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Biomentes acerca la ciencia del cuerpo humano y la salud al público, explicando de forma clara y visual cómo funciona nuestro organismo según la evidencia científica.

13/08/2026

¿Por qué se me duerme el brazo cuando lo levanto?

Hay un pequeño espacio entre la base del cuello, la primera costilla y la clavícula por donde pasan estructuras esenciales hacia el brazo: el plexo braquial, que lleva las señales nerviosas, y los vasos subclavios, que transportan la sangre. Cuando ese espacio comprime alguna de estas estructuras aparece el síndrome del desfiladero torácico.

Y no todos los casos son iguales: el síntoma y el tratamiento dependen de qué estructura esté siendo comprimida.

1. Neurogénico: se comprimen los nervios

Es, con diferencia, la forma más frecuente: más del 90 % de los casos corresponden a este tipo. La compresión afecta al plexo braquial, la red de nervios que sale del cuello y continúa hacia el hombro, brazo y mano.

Puede aparecer después de un traumatismo, movimientos repetitivos con los brazos elevados, cambios anatómicos o aumento importante de la masa muscular en la zona. Una costilla cervical, por ejemplo, puede reducir el espacio disponible, aunque muchas personas que la tienen nunca desarrollan el síndrome.

Los síntomas suelen ser dolor, hormigueo, adormecimiento, debilidad o sensación de cansancio en el brazo y la mano. Una característica frecuente es que empeoren al mantener los brazos elevados durante cierto tiempo.

El diagnóstico requiere relacionar los síntomas con la exploración física y descartar otras causas que pueden producir síntomas parecidos, como problemas de la columna cervical o atrapamientos nerviosos en el brazo. Según el caso pueden utilizarse estudios de conducción nerviosa, resonancia cervical o pruebas dirigidas al desfiladero torácico.

El tratamiento suele comenzar con fisioterapia, enfocada en mejorar la posición y movilidad de cuello, hombro y tórax y reducir la compresión. Si los síntomas persisten pese al tratamiento conservador, algunos pacientes pueden requerir inyecciones o cirugía para liberar el espacio, que puede incluir la resección de la primera costilla.

2. Venoso: se comprime una vena

Aquí el problema está en el retorno de la sangre desde el brazo hacia el corazón. La compresión de la vena subclavia puede dificultar el flujo y favorecer la formación de un coágulo, conocido en este contexto como trombosis por esfuerzo o síndrome de Paget-Schroetter. Representa alrededor del 5 % de los casos.

La manifestación suele ser diferente: el brazo o la mano pueden hincharse, adquirir una tonalidad azulada, doler y presentar venas superficiales mucho más visibles en el hombro, cuello o brazo.

Los movimientos repetitivos por encima de la cabeza pueden favorecer este problema, especialmente cuando existe una anatomía que reduce el espacio por donde pasa la vena.

Para estudiarlo pueden utilizarse ecografía Doppler dúplex y otras pruebas de imagen vascular. Si existe una trombosis, el tratamiento puede incluir anticoagulantes y, en determinados casos, medicamentos o procedimientos para retirar el coágulo. Debido a que la compresión persiste, con frecuencia se considera además una cirugía para liberar la vena y ampliar el espacio.

3. Arterial: se comprime una arteria

Es la forma menos frecuente, alrededor del 1 %, pero puede ser la más delicada de las tres. La compresión afecta a la arteria subclavia y puede alterar el suministro de sangre hacia la mano.

La mano puede sentirse fría, pálida y dolorosa, especialmente con determinadas posiciones del brazo. La compresión prolongada también puede dañar la pared de la arteria y favorecer un aneurisma o la formación de un coágulo capaz de desplazarse hacia la mano.

El estudio puede incluir ecografía Doppler y pruebas de imagen de las arterias, además de radiografías para identificar alteraciones óseas como una costilla cervical.

A diferencia de muchos casos neurogénicos, la forma arterial suele requerir tratamiento quirúrgico para liberar la arteria y corregir el daño vascular cuando existe. Si hay un aneurisma o un coágulo, puede ser necesario reparar o reconstruir la arteria y tratar el coágulo.

