11/12/2025
El laberinto de la ciencia: cómo ingresar al campo científico en México ya no depende solo de un título
Por Redacción Nota Antropológica
Para un recién graduado del doctorado en México, el camino para convertirse en profesor investigador en una institución pública se asemeja cada vez más a una carrera de obstáculos. Lo que antes podía lograrse con una maestría, ahora exige un conjunto creciente de credenciales que varían según la institución, la región del país y la disciplina científica. Luis Enrique García Pascacio, investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, desarrolló un modelo para analizar este “derecho de admisión” al campo científico mexicano. Su estudio, basado en el examen de 446 convocatorias de empleo publicadas entre 1990 y 2024, traza un mapa de las reglas no escritas que filtran quién puede entrar y quién queda fuera.
El análisis aplica la teoría del sociólogo Pierre Bourdieu, entendiendo la ciencia como un “campo” donde se lucha por posiciones y recursos. El ingreso a este campo no es libre. Las instituciones, especialmente las más prestigiosas, establecen un derecho de admisión que actúa como un filtro. Este filtro se materializa en las convocatorias de trabajo, donde se especifican los capitales que debe poseer el candidato ideal. García Pascacio operacionalizó estos capitales en cuatro categorías clave: científico (artículos publicados, patentes, estancias posdoctorales), cultural (grado académico, idiomas), docente (experiencia frente a grupo, dirección de tesis) y social (cartas de recomendación, redes académicas).
Los hallazgos muestran una transformación drástica en los últimos treinta años. En la década de 1990, un título de maestría podía ser suficiente para aspirar a una plaza de investigador. Hoy, el doctorado es el piso mínimo. Para el periodo 2020-2024, las exigencias se han complejizado. No basta con el doctorado; ahora se valora de forma recurrente la estancia posdoctoral, la membresía al Sistema Nacional de Investigadores (SNII) y la experiencia docente. Este incremento en los requisitos coincide con un crecimiento del 254% en la titulación de doctores entre 2011 y 2023, frente a una oferta limitada de plazas nuevas. Las instituciones responden elevando la vara para gestionar el exceso de candidatos y seleccionar, en sus términos, a los “mejores perfiles”.
Esta dinámica no es homogénea en el territorio nacional. El estudio revela desigualdades geográficas marcadas. Las convocatorias emitidas en las regiones Centro y Norte del país exigen, en promedio, un volumen mayor de capital científico y cultural. En contraste, las instituciones del Sureste presentan requisitos más accesibles. Esta diferencia se correlaciona con la distribución de la capacidad científica: las entidades con mayor tasa de titulación de doctores por habitante son las que establecen barreras más altas. Las credenciales académicas, por tanto, tienen un valor relativo que depende del mercado laboral científico local.
El tipo de institución también define una puerta de entrada distinta. Los Centros Públicos de Investigación y las universidades federales de mayor prestigio, como la UNAM o el Cinvestav, demandan el mayor volumen de capital científico. Para Bourdieu, esta es una “estrategia de conservación” que les permite mantener su posición dominante en el campo. Las universidades estatales, con menor presupuesto y reconocimiento, priorizan el capital docente sobre el científico, reflejando su doble misión de investigar y enseñar. Un dato llamativo es la aparición, aunque aún minoritaria, de convocatorias que limitan la postulación a aspirantes menores de 40 años, una respuesta al envejecimiento de la planta académica en algunas instituciones emblemáticas.
Las disciplinas construyen sus propias fronteras. Áreas consolidadas como la física, las matemáticas, la biología y la química exigen los requisitos más altos, particularmente en capital científico. Fueron las primeras en desarrollar procesos de profesionalización autónoma. Disciplinas de ciencias sociales y humanidades, con una tradición de investigación institucional más reciente en México, muestran umbrales de entrada comparativamente más bajos. La agenda nacional de ciencia y tecnología, históricamente enfocada en áreas vinculadas al desarrollo económico, también ha influido en esta jerarquización.
El modelo presentado por García Pascacio ofrece una radiografía de las reglas de un juego académico cada vez más competitivo y segmentado. Las convocatorias son el termómetro que mide la presión demográfica de doctores, las estrategias de las instituciones para mantener su estatus y las profundas asimetrías regionales del sistema científico mexicano. El derecho de admisión, lejos de ser neutral, reproduce y consolida las desigualdades existentes dentro del campo.
¿Crees que el aumento extremo de requisitos para ser investigador garantiza la excelencia científica, o es principalmente un mecanismo de exclusión que perpetúa las desigualdades en el sistema?
Fuente: García Pascacio, L. E. (2026) ‘Requisitos de entrada al campo científico mexicano’, Revista Mexicana de Sociología, 88(1), pp. 197-229.