de orden público bajo la dirección de civiles, asesoramiento de especialistas extranjeros y estrategias de seguridad eficaces.

Cuba enfrentará estos tres flagelos con una visión holística combinando estas tres herramientas: educación, marco jurídico y asesoramiento externo. El texto completo se puede leer y descargar en:
https://centroconvivencia.org/wp-content/
uploads/2022/06/XI-INFORME-CEC-CORRUPCION-NARCOTRAFICO-E-INSEGURIDAD-CIUDADANA.pdf

– VIII Informe del CEC: “Gobernabilidad, gobernanza e inclusión social”.

Se propone que Cuba avance hacia una gobernabilidad democrática y pluralista con las suficientes capacidades estatales y de gobierno, legítimas y eficaces, con la necesaria asesoría externa, la lustración de los directivos anteriores y todo bajo la dirección civil de los cuerpos de seguridad.

La gobernabilidad será responsablemente asumida por nuevos cubanos y oportunamente articulada con una buena gobernanza o capacidad de autogobierno de los ciudadanos, autoridades locales respetuosas de la dignidad y los derechos de la
persona humana y con una fuerte incidencia, activa y autónoma, de las asociaciones y grupos de la sociedad civil.

Que las políticas públicas estén orientadas a la inclusión y al bien común en un Estado de Derecho, que garantice instituciones fuertes que gestionen un servicio público de seguridad y gobernabilidad con eficacia, eficiencia, diligencia, orden interior y paz, construcción de consensos y espacios para la participación responsable de los ciudadanos. Fomentar procesos de interacción entre actores estratégicos cubanos, asesores extranjeros y ciudadanos con la integridad necesaria
que proporcionen la estabilidad interna indispensable para el progreso de los procesos de transición democráticos. El
texto completo se puede leer y descargar en:
https://centroconvivencia.org/wp-content/
uploads/2022/06/VIII-INFORME-CEC-GOBERNABILIDAD-Y-GOBERNANZA.pdf

Hoja de ruta para el orden, la seguridad y la estabilidad

Entre estos dos estudios se concreta una hoja de ruta estratégica que permitirá que los propios cubanos, de la Isla y de la Diáspora, asuman y garanticen, responsable y eficazmente, un clima de seguridad, orden y estabilidad interna y externa en la región. Algunas de las acciones que esa hoja de ruta propone son:

1. Control inmediato y renovación de la dirección de las instituciones del orden interior bajo dirección civil para evitar toda violencia, desorden y caos al interior de la Isla.

2. Lustración de los cargos públicos relacionados con la seguridad ciudadana, el orden interior y la estabilidad regional, para evitar todo éxodo masivo y desordenado.

3. Reestructuración civil de las instituciones relacionadas con el orden, la seguridad y la estabilidad interna y regional, dirigida por cubanos, con una asesoría externa competente y eficaz basada en un Estado de Derecho y el respeto a los Derechos Humanos.

4. Licenciamiento, retiro o reubicación fuera de las instituciones relacionadas con el orden interior, la gobernabilidad y la estabilidad regional de antiguos cargos de responsabilidad y formación.

5. Programas e instituciones de formación, nuevos y acelerados para una nueva directiva civil que asuman servicios de orden interior, seguridad ciudadana y estabilidad regional.

6. Renovar y fortalecer la combinación del trabajo de educación ética y cívica con la reorientación de las fuerzas del orden para abolir la represión por razones políticas y dirigirlas contra la delincuencia común, la violencia en todas sus formas, la corrupción, el narcotráfico, la inseguridad, creando un hábitat ciudadano cimentado en el respeto a la dignidad y los derechos humanos.