¿Por qué es importante distinguirlas?

Porque dolor, hormigueo o una mano que cambia de color no significan necesariamente lo mismo. En una persona puede predominar la compresión nerviosa; en otra, un problema del flujo venoso o arterial. Incluso otras enfermedades pueden producir síntomas muy parecidos.

Por eso el diagnóstico combina la historia clínica, la exploración y las pruebas necesarias para identificar qué estructura está comprometida y por qué. No existe una única prueba que confirme todos los casos.

Si aparece hinchazón repentina del brazo, coloración azulada persistente, una mano muy fría o pálida, dolor intenso o cambios importantes en la circulación, la valoración médica debe ser prioritaria, porque las formas vasculares pueden asociarse con trombosis o disminución del flujo sanguíneo.

Guarda esta guía para reconocer las diferencias entre las tres formas y llevar una descripción más precisa de tus síntomas a una consulta médica.

12/08/2026

¿Por qué tengo las manos frías y entumecidas?

Tener las manos frías ocasionalmente es una respuesta normal del cuerpo. Pero si los dedos se enfrían, se entumecen y además cambian de color, especialmente después de exponerse al frío o durante momentos de estrés, existe un patrón que merece atención: podría tratarse del fenómeno de Raynaud.

¿Qué ocurre en las manos?

Cuando hace frío, los pequeños vasos sanguíneos de la piel se contraen para reducir la pérdida de calor. En el fenómeno de Raynaud, esta respuesta es exagerada: los vasos se estrechan demasiado y durante más tiempo, reduciendo temporalmente el flujo de sangre hacia los dedos.

Por eso un episodio puede seguir un patrón bastante característico: los dedos se ponen pálidos o blancos, después pueden adquirir un tono azulado y, cuando el flujo sanguíneo regresa, volverse rojos. Durante el episodio pueden sentirse fríos, dormidos o con hormigueo; al recuperar la circulación pueden aparecer ardor, palpitaciones, dolor o sensación de hinchazón.

El frío no es el único desencadenante. Un cambio brusco de temperatura, el estrés emocional, fumar o vapear también pueden provocar un episodio. Incluso algo tan cotidiano como sacar alimentos del congelador o entrar en un lugar con aire acondicionado puede desencadenarlo.

No todos los casos son iguales:

Existe un Raynaud primario, que es la forma más frecuente y no tiene una causa conocida. Generalmente es más leve.

El Raynaud secundario, en cambio, aparece asociado a otra enfermedad o exposición. Puede relacionarse con enfermedades autoinmunitarias como lupus, esclerodermia, miositis inflamatoria o artritis reumatoide, además de determinadas exposiciones laborales y algunos medicamentos. Esta forma merece especial atención porque puede producir alteraciones vasculares más importantes.

¿Cuándo conviene consultar?

Si estos episodios son frecuentes, intensos, aparecen sin una exposición clara al frío, comienzan por primera vez en la edad adulta o afectan de manera importante la vida cotidiana, conviene comentarlo con un profesional de salud.

Hay señales que merecen una valoración más pronta: llagas en las puntas de los dedos, heridas que no cicatrizan, infección, dolor intenso o cambios de color que no desaparecen al recuperar el calor. En casos graves y poco frecuentes, la falta prolongada de flujo sanguíneo puede producir daño del tejido.

El diagnóstico no depende de una única prueba. El médico suele comenzar por la descripción de los episodios y la exploración física. Si sospecha un Raynaud secundario, puede solicitar análisis de sangre y examinar los pequeños vasos situados alrededor de las uñas mediante capilaroscopia, además de estudiar posibles enfermedades asociadas.

¿Qué puedes hacer durante un episodio?

La medida más sencilla es recuperar el calor gradualmente: entrar en un ambiente cálido, cubrir las manos o colocarlas bajo agua tibia, nunca muy caliente. También ayuda protegerse del frío antes de que aparezcan los síntomas, utilizar guantes y mantener caliente el resto del cuerpo. Reducir el estrés y evitar el tabaco también puede disminuir los episodios.

