07/04/2026
El conocimiento es un enano sobre un gigante
Con el avance de la inteligencia artificial ha surgido una preocupación ética por definir los límites en la producción de nuevo conocimiento, especialmente en los ámbitos académicos —como la elaboración de tesis, artículos científicos e investigaciones en general—, lo cual ha llevado a reforzar las sanciones relacionadas con el plagio y el uso inadecuado de las inteligencias artificiales (IA).
Sin embargo, es necesario advertir que la preocupación por el plagio no debe pasar por alto la capacidad de la IA para generar inferencias, establecer relaciones, formular hipótesis y combinar información que antes no estaba explícita ni era observable para los humanos, lo que la convierte en una herramienta eficaz para la producción de conocimiento.
En otras palabras, la IA puede producir resultados con la apariencia de conocimiento nuevo al encontrar correlaciones inesperadas, proponer soluciones innovadoras o sintetizar perspectivas que ninguna persona había articulado de ese modo debido a las limitaciones propias del acceso a la información. En este sentido, se debe enfatizar la importancia de un comportamiento ético que aproveche las bondades de la herramienta sin incurrir en fraudes en la producción de conocimiento.
Por otro lado, es necesario señalar que el uso frecuente y generalizado de la IA puede generar múltiples coincidencias en la redacción de artículos científicos, informes de investigación y otros tipos de publicaciones. En consecuencia, estas similitudes no pueden considerarse plagio en sentido estricto, por lo que la validación y aceptación de las investigaciones debería incorporar nuevos criterios de evaluación.
Es en este último aspecto donde adquiere sentido la expresión medieval atribuida a Bernardo de Chartres: “Somos enanos a hombros de gigantes”. Esto significa que toda percepción particular está inevitablemente influenciada por el legado de otros autores, es decir, el conocimiento actual se construye sobre descubrimientos anteriores, tradiciones acumuladas y las experiencias —aciertos y errores— de quienes antecedieron la producción de conocimiento.
En síntesis, nadie empieza desde cero: toda producción individual se sustenta en un trasfondo cultural que permite aprovechar lo ya construido. El conocimiento avanza de manera acumulativa, como sugiere la imagen de un enano sobre un gigante, que ilustra cómo todo progreso intelectual se edifica sobre aportes previos. En otras palabras, el conocimiento es un proceso tanto acumulativo como cooperativo.
©Roberto Chacón Zúñiga
desarrolloculturayfamilia.blogspot.com