En resumen, tengo la convicción de que Cuba, Isla y Diáspora, cuenta con el talento humano, la preparación suficiente y la capacidad necesaria para garantizar un nuevo orden interior, la estabilidad y las condiciones de seguridad, gobernabilidad y gobernanza, necesarios e indispensables, para que nuestra transición a la democracia sea ordenada, segura y pacífica.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

https://centroconvivencia.org/la-seguridad-ciudadana-el-orden-interior-y-la-estabilidad-regional/

Aquí tenemos tres argumentos que continuamente se enarbolan como fantasmas que asustan a todos, y paralizan a muchos, cuando se piensa, se habla y se proyecta una transición hacia la democracia en Cuba

Un   funcional para la   futuraYoandy Izquierdo Toledo | 13 agosto 2026 Centro de Estudios Convivencia - CEC Durante más...
13/08/2026

Un funcional para la futura
Yoandy Izquierdo Toledo | 13 agosto 2026

Centro de Estudios Convivencia - CEC

Durante más de seis décadas la historia política cubana ha estado atravesada por una misma devoción fatal: la búsqueda del hombre fuerte, el salvador providencial, el mesías-redentor, el héroe de tribuna capaz de resolver de un plumazo las p***s de la patria. Desde los caudillos de las guerras de independencia hasta el mesianismo de la Revolución de 1959, Cuba ha pagado un precio altísimo por confundir el destino de una nación con el carisma de un individuo.

​El carisma no es virtuosidad, es un amplificador de buenas actitudes. En las manos correctas puede movilizar voluntades hacia una causa noble; en las incorrectas, funciona como un provocador del daño colectivo. El peligro del líder carismático y populista radica en su capacidad para sustituir las leyes por su voluntad, las instituciones por su voz y la ciudadanía activa por la fe fanática. El populismo florece precisamente allí donde la frustración ciudadana busca un atajo, ofreciendo respuestas simples a problemas complejos y construyendo una narrativa del “enemigo externo”, “el pueblo contra sus enemigos”, la reescritura de la historia, encarnada, por supuesto, en la figura del gran líder.

Cuba no necesita más mesías ni caudillos para su futuro. Lo que la sociedad cubana requiere de forma urgente es un cambio radical en la concepción del liderazgo: pasar del líder mesiánico al líder funcional.

Un verdadero liderazgo para la reconstrucción democrática e institucional de Cuba debe medirse no por la masa que arrastra, sino por las instituciones que construye y fortalece. La función primordial de un buen líder en la Cuba futura no es encarnar el poder, sino distribuirlo; no es pedir fe ciega, sino fomentar el pensamiento crítico y la rendición de cuentas. Un liderazgo sano es aquel que se sabe pasajero, que respeta la alternancia y que entiende que su mayor éxito consiste en volverse prescindible porque ha dejado claras las reglas del juego, que deben ser respetadas por todos.

Superar el caudillismo implica desmantelar el culto a la personalidad en todas sus formas. Significa entender que la patria no le pertenece a un partido, a una ideología ni mucho menos a un nombre propio o a un apellido. La democratización de Cuba pasará inevitablemente por la madurez de su ciudadanía, traducida en la capacidad de dejar de esperar a un libertador para empezar a construir, entre todos, una república de ciudadanas y ciudadanos libres sostenida por instituciones sólidas, transparentes y plurales.

El futuro de Cuba no exige épica ni discursos de trinchera, exige competencia técnica y vocación para la democracia. Un buen líder para esa nueva nación que debemos reconstruir entre todos debería reunir algunas de las siguientes características:

1️⃣ Ser un arquitecto institucional que desmitifique la figura del líder caudillista o carismático tradicional para defender un perfil cuyo objetivo primordial sea crear instituciones fuertes, donde el futuro del país dependa de las leyes y no de una sola persona.

2️⃣ Ser un gestor pragmático de la crisis, manteniendo un perfil técnico enfocado en la resolución de problemas estructurales inmediatos (matriz energética, soberanía alimentaria), reducir la inflación y aumentar los servicios públicos, entre muchos otros, por encima de la retórica dogmática o ideológica.