Si los cambios de estilo de vida no son suficientes, existen medicamentos que pueden disminuir la frecuencia o intensidad de los ataques. En casos graves, el tratamiento también busca evitar lesiones en los tejidos.

La clave es reconocer el patrón: manos frías ocasionales no significan necesariamente enfermedad; frío + entumecimiento + cambios característicos de color que aparecen repetidamente sí justifican prestar atención y comentarlo con un profesional.

Guarda esta información para reconocer estos cambios y poder describirlos con precisión en tu próxima consulta médica.

12/08/2026

Tres señales en las manos que pueden revelar problemas de salud.

Las manos pueden mostrar cambios que reflejan procesos que ocurren mucho más allá de la piel. La forma de las uñas, el aspecto de las puntas de los dedos y la inflamación de las articulaciones pueden aportar pistas clínicas importantes.

Uñas en cuchara:
Cuando la uña pierde su curvatura normal y se vuelve cóncava, con una depresión central, se denomina coiloniquia. Una de sus asociaciones más importantes es la deficiencia crónica de hierro, que puede aparecer por una ingesta insuficiente, problemas de absorción o pérdidas de sangre.

La uña no cambia simplemente porque “falte hierro” en la superficie: el déficit sostenido afecta tejidos que necesitan hierro para funcionar correctamente y puede alterar el crecimiento de la matriz y la estructura de la uña. Por eso, encontrar este patrón puede justificar una evaluación de los niveles de hierro y de su posible causa.

Dedos en palillo de tambor:
Aquí el cambio no está solamente en la uña. La punta del dedo aumenta de tamaño y se vuelve más redondeada, mientras cambia el ángulo normal entre la uña y el dedo. Este fenómeno se conoce como acropaquia o clubbing.

Es especialmente importante porque puede asociarse con enfermedades pulmonares crónicas, entre ellas algunas enfermedades intersticiales, bronquiectasias y cáncer de pulmón. También puede aparecer en determinadas enfermedades cardíacas, infecciones crónicas y algunas enfermedades digestivas.

La razón exacta por la que aparece todavía no está completamente establecida, pero implica cambios en los tejidos blandos y en los vasos sanguíneos de la punta de los dedos. Por eso, un cambio nuevo y progresivo merece valoración médica.

Nudillos inflamados:
Cuando las articulaciones de los dedos permanecen hinchadas, calientes, dolorosas o rígidas, especialmente si afecta ambas manos de forma similar, puede existir un proceso inflamatorio articular.

Un ejemplo importante es la artritis reumatoide, una enfermedad autoinmunitaria en la que el sistema inmunitario ataca el tejido que recubre las articulaciones. En las manos puede provocar inflamación, dolor y rigidez, y con el tiempo puede limitar la movilidad y dañar la articulación si no se controla.

Una característica útil es la rigidez que dura más de 30 minutos después de despertar o tras permanecer en reposo. La inflamación persistente de las manos, especialmente cuando aparece en ambas manos, merece una evaluación para determinar qué tipo de artritis está presente.

Estos cambios son pistas, no diagnósticos. Una uña en cuchara puede tener otras causas; los dedos en palillo de tambor incluso pueden ser hereditarios; y unos nudillos inflamados pueden aparecer en diferentes tipos de artritis.

Lo valioso es reconocer cuándo un cambio es nuevo, persistente o progresivo. En esos casos, una evaluación médica puede relacionar el hallazgo de las manos con otros síntomas y, cuando sea necesario, solicitar análisis de sangre, estudios de imagen u otras pruebas para encontrar la causa.

12/08/2026

Una vena dilatada no siempre es solo un cambio visible en la piel. Cuando las válvulas de las venas dejan de impedir correctamente que la sangre regrese hacia abajo, parte de la sangre se acumula en las piernas y aumenta la presión dentro del sistema venoso. Ese reflujo puede favorecer la aparición de várices y, cuando se mantiene durante años, producir cambios en los tejidos de la pierna.

Las arañas vasculares y las venas reticulares son manifestaciones superficiales de distinto calibre y no equivalen a las várices tronculares. Estas últimas afectan venas superficiales más grandes y dilatadas, y pueden acompañarse de pesadez, dolor, picazón o hinchazón.

¿Por qué puede empeorar con el tiempo?

Cuando la sangre permanece acumulada en la parte inferior de las piernas, la presión venosa elevada puede afectar progresivamente los pequeños vasos y la piel. Pueden aparecer hinchazón, cambios de coloración, endurecimiento de la piel y eccema venoso. Si la piel se vuelve frágil, incluso una lesión pequeña puede terminar convirtiéndose en una herida que tarda mucho en cerrar.

Así puede aparecer una úlcera venosa: una herida crónica que suele localizarse en la parte interna de la pierna, entre el tobillo y la rodilla, y que tarda más de dos semanas en cicatrizar. La presión venosa persistentemente elevada dificulta que los tejidos se recuperen normalmente.

¿Qué aumenta el riesgo?

El riesgo es mayor con la edad y también cuando existe dificultad para caminar, sobrepeso u obesidad, antecedentes de trombosis venosa profunda, lesiones o cirugías de la pierna y várices. La inmovilidad es relevante porque los músculos de la pantorrilla ayudan a impulsar la sangre de regreso hacia el corazón.

¿Qué puedes hacer para cuidar tus piernas?

Mantenerse físicamente activo, evitar permanecer sentado o de pie durante períodos prolongados y elevar las piernas cuando sea posible puede favorecer el retorno venoso. Mantener un peso saludable y cuidar la piel también ayuda a reducir factores relacionados con las úlceras venosas.

Las medias de compresión pueden formar parte de la prevención o tratamiento en personas seleccionadas, pero deben utilizarse de acuerdo con una valoración profesional, especialmente si existe sospecha de enfermedad arterial. No son simplemente una solución universal para cualquier pierna hinchada.

¿Cuándo hay que actuar?

Si las várices producen dolor, hinchazón, cambios persistentes en la piel, sangrado o una herida que no cicatriza, conviene solicitar valoración médica. En la enfermedad venosa crónica, una ecografía Doppler dúplex permite estudiar el flujo y detectar reflujo venoso, ayudando a determinar qué tratamiento puede ser apropiado.

Cuando las várices son sintomáticas y existe reflujo significativo, pueden considerarse tratamientos como ablación endovenosa, escleroterapia u otros procedimientos, dependiendo de la anatomía y gravedad. Si ya existe una úlcera, además del cuidado de la herida hay que tratar la alteración venosa que está dificultando su cicatrización.

Las várices no siempre progresan hasta una úlcera, pero cuando existe enfermedad venosa persistente, reconocer temprano la hinchazón, los cambios de piel o las heridas permite intervenir antes de que el problema avance.

12/08/2026

En una persona con diabetes, una lesión pequeña puede avanzar sin llamar mucho la atención, especialmente cuando existe pérdida de sensibilidad. Por eso, mirar los pies todos los días no es un detalle menor: permite detectar cambios cuando todavía es posible actuar sobre ellos.

La primera señal puede ser una piel muy seca, descamada o agrietada. Las grietas alteran la barrera protectora de la piel y pueden facilitar la aparición de lesiones e infecciones. La hidratación ayuda a mantener la piel íntegra, pero las cremas no deben aplicarse entre los dedos.

También hay que observar callosidades, especialmente en zonas sometidas a presión. En el pie diabético, un callo muy grueso puede deteriorarse y convertirse en una úlcera. No es recomendable cortarlo ni intentar eliminarlo con productos químicos por cuenta propia.

Una herida que no cicatriza, aunque sea pequeña y aunque no produzca dolor, merece atención. La neuropatía puede reducir la capacidad de sentir dolor, calor o frío, mientras que una circulación deficiente puede dificultar la cicatrización. Por eso, la ausencia de dolor no significa que una lesión sea inofensiva.