3️⃣ Ser una persona unificadora de la nación dividida. Un liderazgo capaz de construir puentes reales entre la sociedad civil en la Isla y en la Diáspora, reconociendo el capital financiero, profesional y humano del exilio como elemento indispensable para el desarrollo.

4️⃣ Funcionar como garante de la equidad en el cambio, desarrollando un perfil con sensibilidad social que promueva la apertura económica y la iniciativa privada sin descuidar a los sectores más vulnerables.

Cuba no necesita más líderes para controlar, sino referentes capaces de generar confianza y, sobre todo, de mantener la coherencia entre el decir y el hacer. Esta seguirá siendo la responsabilidad mayor que otorga la verdadera autoridad moral que sirve de ejemplo y fuerza motivadora para el futuro edificado “con todos y para el bien de todos”.

Durante más de seis décadas la historia política cubana ha estado atravesada por una misma devoción fatal: la búsqueda del hombre fuerte, el salvador providencial, el mesías-redentor, el héroe de tribuna capaz de resolver de un plumazo las p***s de la patria

NI TRANSICIÓN HÍBRIDA NI CAMBIO FRAUDE EN CUBA: ¡DEMOCRACIA!Por Dagoberto Valdés Hernández Lunes, 10 de agosto de 2026Es...
10/08/2026

NI TRANSICIÓN HÍBRIDA NI CAMBIO FRAUDE EN CUBA: ¡DEMOCRACIA!
Por Dagoberto Valdés Hernández
Lunes, 10 de agosto de 2026

Es hora de que los cubanos que pensemos así digamos, alto y claro: no queremos ni transición híbrida, ni cambio fraude, ni más inventos, ni experimentos con seres humanos. ¡Queremos democracia!

Yo, por mi parte, les comparto mi opinión:

No a la transición híbrida.

Esto quiere decir que no quiero para mi patria un “modelo híbrido” como el de China o Vietnam, que combine una transformación económica hacia una economía de mercado manteniendo el mismo modelo político de un solo partido y una sucesión “monárquica” familiar.

Todos podemos comprobar que en las condiciones de un poder totalitario que controla todo: ya sea saltándose, a discreción, según le convenga, las instituciones y las leyes, o sea agazapado detrás de esas instituciones que le sirven para disfrazarse de Estado o de institucionalidad. Todos sabemos quiénes ostentan el poder real en Cuba. Y mientras no haya un cambio político real, total y ágil, no habrá ninguna posibilidad de democracia en Cuba. Ninguna ruta será efectiva, ni rápida, ni lenta, ni de adentro, ni de fuera.

Me parece importante una precisión: una democracia de calidad no podrá edificarse manteniendo ripios de un sistema totalitario, ni de la renovación de la hegemonía familiar, ni de otras combinaciones manteniendo a los mismos que han hundido a Cuba en esta situación. Basta de buscar “Delcys” ni algo parecido. Cuba no es Venezuela. Ni lo aplicado en Venezuela serviría para Cuba. Lo que hay que buscar no es a uno de ellos que haga la transición. Ninguno de los mismos del orden totalitario puede ser garantía de ningún tipo de estabilidad ni de orden justo y democrático. Solo saben y quieren controlar y reprimir.

La “estabilidad” que surge de la represión es engañosa, inestable y, al final, conduce a la “continudad” del mismo régimen bajo máscara de proceso de transición. Dilata el sufrimiento del pueblo. Siembra desesperanza. Acaba con la confianza en que un cambio es posible.

Aprender de otras transiciones

Aprendamos de la experiencia de Venezuela, aunque Cuba se diferencia mucho del modelo de Venezuela, aunque lo que se quiso implantar fue la versión más “actualizada”, del llamado socialismo del siglo XXI, vale decir, el engendro más enmascarado de democracia. Entonces, ¿qué podríamos aprender del raro “experimento” de Venezuela? Que es incompleto e insuficiente porque:

– Todavía hay presos políticos.

– Miembros del régimen anterior se mantienen activos en las estructuras.