El enrojecimiento localizado, un cambio de color, aumento de temperatura, hinchazón o secreción también deben vigilarse, sobre todo si aparecen alrededor de una herida. Son cambios que pueden acompañar inflamación o infección y justifican una valoración profesional.

Las uñas engrosadas requieren cuidado porque pueden aumentar la presión sobre los dedos y favorecer lesiones, pero no deben interpretarse por sí solas como una señal de pie diabético. Lo importante es revisar si están causando presión, heridas o cambios en la piel.

¿Qué hacer si aparece una de estas señales?

No esperar a que duela. Revisa ambos pies diariamente, incluyendo la planta y entre los dedos. Utiliza calzado que no roce ni comprima y evita caminar descalzo. Si encuentras una úlcera, una herida que no cicatriza, enrojecimiento importante, hinchazón o signos de infección, contacta con tu equipo de salud para que determine la causa y el tratamiento adecuado. Las guías internacionales recomiendan que una úlcera del pie diabético sea evaluada y tratada de inmediato.

La prevención empieza antes de que aparezca una complicación: revisar los pies todos los días permite detectar cambios que quizá todavía no producen síntomas.

12/08/2026

Rosácea ocular: cuando la rosácea también afecta los ojos.

Los ojos pueden ser la primera pista de una rosácea que todavía no se ha manifestado claramente en la piel. La rosácea ocular es una inflamación que afecta los ojos y los párpados, y puede aparecer antes, al mismo tiempo o incluso sin que exista rosácea facial visible.

El cuadro suele comenzar con ojos rojos, ardor, picazón, lagrimeo o sensación de arenilla. También pueden aparecer sequedad, párpados inflamados, vasos sanguíneos visibles en la parte blanca del ojo, sensibilidad a la luz y visión borrosa. Algunas personas presentan episodios repetidos de blefaritis, orzuelos o chalaziones.

La causa exacta todavía no se conoce. Se han relacionado factores hereditarios y ambientales, alteraciones de las glándulas de los párpados y algunos microorganismos o ácaros presentes en las pestañas. Además, ciertos desencadenantes que favorecen los brotes de rosácea pueden empeorar también los síntomas oculares, como sol, viento, temperaturas extremas, bebidas calientes, alimentos picantes, alcohol y baños muy calientes.

Hay un aspecto importante: la intensidad de los síntomas oculares no necesariamente refleja la gravedad de la rosácea en la piel. Incluso una persona con pocos cambios faciales puede presentar molestias oculares importantes.

El problema merece atención porque la inflamación y la sequedad persistentes pueden afectar la córnea, la superficie transparente que permite el paso de la luz hacia el interior del ojo. En casos más avanzados pueden aparecer alteraciones que afecten la visión.

No existe una cura definitiva, pero sí puede controlarse. El tratamiento depende de la intensidad y puede incluir cuidados de los párpados, lágrimas artificiales y medicamentos prescritos por un profesional; en determinados casos se utilizan antibióticos por vía oral para controlar la inflamación.

El cuidado cotidiano también importa: mantener los párpados limpios con una higiene suave y reconocer los factores que desencadenan los brotes puede ayudar a reducir las exacerbaciones. Si existe visión borrosa, sequedad persistente, ardor, enrojecimiento o molestias recurrentes, conviene realizar una valoración ocular; Mayo Clinic señala que las personas con rosácea pueden necesitar seguimiento por un oftalmólogo cuando los ojos están afectados.

11/08/2026

Cada paso que das depende de una estructura sorprendentemente organizada. El pie humano está formado por múltiples capas que trabajan de manera coordinada para soportar el peso del cuerpo, absorber impactos y mantener el equilibrio.

La piel protege los tejidos internos frente al roce y al ambiente. Debajo se encuentra la grasa plantar, una almohadilla especializada que distribuye la presión y amortigua los impactos al caminar.