– Quien está protagonizando este proceso es otra de las personas que pertenecía al núcleo fuerte del mismo sistema que se pretende cambiar.

– Las últimas elecciones han quedado sin validar y sus resultados sin implementar, aunque se consta de suficientes pruebas de que fueron robadas.

– La lideresa legitimada por la mayoría de los venezolanos aún está en el exilio.

– Se está alargando la hoja de ruta a costa de: debilitar las mismas energías de los ciudadanos venezolanos que podrían ser invertidas en la reconstrucción de Venezuela.

Todo lo anterior debe ser lección y alerta.
Cuba no es Venezuela, pero podemos aprender de su experiencia.

Aprendamos de la las transiciones en Europa comunista. Hubo de todo en Europa central y del Este. Pero hubo transiciones exitosas como la de Polonia, con Walesa y Checoslovaquia con Havel, entre otras, como las de los países bálticos. Habría mucho que aprender en cuanto a liderazgo y transición real y ágil, así como los indispensables procesos de lustración escogiendo los tiempos y alcance que se consideraron más apropiados, pero lustrando todo lo del régimen anterior. Cuba no es ninguno de esos países europeos, pero podemos aprender de sus transiciones y hacer la nuestra propia.

Aprendamos de la transición de España con su diálogo nacional, los consensos alcanzados, con el desmantelamiento del régimen dictatorial y la rápida redacción y aprobación de una nueva Constitución y la celebración de elecciones democráticas. Todo ello en alrededor de tres años. Cuba no es España, pero podemos aprender de su transición y hacer la nuestra propia.

Propuestas

La hoja de ruta que proponemos en Convivencia trata de evitar los errores que hemos mencionado y otros. Es un camino pacífico, seguro, ágil y verdadero. Es una transformación para desembocar en la democracia, el Estado de Derecho y la reconstrucción nacional.

Esa transición consta de tres procesos implicados, holísticos, que son:

1. Comisión de la Verdad y de Memoria Histórica

Para evitar la amnesia de todo lo pasado, para preparar los informes para los tribunales de justicia transicional y devolver la honra y la buena reputación a las víctimas del comunismo.

2. Justicia transicional y restauración

Para evitar la impunidad. Para ejercer justicia con debido proceso y evitar la venganza y romper la espiral de la violencia. Para restaurar, rehabilitar e indemnizar a las víctimas.

3. Reconciliación nacional y reconstrucción del país

Para sanar el daño antropológico, restañar las heridas de las víctimas. Para abolir la cultura del odio y de la muerte. Para edificar la nueva República sobre los pilares de la suprema dignidad de la persona humana y la correspondiente búsqueda del bien común. Sobre los arquitrabes de la virtud y el trabajo, la convivencia pacífica, la libertad responsable, la participación ciudadana y el amor cívico que debe ser la base de toda sociedad.

En síntesis, no inventemos más engendros híbridos, ni más estrategias fraude.

Cuba necesita que le respeten su propia hoja de ruta confeccionada por los propios cubanos que somos los que mejor conocemos lo que necesita Cuba.

Cuba tiene ya preparados a cubanos honestos, inteligentes, probados, sacrificados, que pueden tomar las riendas de su propia transición, asegurar el orden interno y garantizar la estabilidad hemisférica. De esto no tengo la menor duda. Esos cubanos serían los interlocutores válidos para cualquier apoyo internacional o para los necesarios asesores especializados en temas medulares.

Cuba necesita democracia real y efectiva.

Y la necesita a su forma ya.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

Es hora de que los cubanos que pensemos así digamos, alto y claro: no queremos ni transición híbrida, ni cambio fraude, ni más inventos, ni experimentos con seres humanos. ¡Queremos democracia!

Dirección

Pinar Del Río
20100

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Centro de Estudios Convivencia - CEC publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto La Escuela/facultad

Enviar un mensaje a Centro de Estudios Convivencia - CEC:

Atajos

Compartir

Categoría