La fascia plantar actúa como un potente soporte que ayuda a mantener el arco del pie y a transmitir fuerzas durante la marcha. Más profundamente, los músculos plantares controlan los movimientos finos de los dedos y contribuyen a la estabilidad del pie.

Los tendones conectan los músculos con los huesos, permitiendo que la fuerza muscular se transforme en movimiento. Entre ellos discurren los vasos sanguíneos y nervios, responsables de aportar oxígeno, nutrientes y sensibilidad, además de coordinar la función muscular.

Los ligamentos estabilizan las articulaciones y mantienen unidas las estructuras óseas, mientras que los 26 huesos del pie forman el armazón que soporta el peso corporal y hace posible caminar, correr y mantener el equilibrio.

Todas estas capas funcionan como un solo sistema. Si una de ellas se lesiona o pierde su función, la biomecánica del pie puede alterarse y afectar la forma en que nos movemos.

11/08/2026

Cuando una lesión nerviosa cambia la posición de la mano.

Una lesión de un nervio puede hacer algo que parece sorprendente: cambiar la postura de la mano porque determinados músculos dejan de recibir correctamente las señales que los hacen funcionar. El patrón depende de qué nervio esté afectado y de dónde se encuentre la lesión.

Nervio radial — “wrist drop”
El radial participa en la extensión de la muñeca y los dedos. Cuando se lesiona, puede aparecer debilidad para levantar la muñeca y extender los dedos, haciendo que la mano quede caída. Puede ocurrir por traumatismos, compresión, fracturas u otras lesiones del brazo.

Nervio mediano — “mano de bendición”
El mediano participa en movimientos importantes del pulgar y de varios dedos. Una lesión en determinadas zonas puede dificultar la flexión de algunos dedos, además de producir alteraciones de sensibilidad y fuerza. La postura característica depende del nivel exacto de la lesión.

Nervio cubital — “garra cubital”
El cubital es fundamental para varios músculos pequeños de la mano. Cuando se lesiona, especialmente en lesiones distales, puede aparecer una postura en garra que afecta sobre todo al anular y al meñique, junto con debilidad del agarre y dificultades para pellizcar o separar los dedos.

¿Cómo pueden lesionarse?

Un nervio periférico puede estirarse, comprimirse, aplastarse o cortarse. Accidentes, caídas, deportes, fracturas, heridas y algunas cirugías pueden producir este tipo de daño. También existen lesiones relacionadas con enfermedades o compresiones mantenidas.

El problema no es solamente la posición de la mano. Dependiendo del nervio afectado, pueden aparecer debilidad, pérdida de sensibilidad, hormigueo, dolor o dificultad para realizar movimientos precisos. Si el daño es importante y permanece sin tratar, puede dejar una pérdida funcional duradera.

¿Siempre requiere cirugía?

No. Si el nervio está lesionado pero conserva su continuidad y muestra signos de recuperación, puede ser posible tratarlo sin cirugía mediante seguimiento, protección de la mano y rehabilitación. Los nervios, sin embargo, se recuperan lentamente y la recuperación puede tomar meses o incluso años.

La cirugía adquiere mayor importancia cuando el nervio está completamente cortado, presenta un daño grave que no está cicatrizando o permanece comprimido. Dependiendo del caso, pueden realizarse liberación del nervio, reparación directa, injerto o transferencia nerviosa. Cuando el nervio ya no puede recuperar adecuadamente una función determinada, también pueden utilizarse transferencias de tendones para recuperar movimiento.

La valoración suele combinar exploración neurológica con estudios como electromiografía, pruebas de conducción nerviosa y, según el caso, ecografía o resonancia magnética.

Si aparece debilidad nueva, pérdida de sensibilidad, hormigueo persistente o dificultad para mover la mano después de una lesión, la evaluación temprana es importante porque el tratamiento depende del tipo y la gravedad del daño. Un especialista en cirugía de mano puede valorar las lesiones de los nervios de la mano y la muñeca cuando se requiere atención especializada.

11/08/2026

Derrame de rodilla: qué puede estar causando la hinchazón.

Una rodilla que se hincha de repente puede estar dando una pista de lo que ocurre dentro de la articulación. El derrame articular aparece cuando se acumula una cantidad anormal de líquido dentro o alrededor de la rodilla, y sus causas van desde una lesión hasta enfermedades inflamatorias o infecciones.

Después de un giro brusco, una caída o una actividad que sobrecarga la articulación, el derrame puede acompañar lesiones del ligamento cruzado anterior, los meniscos o los huesos. También puede aparecer por problemas que no comienzan con un traumatismo, como artrosis, artritis reumatoide, gota, seudogota, bursitis o infección.

La inflamación suele venir acompañada de rigidez y dolor. Cuando hay suficiente líquido, la rodilla puede perder parte de su movimiento y resultar difícil doblarla o estirarla por completo. En algunos casos, el dolor llega a dificultar el apoyo del peso.

La causa importa porque el tratamiento no es el mismo para todos los derrames. Si se necesita investigar qué está ocurriendo, el profesional puede extraer una muestra del líquido articular para analizarla. En determinadas situaciones, retirar parte del líquido también ayuda a disminuir la presión, el dolor y la rigidez.

Una complicación posible es el quiste de Baker, una acumulación de líquido que aparece detrás de la rodilla. Además, una inflamación mantenida puede contribuir a la pérdida de fuerza y masa muscular del muslo.

Hay un dato que no conviene pasar por alto: una rodilla notablemente roja y caliente, especialmente si el dolor es intenso, puede indicar una infección dentro de la articulación y requiere valoración médica inmediata.

Para reducir algunos factores que favorecen problemas de rodilla, Mayo Clinic recomienda mantener la musculatura que la rodea fuerte, preferir actividades de menor impacto cuando corresponda y mantener un peso saludable.

11/08/2026

Contractura de Dupuytren: cuando el tejido de la palma empieza a cerrar los dedos.

Puede comenzar con un pequeño nódulo en la palma y terminar impidiendo que un dedo vuelva a estirarse por completo. Así puede evolucionar la contractura de Dupuytren, una enfermedad en la que el tejido fibroso situado bajo la piel de la palma se engrosa y forma cordones que, con el tiempo, tiran de los dedos hacia la mano.

Al principio, lo más habitual es notar un bulto firme, un engrosamiento o pequeños hundimientos en la palma. La enfermedad suele avanzar lentamente durante meses o años y no suele causar dolor. El problema aparece cuando esos cordones comienzan a acortarse y el dedo pierde progresivamente su capacidad para extenderse.

Los dedos que más se afectan son el anular y el meñique. Cuando la contractura avanza, puede resultar difícil apoyar la mano completamente sobre una mesa, ponerse un guante, meter la mano en un bolsillo o realizar otras tareas que requieren abrirla por completo.

¿Por qué ocurre?
La causa exacta todavía no está completamente definida. Existe una fuerte relación familiar y el riesgo aumenta con la edad. También se ha relacionado con diabetes, tabaquismo, consumo elevado de alcohol y algunas otras condiciones. Tener estos factores no significa que necesariamente se desarrolle la enfermedad.

¿Tiene solución?
No existe un tratamiento que elimine definitivamente la enfermedad, pero sí existen procedimientos capaces de liberar el dedo y recuperar parte de su movimiento cuando la contractura afecta la función de la mano.

En casos leves puede simplemente vigilarse. Cuando la deformidad progresa, un especialista puede valorar procedimientos como la fasciotomía con aguja, la fasciectomía o la dermofasciectomía, según la extensión y las características de cada caso. La enfermedad puede volver a aparecer incluso después del tratamiento.

¿A quién acudir?
Si aparece un nódulo persistente en la palma o un dedo empieza a quedarse flexionado, especialmente si ya no puedes apoyar la mano completamente plana o la movilidad está afectando tus actividades, conviene consultar a un médico. Cuando existe una contractura significativa, puede ser necesaria la valoración de un especialista en cirugía de mano.

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